Caminatas·P.N. El Estrecho

Silla del Papa – Laja de las Algas (O de la Zarga)


Laja de las Algas y Silla del Papa

      Tal vez, uno de esos hermosos días de verano, bajando hacia la playa de Bolonia, hayáis mirado hacia la derecha y habéis tenido la suerte de encontraros con esta bella estampa: La Laja de la las Algas, y atrás, donde están las antenas, la Silla del Papa. La caminata que propongo hoy recorre en apenas 7 kilómetros, y de forma circular, estos monumentos naturales; y creedme, si os decidís a andarla las vistas que os esperan allí arriba os harán disfrutar mucho más del siguiente baño en las cristalinas aguas de una las playas más especiales del litoral gaditano.

      Esta ruta, y aunque suene a argumento de Perogrullo, va dirigida sobre todo a aquellos que no hayan andado por estos parajes y que sobre todo no conozcan la situación exacta de la famosa Silla del Papa. Lo digo porque por ahora no hemos nacido nadie con un GPS entre oreja y oreja, y lo normal es que no se sepa dónde está este histórico waypoint que no debemos perdernos. Además, pocos son los accesos o itinerarios que se pueden tomar para llegar al lugar. El más usual y transitado es el de la carretera asfaltada que sube desde el mismo Cortijo de la Gloria. Otro, de mayor kilometraje, recorre la cresta de la Sierra de la Plata, desde su extremo más cercano a la costa, por los alrededores de la Cueva del Moro. El itinerario que propongo es mucho menos transitado y conocido, pero ofrece una visión y comprensión muy completa del paisaje.

      ¿Y qué es la Silla del Papa? ¿Por qué se la llama de ese modo?… ¿No creeréis que voy a soltar todo el rollo histórico y andarín de repente, no? Si te interesa esta historia y has tenido el valor y el tiempo suficientes para leerte estos dos párrafo, me quiero asegurar de que llegues al final de la caminata, donde lo aclararé. Sólo adelantar, para el que no lo sepa, que en la cima de ese cerro existió hace más de dos mil años un enclave urbano anterior a Baelo Claudia. Así que, amigo, cálzate bien fuerte las “calligae” (botas romanas), ponte bien el casco, revisa el equipo y únete a la centuria que se pone en marcha. Como decían los buenos de Asterix y Obelix: Alístate a la Legión y conocerás mundo.

      ¿Y dónde se alista uno a esta caminata, dónde se empieza? Me diréis con razón los que no conozcáis el territorio.  Una vez que lleguemos a Bolonia, continuaremos por la misma carretera que pasa por detrás de las ruinas de Baelo Claudia y que ascendiendo por esa sierra, llamada de la Plata, se dirige hacia la Cortijada del Realillo de Bolonia. Medio kilómetro después nos encontramos con otra desviación a la izquierda, ya en el Cortijo de la Gloria. Ahí es donde dejamos el coche.  En el mapa de abajo se podrá ver mejor.

Cómo llegar

Y a continuación el itinerario de la caminata:

      Vistas amplias y hermosas darán el pistoletazo de salida a la caminata y nos acompañarán toda la jornada. Todos esos montes que van a dar al mar forman la Sierra de la Higuera. El arroyo más cercano, y que discurre paralelo al primer tramo de la ruta es el de Alpariate.

       La dirección a seguir será la misma que venimos tomando hasta ahora: hacia arriba, hacia el norte. La pista de zahorra continua durante unos 800 metros, hasta enlazar con otra más estrecha y de color terroso. A la derecha veremos el último cortijo habitado, y a la izquierda, majestuosa, la Laja de las Algas empezará a desplegar su arquitectura natural.

Lugar de salida

Hacia La Gloria

Laja de las Algas

Panorámica de la Laja de las Algas

     La laja de las Algas es también conocida como de la Zarga. Traducid “algas” al andaluz cerrado y ahí tenéis la posible explicación. El hipotético origen del topónimo también resulta cuanto menos curioso y atractivo. Según Gaspar J. Cuesta Estévez, en su artículo Toponimia de Bolonia y su entorno, el nombre “de las algas” podría proceder del término árabe al-mgaz, que se traduciría por “el Paso”. Ese paso sería el pasillo o desfiladero que se encuentra entre dicha laja y la Silla del Papa, y que en sus tiempos tomarían los campesinos para ir del Cortijo de la Canchorrera al de la Gloria, y el mismo que andaremos nosotros en nuestra dCaminata.

      Geológicamente hablando, la laja de las Algas o de la Zarga, está compuesta por enhiestos bancos de arenisca que forman una espectacular pared rocosa, en cuyo punto más alto alcanza más de 100 metros de caída libre. Pictóricamente hablando, la laja es un gran lienzo de piedra donde diversos líquenes crustáceos han plasmado sus bellos tonos anaranjados y amarillentos, y donde los buitres leonados han contribuído con manchas blanquecinas, creadas por la acumulación de sus excrementos. Para acabar el cuadro, y a modo de modernos trazos cubistas, numerosas líneas de fractura horizontales y verticales cuartean la arenisca. Aquí todo el mundo ha utilizado su pincel: el hombre, el viento, las plantas, los animales, las aguas de escorrentías…

Observatorio para ver los buitres leonados

Desde dentro

En efecto, es un observatorio para observar a los Buitres leonados; un poco de silencio por favor. Si os habéis traído prismáticos ¿a qué estáis esperando? La verdad es que si lo tenéis no dudéis en echarlo en la mochila. Veréis con más detalle a una de las 60 parejas que pueden llegar a anidar en la Laja. Los buitres leonados son de las aves de mayor envergadura de la Península, llegando a alcanzar algunos ejemplares los 2,5 metros con las alas desplegadas, y hasta los ¡9 kg de peso!.

Panel informativo sobre la laja

Continuando el camino, a unos 600 metros del observatorio, se abre a la izquierda una veredilla. Estad atento a ella, pues os conduce al poblado abandonado de la Gloria, conocido popularmente también como Los Boquetillos.

Llegando al poblado de Los Boquetillos

Restos de viviendas

   El poblado lo componen una veintena larga de casas en ruinas. Aunque unas están en mejor estado que otras, o son más recientes, todas ellas muestran muros sólidos y anchos, con la típica estructura del techo a dos aguas. Para la construcción de estos se utilizaba  la Castañuela, planta acuática que los lugareños recolectaban en la tristemente desaparecida Laguna de la Janda. Dicha planta permitía una buena impermeabilización, a la vez que la salida de humos provenientes del interior.

    Además de las viviendas, se pueden ver muros también derrumbados de corralas, un par de pozos de agua, y dos hornos de piedra para hacer pan. Para los que no los conozcáis estos hornos son estructuras cuadradas de piedra y abovedadas en la parte posterior, aunque también estas se encuentran caídas. En ellos horneaban el conocido pan macho, que sospecho que sería el principal aporte alimenticio de estas gentes.

   Desconozco cuál puede ser el origen cronológico de este poblado; la información al respecto, al menos la que yo haya encontrado, es muy poca. No sería muy arriesgado datar su origen en pleno siglo XIX, pues al hablar del asunto con un vecino ya mayor de Facinas me informa que ya su abuelo se había criado en este Poblado de los Boquetillos.

   Sería interesante saber si las tierras donde levantaron estas viviendas son o fueron de propiedad pública o privada. Conversaciones mantenidas con los pocos lugareños que he tenido la suerte de encontrar por esos lares me inclinan a pensar que este poblado de los Boquetillos, y otro situado en la ladera opuesta, al que llamaban el Puntal del Alamillo, se levantaron en terrenos públicos. Rodeados a ambos lados por grandes fincas, el monte donde se asientan forma en realidad como una especie de isla pública, “de todos”, en la que fueron recalando los jornaleros y campesinos que no podían costearse una propiedad “legal” en la vecina Facinas o en Bolonia.

    Allí subsistirían precariamente sus habitantes, ampliando la casa con cuartos a medida que los hijos se casaban, haciendo peonadas en los cortijos circundantes, y criando algunas cabras, tal vez algún cochino. El paro, la modernización de las tareas agrícolas y sobre todo la emigración, despoblaría y vaciaría de vida nuestro poblado.

   Otro factor que contribuyó al desmantelamiento de estos campos es hoy día tema de actualidad: los eucaliptos. Mi último informante, un símpático anciano que vive al pie de la laja, me comentó que el eucalipto también tuvo mucha culpa de que las gentes abandonaran el lugar, y sobre todo, y en su opinión, los ingenieros que decidieron plantarlos para la industria papelera. Gran parte de la sierra de la Plata y la de San Bartolomé se poblaron con esta especie no autóctona, que requiere y acapara mucha agua para su crecimiento. Acabarían ganándole el terreno a los árboles y arbustos autóctonos, los mismos que servían de sustento a los animales domésticos de los habitantes de los poblados que poco a poco verían desaparecer su humilde rebaño.

    Hoy día están talando los eucaliptos, con la intención de reintroducir las especies de toda la vida: alcornoques, lentiscos, etc. Una buena decisión, a mi parecer, pero a las personas ya no hay quien las reintroduzca. Bueno, si se restauran los chozos, el que les escribe y al menos por ahora mi colega Juanlu, no ofrecemos como pioneros para recuperar este poblado. Estariamos encantados, es decir, “en la Gloria”.


La última casa que veremos, que yo creo que era la primera en dar paso a los Boquetillos, es esta de aquí abajo. Fácil de diferenciar por el esbelto pino que crece en su frontal. En la parte trasera contemplaremos un enorme acebuche que nos dejará boquiabiertos, y otro horno de piedra en un lateral.

La casa del pino

   Tras una especie de murete o cercado, a pocos metros de esta Casa del Pino, encontraremos esta cancela, que siempre está abierta pero que no hay que olvidarse de cerrar. A partir de esa linde pienso que accedemos a dominos del Cortijo del Acebuchal, emplazado un par de kilómetros monte abajo.

Cancela al final del poblado

Continuamos por la vereda y ahí donde véis a mi amiga Ana señalando una bifurcación, tomamos el sentido de la izquierda. Hacia abajo iriamos al cortijo.

La vereda nos lleva directamente a un claro de forma circular (bujeo o patio de corchas) en un singular bosquecillo de acebuches y alcornoques. Estos acebuches también son de un tamaño sorprendente, y sin duda bastante viejos.

Claro en el bosque de acebuches y alcornoques

Escorzo de acebuche

   Estaremos bien situados si ante nosotros tenemos la perpectiva que nos ofrece la fotografía de a continuación: Los mismos acebuches a la derecha, abajo a la izquierda una pequeña tumba antropomorfa, y al fondo de nuevo otro horno de piedra. Fuera de la fotografía, a la derecha también, veremos un corral de piedra circular.

    Atravesaremos el claro en ese sentido, por su parte baja, donde enlazaremos con un senderillo. A partir de aquí viene la parte un pelín, sólo un pelín, más complicada en cuanto a orientación.

    Como habréis advertido esta ruta no está señalizada, y mucho menos este tramo entre las dos lajas. Las tres veces que ya he pasado por él he puesto un par de hitos de piedra y alguna que otra tira de plástico en ramas, que serán retiradas cuando se señalize mejor el itinerario. De todos modos, se trata de un tramo de unos 800 metros, y que no tiene pérdida pues siempre se harán en continuo ascenso, y arriba a nuestra izquierda, contaremos en todo momento con las antenas de repetición a modo de referencia. Recuerdo también que esas antenas en realidad son nuestro principal destino, pues ahí está la Silla del Papa.

Saliendo del claro

A unos pocos metros de salir del claro pasaremos por entre una alambrada que se encuentra tirada por el suelo. Pasada esta empezaremos ya a torcer a la izquierda y a subir.

No tardaremos en encontrarnos con un segundo claro, salpicado en esta época primaveral de gamones y cebollas albarranas.

   Desde ahí conectamos con otro sendero, que no es otra cosa supongo que una pista más o menos habilitada para las labores del corcho. Esta pista desaparece pronto y vuelve a estrecharse y convertirse en senderillo, que según sea la estación del año en la que andemos estará más o menos cerrado y/o visible. De todos modos nuestras amigas las vacas se encargarán de que no se borre del todo.

Pero antes un vistazo hacia atrás para coger aire. El cortijo que se ve abajo es el del Acebuchal.

   Este senderillo nos conducirá sin mayores problemas a un murete con alambrada que nuevamente deslinda una finca de otra. Durante este trayecto, si estamos atentos, observaremos lo que en su día fue un alfanje, el lugar donde se hacía el horno de carbón. Es fácil de identificar puesto que forma como una terraza aplanada, despejada y el suelo es más oscuro que en los alrededores.

Casi al final del sendero

Llegando a la alambrada

    Este es el murete y la única alambrada que habremos de sortear. Dada su profusión en estos campos nos podemos alegrar de que sólo sea una. La dirección que debemos tomar a continuación es a la derecha, siempre hacia el encuentro de las antenas, que nos han venido muy bien hasta ahora como referencia pero que en mala hora se construyeron en ese exacto sitio. Cuando estéis arriba lo comprenderéis.

     Pero antes, ufff, un respiro y un ratito de contemplación, que de nuevo empezamos a tener buenas vistas de la playa de Bolonia y del Lentiscal.

Conectaremos con la pista de asfalto, la misma que parte justo desde donde dejamos el coche en las proximidades del Cortijo de la Gloria. Cuando al final de esa pista pasemos una cancela verde ya podemos decir que estamos, ahora sí que uffff, en la SILLA DEL PAPA.

Hacia la antena

    Hasta hace unos años yo tampoco me aclaraba con la ubicación exacta de este monte o cima. Probablemente supe de su existencia leyendo algún artículo de historia local, en el que se hiciera referencia a la primera guerra civil romana (s. I a.c.) y a uno de sus principales actores: Quinto Sertorio. Este militar y patricio romano no se refería a ella, claro está, como Silla del Papa, sino probablemente como Mons Belleia, término romano que se solaparía al anterior púnico: Bailo. Se llamara como se llamara, se sospecha que esta cima, en este recinto fortificado, este general romano reunió en el año 80 a.c. a un importante ejército en sus luchas contra Sila, dictador de Roma en ese momento.

      Tras este aperitivo histórico, y antes de describir brevemente este enclave urbano, quisiera enseñaros las primeras evidencias arqueológicas que os encontraréis, por otra parte las más conocidas de este yacimiento.

      En esa roca hay grabados unos símbolos extraños, en los que los especialistas aún no se ponen de acuerdo en cuanto a su origen cronológico y significado. Se trata en concreto de una forma humanoide y ambos lados lo que parecen ser cruces.

     En lo que sí parecen ponerse de acuerdo es el origen celtíbero de este emplazamiento, de este oppidum, lo cual significa recinto fortificado. Fueran turdetanos o bástulos los primeros pueblos celtíberos en habitar estas humildes pero estratétigas alturas, estos símbolos probablemente tuvieran un significado religioso, e incluso astronómico.

Símbolos grabados en la roca

¿Y cómo se encuentran estos símbolos? Fácil, en primer lugar debemos hallar esta escalera tallada en la roca, que está justo al lado de la alambrada que encierran las antenas. Una vez que lo hallamos flipado, nos damos la vuelta y rebuscamos por el suelo a unos cinco o seis metros.

Escalera que nos lleva a la silla

En la fotografía de abajo se aprecia bien la cercanía. En esta escalera algunos historiadores quieren ver un acceso a un altar de sacrificios. Otros optan por una estructura militar, posiblemente una torre de vigía o defensiva. Ahora sí podemos preguntarnos sobre si no había otro sitio para plantar las dichosas antenas, y esperar al menos que en su construcción no se dañara alguna estructura antigua importante, aunque permítaseme que lo dude.

Los grabados y la escalera están muy próximos

    Y bien. Subimos por la escalera y nos dirigimos hacia donde hay ¿a que no lo adivinan? Sí, ooootra antena. También un pilón de hormigón, un punto geodésico de esos. Todos los movimientos que haremos aquí arriba han de ser muy cuidadosos, pues estamos a una altura considerable, donde suele pegar fuerte el viento. Pero ya digo, con tiento y precaución no hay ningún problema.

   Hay donde me véis sentado está exactamente la Silla del Papa. No sé si como un Papa o un Rey, uno no es muy partidario que se diga de estos estamentos, pero sentarse ahí y disfrutar de ese hermoso paisaje  te convierte simplemente en una persona afortunada.

Aquí se puede apreciar mejor el trono, la famosa silla. Desconozco si la oquedad en cuestión es un capricho de la erosión o ha intervenido la mano humana. Quién sabe si las dos cosas, y lo aprovechara un turdetano de hace más de dos mil años para eso, para sentirse afortunado… y ya de paso para otear y vigilar el horizonte, vaya a ser que apareciera el primer romano para cortarle el rollo e inventar la “civilización”.

   Desde esta rocosa atalaya (458 metros) dominaban totalmente el territorio circundante. Imagínense por ejemplo el paisaje de la fotografía de abajo un poco más arbolado, sin molinos, claro, y al fondo, el destello rutilante de la Laguna de la janda…

   En la actualidad podremos apreciar y distinguir las poblaciones de Zahara de los Atunes, Vejer de la Frontera, Benalup, Facinas y Tarifa.

Valle del Almodovar

Zahara de los Atunes

Hacia el oeste se puede distinguir Tarifa

Para ir concluendo, un intento de describir cómo podría haber sido este enclave urbano:

   Se encontraba emplazado entre dos paredes naturales de piedra caliza, dispuestas de norte a sur, que dejan en medio una epecie de pasillo natural de unos 420 m. de longitud y entre 20  y 75 m de ancho. Este pasillo o corredor desciende al mencionado Valle de Almodovar, de donde procedería el acceso principal al poblado o fortificación. Al contrario que hoy día, vivían de espaldas al mar.

  Históricamente hablando, la secuencia de ocupación se remonta a los siglos VIII y IX a.c., aunque los restos que en la actualidad pueden observarse parece ser que pertenecen al periodo prerromano, en concreto al pueblo turdetano, los supuestos y probables descendientes de las gentes que compusieron el reino de Tartesoss, pero también se encuentran vestigios romanos de época imperial. En fin, que fue un lugar muy concurrido desde la antigüedad. Los muros de caliza les protegían del viento, una fuente o manantial  les proveía de agua potable todo el año, explotaban las fértiles tierras del Valle del Almodovar… un sitio perfecto hasta que las circunstancias y la Historia los echó del monte para fundar Baelo Claudia en la costa. Fue en tiempos del emperador Augusto cuando se tomó esta decisión.

    Descendiendo por el corredor hacia el valle comprenderemos cómo levantaron sus viviendas los inquilinos de este poblado fortificado. Aprovechaban las paredes de roca anteriormente mencionadas para sustentarlas. Por un lado y otro veremos mechinales (boquetes en la roca) donde encajaban las vigas y las estructuras, incluso aterrazaban y allanaban algunas lajas de piedra. En conclusión, había vida urbana en el sitio más impensable, pues ¿quién que no conociera antes este lugar se iba a imaginar que allí había casas e incluso templos?

Las fotografías de abajo son ejemplos de los restos arqueológicos que podemos encontrarnos:

Sillares de muralla

Restos de un muro

Aterrazamientos

Mechinales, para encajar las vigas

Otra escalera

Atalaya, puesto de vigilancia

Fuente del manantial

Si queréis ver más detalles y fotografías de los restos históricos de la Silla del Papa, no dudéis en visitar el blog de M@nuel. Merece la pena. Aquí os pongo el enlace de su caminata:

Laja de la Zarga – Silla del Papa

Bien, una vez que nos hayamos decantado por ser romano o celtíbero, iniciamos la bajada hasta la cortijada de la Gloria, por la misma pista de hormigón que comenté antes, donde al final nos espera el coche. Ya digo que hay otras alternativa para los que no quieran pillar pista, pero seguramente andéis con prisa de tomaros una buena cerveza en las terrazas de la playa que hay junto a las ruinas de las factorías de Garum. Eso no tiene precio ni excusa.

Iniciando la bajada

Fin de ruta

¡CHISTERA CHISTERA LA CAMINATA ESTÁ FUERA!

Y PARA SABER MÁS:

9 comentarios sobre “Silla del Papa – Laja de las Algas (O de la Zarga)

  1. Agradóme aquesta narración do Silla del Papa e de sus alrededores. Como quiera que non conozco el lugar, solo por hazañas de amigos, emplázome a hollar pronto esas tierras e parajes que habitaron romanos e moros, e gentes do mas antigüedad . Gracias caballero Pizarro.

    1. Muchas gracias Francisco por esas palabras tan amables ¿Nos conocemos “virtualmente” del grupo de Facebook “Homo bloguerus senderiensis subsp. gaditanus”? Si no es así te invito a unirte a ese grupo, que ahí estamos muchos de los enamorados de la naturaleza de la provincia… Saludos.

  2. Quería felicitarte por la ruta y las fotos. Mi padre nació y se crió en La Canchorrera y toda su vida nos ha relatado historias de su tierra y de sus gentes. Estoy intentando conocer mejor el lugar de donde proviene. Muchas veces nos ha hablado de la Silla del Papa, de la cueva del Moro, Tahivilla, etc. Saludos.

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