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Los Moriscos: las viviendas tradicionales en los Alcornocales


Fotografía de Juanlu González Pérez

¿Dónde vivían los pastores y los carboneros, todos aquellos lugareños que hasta no hace mucho habitaban el actual P.N. de los Alcornocales ? ¿En dónde se guarecían de la lluvia y de la solana? ¿En dónde pernoctaban o pasaban los pocos ratos libres que sus duros oficios les permitían? En los moriscos, esas chozas que pueden observarse en la fotografía de arriba; instantánea tomada en las proximidades de la Venta de Ojén (cerca de Facinas),y que por desgracia puede ser uno de los últimos testimonios gráficos de estas construcciones tradicionales. Sin duda, la atmósfera que transmite nos trasporta a otras épocas. Por desgracia, hoy día ya no existen esas chozas, y dudo que existan otras similares, con ese mismo grado de autenticidad y originalidad.

Esta fotografía la tomó Juan luis González Pérez, un fotógrafo de los Barrios, aficionado a la naturaleza y gran conocedor de nuestro Parque. 

Como ya he adelantado al principio, los moriscos son las viviendas que desde hace siglos han construido los habitantes de nuestras sierras, sobre todo pastores y carboneros, los parias de la época. Sobra comentar que no eran dueños del solar donde se erigían. La tierra  pertenecía al ayuntamiento, o la mayoría de las veces, a un propietario privado; y entre ambas partes no solía mediar contrato escrito alguno.

Pero,  ¿por qué esta denominación de “morisco“? Lo desconozco, pero quizás se deba a esa afición popular de atribuir restos o construcciones antiguas de los que no se sabe muy bien su origen a los “moros”; o a que viviendas similares levantaban los moriscos, cuando tras las sucesivas expulsiones en los s. XVI y XVII, algunos se refugiaron en las sierras y bosques para huir de la “justicia” castellana.

Fotografía de de Juan Antonio Mena Cabezas

Esa es la principal característica del morisco: la adaptabilidad. Se construían con los materiales que proporcionaba el entorno; básicamente piedras, ramas de árboles, matorral y barro. Cuando iban a ser utilizados por temporadas se levantaban únicamente con materiales vegetales, pero cuando la vivienda ya se convertía en el hogar habitual de la familia, se hacía uso de la piedra arenisca, fácil de trabajar. Podían encontrarse solos, aislados, o agrupados en poblados. Este era el caso del poblado de carboneros que al parecer se hallaba cerca de la Venta de Ojén, donde se realizarían los negocios relacionados con el carbón vegetal: compra-venta, cargas, transportes, etc.

La estructura del chozo morisco era sencilla y funcional. Según las necesidades eran circulares o rectangulares. El circular se usaba como cocina y “sala” de estar y el rectangular como dormitorio. En ambos casos las paredes solían medir 1,5 m. de altura, y los bloques  de piedra estar unidos o no con argamasa. Si ésta era la arcilla del lugar se lograba al parecer un buen aislamiento térmico en verano y en invierno. Para la solería también se usaba la arenisca, cuando no otra vez el barro “colorao”, apisonado.

En cuanto a la techumbre,  pienso que la que presenta forma cónica es la que más llama la atención y que más singularidad presta a la vivienda. Para el  armazón se utilizaba el quejigo o el aliso, árboles que resisten mejor las inclemencias atmosféricas y el ataque de bichos. Las vigas principales eran llamadas “cumbreras”, y sustentaban a las secundarias, las “costillas”, que encajaban en los muros mediante una muesca o “mortaja”. Luego, la estructura era cubierta con matorral de diversas especies, siendo el más usual el brezo de escoba, el “escobón”, que puede alcanzar hasta los tres metros de altura. En los sitios cercanos a la antigua Laguna de la Janda, también se usaba la castañuela. Este tipo de techado impedía que la lluvia calara y a la vez permitía que el humo saliese al exterior. A veces, por lo visto, utilizaban panas de corcho para conseguir un mejor aislamiento. Sabiduría popular por los cuatro costados.

Escobón (Cytisus striatus)

En el exterior, otros elementos constructivos de vital importancia facilitaban la vida a nuestros paisanos. Era raro el chozo que no tuviera aledaño un huerto, o un corral, con los que se satisfacían gran parte de las necesidades alimenticias de la familia, completadas con la caza y la compra de productos en los pueblos cercanos.  También tenían a mano, para uso individual o mancomunado, supongo, los característicos hornos de piedra para hacer pan. Restos de algunos de ellos pueden verse aún por esos montes.

Restos de un horno de piedra para hacer pan

¿Qué más podían pedir? pregunto con ironía. Pues mucho más, seguramente me contestarían esos pastores y carboneros. Los testimonios orales o escritos que han perdurado nos hablan de una vida durísima, pero donde las necesidades básicas al menos estaban cubiertas. En otros lugares, otros trabajadores del campo lo pasaban aún peor. A algunos de nosotros, desde nuestro punto de vista urbano y acomodado, ese tipo de vida nos parecerá idílico y atractivo, un estilo de vida más natural y humano, pero claro, no pensamos en la cantidad de esfuerzo que había que invertir para sobrevivir y hacer esa fotografía posible. De todos modos, más de uno, entre los que me incluyo, se iba una temporadita a uno de esos chozos.

Reconstrucción de una choza de los Millares

Para ir terminando, quisiera reseñar el paralelismo ancestral de este tipo de edificaciones con las viviendas del Neolítico y la Edad de los Metales. Hace entre 8 mil y 4 mil años, cuando la agricultura y la ganadería empiezan a ser una realidad, aparecen los primeros asentamientos urbanos. Las casas que construirían estos pobladores marcarán la pauta en los siglos venideros. Aprovecharán, cómo no, los materiales del entorno, y serán curiosamente de estructura circular, con la techumbre cónica. Miles de años después, un pastor del neolítico hubiera encontrado muy familiar estos moriscos. Se sentiría en su propia casa.

Un ejemplo claro de este tipo de poblados o chozas de  la Edad del Cobre lo tenemos cerca. Es el poblado prehistórico de los Millares, a 17 km. de Almeria, uno de los yacimientos más importantes de Europa. Y el de la cultura del Algar, que sería su sucesora. Las similitudes son notables.

Los griegos, como es de esperar también tienen algo que decir en este asunto. Hablamos de los Tholos, que además de designar a un tipo de construcción funeraria, eran las casas circulares de la Grecia prehistórica. Los restos más antiguos se encontraron en Chipre, y son del 5.800 a.c. Eran chozas con paredes de tapial y cañizo,  enfoscadas con barro, y presentaban cubiertas de tipo cupular.

Reconstrucción de una choza de un castro celta, en Galicia

El pueblo Celta, con sus representantes en tierras del norte peninsular, tampoco se quiere quedar aparte. De sobras conocidos son sus Castros, poblados fortificados donde destacan las estructuras circulares de sus viviendas. Posiblemente sean el origen, o uno de ellos, del resto de chozos circulares de pastores que desde siglos atrás y hasta hoy día pueblan los montes de Cantabria, Asturias, Galicia, e incluso Extremadura, parientes hermanos de nuestros moriscos. Quizás esta hipótesis dé credulidad al siguiente comentario que a continuación expongo.

En mi humilde y amateurosa labor de documentación encontré una información que apunta hacia esa hipótesis, la cual transcribo literalmente. Está extraída del libro “Guías naturalistas de la provincia de Cádiz III: Sierras del Aljibe y del Campo de Gibraltar“, publicado por la Diputación de Cádiz en 1988, y dice así:

En las Sierras de Ojén y Luna se encuentran unos chozos rojizos de planta circular y cubierta cónica. Su origen es más antiguo. Se remonta a los pobladores  que se desplazaron desde zonas del norte durante el siglo XVII”

¿Será ese el verdadero origen de los moriscos? ¿Gentes del norte que vienen a repoblar nuestras sierras y que traen en el morral sus costumbres y su forma de construir? Es en estas ocasiones cuando de verdad lamento no ser una especie de Percy Fawcett de los Alcornocales, haber estudiado Arqueología, ser un rico heredero para no tener que trabajar, y estar un poco más zumbado por el campo para echarme al monte y que no me importe estar meses intentando aclarar este misterio, este arcano de nuestra etnografía.

De todos modos, como la esperanza es lo último que se pierde, después de la gorra en mi caso, no descarto la posibilidad de que un domingo de estos, en una caminata cualquiera por la Sierra de Ojén por ejemplo, tras la espesura, en un pequeño claro, surja milagrosamente un morisco en buen estado de conservación. ¿Por qué no iba yo a tener mi particular “El Dorado”? Anda que no.

2 comentarios sobre “Los Moriscos: las viviendas tradicionales en los Alcornocales

  1. Al leer esta nueva entrada me ha venido al recuerdo las historias que mi abuelo Jacinto me contaba cuando aun tenia la inocencia de la niñez. Decia el muy buen hombre que comparada la infancia que yo estaba disfrutando con la que mi padre (su hijo),podía darme por satisfecho por el simple hecho de no tener que trabajar, yo en su momento no entendia a que se referia al decirme aquellas palabras, fue ya años despues cuando mi padre, hoy ya convertido en el abuelo, al contarme azañas de su juventud decía que el comenzó a trabajar cuando apenas contaba con doce años, ¿que creeis que hacía?, pues “carbón”, trabajaba ayudando a mi abuelo que era carbonero, y contaba que se tiraban largas temporadas en el monte trabajando. Apenas recuerdo detalles de las batallitas que el abuelo Jacinto me contaba en las largas tardes de verano en las que mi única ocupación era dejar pasar el tiempo, sin hacer nada, pero quizas entre esos relatos hubo alguna alusión a como se las apañaban para dormir o subsistir en esos periodos que pasaban alejados del hogar.
    Interesante el tema que has tratado. !Chapó Queso¡

  2. Muy bueno el artículo. Hace unos 20 años conocí a un señor que me ayudó a ir a la gasolinera de la entrada de Tarifa porque el coche se quedó sin gasolina en la playa de Bolonia. Entablamos buena conversación y uno de los temas que salieron fue el de la urbanización de esta zona. Yo soy de Estepona y le comentaba los desmanes que se habían hecho en todas las playas de Málaga. Me habló de otra forma de construir viviendas integradas en el entorno, con todas las comodidades de la vida actual. Me decía que era la forma tradicional de construir de la zona mejorada con electricidad, agua corriente, confortable. No terminaba de ver este tipo de construcciones, y para que viera un buen ejemplo de lo que decía me invitó a conocer su casa, en Bolonia, ubicada en una zona junto al pinar y la duna. Y si, es posible construir de forma tradicional y que sea confortable y sostenible. Creo que este tipo de construcción es la que habría que desarrollar en la zona, es la que demandan aquellos que eligen Tarifa y su entorno para estar en sus vacaciones. El señor es arquitecto y no recuerdo su nombre (me gustaría recordarlo). Este modelo de construcción es el que hay que potenciar en la zona y no otro, porque sería un grave error.

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