Guadalquitón, una perla codiciada.


     Por Guadalquitón se conoce a la franja costera de poco menos de 5 kilómetro que media entre Sotogrande y la Alcaidesa, en el término municipal de San Roque. En términos ecológicos Guadalquitón es otra joya de la corona de nuestra variadísima provincia de Cádiz. En el plano histórico y arqueológico también nos depara sorpresas, con una factoría de salazones coetánea de Baelo Claudia (s. II d.c. aprox.)

    Guadalquitón es un lugar excepcional y único por contener el último alcornocal marítimo de la costa mediterránea española. También acebuches, pero sobre todo alcornoques, prácticamente a pie de playa, como sin duda ocurriera en tiempos antiguos en buena parte del litoral. La franja de dunas que sigue a este bosque primigenio también participa de esas características excepcionales, con una flora diversa y sobre todo auténtica, con especies endémicas, rarísimas, y por ende escasas y amenazadas.

     Hasta aquí las buenas noticias, ahora las malas, bueno, no tan malas, dejémoslo en regulín regulán, por consolarnos más bien.  En el 2003, cuando a todos nos salían los billetes por las orejas, a algunos además por las narices, e invertíamos en bolsa ¡manda cojones!, se planeó construir 2.800 viviendas en tan bello paraje. Para aquel que no conozca Sotogrande, y en menor medida la Alcaidesa, informarle que son urbanizaciones de superlujo, que cada vez que he ido por ahí me he dicho esta vez me paran y me multan por pobre. En fin, un buen lugar para observar e identificar esa rara avis del millonario. Pero ¿2.800 viviendas más? ¿Tanto rico hay en el mundo? ¿Qué pasa que no tienen otro sitio dónde ir a enseñar sus VERGUENZAS?…

    Menos mal que, gracias a los vecinos de San Roque y asociaciones ecologistas, se paralizó ese crimen urbanístico, y la cosa, con suerte, se va a quedar sólo en puñetazo e insulto urbanístico. Por de pronto van a extraer corcho; al parecer hace 18 años que no se hace. Y luego, digo yo que porque la vida de rico debe ser muy aburrida, tienen proyectado montar un juego de esos de pegarse tiritos, pinball o algo así, paseos a caballo, y sospecho que alguna especie de hotelillo rural. Eso al parecer es lo que permite la situación legal en la que se encuentran las fincas de Guadalquitón. ¿Para qué lo vamos a dejar cómo está, o a revalorizar como bosque privilegiado o zona anexa al parque del estrecho, qué sé yo?

Total, ya acabo, Los que veáis el álbum de fotos preguntaréis, con razón ¿Juanmita, dónde están esos alcornoques tan bonitos? Playa sí, pero chaparros no veo ni uno. Lo sé, pero que conste que yo lo intenté, que intenté acceder a él, pero Florentino Pérez, el dueño al parecer de la finca, sí, ese presidente de ese equipillo, el Florentino constructor, no nos dejó entrar. El no, claro, un guarda de la finca. No habíamos andado ni veinte metros ni echado un par de fotos, cuando apareció un todoterreno. El guarda fue ciertamente muy amable y comprensivo, pero vamos, es su trabajo, y sin pega alguna volvimos a pasar la alambrada y regresar al mundo de los pobres y de los senderistas apesadumbrados.

Pero volveré, Florentino, juro que volveré para ver esos alcornoques y a meterte un gol, porque además de senderista obstinado, SOY DEL BARSA.

     Si quieres ver el resto de fotografías del album pincha en el enlace siguiente, de mi página en Facebook:

GUADALQUITÓN, UNA PERLA CODICIADA

Vereda de la Cuesta o Marchenilla: Labores de limpieza y desbroce


    Desde hace un par de semanas estoy merodeando los caminos que conducen al Castillo del Tolmo (Estrecho de Gibraltar), para una entrada que quiero escribir en el blog sobre este fuerte del s. XVIII (1741). He merodeado por  aire (Google Earth e Iberpix) y por tierra (un poquito a pie y otro poquito andando)… sólo me ha faltado acceder por mar; pues varias son las alternativas de alcanzar este punto. De los cinco, si no más, caminos que nos llevan a la Ensenada del Tolmo me quedo con  el que baja por el Cerro del Centinela y pasa junto al cortijo del Tocinero, y sobre todo con el popular “Camino de los pescadores”.

     No obstante hay otra alternativa, también muy interesante y atractiva: La Vereda de la Cuesta o de Marchenilla. Hasta el otro día desconocía la existencia de esta vía pública; conocía sí la cañada real de Pelayo, y el arroyo que da nombre a esta vereda, pero no esta vereda que conforma junto a otras y a la Colada de la Costa, el viario público del Estrecho. La he conocido gracias a Juan Luis, de Osmundasur, que me puso tras la pista.

    Probablemente, desde hace unos meses se están realizando labores de limpieza y desbroce en dicha vereda pública por parte de la Junta de Andalucía. Tal como se refleja en el BOJA nº 237 de 5 diciembre de 2005, se acordó su deslinde el 26 de junio de 2003, aunque como todas las vías pecuarias del término municipal de Algeciras fue clasificada por orden ministerial el 6 de septiembre de 1948. Para los que gusten de estos asuntos aconsejo la lectura de esta resolución, pues tanto una empresa privada como el Ministerio de Defensa alegaron su disconformidad de que se deslindara esta vereda pública, por otra parte al parecer bastante antigua.

    Senderilmente hablando la vereda nos ofrece un paisaje muy bello y una oportunidad distinta de afrontar la dCaminata por el Estrecho hasta Tarifa. El trayecto hasta la costa, y más cuando estén los trabajos finalizados, es cómodo, aunque a mí personalmente no me convencen mucho los caminos desbrozados y tan anchos (20.9 metros), aunque eso viene determinado por ser una vía pecuaria. ¿Cúanto tiempo conservará este ancho?

   Por cierto, durante el recorrido tuvimos que sortear un par de hangarillas. No entiendo mucho de estos temas de las vías públicas, pero no me cuadran esas hangarillas y esa alambrada en mitad de la vereda, pero vamos, no me sorprende porque ya sabemos todos que es algo que ocurre con frecuencia.

    Por último añadir que aconsejo su recorrido ya para la temporada que viene, tanto por las calores como por los peligros de incendio. Además de que, como ya he dicho, no están finalizadas las labores de limpieza. Os pongo un ejemplo doloroso, tanto a mí como a mi colega Juan nos atravesaron las suelas de las botas unas cuantas y crueles espinas de jara al descender el último cerro. A mí en particular se me clavó una en el talón que por allí debe andar reverberando aún el grito de dolor, ¿exagerao que es uno?

   Para ver el itinerario de la vereda pincha aquí: Vereda de la Cuesta o Marchenilla en Wikiloc.

   Y para ver más FOTOGRAFÍAS, te enlazo a mi página en FACEBOOK: Album de Vereda de la Cuesta o Marchenilla.

Puntal del Alamillo: otro poblado abandonado cercano a Facinas


    Visitar un edificio en ruinas, o abandonado,  siempre produce sentimientos enfrentados. Por una parte se despierta y despereza ese arqueólogo que todos llevamos dentro, y observamos cada rincón con la lupa del misterio y la curiosidad, agradecidos por tan accesible viaje en el tiempo. Pero por otra, nos invade una cierta desazón, al menos a mí me pasa, al comprobar cómo se las gasta el paso del tiempo, que no perdona ni a las piedras. Estos sentimientos se enfrentan aún más cuando lo que visitamos es un poblado o aldea abandonados, cuando lo que observamos son casas hasta hace unas décadas habitadas, quizás por personas que aún pueden contarlo.

     España entera está salpicada de estos tristes ejemplos de despoblamiento rural. El que nos trae entre manos hoy se llama Puntal del Alamillo, y se encuentra a escasos 4 kilómetros de Facinas, y a 6 de Bolonia.

     Pocas son las referencias textuales acerca de este poblado, y ninguna las fotografías que yo al menos haya podido encontrar en la red. Los escasos datos que puedo aportar al respecto provienen de esa inestimable fuente que son las gentes del lugar. Es más, gracias a ellos, sobre todo a mis queridos facinenses,  he tenido ocasión de conocerlo. A mí favor sólo puedo alegar la gratísima molestia de acercarme al sitio, la sufrida pasión de fotografiar todo lo fotografiable, y sobre todo esa afición o cualidad que cada vez desarrollo más de fusilar a preguntas a los paisanos, sin importarme demasiado que luego le tomen a uno por un bicho raro.

    Si no se unen todos estos factores, dudo mucho de que se tenga la oportunidad de acceder a estos parajes, a estas piezas de puzzle que ya poca gente reconoce y sabe ubicarlas, pero que sin embargo son necesarias para componer nuestro pasado más cercano y popular. Desde mi blog, sólo aspiro a dejar en internet una reseña  de la existencia de este poblado.

    En el mapa de arriba trato de explicar la forma de llegar. Muy fácil, nos dirigimos a Bolonia, Tarifa. Continuamos por la carretera que asciende por la Sierra de la Plata hasta el Realillo de Bolonia, como si quisiéramos ir a la Silla del Papa. ¿Que no sabes cómo llegar a la Silla del Papa? Mejor me lo pones, y aprovecho pare meter esta cuña bloguera: Silla del Papa – Laja de las Algas.

   Total, que seguimos esa carretera hasta el final, justo hasta donde el asfalto deja paso a una pista de tierra. Ahí verás a mano derecha un cortijo donde hay sitio para aparcar el coche. Seguimos a pie, y atentos, pues a menos de un kilómetro, a la sombra de la Laja de las Algas, tendremos ocasión de visitar otro de estos poblados abandonados, el de los Boquetillos, también conocido como de La Gloria.

   Justo donde se aprecia la curva cerrada tenemos la opción de continuar por las pista que nos lleva directamente al Cortijo del Puntal y al poblado del Alamillo, o de atravesar el Cerro de la Rosa Grande, opción más aconsejable.

Nuestra pequeña aldea recibe el nombre de los dos cortijos que lo delimitan por sur y norte: el del Puntal y el del Alamillo, respectivamente. El más cercano al poblado es el Cortijo del Puntal. Según escribió Gaspar J. Cuesta en su estupendo artículo “Toponimia de Bolonia y su entorno” el término Puntal describe un accidente geográfico, una “prominencia en el terreno”. Y así es, cortijo y poblado se asientan en una colina prominente y picuda labrada por el arroyo de Cerona, que desemboca en el río Almodovar.

El Cortijo del Alamillo está un kilómetro ladera abajo, donde ya los campos empiezan a llanear. También en la actualidad se encuentra en un estado de abandono, aunque por sus alrededores pasta parte del ganado bravo de los Núñez, así que primer aviso que doy de no sobrepasar una linde que más tarde mostraré. En su día debió ser un lugar más concurrido y que daría trabajo a un buen número de jornaleros. Como anécdota comentar que a mediados del siglo pasado el padre de mi respetadísima suegra, Pepichi Guerrero, tuvo arrendado este cortijo.

   En la fotografía de arriba pueden ver a mis dos acompañantes ese día: Ana y Juanlu. Al fondo se aprecian las antenas de la Silla del Papa. En ese momento andábamos por el Cerro de la Rosa Grande. Pocos sitios como Bolonia pueden chulear de nombres tan curiosos y hasta cierto punto literarios. Nuevamente el artículo sobre la toponimía del entorno de Bolonia nos pone tras la pista y nos dibuja una sonrisa en la cara. El nombre de rosa no provendría de la flor, sino quizá de roza, “tierra roturada para ser sembrada”, y aludiría al pasado agrícola de dicho cerro. La culpa esta vez no fue del cha cha chá, sino del ceceo: El cerro de la Roza grande.

   Los eucaliptos, que a mediados del siglo pasado prometían ser un negocio para los dueños de estas tierras, son hoy día el enemigo a batir. Este hermoso y enorme ejemplar ya ha sucumbido a esta absurda guerra de introducir especies foráneas para luego renegar de ellas. Seguramente habrá sido talado con vistas a un mayor aprovechamiento del agua, ya que son árboles que necesitan y beben una gran cantidad del escaso elemento. No es de mis árboles favoritos, pero siempre apena ver a un gigante abatido.

     Al poco de pasar el cortijo del Puntal comenzaremos a ver las primeras casas del poblado. En total pueden ser hasta una quincena de ellas, un número similar al del vecino poblado de los Boquetillos que mencioné antes. ¿De cuántos habitantes estaríamos hablando? Pues lamento decir que ni idea, pero si tirando por lo bajo calculamos 4 ó 5 personas por vivienda, obtenemos como resultado toda una aldehuela en la que tal vez vivieran cerca de un centenar de personas en su momento álgido.

    Tampoco puedo aportar mucho más en cuanto a la cronología, tan sólo añadir que ya uno de los tíos de mi mujer, el tío Curro, que ronda tan divinamente los ochenta alos, ya frecuentaba el lugar cuando apenas era un mozalbete. ¿Sería muy arriesgado apostar que el poblado hunde sus raices en las últimas décadas del siglo XIX?

   Lo que sí parece más probable, y tal como comenté en la anterior entrada acerca del poblado de los Boquetillos, que ambas comunidades se erigieran en terrenos públicos, aprovechando quizá que justo por la ladera contigua, en el cerro de la Cuesta del Carpintero, transcurría y transcurre una vía pública para el tránsito del ganado, la vereda del Alamillo.

   Lo cierto es que no fue nada fácil para muchas gentes bucar un trozo de tierra donde asentarse. Por ejemplo, en la década de los 30 en el municipio de Tarifa el 69% de las tierras estaban concentradas en las manos de 29 propietarios. Peor aún lo tendrían en el municipio de Castellar de la Frontera, donde un sólo propietario, el Duque de Medinaceli poseía en 96,8 % del total de tierras. Se ve que a la Edad Media le costó desaparecer por estas nuestras latitudes.

      La estructura de las casas es la típica de los populares chozos, pero obviamente más elaborados y resistentes. De planta rectangular, ventanas pequeñas, con muros gruesos levantados con las piedras del lugar, y sólo barro para unirlas. Y el techado a dos aguas, para el cual se utilizaba la castañuela, una planta similar al junco y que era muy abundante en la desaparecida laguna de la Janda. Si el mantenimiento de este tejado ecológico y supernatural era el adecuado se lograban los dos fines perseguidos: permitir la fuga de los humos del interior y sobre todo la impermeabilización contra la lluvia.

   Todas las casas cuentan con este murete de contención levantado también con piedras. A la par que servía para mantener sujeto el terreno, evitaba las filtraciones de agua y humedad. A pesar del abandono, de las décadas y décadas transcurridas y de los materiales empleados (tal vez, gracias a éstos) las estructuras de las casas muestran unas hechuras honrosas; si habláramos de viviendas más o menos actuales seguramente no hubieran corrido la misma suerte.

   Las casas que muestro en las fotografías de arriba son un buen ejemplo de lo que hablo. Se ven firmes, resistentes, bien adaptadas a los movimientos del terreno y a los caprichos metereológicos. Con algo de imaginación y algo más de esfuerzo y trabajo no se resistirían demasiado estas casas a ser habitadas de nuevo.

   Quién sabe, dada las vueltas que da la Historia y al cariz que va tomando esta crisis financiera y especulativa; eucalipto va, eucalipto viene, si no nos veremos obligados a reintroducirnos de nuevo en el ámbito rural como especies no ya invasoras, sino como especies marginadas y expulsadas de la jungla de cemento. Exprimiendo aún más el símil: ¿Seremos eucaliptos en nuestra propia tierra? Si esto sucede yo me pido la casa de la chimenea.

   El modus vivendi de las gentes que habitaron este poblado sería harto sencillo. El jornal se lo ganarían en los cortijos y haciendas cercanos, y como muchos campesinos o pastores del pasado siglo también acudirían a los trabajos de temporada; al corcho en verano y al carbón picó en invierno, entre otros. Una vida recia y dura; el trabajo que no tenemos hoy día las generaciones jóvenes lo tuvieron ellos de sobra, eso sí, igual de precario y mal pagado. ¿Quién nos iba a decir que nuestra condición social y laboral iba a ser más semejante a la de nuestros abuelos que a la de nuestros padres? ¿Las agencias de calificación, los bancos centrales, mundiales y las bolsas de basura bursátiles, mismamente? me contestaréis… pues sí, a lo que yo añado: al carajo todos ellos.

   Y a lo que iba, que me voy por los cerros de Bolonia. A parte de la cría de gallinas, cabras y tal vez algún cochino, nuestros jornaleros complementaban sabiamente su dieta con perales y unas de las mayores chumberas o tunas que haya visto en mi vida, amén de otros cultivos que no sean visibles hoy día.

   Como en cualquier comunidad rural que se precie no podían faltar el pan y el agua. Yo contabilizé dos pozos, el de la fotografía es el más grande, con ranos y todo; y al menos tres hornos de piedra para hornear el pan macho.

   Encontramos además otros restos que nos hablan de la vida cotidiana, de la historia de las cosas pequeñas. Una pieza de piedra que aún no sé si se trata de un mortero o de un pequeño abrevadero. Y el encuentro más interesante: los restos de lo que en su día fue una pieza de cerámica esmaltada y coloreada, y la base de otra pieza menor. En esta última se aprecian una cruz, una corona, y la palabra “Santander”. Y abajo “China Oyaga“, más un número, el 58, quizá el año de fabricación o venta.
Resulta gracioso, pues la alusión a China me hizo pensar obviamente en porcelana china, y el término Oyaga quizá en una ciudad de dicho país. Pero al buscar en google por esos términos me encuentro con que Oyaga es un apellido vasco ¿Estamos entonces ante una pieza de cerámica china importada a España por una familia de apellido Oyaga afincada en Santander? Por suponer e imaginar que no quede… aprovechemos que aún es gratis.

   También nos topamos con otras evidencias de esa vida privada, que la verdad, ahora que miro y remiro las fotografías y pienso y repienso para escribir la entrada, me dan ahora como un poco de grima: algunos zapatos de niño en un estado más que aceptable.
Había también restos de suelas de goma pertenecientes a botas o zapatos de adulto, pero los que más llamaron mi atención fueron unas botitas blancas de niño, lástima que no las fotografiase. Se notaba que eran de unas décadas atrás, y qué quieren que les diga, las casas abandonadas, arboles talados, el viento, el cielo gris… ¡y esos zapatos de niño!… No me hubiera extrañado nada si de repente hubiera aparecido por allí Stephen King o Iker Jiménez diciendo, ven chaval, ven, que te voy a contar la historia de la familia tal, que … quita, quita…

   Las casas de arriba, en una pendiente considerable, son las últimas que nos encontramos en nuestra dCaminata etnográfica. Seguramente son las que mejor representan al poblado del Puntal, pues están ahí, en la punta del cerro, como la proa de un barco encallado que tiempo ha dejó de tener un destino.
La fotografía de abajo entiéndanla como un cartel de “Prohibido pasar más allá”.  Justo donde se encuentran esas casas y se obtiene esta perspectiva de Facinas, al fondo, nos encontramos con un muro de piedra, más su alambrada. No pasen más allá a no ser que sean toreros o tengan poco apego a sus vidas. Por esos campos pasta y corretea ganado bravo; como dije antes, toros bravos de la ganadería Núñez. Así que mucho ojo con pasar ese muro.

   Para tomar el camino de vuelta subimos al cerro donde descansa nuestro poblado. Desde esa posición se obtiene una buena visión general del entorno: a la izquierda el cerro de la Cuesta del Carpintero, en el centro el arroyo de Cerona, y al fondo la cresta petrea de la Laja de las Algas, o de la Zarga.

    Y menos mal que tomamos esa decisión, pues nos hubiéramos perdido como el que dice el postre. Fueron mis amigos Ana y Juanlu quienes descubrieron lo que muestro a continuación. Yo mientras tanto estaba abajo soltando a cazar a la Nikon, y no queriéndome encontrar con Iker Jiménez…

   Una tumba antropomorfa de pequeñas proporciones. Orientada al este, dominando el valle de Almodovar y la Janda… Es increible cómo en un monte más bien pequeño se puede concentrar tanta historia y vida. Donde menos se lo espera uno salta la liebre de la sorpresa y el misterio, en un paraje que poquísima poquísima gente frecuenta ya ¿En medio de la Nada?

   Y este horno de piedra que ya me dejó loco de la emoción y empachado de tantas cosas interesantes. El estado de conservación y la apariencia son magníficos. Es el horno mejor conservado que que yo haya visto, y he visto ya unos cuantos. ¡Si algunas piedras hasta conservaban el hollín!
Termino esta entrada, esta dCaminata que tanto me hizo disfrutar haciendo un llamamiento a todo aquel que sepa algo sobre este poblado para que se ponga en contacto conmigo. Le estaría muy agradecido.

   Y a todos en general agradeceros que durante ¿15 minutos de lectura? hayáis tenido la santa paciencia y el detalle de ayudarme a revivir este escondido pero bonito lugar.

¡Chistera chistera la caminata está fuera!

Un video sobre la Senda de los Republicanos


   Así da gusto salir de dCaminata. Creo que todos los que este sábado 21 de abril recorrimos la Senda de los Republicanos supimos captar la esencia del paisaje y disfrutar de él, pero traducir luego esas sensaciones a imágenes tiene su dificultad y su mérito. Francisco Domínguez, el autor de este video y de un fantástico album de fotografías que se puede ver en el FB de dCaminata, lo logró ese día.
Luminosidad, amplitud, sosiego, esfuerzo… Si hasta grabó al final a un Braveheart de pacotilla gritando “al ataqueeeee y libertaaaaadd!
Podéis ver el video en el siguiente enlace: SENDA DE LOS REPUBLICANOS.

5ª dCaminata Popular: Senda de los Republicanos.


   Loli, Mara, David, Susana, Toñi, Julia, Francisco Javier, Alvaro, Carmen, Pedro, David, Juanlu y Julio. Más el que está detrás de la cámara, y Garry que se nos unió en el último tercio de la caminata: 15 en total. Un número estupendo para disfrutar de la compañía y del camino.

    El pasado 21 de abril los arriba citados nos pateamos tan gustosamente la ruta que hemos dado en llamar Senda de los Republicanos. Un sábado primaveral, espejismo del verano, pues la calor apretó lo suyo dada la fecha, y los bichitos insistieron en manifestar su diminuta, imprescindible y a veces molesta existencia. Lo cual no fue un impedimento ya digo para disfrutar de la conversación y los  paisajes.

   En el mapa de abajo pongo a groso modo el itinerario de esta ruta circular. Un poco más de 12 kilómetros que pueden recorrerse en unas 5 horas, con sus paradas para el bocata y fotografiar todo lo fotografiable. Ha de tenerse en cuenta que la mayor parte de la ruta transcurre por propiedad privada, aunque a día de hoy no ha surgido ningún problema y dudo que lo haya si se guardan las formas; y por cotos de caza, por lo que no se aconseja el pateo entre los meses de junio y diciembre, periodo en el que está abierta la veda de caza. Para este tipo de rutas aconsejo estar pendiente del tiempo, y mirar las previsiones en la AEMET o en el WINDGURU de Getares, pues si pillamos un día no muy ventoso en el que no haga un calor excesivo (hay pocos sitios para guarecerse del sol) habremos triunfado.

    Como ya he comentado anteriormente, sobre todo por FB, esta ruta la hemos diseñado Garry (de Betijuelo y Andar por el Campo de Gibraltar) y el que os escribe. Tres meses más o menos hemos tardado en darle forma, a base de andar y andar sobre todo, descubriendo sitios por donde antes nunca habiamos caminado, de abusar del Google Earth y el Iberpix, y de muchos email y conversaciones telefónicas. Dicho esto, añadir que sarna con gusto no pica, y que hemos disfrutado como enanos.
No es una tarea fácil, pues sobre todo es un trabajo hecho con la intención de divulgarlo y mostrárselo al resto de aficionados, en el que hay que tener muy en cuenta los tiempos, el kilometraje y la dificultad. Aprovecho para informar que será una de las rutas del próximo libro de Garry. Posibilidades de trazar rutas distintas las hay sin duda, pero he aquí nuestra propuesta, en la que hemos hilvanado caminos tradicionales, caminos hechos por los prisioneros; otro tramo, quizá el más espectacular, llamado el sendero de las tibias, que se lo han currado la mar de bien los colegas de las ruedas gordas, etc.  A todos ellos gracias por facilitarnos esta tarea.

   Para concluir, indicar una vez más que en esta bellisíma esquinita gaditana congenian a la perfección paisaje e Historia. Pasamos por cortijos que en su día se dedicaron a la vid y que hunden sus raices en los principios del siglo XIX, por la Ermita de la Punta, datada en 1775, por canteras de piedra a cielo abierto de los años 60, y sobre todo, por esos caminos que dan nombre a esta ruta, por los caminos que construyeron por esta zona los Batallones Disciplinarios, compuestos por soldados del derrotado ejército republicano. Todo ello visto paseando por un hermoso balcón que se asoma al Estrecho de Gibraltar.

    Aunque la ruta nos discurra por terrenos públicos, contiene demasiada historia y bellos paisajes como para no empeñarse en mostrarlos.
Si quieres ver el resto de fotografías de la jornada pincha sobre el dibujo de abajo y entra el el FB de dCaminata:

   

Silla del Papa – Laja de las Algas (O de la Zarga)


Laja de las Algas y Silla del Papa

      Tal vez, uno de esos hermosos días de verano, bajando hacia la playa de Bolonia, hayáis mirado hacia la derecha y habéis tenido la suerte de encontraros con esta bella estampa: La Laja de la las Algas, y atrás, donde están las antenas, la Silla del Papa. La caminata que propongo hoy recorre en apenas 7 kilómetros, y de forma circular, estos monumentos naturales; y creedme, si os decidís a andarla las vistas que os esperan allí arriba os harán disfrutar mucho más del siguiente baño en las cristalinas aguas de una las playas más especiales del litoral gaditano.

      Esta ruta, y aunque suene a argumento de Perogrullo, va dirigida sobre todo a aquellos que no hayan andado por estos parajes y que sobre todo no conozcan la situación exacta de la famosa Silla del Papa. Lo digo porque por ahora no hemos nacido nadie con un GPS entre oreja y oreja, y lo normal es que no se sepa dónde está este histórico waypoint que no debemos perdernos. Además, pocos son los accesos o itinerarios que se pueden tomar para llegar al lugar. El más usual y transitado es el de la carretera asfaltada que sube desde el mismo Cortijo de la Gloria. Otro, de mayor kilometraje, recorre la cresta de la Sierra de la Plata, desde su extremo más cercano a la costa, por los alrededores de la Cueva del Moro. El itinerario que propongo es mucho menos transitado y conocido, pero ofrece una visión y comprensión muy completa del paisaje.

      ¿Y qué es la Silla del Papa? ¿Por qué se la llama de ese modo?… ¿No creeréis que voy a soltar todo el rollo histórico y andarín de repente, no? Si te interesa esta historia y has tenido el valor y el tiempo suficientes para leerte estos dos párrafo, me quiero asegurar de que llegues al final de la caminata, donde lo aclararé. Sólo adelantar, para el que no lo sepa, que en la cima de ese cerro existió hace más de dos mil años un enclave urbano anterior a Baelo Claudia. Así que, amigo, cálzate bien fuerte las “calligae” (botas romanas), ponte bien el casco, revisa el equipo y únete a la centuria que se pone en marcha. Como decían los buenos de Asterix y Obelix: Alístate a la Legión y conocerás mundo.

      ¿Y dónde se alista uno a esta caminata, dónde se empieza? Me diréis con razón los que no conozcáis el territorio.  Una vez que lleguemos a Bolonia, continuaremos por la misma carretera que pasa por detrás de las ruinas de Baelo Claudia y que ascendiendo por esa sierra, llamada de la Plata, se dirige hacia la Cortijada del Realillo de Bolonia. Medio kilómetro después nos encontramos con otra desviación a la izquierda, ya en el Cortijo de la Gloria. Ahí es donde dejamos el coche.  En el mapa de abajo se podrá ver mejor.

Cómo llegar

Y a continuación el itinerario de la caminata:

      Vistas amplias y hermosas darán el pistoletazo de salida a la caminata y nos acompañarán toda la jornada. Todos esos montes que van a dar al mar forman la Sierra de la Higuera. El arroyo más cercano, y que discurre paralelo al primer tramo de la ruta es el de Alpariate.

       La dirección a seguir será la misma que venimos tomando hasta ahora: hacia arriba, hacia el norte. La pista de zahorra continua durante unos 800 metros, hasta enlazar con otra más estrecha y de color terroso. A la derecha veremos el último cortijo habitado, y a la izquierda, majestuosa, la Laja de las Algas empezará a desplegar su arquitectura natural.

Lugar de salida

Hacia La Gloria

Laja de las Algas

Panorámica de la Laja de las Algas

     La laja de las Algas es también conocida como de la Zarga. Traducid “algas” al andaluz cerrado y ahí tenéis la posible explicación. El hipotético origen del topónimo también resulta cuanto menos curioso y atractivo. Según Gaspar J. Cuesta Estévez, en su artículo Toponimia de Bolonia y su entorno, el nombre “de las algas” podría proceder del término árabe al-mgaz, que se traduciría por “el Paso”. Ese paso sería el pasillo o desfiladero que se encuentra entre dicha laja y la Silla del Papa, y que en sus tiempos tomarían los campesinos para ir del Cortijo de la Canchorrera al de la Gloria, y el mismo que andaremos nosotros en nuestra dCaminata.

      Geológicamente hablando, la laja de las Algas o de la Zarga, está compuesta por enhiestos bancos de arenisca que forman una espectacular pared rocosa, en cuyo punto más alto alcanza más de 100 metros de caída libre. Pictóricamente hablando, la laja es un gran lienzo de piedra donde diversos líquenes crustáceos han plasmado sus bellos tonos anaranjados y amarillentos, y donde los buitres leonados han contribuído con manchas blanquecinas, creadas por la acumulación de sus excrementos. Para acabar el cuadro, y a modo de modernos trazos cubistas, numerosas líneas de fractura horizontales y verticales cuartean la arenisca. Aquí todo el mundo ha utilizado su pincel: el hombre, el viento, las plantas, los animales, las aguas de escorrentías…

Observatorio para ver los buitres leonados

Desde dentro

En efecto, es un observatorio para observar a los Buitres leonados; un poco de silencio por favor. Si os habéis traído prismáticos ¿a qué estáis esperando? La verdad es que si lo tenéis no dudéis en echarlo en la mochila. Veréis con más detalle a una de las 60 parejas que pueden llegar a anidar en la Laja. Los buitres leonados son de las aves de mayor envergadura de la Península, llegando a alcanzar algunos ejemplares los 2,5 metros con las alas desplegadas, y hasta los ¡9 kg de peso!.

Panel informativo sobre la laja

Continuando el camino, a unos 600 metros del observatorio, se abre a la izquierda una veredilla. Estad atento a ella, pues os conduce al poblado abandonado de la Gloria, conocido popularmente también como Los Boquetillos.

Llegando al poblado de Los Boquetillos

Restos de viviendas

   El poblado lo componen una veintena larga de casas en ruinas. Aunque unas están en mejor estado que otras, o son más recientes, todas ellas muestran muros sólidos y anchos, con la típica estructura del techo a dos aguas. Para la construcción de estos se utilizaba  la Castañuela, planta acuática que los lugareños recolectaban en la tristemente desaparecida Laguna de la Janda. Dicha planta permitía una buena impermeabilización, a la vez que la salida de humos provenientes del interior.

    Además de las viviendas, se pueden ver muros también derrumbados de corralas, un par de pozos de agua, y dos hornos de piedra para hacer pan. Para los que no los conozcáis estos hornos son estructuras cuadradas de piedra y abovedadas en la parte posterior, aunque también estas se encuentran caídas. En ellos horneaban el conocido pan macho, que sospecho que sería el principal aporte alimenticio de estas gentes.

   Desconozco cuál puede ser el origen cronológico de este poblado; la información al respecto, al menos la que yo haya encontrado, es muy poca. No sería muy arriesgado datar su origen en pleno siglo XIX, pues al hablar del asunto con un vecino ya mayor de Facinas me informa que ya su abuelo se había criado en este Poblado de los Boquetillos.

   Sería interesante saber si las tierras donde levantaron estas viviendas son o fueron de propiedad pública o privada. Conversaciones mantenidas con los pocos lugareños que he tenido la suerte de encontrar por esos lares me inclinan a pensar que este poblado de los Boquetillos, y otro situado en la ladera opuesta, al que llamaban el Puntal del Alamillo, se levantaron en terrenos públicos. Rodeados a ambos lados por grandes fincas, el monte donde se asientan forma en realidad como una especie de isla pública, “de todos”, en la que fueron recalando los jornaleros y campesinos que no podían costearse una propiedad “legal” en la vecina Facinas o en Bolonia.

    Allí subsistirían precariamente sus habitantes, ampliando la casa con cuartos a medida que los hijos se casaban, haciendo peonadas en los cortijos circundantes, y criando algunas cabras, tal vez algún cochino. El paro, la modernización de las tareas agrícolas y sobre todo la emigración, despoblaría y vaciaría de vida nuestro poblado.

   Otro factor que contribuyó al desmantelamiento de estos campos es hoy día tema de actualidad: los eucaliptos. Mi último informante, un símpático anciano que vive al pie de la laja, me comentó que el eucalipto también tuvo mucha culpa de que las gentes abandonaran el lugar, y sobre todo, y en su opinión, los ingenieros que decidieron plantarlos para la industria papelera. Gran parte de la sierra de la Plata y la de San Bartolomé se poblaron con esta especie no autóctona, que requiere y acapara mucha agua para su crecimiento. Acabarían ganándole el terreno a los árboles y arbustos autóctonos, los mismos que servían de sustento a los animales domésticos de los habitantes de los poblados que poco a poco verían desaparecer su humilde rebaño.

    Hoy día están talando los eucaliptos, con la intención de reintroducir las especies de toda la vida: alcornoques, lentiscos, etc. Una buena decisión, a mi parecer, pero a las personas ya no hay quien las reintroduzca. Bueno, si se restauran los chozos, el que les escribe y al menos por ahora mi colega Juanlu, no ofrecemos como pioneros para recuperar este poblado. Estariamos encantados, es decir, “en la Gloria”.


La última casa que veremos, que yo creo que era la primera en dar paso a los Boquetillos, es esta de aquí abajo. Fácil de diferenciar por el esbelto pino que crece en su frontal. En la parte trasera contemplaremos un enorme acebuche que nos dejará boquiabiertos, y otro horno de piedra en un lateral.

La casa del pino

   Tras una especie de murete o cercado, a pocos metros de esta Casa del Pino, encontraremos esta cancela, que siempre está abierta pero que no hay que olvidarse de cerrar. A partir de esa linde pienso que accedemos a dominos del Cortijo del Acebuchal, emplazado un par de kilómetros monte abajo.

Cancela al final del poblado

Continuamos por la vereda y ahí donde véis a mi amiga Ana señalando una bifurcación, tomamos el sentido de la izquierda. Hacia abajo iriamos al cortijo.

La vereda nos lleva directamente a un claro de forma circular (bujeo o patio de corchas) en un singular bosquecillo de acebuches y alcornoques. Estos acebuches también son de un tamaño sorprendente, y sin duda bastante viejos.

Claro en el bosque de acebuches y alcornoques

Escorzo de acebuche

   Estaremos bien situados si ante nosotros tenemos la perpectiva que nos ofrece la fotografía de a continuación: Los mismos acebuches a la derecha, abajo a la izquierda una pequeña tumba antropomorfa, y al fondo de nuevo otro horno de piedra. Fuera de la fotografía, a la derecha también, veremos un corral de piedra circular.

    Atravesaremos el claro en ese sentido, por su parte baja, donde enlazaremos con un senderillo. A partir de aquí viene la parte un pelín, sólo un pelín, más complicada en cuanto a orientación.

    Como habréis advertido esta ruta no está señalizada, y mucho menos este tramo entre las dos lajas. Las tres veces que ya he pasado por él he puesto un par de hitos de piedra y alguna que otra tira de plástico en ramas, que serán retiradas cuando se señalize mejor el itinerario. De todos modos, se trata de un tramo de unos 800 metros, y que no tiene pérdida pues siempre se harán en continuo ascenso, y arriba a nuestra izquierda, contaremos en todo momento con las antenas de repetición a modo de referencia. Recuerdo también que esas antenas en realidad son nuestro principal destino, pues ahí está la Silla del Papa.

Saliendo del claro

A unos pocos metros de salir del claro pasaremos por entre una alambrada que se encuentra tirada por el suelo. Pasada esta empezaremos ya a torcer a la izquierda y a subir.

No tardaremos en encontrarnos con un segundo claro, salpicado en esta época primaveral de gamones y cebollas albarranas.

   Desde ahí conectamos con otro sendero, que no es otra cosa supongo que una pista más o menos habilitada para las labores del corcho. Esta pista desaparece pronto y vuelve a estrecharse y convertirse en senderillo, que según sea la estación del año en la que andemos estará más o menos cerrado y/o visible. De todos modos nuestras amigas las vacas se encargarán de que no se borre del todo.

Pero antes un vistazo hacia atrás para coger aire. El cortijo que se ve abajo es el del Acebuchal.

   Este senderillo nos conducirá sin mayores problemas a un murete con alambrada que nuevamente deslinda una finca de otra. Durante este trayecto, si estamos atentos, observaremos lo que en su día fue un alfanje, el lugar donde se hacía el horno de carbón. Es fácil de identificar puesto que forma como una terraza aplanada, despejada y el suelo es más oscuro que en los alrededores.

Casi al final del sendero

Llegando a la alambrada

    Este es el murete y la única alambrada que habremos de sortear. Dada su profusión en estos campos nos podemos alegrar de que sólo sea una. La dirección que debemos tomar a continuación es a la derecha, siempre hacia el encuentro de las antenas, que nos han venido muy bien hasta ahora como referencia pero que en mala hora se construyeron en ese exacto sitio. Cuando estéis arriba lo comprenderéis.

     Pero antes, ufff, un respiro y un ratito de contemplación, que de nuevo empezamos a tener buenas vistas de la playa de Bolonia y del Lentiscal.

Conectaremos con la pista de asfalto, la misma que parte justo desde donde dejamos el coche en las proximidades del Cortijo de la Gloria. Cuando al final de esa pista pasemos una cancela verde ya podemos decir que estamos, ahora sí que uffff, en la SILLA DEL PAPA.

Hacia la antena

    Hasta hace unos años yo tampoco me aclaraba con la ubicación exacta de este monte o cima. Probablemente supe de su existencia leyendo algún artículo de historia local, en el que se hiciera referencia a la primera guerra civil romana (s. I a.c.) y a uno de sus principales actores: Quinto Sertorio. Este militar y patricio romano no se refería a ella, claro está, como Silla del Papa, sino probablemente como Mons Belleia, término romano que se solaparía al anterior púnico: Bailo. Se llamara como se llamara, se sospecha que esta cima, en este recinto fortificado, este general romano reunió en el año 80 a.c. a un importante ejército en sus luchas contra Sila, dictador de Roma en ese momento.

      Tras este aperitivo histórico, y antes de describir brevemente este enclave urbano, quisiera enseñaros las primeras evidencias arqueológicas que os encontraréis, por otra parte las más conocidas de este yacimiento.

      En esa roca hay grabados unos símbolos extraños, en los que los especialistas aún no se ponen de acuerdo en cuanto a su origen cronológico y significado. Se trata en concreto de una forma humanoide y ambos lados lo que parecen ser cruces.

     En lo que sí parecen ponerse de acuerdo es el origen celtíbero de este emplazamiento, de este oppidum, lo cual significa recinto fortificado. Fueran turdetanos o bástulos los primeros pueblos celtíberos en habitar estas humildes pero estratétigas alturas, estos símbolos probablemente tuvieran un significado religioso, e incluso astronómico.

Símbolos grabados en la roca

¿Y cómo se encuentran estos símbolos? Fácil, en primer lugar debemos hallar esta escalera tallada en la roca, que está justo al lado de la alambrada que encierran las antenas. Una vez que lo hallamos flipado, nos damos la vuelta y rebuscamos por el suelo a unos cinco o seis metros.

Escalera que nos lleva a la silla

En la fotografía de abajo se aprecia bien la cercanía. En esta escalera algunos historiadores quieren ver un acceso a un altar de sacrificios. Otros optan por una estructura militar, posiblemente una torre de vigía o defensiva. Ahora sí podemos preguntarnos sobre si no había otro sitio para plantar las dichosas antenas, y esperar al menos que en su construcción no se dañara alguna estructura antigua importante, aunque permítaseme que lo dude.

Los grabados y la escalera están muy próximos

    Y bien. Subimos por la escalera y nos dirigimos hacia donde hay ¿a que no lo adivinan? Sí, ooootra antena. También un pilón de hormigón, un punto geodésico de esos. Todos los movimientos que haremos aquí arriba han de ser muy cuidadosos, pues estamos a una altura considerable, donde suele pegar fuerte el viento. Pero ya digo, con tiento y precaución no hay ningún problema.

   Hay donde me véis sentado está exactamente la Silla del Papa. No sé si como un Papa o un Rey, uno no es muy partidario que se diga de estos estamentos, pero sentarse ahí y disfrutar de ese hermoso paisaje  te convierte simplemente en una persona afortunada.

Aquí se puede apreciar mejor el trono, la famosa silla. Desconozco si la oquedad en cuestión es un capricho de la erosión o ha intervenido la mano humana. Quién sabe si las dos cosas, y lo aprovechara un turdetano de hace más de dos mil años para eso, para sentirse afortunado… y ya de paso para otear y vigilar el horizonte, vaya a ser que apareciera el primer romano para cortarle el rollo e inventar la “civilización”.

   Desde esta rocosa atalaya (458 metros) dominaban totalmente el territorio circundante. Imagínense por ejemplo el paisaje de la fotografía de abajo un poco más arbolado, sin molinos, claro, y al fondo, el destello rutilante de la Laguna de la janda…

   En la actualidad podremos apreciar y distinguir las poblaciones de Zahara de los Atunes, Vejer de la Frontera, Benalup, Facinas y Tarifa.

Valle del Almodovar

Zahara de los Atunes

Hacia el oeste se puede distinguir Tarifa

Para ir concluendo, un intento de describir cómo podría haber sido este enclave urbano:

   Se encontraba emplazado entre dos paredes naturales de piedra caliza, dispuestas de norte a sur, que dejan en medio una epecie de pasillo natural de unos 420 m. de longitud y entre 20  y 75 m de ancho. Este pasillo o corredor desciende al mencionado Valle de Almodovar, de donde procedería el acceso principal al poblado o fortificación. Al contrario que hoy día, vivían de espaldas al mar.

  Históricamente hablando, la secuencia de ocupación se remonta a los siglos VIII y IX a.c., aunque los restos que en la actualidad pueden observarse parece ser que pertenecen al periodo prerromano, en concreto al pueblo turdetano, los supuestos y probables descendientes de las gentes que compusieron el reino de Tartesoss, pero también se encuentran vestigios romanos de época imperial. En fin, que fue un lugar muy concurrido desde la antigüedad. Los muros de caliza les protegían del viento, una fuente o manantial  les proveía de agua potable todo el año, explotaban las fértiles tierras del Valle del Almodovar… un sitio perfecto hasta que las circunstancias y la Historia los echó del monte para fundar Baelo Claudia en la costa. Fue en tiempos del emperador Augusto cuando se tomó esta decisión.

    Descendiendo por el corredor hacia el valle comprenderemos cómo levantaron sus viviendas los inquilinos de este poblado fortificado. Aprovechaban las paredes de roca anteriormente mencionadas para sustentarlas. Por un lado y otro veremos mechinales (boquetes en la roca) donde encajaban las vigas y las estructuras, incluso aterrazaban y allanaban algunas lajas de piedra. En conclusión, había vida urbana en el sitio más impensable, pues ¿quién que no conociera antes este lugar se iba a imaginar que allí había casas e incluso templos?

Las fotografías de abajo son ejemplos de los restos arqueológicos que podemos encontrarnos:

Sillares de muralla

Restos de un muro

Aterrazamientos

Mechinales, para encajar las vigas

Otra escalera

Atalaya, puesto de vigilancia

Fuente del manantial

Si queréis ver más detalles y fotografías de los restos históricos de la Silla del Papa, no dudéis en visitar el blog de M@nuel. Merece la pena. Aquí os pongo el enlace de su caminata:

Laja de la Zarga – Silla del Papa

Bien, una vez que nos hayamos decantado por ser romano o celtíbero, iniciamos la bajada hasta la cortijada de la Gloria, por la misma pista de hormigón que comenté antes, donde al final nos espera el coche. Ya digo que hay otras alternativa para los que no quieran pillar pista, pero seguramente andéis con prisa de tomaros una buena cerveza en las terrazas de la playa que hay junto a las ruinas de las factorías de Garum. Eso no tiene precio ni excusa.

Iniciando la bajada

Fin de ruta

¡CHISTERA CHISTERA LA CAMINATA ESTÁ FUERA!

Y PARA SABER MÁS:

Nuevos hallazgos en los caminos de los prisioneros de Punta Carnero


    Ultimamente estoy teniendo una suerte sorprendente en las caminatas, sobre todo en las caminatas en que Naturaleza e Historia se dan codazos por imponerse, en esas caminatas que quieren ser el objetivo principal de este blog. O será que el que siembra recoge. Menos mal, pues en lo laboral se me quemaron los campos no hace mucho. Y yo he sembrado, correteado y andado todo lo que he podido; desde chico tragándome todos los documentales de la dos, admirando las aventuras de Félix Rodríguez de la Fuente, Jacques Cocteau o los montañistas de Al filo de los imposible. Más tarde, e impulsado por las charlas con mis padres y abuelos, mucha lectura sobre nuestra guerra civil y sobre todo acerca de la historia del anarcosindicalismo español.

    Esas semillas se han transformado en flor, y qué mejor que ahora, que la primavera se nos ha caído encima. Si la primera flor en brotar fue el “hallazgo” de  la inscripción conmemorativa – franquista del puente del Arroyo del Lobo, ésta que trato de mostrar hoy guarda también relación con esa época y ese contexto histórico, pero es una flor más complicada de contemplar y aceptar en todos los sentidos, con un aspecto más rudo e punzante, y de color ferroso.

   El hallazgo tuvo lugar hace un par de semanas, cuando junto a Garry (Andar por el Campo de Gibraltar) y un par de compañeras, Susana y Carmen, inauguramos la ruta que nos hemos currado entre los dos para enseñar lo que creemos más interesante y bonito de Punta Carnero y los montes de Getares.

   Nos dirigiamos a ver el pozo que muestro en la primera fotografía. Al llegar observé que la zona no estaba como la última vez que pasé por allí, nuevamente quizá a acausa de unas obras de desbroce y limpieza. A unos metros del pozo, la laja que muestro en la fotografía de abajo me llamó la atención.

   Como si se tratara de un derrumbe había bloques de piedra de muy diferentes tamaños esparcidos por bastantes metros alrededor. Apenas tardamos unos segundos en descubrir y comprender frente a qué estábamos. Aquello no era un derrumbe natural. Acto seguido me acordé de una conversación que tuve con Manuel, un  viejo pastor de vacas con el que casi siempre, y afortunadamente, tropiezo cada vez que me pateo esos montes. Una mañana, hablando de los prisioneros y de los caminos que construyeron, le pregunté si las piedras que tapizan esos caminos las sacaban de unas canteras que hay próximas a Getares. No, hombre, no, me contestó apiadándose de mi pobre pensamiento lógico-deductivo: las piedras las sacaban de las lajas que tenían más cerca del tajo y de los caminos, para qué las iban a traer de tan lejos.

     Ese día, la lección teórica de Manuel, un hombre cuya vida y cultura popular de por sí se merecerían todo un blog aparte para él solo, tuvo su aplicación práctica. Nos hallábamos frente a una de esas lajas que servían de cantera a los prisioneros de los Batallones Disciplinarios de soldados trabajadores que por el módico precio de practicamente nada al día trabajaban para la gloria del caudillo y para redimirse del pecado de ser rojos, rojos como la sangre con la que sembrarían esos caminos, y rojos como las amapolas que nacerían luego en el mismo lugar donde muchos de ellos dieron su último aliento.

     Estos prisioneros de los Batallones Disciplinarios, la mayoría de ellos soldados del recientemente derrotado ejército republicano, construyeron cientos de obras civiles y privadas a lo largo de toda España. En el sur de nuestra provincia fueron responsables de hacer realidad el Plan defensivo del Campo de Gibraltar, con el que se fortificó toda la costa desde Conil hasta el río Guadiaro. Las obras duraron de 1939 a 1943 y se levantaron un total de 324 forticicaciones militares, además de la reparación y construcción de carreteras y senderos para la movilización del ejército y los materiales. ¿Y con qué finalidad? Con la de defenderse de un posible ataque de las fuerzas Aliadas provenientes de Gibraltar, con toda seguridad.

     En el mapa de abajo muestro las principales pistas que recorren Punta Carnero, un balcón sobre el Estrecho de Gibraltar erizado de nidos, fortines, almacenes, reflectores, cañoneras, pistas….

     Y ya no me enrrollo más, pero es que hay asuntos que necesitan una poca de introducción. Este es el hallazgo (redoble de tambores): Un PUNTERO, un cincel cónico con el que trabajaría uno de estos prisioneros. Sé que no es gran cosa, pero por todo lo dicho anteriormente, lo considero un hallazgo importante desde el punto de vista personal y sentimental. Además, tengamos en cuenta que pocos eran los efectos personales que poseían estas pobres personas, y sospecho que escasos cualquier otro resto de esa época, sea del tipo que sea, que haya podido perdurar hasta nuestros días y que guarde alguna relación con esta obra.

    En esta fotografía se puede apreciar con más detalle el puntero. Mide 13 centímetros, e imagino que poco más mediría en su estado original; tal vez 17 ó 18 centímetros. Obviamente no puedo asegurar su cronología y procedencia. Me es imposible hacerle la prueba del carbono 14, tampoco la del 36 ni la del 75, pero vamos, un objeto punzante hallado en una cantera que se encuentra al borde de un camino hecho por los Batallones Disciplinarios … : Blanco y en botella.

   

    Lo fuerte es que estuvimos poco tiempo en el lugar, apenas 10 minutos. Cuando lo ví lo primero que pensé es que era un clavo, pero no, una vez que lo tuve en mi mano no tuve ninguna duda. He trabajado lo mío en la construcción y conozco estas herramientas, aunque es cierto que los cinceles y punteros actuales son un poquito más gruesos; por esto mismo también sospecho que ha llegado a mis manos porque al prisionero en cuestión se le extraviaría, pues suelen ser las herramientas con más tendencia a perderse y camuflarse entre la arena, el cemento o las piedras.

   La verdad es que me emocionó bastante el hallazgo. Y más que me emocioné cuando el Garry va y saca el movil y de repente pone una canción ¿Cual? Ninguna otra podía pegar más en ese momento, al menos para mí, que ¡A LAS BARRICADAS! el himno del sindicato anarquista CNT. Puños en alto, con puntero y móvil incluido, nos cantamos los primeros compases del tema en un espontáneo, pero divertido y sincero  homenaje a los hombres que penaron en ese camino. Ideologías aparte es una canción hermosa que merece la pena escucharla. Aquí os pongo el enlace de la versión que se grabó para celebrar el Centenario: ¡A LAS BARRICADAS!

    Bien, todo lo largado hasta ahora ocurrió hace un par de semanas. No se me levanten todavía ni me desenchufen, que empieza ahora la 2ª PARTE ¿Es cierto el dicho ese que segundas partes nunca fueron mejores? Yo tengo mis dudas. Así que arrellánense bien en el sillón, y cojan unas cervezas y unas patatas, que van a apagarse las luces…

    Ayer mismo regresé a la zona para seguir explorando esta cantera y especialmente para visitar otra que días antes había localizado mientras circulaba por la carretera del Faro. Fue fácil distinguirla, ya que forma una mancha pedregosa en medio del verde de la ladera. Además, no se me escapó porque ya iba con el guión aprendido: está situada escasos metros más arriba de otro tramo de este camino de los prisioneros.

   Entre una cantera y otra media una distancia de 2 kilómetros. Muy poca cosa, pero ¡qué satisfacción produce el saber que por uno de esos dos humildes kilómetros no has puesto el pie en la vida! Es cierto, aunque visualizados desde arriba, buena parte de esos montes aún no la había dCaminado.

    En ese trayecto hallé dos nuevas canteras que no tenía localizadas, y una especie de cobacha o descansadero tal vez levantado por los mismos prisioneros para estancias esporádicas, o para defenderse de las inclemencias metereológicas. Ya digo que en realidad son afloramientos rocosos, lajas de donde extraían la piedra. La verdad es que es un paisaje muy bello, moteado de jérguenes que revientan de amarillo, palmitos y acebuches entre otras especies arbustivas; un paisaje muy poco visitado, el cual prácticamente sólo disfrutan vacas y cabras.

    

    En las cuatro canteras que exploré ese día se repite la misma imagen, bloques grandes de piedras arrancadas de la laja, que luego son picadas en varios tajos o lugares de trabajo, compuestos seguramente por más de un prisionero. No cuesta verlos porque forman notables acumulaciones de piedra menuda. Es imposible no crearse la imagen de uno o varios de estos ex-combatientes trabajando con los cinceles y martillos, ataviados con el uniforme que ellos mismos se pagaban y con el gorro cónico que al parecer les distinguía y señalaba.

     Se podrán imaginar a este Homo bloguerus senderiensis subsp. gaditanus explorando cada rincón de estos yacimientos, sin prisa, pero con esa urgencia y temor de que no se me escapara nada. Y me podrán imaginar también párandome de repente, alterándome hasta el borde del infarto y hablando solo; pues en efecto, tengo de nuevo la tremenda suerte de encontrar restos oxidados de estas herramientas, en concreto dos puntas de cincel y la cabeza de uno de ellos. En las fotografías que les muestro a continuación están en su situación original, aún no los había tocado.

    Como se observa, las piezas estaban en uno de los pliegues de la laja, casi escondidas, como si las hubieran colocado allí para tal vez luego recuperarlas de algún modo. Pero lo fascinante, al menos para mí, es pensar que quizás esos trozos de herramientas llevan oxidándose en el mismo sitio ¡70 años!

    Esta fue la secuencia del hallazgo, en tres planos en profundidad:

Y por último en la mano, para que se aprecie el tamaño:

    He de confesar que que sentí una especie de pudor o duda de arrancar esas piezas de su estado original, de saber si estaba obrando bien o mal. Aún no lo tengo claro, pero pienso también que no es un descubrimiento que necesite la mano de un profesional para su recuperación. Dudo además de que alguien cualificado se desplaze a este lugar para hacer una prospección adecuada, habiendo yacimientos de mucha mayor importancia en los que aún no se ha realizado estudio alguno. De todos modos, vuelvo a repetir que todas las piezas están fotografiadas tal como estaban, y que recuerdo perfectamente el lugar exacto donse se hallaban.

    Tampoco creo que tengan que estar en un destino mejor que no sea, bien expuestas eso sí, la estantería de mi casa; aunque estoy abierto a otras sugerencias. Lo único que se me ocurre ahora es que tal vez hubieran quedadado bien en la exposición itinerante que realizó José Manuel Algarbani , historiador e investigador a quien tengo el gusto de conocer,y el Ateneo Republicano del Campo de Gibraltar, sobre estos mismos caminos de los prisioneros. Os pongo un enlace de las numerosas noticias que en su momento trataron este acontecimiento: Inaugurada la exposición “Los Caminos de los Prisioneros”

    Una vez recuperado de la emoción y la sorpresa me dirigí a la última cantera, a la que había visto desde la carretera. Allí, después de dar buena cuenta del bocata de mortadela, sometí al yacimiento a una metículosa exploración tipo C.S.I.

     De nuevo encontré evidencias que en mi parecer demuestran que toda esa cornisa fue aprovechada para la extración de piedra. Unas cuantas y deterioradas suelas de caucho, con toda probabilidad de botas militares; numerosos bloques de rocas atravesados de parte a parte por perfectos boquetes, digo yo que efectuados por barrenas y en los que se introducirían dinamita para facilitar la extracción; y de nuevo una pieza cuadrada de hierro a la que soy incapaz de otorgarle una procedencia ¿Martillo? ¿Tornillo?

    No quisiera terminar esta entrada sin haber escrito algo sobre mi tío Juan Cote, que allá por los años 60 trabajó también en las carreteras picando piedra. A él acudí para mostrarle mis hallazgos y para que me hablara de su experiencia. Aunque la condición laboral de mi tío fue por supuesto distinta a la de estos prisioneros, nos podemos imaginar que los métodos de construcción no habían variado en demasía. Sólo indicar que no conozco una persona que haya trabajado tanto en su vida, en concreto de albañil, y me repitió unas cuantas veces, con uno de los punteros en la mano, que no había trabajo tan duro como ese de picar piedra.

    Oriundo de Zahara de los Atunes, sería por sus alrededores donde mi tío Juan Cote se ganaría el jornal de tan esforzada manera. Personalmente, él no llegó a utilizar martillos y cinceles para partir y picar las piedras de arenisca y la jabaluna. Utilizaban al parecer otra herramienta que él denomina porrino, consistente en un mango largo y flexible hecho de una rama de acebuche, y en un extremo la cabeza de hierro de la maza. Gracias a la flexibilidad de la vara de acebuche se conseguía por lo visto la fuerza necesaria para dañar la piedra.

    Como las heridas en pies y espinillas eran frecuentes, me contó de qué forma tan ingeniosa se las protegían. Utilizaban la corteza, dura y gruesa, de las pitas a modo de espinillera, sujetadas con cinta o cuerda. Quién sabe si nuestros pobres prisioneros llegarían a utilizar esta curiosa protección. Poco más me contó, salvo que una vez “desmenuzada” la piedra se transportaba en espuertas al tajo, se allanaba, y luego se le pasaba un rodillo, es decir, una apisonadora. Simple, repetitivo, demoledor.

     Por último, acabo la entrada con alguien también de la familia, con mi abuelo Diego, que bien pudiera resumir la odisea y diáspora que vivieron estos combatientes. Al ser conductor, o chofer – mecánico, como a él le gustaba aclarar, tuvo en la guerra la mala suerte de asistir a varios frentes de batalla. El peor de todos según Diego fue el del Ebro, y resumiendo, que si no nos dan aquí las uvas, estuvo en Argeles- sur mer, uno de los campos de refugiados ¡de concentración!, en los que las autoridades francesas tuvieron la amabilidad de acomodar a los soldados republicanos. Mi abuelo no guardaba muy buen recuerdo de los soldados senegaleses, de sus culatazos, del frío y del hambre. Luego pasó a Orán, Argelia, y cuando pensó, mal aconsejado por un familiar, que podía regresar a España, lo trincaron y penó también de forma similar a  estos presos, pero en Ceuta.

    Esta entrada se la dedico a él y a todos los hombres que como él lucharon por su vida y por conseguir un mundo mejor.

    Como es difícil de leer la nota escrita de la fotografía, la transcribo a continuación:

    ” Con el trabajo, el pan y la Justicia de la Patria, poco a poco van los prisioneros reconstruyendo lo que ellos mismo deshicieron antes con la dinamita”

    En fin, ¿qué decir sobre la fracesita sin quedar muy soez o perder los papeles, salvo que…

  ¡VIVAN LOS SOLDADOS  DE LOS BATALLONES DISCIPLINARIOS!

Y para SABER MÁS:

Quedada intercomarcal en Sierra Momia


      Así, de sopetón, el título de la entrada puede resultar extraño y rebuscado; sin embargo pienso que no lo es tanto, que es descriptivo. Quedada, y no “encuentro”, por ejemplo, que suena como más serio y oficial, porque fue una reunión que nos salió casi sin querer queriendo. ¿Y de quiénes? Pues de unos picaos del campo, más que aficionados a los caminos y senderos, y al menos la mitad, encima intrépidos blogueros. De izquierda a derecha: Miguel Angel, José Manuel Amarillo (blog NSyG), José Manuel Oneto ( blog dRuta), Luis Trexok, Paco Vera ( blog ch´usay), Juan Moncayo, Juan Luis Parodi, y yo.

     Intercomarcal, pues fuimos una buena representación de la provincia de Cádiz; tanto de las dos bahías como de Jerez. Sólo nos faltó alguien de la sierra. Personalmente sólo conocía a José manuel Oneto, y sólo de habernos encontrado una vez “por esos caminos”, aunque mantenemos contacto habitual en nuestros respectivos blog. Es gracioso, pero a algunos de los demás también los conocía pero como el que dice “de vista”, de verlos por la calle, por esa sinuosa y virtual calle que es Internet. Como se podrán imaginar, y al compartir la misma pasión por la naturaleza, la conversación fue muy natural y amena. Le dimos un buen repaso al panorama senderista gaditano. Muy buena gente todos.

     ¿Y dónde queda eso de Sierra Momia, con ese nombre tan egipcio y sugerente? Aquí al lado, y nunca mejor dicho, pues queda más o menos equidistante de las dos Bahías y Jerez. Sierra Momia se encuentra al este de Benalup – Casas Viejas, entre los embalse de Barbate y Celemín. ¿Y de dónde viene eso de Momia? Quieto parao; unas cuantas fotografías más abajo te lo digo.

A la mañana le costó separarse de la madrugada este sábado 3 de marzo. Sobre todo a causa de la niebla que se espesaba alrededor de los embalses de Barbate y del Celemín, y que nos acompañaría en los primeros pasos de la caminata. Las telarañas en los arcenes de la carretera, prendidas de humedad, parecían contribuir a que la niebla no levantara el vuelo.

Intentando darle esquinazo nos adentramos por la Garganta del Cuerno, siguiendo el itinerario marcado por José Manuel Amarillo, Paco vera y Juan Luis Parody, que ya se habían pateado el entorno en anteriores ocasiones. Y el resto, a verlas venir por primera vez, y a disfrutar. El arroyuelo que baja por la garganta es de aguas herrumbrosas. El color rojizo que observas se debe al oxido de hierro que contiene en sus entrañas la roca arenisca de las lajas circundantes. Ese tono ocre y sanguinolento sería el color estrella del día.

No habiamos recorrido ni un kilómetro garganta arriba cuando empezaron a mostrarse las primeras cuevas-abrigos, alineadas cual chaletes acosados a lo largo de una larquísima y espectacular laja. La verdad es que perdí la cuenta de los abrigos en los que entramos ese día. Y aunque el símil de éstos con nuestras modernas y apretadas viviendas pueda sonar a chiste barato, no resulta muy desafortunata la visión de estos antepasados nuestros conviviendo de una forma similiar a la nuestra. Imagínense a las diferentes familias y clanes repartidas en las distintas cuevas.Los niños correteando de acá para allá, y quizás no se pedirían sal o un poquito de café, como buenos vecinos, pero tal vez sí, no sé, un trozo de venado, algo de tuétano, por qué no un ascua encendida al que se le hubiera apagado el fuego…

A medida que ascendiamos la niebla por fin se acabó diluyendo, como una cortina que se descorre. Yo no sé los demás, pero a mí de repente el pelo se me empezó a encrespar, la vista y el olfato se agudizaron, me dieron unas ganas tremendas de cambiar la vestimenta sintética por pieles de animales y de encuevarme allí una buena temporada. Ahora lo entiendo, definitivamente la niebla nos había transportado al Paleolítico Superior, a miles de años atrás.

¿Y a qué me hubiera dedicado esa temporada, a parte de olvidarme de hipotecas, crisis económicas y de toda la filosofía y ética de Sócrates en adelante? Seguramente a pintar, a pintar cosas parecidas a las fotografías de abajo: un venado o corzo (la ejecución de esta pintura es fantástica), huellas dactilares, un pino o tal vez un helecho,etc. Por eso dije antes lo del color ocre como color estrella del día. Si no recuerdo mal, sólo en dos o tres abrigos visualizamos pinturas rupestres, pero en todos nos dejamos los ojos tratando de diferenciar trazos artificiales de las manchas rojizas propias de la arenisca cuando en algunos sitios se concentra más el óxido de hierro.

Por desgracia, y es algo que suele suceder en otros yacimientos, hay que lamentar salvajismos como el que les muestro abajo. En el año 1965 a un mamaracho se le ocurrió hacer la gracia de retratarse en la cueva. Se comprenderá entonces que en ocasiones, y ésta es una de ellas, se opte al final por no especificar la forma de acceder a estos lugares que no están controlados ni protegidos debidamente.

En fin, sigamos nuestro paseo por el Paleolítico. Como si se tratara de uno de esos cementerios de los pueblos andaluces situados en la parte más alta de la población, tal es el caso por ejemplo de Jimena de la Frontera, nuestros ancestros eligieron la zona más elevada de la laja para erigir su camposanto. Ahora sí toca la explicación del significado de Sierra Momia. Observen la fotografía y juzguen si tienen forma o no de momia. Este se cree que es el origen de este misterioso y sugerente toponímico, las tumbas antropomorfas que en gran número se encuentran en esos montes.

De todos modos, aún no está nada claro si estas tumbas antropomorfas son obra de los mismos que habitaban los abrigos de abajo. Los entendidos en la materia no se ponen de acuerdo en otorgarle una ascendencia “prehistórica” de miles de años o ubicarlas temporalmente incluso en época de ocupación romana. Ciertamente no es sencillo el asunto; por lo visto, la falta de restos oseos y el desconocimiento del ritual funerario que se llevaba a cabo dificulta la datación. ¿Eran tumbas destinadas a la momificación? ¿Como en las culturas celtas, eran lugares en lo que se ofrendaban los cuerpos a los buitres?

Y ahora, para despejarnos un poco la cabeza de tantas cuevas y tumbas y nos dé un poco el aire, algunas panorámicas. En esta primera se intuye el embalse de Barbate, Alcalá de los Gazules, y la Sierra del Aljibe: el Picacho, el Aljibe y el Montero. Las cumbres del P.N. de los Alcornocales, con 1.092 metros.

Benalup, o Casas Viejas, como era conocida esta población hasta no hace mucho.

El embalse del Celemín, y al fondo creo que la Sierra de Retín, por la parte de Véjer y demás.

Una vez que exploramos ese área, nos dirigimos a la otra vertiente de la Garganta del cuerno. Para ello, y cuando podíamos, utilizábamos otras lajas para andar con más comodidad y rapidez. No haciamos otra cosa que imitar el buen sentido de los animales; en una de estas grandes lajas hasta se observaba claramente un senderillo grabado en la roca pezuña a pezuña a lo largo de los siglos.

En esta ladera yo pienso que se levantó en esos tiempos de la “edad de piedra” un tipo de urbanización, cómo lo diría…. más exclusiva y menos poblada. Sospecho que ya por esa lejana época ya se empezó a marcar la distancias entre clases y clanes. La cueva-abrigo de abajo lo dice todo: el amplio porche, la columna con su ventanal, el jardín o el campito de golf justo enfrente…

Esta cuevecilla que estaba al lado debía ser sin duda la del servicio…. fíjense en el detalle de los boquetes a modo de escalerilla.

Y otra vez en el camino, digo en la laja… en busca de nuevos territorios. Mirando ahora las fotografías y repensando la excursión ¿quién me niega a mí que no nos asemejábamos a un clan de homo sapiens senderiensis… eh?

Este abrigo-cueva fue creo que el penúltimo que visitamos y obviamente nos dejó boquiabiertos, por sus dimensiones y sobre todo por el arco, en un precario estado de equilibrio. Quiera el destino, la erosión y las leyes de la física que dure mucho tiempo más.

Antes de finalizar la caminata nos topamos con unas cuantas bellas flores e insectos. Los compañeros Paco Vera y José Manuel Amarillo, que se ve que son unos máquinas en esto, no dejaron escaparse a ninguno con sus cámaras. Desde la más mínima flor hasta el abejorro más imposible de fotografiar. Es un placer caminar con gente con esa pasión ¡Y lo que se aprende!

Yo, aprendiz que es uno en estas lides de la botánica y la entomología, también hice mis pinillos, no crean, pero bueno, con unos resultados no muy… muy… completos. Véase si no:

La flor de abajo es obviamente lila titando a púrpura, tiene pétalos muy curiosos la verdad, y todavía no sé dónde consultar si es una centaurea o un cardo borriquero mal fotografiado :) :)

Oh, y el bichito este de abajo tan guapetón. Me dijeron el nombre y yo creo que a los dos minutos se me olvidó. Algo así como Longicorne, dado que sus cuernos o antenas en ocasiones son más prominentes y largos que su cuerpo. Para qué marear más la perdiz y al bichillo este, os pongo directamente el estupendo enlace de Paco Vera, que nos lo explica debidamente: AGAPANTHIA VILLOSOVIRIDESCENS

Dejo para el final, un hallazgo que realizamos y que revolucionará sin duda la entomología. Se trata de una cucaracha, a la que hemos bautizado como Cibercucaracha Momiensis (En honor a la sierra donde la encontramos) Sospechamos que es una especie invasora procedente con toda seguridad de China. Tal se tratara de un presagio o anuncio del predominio económico-social chino en el futuro, esta cucaracha del lejano oriente ya se ha apuntado a ese futuro y ha desarrollado una especie de placa solar con la que por ahora sólo consigue vibrar y poco más, pero ya, ya aprenderá y se adaptará al medio, y por desgracia acabará desplazando a nuestras cucarachas autóctonas.

Y aquí acaba esta primera caminata con otros blogueros y senderistas de nuestra bella provincia, a los cuales les emplazo y animo a que sólo sea la primera. Va por ellos:

“Chistera chistera, la caminata está fuera”

Y si por si acaso no se han cansado de cuevas, les animo a hacer la misma caminata pero con la mirada de otros dos homo senderiensis que fuimos ese día de ruta:

Próxima dCaminata Popular: Sendero de los Prisioneros – Río de la Miel


    Si en los próximos días no tienes pensado largarte a Laponia a bucar trabajo, si tal vez te quieres librar del típico almuerzo familiar de los sábados, si quieres escaparte de esta cárcel de asfalto y cemento que es la ciudad, o simplemente quieres darle una sorpresa a tu cuerpo y a tus sentidos, ponte las botas y vámonos de caminata este fin de semana.

  • Fecha: Sábado, 10 de marzo.
  • Hora: a las 8:30; a menos cuarto picamos billete.
  • Lugar: Biblioteca municipal Cristobal Delgado, en la C/ Salvador Allende. Donde siempre vamos.
  • Aforo: En principio vamos los de siempre, los habituales, pero se puede apuntar quien quiera. Eso sí, el tope está en 20 personas, así que el que esté interesado se me apunte en el muro de Facebook o ponga un mensaje aquí en el blog; de este modo nos vamos haciendo una idea. Comentar que esto es una quedada entre amigos y aficionados, que ni dCaminata es un club ni nada oficial. Cada persona viene bajo su propia responsabilidad.

    La ruta elegida para esta 4ª dCaminata Popular es la que marca el título: Sendero de lo Prisioneros – Río de la Miel. Si no la habéis hecho ya fijo que os va a gustar. En la imagen de abajo podéis ver el itinerario, y consultar más características en wikiloc. Y si eres más bullita y tienes curiosidad por ver qué te vas a encontrar puedes consultar lo que escribí y fotografié cuando publiqué la caminata en el blog: Río de la Miel – Sendero de los Prisioneros. Con la salvedad de que este sábado la haremos en sentido contrario, y subiremos por el camino de los Prisioneros.

En la fotografía de abajo puedes ver el itinerario.

    La ruta es de unos 11 kilómetros, y es medianamente durilla, pero accesible pienso para cualquiera que esté medianamente en forma, y tardaremos unas 5 horas más o menos en estar en la Venta del Cobre celebrando la excursión. Pero merece la pena, sobre todo la parte alta del río de la Miel, una zona no muy transitada habitualmente. Lo dicho, confirma tu asistencia en el muro de dCaminata en FB porfi.

Sobre la inscripción franquista del puente del Arroyo del Lobo


   Puente del Arroyo del Lobo

    Como soy un bullita sin remedio, ya al día siguiente de encontrarme con esta inscripción en el Puente del Arroyo del Lobo me puse a remover el cielo y tierra que puede uno remover para saber más sobre ella . Pensándolo bien, tampoco hay que ser muy bullita, me digo para justificarme, pues no todos los días ocurren historias tan interesantes. Salir de caminata y toparse con una inscripción conmemorativa de hace más de 70 años (1938), sean del signo que sean, alegra y anima a cualquiera.

  Lo primero que pensé fue que se me había escapado un artículo o libro en el que se la mencionaba; tal vez una de esas notas a pie de página que algunas veces no solemos leer. O que me había perdido la conversación con alguien con más experiencia que ya la conociera. Ambos supuestos eran posibles, aunque me inclinaba más por que hubiera sucedido el segundo.

   Me he puesto en contacto con las dos personas que yo creo mejor conocen la posguerra algecireña, y más concretamente el sistema defensivo que se levantó en el litoral campogibraltareño para repeler un ataque de las fuerzas aliadas. Ambos han investigado la materia y escrito sobre las vías de comunicación, fortines, nidos y demás que jalonan nuestra costa; es decir, son una referencia en este ámbito. Uno de ellos desconocía su existencia hasta ahora, pero me contextualizó históricamente la inscripción en tres párrafos certeros. Y el otro sí tenía vagas noticias por terceros, aunque ni las había visto personalmente ni conocía su contenido exacto. Resumiendo, al parecer estamos ante una típica y sencilla inscripción conmemorativa de una muy temprana época franquista que al parecer no ha sido estudiada o abordada por especialistas.

    Obviamente, todo lo dicho no significa que se haya descubierto ahora, y mucho menos por éste que les escribe. La expresión más exacta que yo creo habría que utilizar para este caso es que la inscripción ha “reaparecido”, se ha dejado ver de nuevo, y esta vez sí, el que les escribe ha tenido la suerte de verla y se ha interesado en saber hasta qué punto se conocía en los círculos de investigadores e historiadores locales.

   Por otra parte, somos afortunados por contar con la memoria de nuestros mayores, que curiosamente estas cosas no las suelen olvidar. Por ejemplo, a mi padre sí le sonaba esta historia, al igual que a un antiguo profesor mío. También la recuerda Manuel ¿Y quién es Manuel? Pues otro septuagenario que rebosa de sabiduría popular y existencial, y que me he encontrado ya dos veces andando por los montes de Punta Carnero. En dos sendas lecciones me ha puesto al día sobre la toponimia y costumbres del lugar. Espero seguir encontrándomelo para seguir aprendiendo, y si me da su permiso os lo presento, pues es de las pocas personas que conocen tan a fondo esta particular geografía algecireña, no por nada  hasta nació en uno de esos cortijos “de la Punta”.

    Bueno, y ya termino, que me voy por los cerros de… Getares. Según mi hipótesis, la inscripción queda oculta y tapada por los mismos sedimentos del arroyo del lobo, que me da a mí que no se suele limpiar y sanear mucho a la altura del puente. Hablando con un amigo periodista me comenta que por lo visto hay una campaña de limpieza de cauces y demás por parte de Medio Ambiente, creo. Tal vez hace años que no reaparecía, que no se dejaba leer, o igual sí, pero no se le dió importancia en su momento (tampoco tiene tanta, ciertamente) hasta que pasa por allí alguien que supuestamente tiene tiempo libre los días entre semana, es muy aficionado a la historia, amante de su tierra, y va y os la escribe, y si le dejan hasta os la lee en voz alta ¡pues no es pesao el tío ni ná!

¿Arriba España, Viva Franco?: Una inscripción franquista en el puente del Arroyo del Lobo.


Puente sobre el Arroyo del Lobo

Esta mañana, intentando sacarle provecho a mi obligada condición de parado, me dirigía a los montes aledaños a  la Carretera de las Pantallas, donde estoy fotografiando, para una futura entrada en el blog, los cortijos antiguos que por allí a duras penas se mantienen en pie. Al pasar por el  puente “de los arquitos” que cruza el Arroyo del Lobo, la extrema sequedad de su cauce me llamó la atención. “Mira, como mi futuro laboral, más seco que…” me dije. Paré el coche para fotografiarlo, lamentando la falta de lluvia que tiene al Arroyo del Lobo en los huesos; y calentándome también por esa otra sequía especulativa y política que nos tiene a millones de parados en dique seco.

El caso es que me pongo a fotografiar este curioso y bello puente, primero de un lado, luego de otro, tratando al mismo tiempo de refrescar mentalmente lo que conozco de esta carretera.

     No hay mucho que refrescar: esta pista militar, al igual que otras que discurren por Punta Carnero o el conocido Sendero de los Prisioneros, fue construida al término de nuestra Guerra Civil e inicio de la II Guerra Mundial, en el marco histórico del Sistema defensivo del Campo de Gibraltar, con el que Franco aspiraba a repeler un posible ataque de los Aliados ¡Lástima que no nos invadieran, hombre! La práctica totalidad de las pistas, nidos y fortines que salpican nuestras costas, también la Carretera de los Yankees, son de dicha época; erigidas a base de sudor y sangre por los Batallones Disciplinarios de soldados trabajadores, compuestos por miles de presos republicanos, mano de obra esclava. Y por supuesto la famosa Pantalla de roca artificial que da nombre a esta carretera militar. Como se indica en un cartel fue construida en 1942 por un tal Don Enrrique Letang, costó 220 mil pesetas y se tardó tres meses en levantarla. El propósito de esta singular y hermosa “muralla” era el de enmascarar y camuflar el recorrido o dirección de dicha carretera.  Subo un par de fotos para que se sorprenda el que aún no la conozca.

Sigo pues tras este breve anuncio patrocinado por el Departamento de Ensoñaciones Históricas de dCaminata y Bodegas Albalí. Cuando ya me disponía a volver al coche y proseguir la excursión, algo, un trazo o línea vista de refilón, me detuvo. La flecha roja de la fotografía de abajo indica el lugar exacto. Como se puede observar, hay una especie de escalón o represa por donde el agua, cuando por suerte baja por el arroyo, cae para luego internarse por unos conductos que atraviesan la carretera. Nunca me había fijado en esta obra de ingeniería, y eso que he pasado unas cuantas veces por ese sitio, tanto en coche, en bici o andando. Pienso que han estado limpiando el puente previniendo las ansiadas lluvias y quizá han quitado tierra de esa suerte de zanja que impide que se anegue el asfalto, cosa que por otra parte he visto en alguna ocasión.

A ver, a ver, me digo… pero si eso parece una F, y después parece que viene una R. ¡No puede ser! pero si después consigo leer ANCO…. Ay madre mía, pues no estoy leyendo ahí la palabra FRANCO. Casi me pongo firme de la emoción, y no obviamente impelido por el nombre del dictador, sino por la sorpresa de tal inesperado descubrimiento, pues desconocía totalmente la existencia de estas inscripciones que me disponía a descifrar, dado el penoso estado en el que se conservan.

La verdad es que el día no podía empezar mejor, descubriendo personalmente una inscripción dedicada a Franco, a ese dictador que llevó a la ruina a un gran pais que empezaba a levantarse y que en el plano familiar tuvo a mi abuelo materno trabajando en uno de esos batallones de trabajo en Ceuta, y casi fusila al paterno, amén de otras tristezas familiares que tampoco es plan que broten, fluyan y nos aneguen en lágrimas. En este caso prefiero quedarme en la sequía.

La inscripción, en esa parte del dique, pone el tantas veces vociferado “VIVA FRANCO”. Algunas letras son mucho más legibles que otras. La F y la R, por ejemplo, se conservan muy bien, grabadas en el supongo mismo enlucido original. En el resto de letras también se aprecia la marca del punzón; pero también se nota como que luego alguien, tal vez un nostálgico del franquismo, ha querido recuperar el lema y ha “sobreescrito” sobre tales letras.

¿Y antes? ¿Qué ponía antes, abuelitos míos? Me acordé que tenía en el coche un cepillo, corrí a por él y me entretuve un rato en limpiar el murito; para que luego digan que uno no es trabajador. La parte de la inscripción anterior al “Viva Franco” no quería manifestarse, pero poco a poco fui tirando del hilo, digo del cepillo, y comenzaron a clarificarse otras letras: “…PAÑA…”  y un poco antes “ARRI..” Bueno, bueno, lógico mi querido Watson, el otro famosísimo lema de la primera época del régimen franquista: “ARRIBA ESPAÑA” Arriba, sí, arriba, pero entre unos y otros no la veo yo muy arriba, después de 70 años.

Y aún hubo más, por suerte. La parte de la inscripción que más me gustó y que más trabajo me costó leer o entender fue la que más limpié, pero nada, al principio no afloraba nada. Fue después de unas tres horas, cuando ya volvía de fotografiar el Cortijo del Campanario, cuando paré el coche esta vez en medio del puente y ahí sí se terminó de dejar de leer esta inscripción conmemorativa.

La fecha de la supuesta edificación del puente. Si no me equivoco, y en números romanos: MCMXXXVIII, es decir: 1938. Y a renglón seguido, otra fórmula cronológica muy utilizada por esos turbulentos y grises años: “III AÑO TRIUNFAL” Para el Bando Nacional, el primer año triunfal fue el del inicio de la sublevación y la guerra, así que echen cuentas: 1938.

La verdad es que nunca antes había tenido noticias de esta historia, ni leyendo ni hablando, y eso que siempre he sido muy aficionado a la historiografía de esta étapa; por lo que pido a todo aquel que sepa algo más sobre este asunto que sea tan amable de comunicármelo. Por otra parte me estoy poniendo en contacto ya con gente que controla el tema para que me confirme la verosimilitud de esta inscripción.

Acabo escribiendo entero el lema de lo que yo he leído de la inscripción: “ARRIBA ESPAÑA, VIVA FRANCO, MCMXXXVIII, III AÑO TRIUNFAL” Nunca antes un antifranquista se había alegrado tanto de empezar el día leyendo tan franquista frase. Satisfecho regresé a casa, casi desfilando con mi coche, y no, no cantando el “Cara al Sol”; más bien tarareando el contrario, ese hermoso himno del anarquismo español: A las Barricadas. Así dice la letra al principio: “Negras tormentas agitan los aires, nubes oscuras nos impiden ver… “

   ¿Cuando empezará a llover de esa libertaria forma? Esperemos que no muy tarde.


Y para SABER MÁS:

Torre del Rayo y Torrejosa: Centinelas de Puertollano


(Artículo publicado en el nº 48 de Al LÍMITE: Revista alternativa de montaña. Publicada por mi colega Garry. Este número y otros se pueden descargar en formato PDF desde este enlace en su web: BETIJUELO)

Torre del Rayo

            Hoy día no hay mucho tráfico en la CA-9210, una humilde carretera comarcal en el sur de la provincia de Cádiz, apenas un centímetro a escala en el mapa de carreteras oficial de España. Pocos son los coches, personas y animales que en la actualidad recorren sus 18 kilómetros de punta a punta. Sin embargo, no ocurrió así en el pasado.

            Quien hoy se adentre en ella desde la N-340 a la altura de la playa de los Lances, es probable que vaya a visitar el Santuario de Nuestra Señora de la Luz, o que viva en una de las aldeas del campo tarifeño: las Caheruelas o Puertollano. O tal vez su destino sea Facinas, una entidad local dependiente de Tarifa pero a la que todos los que la conocemos y queremos consideramos simplemente un pueblo. Vaya a donde vaya, que sepa y se admire el caminante o viajero que circula por una vía histórica, utilizada desde la más remota antigüedad por los diferentes pueblos que han visitado nuestra península. Cartagineses, romanos, bizantinos, visigodos; todos ellos tomaron en algún momento esta dirección para penetrar en el interior de Andalucía. También, y en mayor medida, las dos culturas que más nos han marcado como país y en la que nos centraremos: la musulmana y la cristiana.

            Tan variopinto tránsito circuló por el actual Puertollano, que como su mismo nombre indica, ofrecía con sus 115 metros de altura pocas dificultades de paso a ejércitos y viajeros. Testigos pétreos de este movimiento fueron la Torre del Rayo y la Torrejosa, dos viejos centinelas que pese a los achaques de la edad afortunadamente siguen aún medio en pié, luchando contra el olvido, para contarnos sus vidas y batallas.

Puertollano desde las proximidades de los Tornos

           Si les preguntamos por su edad no sabrán por desgracia qué respondernos. Y es que algunas ruinas han conservado ese pudor para acrecentar su misterio. Los historiadores y arqueólogos que se han aproximado a estas dos torres no han encontrado referencia escrita alguna que las ubique temporalmente con cierta seguridad, y tampoco se han realizado labores arqueológicas con esa intención. La hipótesis mayoritaria apunta a que son de etapa islámica, tanto por su tipología como por su relación con otras que sí parecen tener ese certificado de autenticidad islámico. La minoritaria apuesta por que sean construcciones realizadas ya inmersos en la ocupación castellana, y en esto los entendidos ponen más el punto de mira en la Torrejosa. Nos vemos obligados pues a hacer una marca o mella en esa línea temporal: la conquista de Tarifa en 1292 por Sancho IV. Si son musulmanas o cristianas hay que mirar para un lado u otro. Con independencia de sus dueños estamos hablando de edificios con siete siglos mínimo a sus espaldas.

            ¿Y si les preguntáramos por su función, por el fin para el cual fueron levantadas, qué nos contestarían? Algo más, con suerte. La del Rayo y la Torrejosa son torres almenaras o vigías, eslabones de la cadena de vigilancia y alerta que defendían la ciudad de Tarifa y su territorio atlántico. Mediante ahumadas en sus terrados transmitían las señales de peligro o de ataque, ya sea en un sentido u otro.

          Nuestras almenaras las trasmitían hacia el interior de la provincia; del otro acceso marítimo a la ciudad del viento se ocupaban la conocida Torre de la Peña y otra ubicada en Valdevaqueros. Ambos frentes formaban en realidad la primera línea defensiva de Tarifa; la siguiente serían sus murallas. Son por lo tanto bastiones para la defensa y control de un territorio, y quizás una de ellas, en concreto la Torrejosa, cumpliera además una función residencial, y fuera morada más o menos estable de un hipotético y desconocido señor de esas tierras.

Mapa de la zona

              Todos sabemos que los topónimos de Conil, Vejer y Jimena han conservado la coletilla medieval “de la frontera”, como alusión a que en su día lindaron con el Reino de Granada, pero ¿Y Tarifa, ha conservado ese apéndice? Según Martín Bueno Lozano, que fuera sacerdote e investigador de nuestra Historia local, sí, esa es su denominación oficial, pues así se indica en unos legajos conservados en el ayuntamiento: Tarifa de la frontera. Y vaya si lo fue, hasta que el empuje castellano no arrastrara esa frontera hasta Algeciras con su conquista en 1344. Tierra de peligros y batallas sería la campiña tarifeña, tanto que a los que osaban venir a repoblar se les eximía prácticamente de todos los impuestos de la época. Castellanos y norteños aguerridos; hombres que vivían “al límite” y que manejaban la azada y la espada con la misma efectividad y destreza.

            Aún podemos exprimir y sacar más jugo a la toponimia del lugar. Las dos estribaciones que franquean este modesto paso de montaña que es Puertollano son las sierras de Saladaviciosa y Saladavieja, al sur y al norte respectivamente. La etimología, esa especie de llave que nos abre el cofre del pasado, nos cuenta que el término “salada” proviene de “celada”, es decir, emboscada, ataque por sorpresa al enemigo. De este modo se han fosilizado estos términos medievales, para recordarnos que tanto Saladavieja como Saladaviciosa eran lugares idóneos para acechar a los pobres incautos que pasaran por Puertollano. Unos cuantos kilómetros más al oeste nos encontramos con otro monte con una denominación muy sugerente: La loma de la carrera del turco. Y donde se lee turco léase también moro, berberisco, nazarí; y póngase en el contexto de las incursiones piráticas, de esas “carreras” y cabalgadas en busca de botín, sobre todo ganado y rehenes por los que luego se pedirá rescate.

Puerto Llano desde la Torre del Rayo

        La Torre del Rayo es de planta cuadrangular, el tipo más común en nuestro Medievo, y de acceso a nivel del suelo. Estas dos características serán las principales diferencias con las torres almenaras del litoral edificadas ya a partir del s. XVI, que podían adoptar forma cónica y poseer un acceso elevado para dificultar el asalto. En cuanto a medidas podemos hablar de unos 6 metros de lado y quizá originalmente unos 10 de altura. Y en cuanto a elementos arquitectónicos destacables que se hayan conservado, por desgracia sólo las pechinas, donde descansaba la bóveda, y una estrecha escalera interior. Y es que, como se puede observar en las imágenes, los años no han pasado en balde por el anciano pero rudo vigilante. Lo primero que quizás nos llame la atención es la gran brecha abierta justo arriba de la entrada principal y que parece dividir en dos la estructura. Una fea cicatriz a todos los efectos. ¿Será por este detalle por el que se la llame del Rayo, como dando a entender que su estado se debe al impacto de uno de ellos? Quién sabe, lo cierto es que en las cercanías también hay una garganta con el mismo nombre, lo que complica más la cosa y hace preguntarnos ¿qué nombre fue antes, el de la garganta o el de la torre?

Torre del Rayo

         Para visitar la Torre del Rayo tenemos dos opciones. La primera, llegar en coche desde la N-340, y aparcarlo más o menos en el kilómetro 11 de la CA-9210, donde nos encontraremos con un cruce desde el que parte, a mano izquierda, una pista de tierra que conduce a las Casas de Puertollano. El lugar es fácilmente reconocible pues en el mismo cruce los paisanos de esta aldea tienen habilitados sus buzones de correo. La torre nos está esperando en la cima de un monte, a unos escasos 800 metros. La segunda opción es más interesante pues consiste en conquistarla partiendo desde Facinas. El coche lo podemos dejar en la Plaza de España, donde se encuentra la Iglesia Parroquia de la Divina Pastora, de mediados del siglo XVIII. Tomaremos la pista que nos lleva al lugar conocido como las Cabrerizas, conjunto de casas a las afueras de dicha aldea. Desde este punto continua una vereda que se interna a media altura en la sierra de Saladaviciosa en dirección sureste, y que tras unos 5 kilómetros y medio nos deja directamente en la Torre del Rayo. Antes de llegar a ella habremos atravesado cuatro hermosas gargantas: la de Mariano, la de Roque, la del Huerto y la del Helechoso. Si es cierto el dicho de que una imagen vale más que mil palabras, la panorámica que gozaremos desde este sendero resume todas las de este artículo.

La Torrejosa

            La Torrejosa es harina de otro costal. Llamada también del Pedregoso, como la finca donde se halla; o Torregrosa, siendo este en mi opinión el nombre que mejor la define, pues nuestro centinela es de proporciones “gruesas” y casi dobla en tamaño a su compañera y al resto de torres vigías de la zona. De uno 12 metros de lado, su altura original, ya que también se encuentra desmochada, hemos de suponerla superior a los 15. Las medidas del grosor de los muros también son considerables: más de 2 metros, y el interior ocupa unos 20 metros cuadrados. Esta singularidad en cuanto a su dimensión, más los finos elementos decorativos que hallaremos en su interior, es quizá el motivo que lleve a apostar a Ángel Sáez Rodríguez, uno de los historiadores más versados en estas construcciones, a que la Torrejosa sea un donjón castellano. El donjón, término francés por el que se conoce a las torres de homenajes, habría que entenderlo en este caso como una especie de castillo reducido a la mínima expresión, y cumpliría las funciones de defensa y control del territorio y además, como ya se dijo antes, haría de residencia del amo de esas tierras. Esa es la sensación que se tiene cuando se visita esta torre, la de pensar que no sólo fue habitada por soldados. El dintel trapezoidal de la entrada, el pasillo abovedado de acceso, las estilizadas pechinas, las puertas interiores donde se alternan ladrillos y piedras y los dibujos decorativos grabados entre sillar y sillar, invitan a suponer una ocupación familiar. La Torre de Botafuego, en los Barrios, es con la que guarda mayor semejanza, salvo en el tamaño. A ella podemos acudir si queremos hacernos una idea aproximada de cómo sería la Torrejosa, y también la del Rayo, cuando aún la decadencia no se había cebado en ellas.

Torrejosa

         Dejo para el final un elemento ornamental que creo resume esta argumentación, y que además añade un toque más de misterio a la Torrejosa. Se trata de una estrella de David (de 6 puntas) que corona la bóveda de un reducido habitáculo que antecede a la escalera interior. No, no se trata de la estrella de 5 puntas del islam, el también llamado pentagrama que para los musulmanes representa los cinco pilares de su religión. Es la estrella de ese otro pueblo que habitaba en esos tiempos la península: los judíos. Pero ¿qué pinta este símbolo en esta torre? ¿Es una especie de firma del constructor? ¿Es un emblema del origen de los propietarios? ¿Es sólo un capricho estético?

Estrella de David en el interior de la Torrejosa

Interior de la Torrejosa

            La Torrejosa, además de controlar el acceso a Puertollano, controlaba también el acceso y la salida del Valle de Ojén, otro pasillo natural que comunicaba con la Bahía de Algeciras desde tiempos inmemoriales y por donde transcurría la calzada romana llamada Vía Heraclea, proveniente de Carteia, en el término municipal de San Roque. Nuestro voluminoso centinela tenía trabajo extra. Y más lo tendría en la actualidad si quisiera preguntar por su estado de abandono y desconocimiento. Y es que señores y señoras del 2011, la Torrejosa, que mínimamente hunde sus raíces en el siglo XIII se siente discriminada y con razón; al contrario que el resto de torres almenaras de nuestra tierra, no está ni reconocida oficialmente ni catalogada como Bien de interés cultural en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz de la Junta de Andalucía. ¿Por qué? Habría que ser algo más que arqueólogo e historiador para contestar esta pregunta, pero lo cierto, lo incomprensible, es que la Torrejosa tiene a día de hoy perdida esa batallita.

            Quien quiera conocer esta torre deberá tomar la CA-7200, que parte de la N-340, en el kilómetro 65.5. Pasaremos por Vico, la parte baja de Facinas, por delante de los restos de un antiguo acuartelamiento, por el área recreativa de los Tornos, y llegaremos al fin al Caserío del Pedregoso, a unos 7 kilómetros desde que tomáramos esta carretera comarcal. El caserío del Pedregoso es un hermoso cortijo; junto con el de Ojén, de los más antiguos del lugar. Frente a él hay una cancela, y una vereda que nos lleva directamente a la cima de este monte con una silueta piramidal casi perfecta. En ella, a 232 metros de altura, se levanta la Torrejosa. Aunque la cancela no está cerrada con candado, se aconseja antes pedir permiso en el cortijo, pues se trata de una propiedad privada.

Puertollano desde la Torrejosa

        En sus años mozos, ambas torres verían pasar por Puertollano a las mesnadas del rey que quizá más contribuyó a la expansión del reino castellano por nuestra provincia: Alfonso XI. Contando como base de operaciones con las ciudades de Sevilla y Jerez de la Frontera, y enlazando con Medina Sidonia, Alfonso el Onceno nos honraría con su visita en varias ocasiones antes de la conquista de Algeciras en 1344. Al cabo del tiempo este trayecto sería conocido como el Camino Real. Si tenemos en cuenta que el ejército que movilizó para tal fin ascendía al principio a unas cinco mil personas y unos dos mil quinientos caballos, y que este tipo de campañas solían hacerse en verano, habremos de concluir en que el agua y los pastos eran las primeras necesidades a solventar. Desde Puertollano hasta Tarifa no solía haber problemas, pues numerosos son los arroyos que bajan de las sierras cercanas, y dos los ríos principales en ambas vertientes: el río Almodóvar y el río de la Jara. No habría de extrañarnos pues que uno de los campamentos de marcha de estas incursiones lo realizaran en un lugar próximo, en la actual área recreativa de los Tornos, a escasos kilómetros de Facinas.

       Para concluir, sólo insistir en lo que ya habrá comprobado el lector. Los que somos aficionados al senderismo, a la bici de montaña, y amamos la naturaleza estamos de suerte con Puertollano, con este paso de montaña, con este valle que se acaba difuminando en la comarca de la Janda. A nuestra disposición, aparte de las visitas a ambas torres, tenemos tantos senderos o caminatas como seamos capaces de trabajarnos, ya que es un paraje generoso en veredas y pistas forestales. Y reinando por encima de éstas, al menos en longitud, disponemos del sendero de gran recorrido conocido como GR-7, que cruza España entera desde Tarifa hasta Andorra. Sí, por aquí pasa, como no podría ser de otra forma ¿Quién se atreve a andarlo y hacer historia? Que seáis muchos los valientes, pero sabed que ya sea que estéis partiendo o acabando el camino, las torres del Rayo y la Torrejosa os estarán vigilando.

  

 

El corazón de la piedra


  Hace un par de semanas, andando por la Laja de las Algas y la Silla del Papa, en Bolonia (Tarifa), Ana y yo realizamos un hallazgo trascendental, un hallazgo que obligará a los geólogos a replantearse los fundamentos de su ciencia, y que por contra revalorizará la de los poetas. Ante el dilema de publicar el descubrimiento en National Geographic o en Europa Sur, me he decidido al final a anunciarlo en mi blog dCaminata, lo que sin duda elevará el número de visitas y petará los servidores de WordPress (¡Chúpate esa Blogspot!).

Sí, señores geólogos y poetas, profesiones por otra parte muy similares, agarrénse a lo que tengan más a mano porque ahí va el descubrimiento… (redoble de tambores)… : Las piedras tienen sentimientos, las piedras también tienen corazón. ¿Que no? Juzguen ustedes mismos.

¿Pequeño? Vale ¿Escondido? Puede ser. Pero no me dirán que no tiene su mérito. Miles y miles de años latiendo piedra arenisca adentro, luchando  para salir al exterior. Y con la única ayuda del viento y la lluvia, que supongo harán la función del riego sanguíneo, para ir erosionando latido a latido esos minúsculos granos de cuarzo que no lo dejaban respirar. La evidencia no deja lugar a dudas: es un corazón con todas sus consecuencias. No le busquen más vueltas, y tampoco le busquen el rabito, señores de Apple, que están muy empalagosos; no es una manzana.

Lo único que lamento añadir es que se equivocaba Rubén Darío, el príncipe de las letras castellanas, ese gran geólogo de la poesía modernista, cuando escribió aquello de:

“Dichoso el árbol, que es apenas sensitivo,
y más la piedra dura porque esa ya no siente…”

Son los dos primeros versos del poema “Lo fatal”, el cual transcribo entero a continuación:

Dichoso el árbol, que es apenas sensitivo,
y más la piedra dura porque esa ya no siente,
pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo,
ni mayor pesadumbre que la vida consciente.

Ser y no saber nada, y ser sin rumbo cierto,
y el temor de haber sido y un futuro terror…
Y el espanto seguro de estar mañana muerto,
y sufrir por la vida y por la sombra y por

lo que no conocemos y apenas sospechamos,
y la carne que tienta con sus frescos racimos,
y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos,

¡y no saber adónde vamos,
ni de dónde venimos!…

Ya, ya sé que es un poema duro y frío como la piedra, pero es que al pobre mío no le sonreía mucho la vida cuando lo escribió. Me atrevo a pensar que a Rubén Darío le hubiera gustado ver esta fotografía del corazón de la piedra, de este capricho de la erosión que parece mandarnos un mensaje, pues ¿cómo unos árboles, apenas sensitivos, “parecen” nacer de la piedra dura que ya no siente?

Río Hozgarganta, una caminata “a la carta”


3ª dCaminata por el río Hozgarganta

Ahí tienen a los dCaminantes de la 3ª dCaminata por el río Hozgarganta, en Jimena de la Frontera. Trece, más el que hizo la foto y les escribe, catorce. Si se fijan casi todos tienen las manos en los bolsillos, y es que pese al solecito hacía un frío que se las pelaba. Creo recordar que alguien vio en el termómetro del coche 4 grados; un frío inusual en este sucedáneo de  invierno que estamos atravesando. Lo que sí recuerdo bien son los campos cuajados de escarcha a medida que nos acercábamos a nuestro destino, y una niebla muy espesa en el valle, que no tardaría en desaparecer disipada por el apabullante caudal de la luz  mañanera.

El itinerario que realizamos y que muestro en la ortofotografía de abajo es uno más de los muchos que se pueden hacer y degustar en el Hozgarganta. Yo aconsejo a quien se quiera acercar a andar por este río que previamente se prepare su caminata “a la carta”, pues puede optar por un buen único plato principal y andar la ruta oficial que discurre pegada al río, o pedir segundo plato y atreverse con una visita al Jardín botánico el Risco, y rematar la faena con el postre; alcanzar el Huerto de la Casa de Esquivel y dar media vuelta. Se pida lo que se pida le saldrá una caminata fácil de digerir y que le costará olvidar, y si no es la primera vez que anda por el sitio encontrará seguro nuevos matices y sabores.

Nosotros ese día pedimos primer plato, segundo y postre. Uno, que es más viciosillo, propuso tomar copa y puro y adentrarnos por el arroyo del Cañuelo para pasar la sobremesa en el molino de San Francisco, pero ahí se quedó la propuesta. Y casi que mejor, pues ya habíamos recorrido unos 8 km y la mayoría ya teníamos estómago, piernas y sensibilidad llenos de tan bello y nutritivo paisaje. Además, se trataba de una caminata para compartir, contemplar y disfrutar.

¿Que no se deciden a pedir o no conocen muy bien la “carta” del lugar?… Está bien, dCaminata les ayuda con la cata, y les explica con más detalle en qué consisten esos platos que nos andamos esa jornada. Por de pronto, vayan tomándose estas aceitunillas, entren en este enlace de Wikiloc para ir abriendo boca.

Itinerario de la ruta

La carta de que les hablo se empieza a abrir en el lugar conocido como la Pasada de Alcalá, cerca del puente. Ahí mismo empezamos con el primer plato, un entrante con sabor a historia y con matices en ocasiones explosivos: la Real Fábrica de Artillería, llamada popularmente como Fábrica de las Bombas. Dicha fábrica, considerada como de las primeras siderúrgicas de Andalucía, permaneció en activo poco tiempo, en concreto desde 1777  hasta 1789; y acabó cerrando por diversos motivos. El principal fue la falta de un caudal constante, ya que el Hozgarganta decrece bastante en época estival. Pero sobre todo, para qué vamos a engañarnos, Carlos III acabaría cerrando el negocio por la escasa efectividad de las balas y bombas que salían de sus fogones, y no porque no hicieran pupa a sus destinatarios, sobre todo ingleses, sino porque éstos, ya sea en Gibraltar durante el gran asedio, o en las Colonias de Ultramar, cocinaban un mejor armamento y sospecho que poseían más puntería para devolvérnoslo.

La obra o estructura más relevante de esta fábrica es su cao o canal, de unos 600 metros de longitud, por donde se le robaba el agua al río y se la conducía a los fuelles. Al inicio de este canal veremos su azud, lugar donde se represaba el caudal. Es fácilmente identificable por los restos del dique, que según sea el agua que lleve el río, nos permitirá cruzar a la otra orilla. Comento esto por si acaso a alguien le da la ventolera y en un último momento se arrepiente y decide cambiar de plato; ya digo que estamos haciendo una caminata a la carta y aquí el senderista siempre llevará la razón. En el otro margen también nos encontraremos con otro sendero, que aunque más estrecho, discurre en todo momento paralelo a la ruta que nos estamos zampando.

Un típico bosque de ribera nos irá abriendo el apetito. En temporada primaveral se aconseja prestarle atención a los tonos púrpuras de las adelfas.

Por el Cao de la Real Fábrica de Artillería

Al principio del cao, donde se encuentra el azud

Un algarrobo

En el río

Hagamos un alto mientras nos traen el segundo plato. Para ir haciendo hueco en el estómago, nos viene ni que pintado este desvío monte arriba por la Vereda de la Encubierta. Con este nombre tan sugerente y misterioso, dudo que nadie no quiera saber a dónde lleva y sobre todo por dónde pasa. Ya les digo yo; nos lleva a la Calle LLana de Jimena, yo creo que la única de esta población que no es una cuesta. Por el camino pasaremos por rincones húmedos y frondosos, frente a hermosos huertos y casas de campo, donde nos sorprendió ver lo que parecían ser almendros. Al término de la calle LLana conectamos con la entrada al jardín botánico.

Desvío a la Vereda de la Encubierta

Vereda de la Encubierta

Calle LLana, en Jimena

Llegando al Jardin Botánico El Risco

¡Eh, camarero, camarero! ¿Le falta mucho al segundo? Es extraño, pero de repente comprobamos que el personal ha desaparecido en el hermoso y sobre todo espacioso restaurante que vamos descubriendo. Sí, señores, es una pena pero el Jardín Botánico El Risco está prácticamente abandonado. Inaugurado hace unos 4 años en un monte muy popular entre los jimenatos, se intentó reunir en su ladera las principales especies arbustivas y arbóreas de nuestro entorno, cada una de ellas con un pivote de azulejo en el que se detalla las características. También se habilitaron 8 miradores para que los visitantes disfrutaran de unas vistas espectaculares. En resumen, una iniciativa genial que en su momento daría trabajo y renombre a la localidad.

¿Y qué ocurrió? Más o menos todos nos podemos imaginar la película. He leído por ahí que al poco de inaugurarlo ya hubo penosos actos vandálicos, y que a las cabras del lugar, no es broma, les encantaba colarse para degustar aquel variado y goloso menú. De todos modos, sospecho que el principal causante de este abandono, de esta triste sequia, es la misma crisis especulativa que no está dejando títere con cabeza ni planta con su raíz.

A pesar de todo, aconsejo firmemente su visita. Las vistas que nos regalarán sus ochos miradores son bellísimas, y gratis, señores especuladores. No importó que desaparecieran los camareros, como si de un improvisado self-service se tratase, nosotros mismos nos servimos, nosotros mismos nos lo guisamos y comimos. Se pueden imaginar ya que como segundo plato tardamos nuestro tiempo en acabarlo, pero acabamos hasta sopeando todas las panorámicas: Jimena de la Frontera y su castillo, los montes de la Teja, la Garganta del Gamero, el Puerto de las Asomadillas; hasta el Macizo de Libar se alcanzaba a ver.

En el Mirador Jimena de la Frontera

La cabra no entraba en el menú

Mirador de la Laja del Aguila

Vistas desde el Mirador del Aguila

Mirador de Poniente

Por al lado del Mirador de Poniente, este de arriba en el que estamos embutidos casi todos, pasa la veredilla por la que salimos del Jardín y regresamos de nuevo al río. Momento es de recordar ese dicho tan acertado de “harto de gachas ¿quién se agacha?. A nosotros ya no nos entraba ni un panorama más, por eso pusimos especial cuidado en el descenso. Abajo nos esperaba el Molino del Gaitán, uno de los cuatro molino que trabajaban en el cauce del Hozgarganta.

Bajando de nuevo al río

Cuesta abandonar estas vistas

Molino del Gaitán

Una vez retirado el plato del Cerro del Risco continuamos la marcha a la derecha, en dirección al paraje conocido como Casa de  Esquivel. Pasaremos por la poza de la fotografía de abajo, donde hallaremos otro paso (de piedras) para cruzar el río, siempre claro que éste nos lo permita. También se puede observar una pequeña terraza arenosa; en fin, un lugar ideal para pasar un buen rato si vamos con los niños. El sendero continua en esa dirección, pasa cerca del molino de Esquivel; de repente se transforma en una calzada empedrada que mínimo debe de ser medieval, si no romana; se acerca otra vez a la orilla y termina en lo que en su época debió ser un puente y que hoy día ha sido sustituido por una hilera de pilones de hormigón.

En este punto podemos abrir de nuevo la carta y elegir qué queremos hacer; o iniciar el regreso o cruzar por los pilones para atravesar el Huerto de Esquivel. Si elegimos esta opción, que fue la nuestra, tendremos que pasar por un par de angarillas y si están los dueños de la Casa por supuesto pedir permiso, ya que es una propiedad privada. Merece la pena, pues tendremos la oportunidad de ver como funciona un rancho tradicional de Jimena.

La pista que atraviesa esta propiedad nos deja de nuevo en la misma poza de la fotografía de abajo. Insisto en la perogrullada de antes, si el caudal es abundante nos será dificil cruzarlo, pero bueno, dejo ya de aconsejar y “guiar” a los clientes senderistas… que me olvido de que esta es una caminata “a la carta”.

En dirección a Esquivel

Cruzando el río por los pilones de hormigón

Casa del Huerto de Esquivel

Cruzando de nuevo el río por la poza

Eh, pero no tan rápido, que aún me queda enseñarles qué pedimos de postre. No es otro que el tramo de río que nos dejamos abajo cuando subimos al jardín botánico. Son apenas 500 metros, pero de los más atractivos de la caminata. En realidad estamos andando por esa enorme laja que forma la ladera baja del cerro del Risco  y que muere directamente en el cauce del Hozgarganta. Los jimenatos de antaño que trazaron este tramo no se lo pensaron dos veces; si no hay tierra ni espacio para una calzada la labramos a golpe de cincel en la roca. Y eso hicieron, abrir el camino en la laja, bien pegado al río; hasta una escalera excavaron para facilitar el paso. Unos metros más adelante incluso pasamos por lo que queda de la calzada romana que unía, cerca de dos mil años atrás, Oba (Jimena de la Frontera) con Ocurri (Ubrique), entre otras poblaciones.

La piedra elefante

El tramo de la escalera

Caminito cincelado en la piedra

Un trozo de calzada romana

Finalizando la ruta

Volveremos a encontrarnos con el canal de la Fábrica de bombas, en el punto de partida. Mucho hablar de platos y menús camperos para andar, pero aquí debería de poner ahora la ya tradicional fotografía de los participantes de la caminata tomando la correspondiente cerveza en el bar del pueblo. No la hice, lo cual es imperdonable e incomprensible por la parte que me toca :) , seguramente se debió a que estábamos muy a gusto charlando y demás… o a que el camarero se llevó la carta porque en breve el campo ya nos cerraba las puertas y era hora de regresar a la ciudad.

¡Chistera chistera la caminata está fuera!

EHHHHHPAA, que suena el Cencerro


   Abro la libreta de mi Agenda del Cencerro para informar de las próximas entradas en el blog. Algo así como un “preview” o alerta informativa. Y es que últimamente estoy que me salgo con las labores de marketing y promoción, quién me ha visto y quién me ve. Para algo me ha de servir ese papelajo que tengo guardado en la cómoda y que dice que soy bibliotecario y documentalista. ¡Anda que tuve un ojo para elegir carrera! Más me hubiera valido dedicarme a la construcción como mis hermanos, aunque algunas largas temporadas lo haya hecho… Ah no, que los pobres míos también están pasándolas canutas, quién los ha visto y quién los ve ahora: ánimo hermanos. Lo suyo hubiera sido sacarme el carné de algún partido político a los 18 años, a poder ser mayoritario, de esos que empiezan con P y que acaban en la misma mierda. Ahora a mis 39 sería un hombre de derecho, seguramente de derechas, ¿Verdad Bernabé Rámirez, excelso concejal del consistorio algecireño?

Y a lo que vamos, que sigue sonando el cencerro. Las tres o cuatro próximas entradas, sin ningún orden en particular, en un intento de disciplinarme y calmar al bullita que llevo dentro:

  • Manuel del Torero: El último alcornocaleño: Semblanza sobre un jimenato que nos encontramos cerca de la garganta del Gamero y que en mi opinión representa el ultimo estertor de la vida tradicional de los alcornocaleños.
  • Ruta circular por la Laja de las Algas y la Silla del Papa (Bolonia): Una caminata muy vacilona que me he sacado rodeando dicha laja y accediendo a la Silla del Papa, a través del “pasillo natural” que hay entre ambas.
  • Peña sacra de Ranchiles (Bolonia): También conocida como Piedra de la Escalera. Posiblemente un altar o un lugar de culto relacionado con una posible presencia celta en la zona, o turdetana, y casi seguro que también con la mencionada Silla del Papa.

Manolo del Torero

Sentado en la Silla del Papa

Peña Sacra de Ranchiles (Bolonia)

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