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Castillo de “El Tolmo”: un fuerte en el Estrecho de Gibraltar


Portada Castillo del Tolmo

       Ya no hay moros en la costa, ni ingleses, holandeses ni turcos, o al menos no se les espera divisar como ocurría en siglos anteriores. Esa presencia, que sin duda fue intimidatoria y peligrosa en el pasado, se ha transformado sustancialmente en la actualidad. Petroleros, ferrys y portaviones han sustituido a bajeles y galeras; y los radares de alta tecnología han dejado en pañales a las torres almenaras. En fin, la noción de “peligro”, y de “enemigos”, más que cambiar, se ha difuminado en el horizonte, lo cual no quita para que en ciertos aspectos vivamos en un s.XXI un tanto medieval.

            El Castillo del Tolmo fue construido en pleno Estrecho de Gibraltar en 1741, diseñado por Don Lorenzo de Solís, Ingeniero Comandante de Ceuta. Por estos años el enemigo más combativo no procedía del sur, de las costas de Berbería, si no del norte, y por caprichos y avatares de la historia ese enemigo de latitudes norteñas se nos acabó instalando en el patio trasero, o en el jardín de delante, como prefieran: GIBRALTAR.

                Resbaladizo como un jabón en las manos de diversos imperios y reinos, el Peñón de la Discordia cambiaría varias veces de dueño. Desde que el Duque de Medina Sidonia se lo arrebatara a los nazaríes de Granada en 1462, apenas llevábamos tres siglos intentando que no se nos resbalara y saliera disparado; y en esas llegaron los ingleses (y algún que otro holandés), tan prácticos, tan funcionales ellos, y encontraron la manera de apoderarse del jabón: a cañonazo limpio.

                La pérdida de Gibraltar supuso el renacer de las luchas y guerras de frontera, de las cuales sabe tanto nuestra geografía sureña. No sólo afectó al territorio peninsular, sino que dificultó el abastecimiento y la defensa de Ceuta y otras ciudades norteafricanas en manos españolas, al quedar la bahía de Algeciras bajo fuerte control de la artillería y armada inglesas.

                En este contexto, para combatir esta específica amenaza de desamparo de las plazas norteafricanas, se levantó el fuerte de El Tolmo. ¿Fue útil su presencia en el Estrecho? Según cómo se mire. Llegados a este punto les animo a acabar la entrada para entrar un poco en materia, y si quieren documentarse debidamente, a consultar los artículos que enlazo al final de la entrada; en especial el de Ángel Sáez Rodríguez, de donde extraigo la mayoría de datos: El fuerte de “El Tolmo” (Algeciras-Cádiz), puente entre dos continentes. Si así lo hacen comprobarán que muchos de los hechos acaecidos les suena a muy modernos, a muy actuales, y que a la hora de la verdad muy poco hemos cambiado en 250 años.

         Por suerte, hay cosas que el devenir de los siglos no cambia. Hoy día la mejor forma de llegar al fuerte de El Tolmo sigue siendo a pie. Varios son los caminos que nos conducen a este punto de la costa del Estrecho, pero si tuviera que quedarme con uno me quedaba con el Camino de los Pescadores. En el mapa que muestro es el que queda a la derecha, entre los Arroyos del Laurel y el Culantrillo.

Caminos que conducían al Fuerte de El Tolmo
Caminos que conducían al Fuerte de El Tolmo. Sección del plano realizado por D. Lorenzo de Solís (Ingeniero comandante de Ceuta)

   En el s. XVIII tres eran los caminos principales que confluían en El Tolmo, supongo que herederos directos de caminos medievales. Uno costeaba procedente de Tarifa; otro continuaba por el este en dirección a Getares; y el último conectaba el fuerte con la renacida Algeciras. Es posible que su trazado coincidiera a groso modo con la Carretera de las Pantallas, paralela al Arroyo del Lobo. El acondicionamiento de estos caminos permitiría el transporte de mercancías y tropas.

    Gracias al flamante departamento de infografía de dCaminata podemos imaginarnos las partes o secciones que en su día constituyeron  el conocido popularmente como el Castillo de El Tolmo: casi 800 metros cuadrados de fortificación abalaurtada.

    Y eso del “Tolmo” ¿significa algo? Pues sí, exactamente lo que veis en la foto de arriba, un peñasco elevado de grandes proporciones. En este caso, se adentra en el mar y dibuja un pequeño cabo. Las primeras referencias escritas sobre el lugar se remontan a la edad media. Una vez más hemos de agradecérselo a Alfonso XI, el rey castellano que el siglo XIV ensanchara las fronteras de este sur del sur. En el Libro de la Montería, de 1344, indica que la “Cabeza del Tormo y el arroyo de Quebrantabotijas” son buenos lugares para cazar jabalíes en invierno.

         Si toman un mapa  y observan el Estrecho de Gibraltar se darán cuenta de que el único accidente geográfico que pudiera dar algo de cobijo a las naves es esta Ensenada de El Tolmo, a 11 kilómetros de Tarifa y 6 de Punta Carnero. El resto del litoral es prácticamente rectilíneo o demasiado agreste, y siempre expuesto a los fuertes vientos y corrientes marinas.

        La Ensenada de El Tolmo ofrecía un triángulo de relativa seguridad a aquellas embarcaciones que por muy diversos motivos recalaban en ella. ¿Qué motivos podrían ser estos? Principalmente buscar refugio frente a los temporales. Pero el motivo o causa que más temían  los habitantes del área colindante eran los desembarcos de piratas o corsarios de muy distintas naciones, en busca de botín y agua potable para abastecerse. No eran muy numerosos los arroyos que en época estival pudieran bastar para llenar los toneles. La desembocadura del Río Guadalmesí, y los Arroyos del Laurel y el Culantrillo, debían ser los objetivos más preciados para estas naves sedientas de agua, ganado y personas que luego se venderían como esclavos. Por dicha razón, estos hitos costeros han sido vigilados y controlados desde siglos atrás. Este parecer ser el origen de la expresión: “al enemigo ni agua”.

   

          Aquella primaveral mañana mi colega Juan y yo atacamos El Tolmo por su flanco oeste. Tuvimos suerte de toparnos con una marea bastante baja, y de fijarnos en una estructura rectilínea de piedra que no habiamos visto en anteriores visitas: los cimientos del EMBARCADERO.

Cimientos del embarcadero

        Dos siglos y medio después, esta fila de sillares labrados es lo único que se ha conservado del muelle, del que fuera una de las piezas esenciales del fuerte. A mis colegas blogueros de Jerez les complacerá saber que para fijar adecuadamente la estructura al fondo marino se utilizaron estacas de pinos de su tierra.

Muelle y embarcadero
Muelle y embarcadero. Sección del plano realizado por D. Lorenzo Solís.

        Su construcción le costó a las arcas del estado 19.436 reales, a los que habría que sumarle otros 5.392 para reparar el espigón sólo cinco años después, en 1746. A las autoridades militares tal gasto les parecería una buena inversión, y sin duda alguna lo sería, pero me temo que al muelle del fuerte de El Tolmo le ocurrió lo mismo que a algunos aeropuertos españoles de nuevo cuño. Probablemente muy pocas embarcaciones aprovecharían sus infraestructuras.

      

      Tras el muelle, nos tocaba asaltar la plataforma de las BATERÍAS ARTILLERAS, elevada una decena de metros sobre el nivel del mar. En dicha subida observamos lo que parece ser material de relleno, el cual proporcionaría estabilidad a la plataforma y aguantaría el peso y  las acometidas de los cañones. Utilizo el condicional de estos verbos, pues según las investigaciones realizadas por Ángel Sáez, tanto esta plataforma artillera como el foso sufrieron desperfectos que debieron ser luego subsanados.

       Tal como señala en su artículo, estos daños unas veces eran ocasionados por las inclemencias meteorológicas, y otras, aquí es donde el asunto les va a sonar a actual, se debían a la escasa calidad de los materiales empleados y a una ejecución más que dudosa por parte de los constructores civiles.

       En suma, en la edificación del fuerte se produjeron una serie de hechos que hoy llenarían de titulares las primeras páginas de la prensa local: Alargamiento de plazos en el inicio de las obras, defectos en estas, incluso malversación de fondos. Y por si fuera poco, algunos de los oficiales ingenieros del ejército podían estar sin ver la paga ¡hasta 49 meses!

Plano del Fuerte de El Tolmo, de D. Lorenzo de Solís.
Plano del Fuerte de El Tolmo, de D. Lorenzo de Solís.
Detalle de la plataforma artillera y rampa de acceso
Detalle de la plataforma artillera y rampa de acceso

      La plataforma contaba con una superficie de 250 m². Puede que sea de las secciones del fuerte que mejor nos permiten suponer su estado original. Los artilleros que sirvieron en ella debieron gozar de las mismas vistas que nosotros, pero claro, a ellos en cualquier momento les podía aguar la fiesta la visión de la Unión Jack, la bandera británica.

Cañón de a 24. Fuente: web Todoababor.
Cañón de a 24. Fuente: web Todoababor.

       Este podría ser el aspecto de uno de los cuatro cañones emplazados en el fuerte de El Tolmo. Enormes artilugios de guerra que pesaban cerca de tres toneladas. Según la web Todoababor, una bala de un cañón de 24 libras (10 kg. aprox.) podía alcanzar un objetivo a 3.113 metros.

      Estas piezas mayores eran auxiliadas por otras cuatro de menor calibre: cañones de a 8. Y estaba previsto que estas 8 piezas se duplicaran en caso de conflicto bélico.

      Desconozco si la artillería del Tolmo llegó a utilizarse contra efectivos ingleses. También es cierto, como se verá más adelante, que estos hijos de Albión prácticamente no les dieron tiempo a demostrar su poder destructor.

cañón de  24 libras

Detalles de la batería

     En la imagen de arriba se aprecia parte del enlosado original, y al lado un práctico intento de embellecer el parapeto de la batería con piedrecillas alineadas. Y es que me imagino al jefe de obras dictando ordenes, después quizá de algunas de las chapuzas mencionadas: “Venga, vamos, que quede bonito, que no nos tengan que llamar la atención otra vez…”

     Dejamos atrás la batería, con el tronar de los cañones en la imaginación, y bajamos por la rampa de acceso a la zona de acuartelamiento.

Detalle de los barracones
Detalle de los barracones

Según este plano, fechado a 27 de octubre de 1741:

  •       El barracón B es el de los artilleros.
  •       Los dos barracones con la letra C corresponden a los de los soldados de infantería y Escopeteros.
  •       El barracón D es el de los oficiales.
  •       El E corresponde a un almacén para la pólvora.
  •       En otro plano del mismo ingeniero, datado en 16 de septiembre de 1740, se aprecia el contorno de otro barracón que no llegó a proyectarse en el del año siguiente. Estaba situado en el baluarte opuesto a donde está el almacén de pólvora, y según dicho plano estaría destinado también para los oficiales. En este plano que les muestro ya no aparece, pero sí que se llegó a levantar. Ángel Sáez nos señala que el fuerte contaba también con una capilla ¿sería este barracón, apartado de los demás, la capilla?

       Como pueden observar, los barracones están engullidos por los jérguenes e incluso una higuera crece en uno de ellos. Es prácticamente imposible adentrarse en el interior. Una vez más nos hallamos frente a otro Bien de Interés Cultural, con un reconocimiento especial otorgado a los castillos por la Junta de Andalucía desde 1993, abandonado a su suerte.

Escopetero de Getares
Escopetero de Getares

Además de tropas de infantería y artillería, el fuerte de El Tolmo contó con un pequeño destacamento de Escopeteros de Getares, la compañía militar que tal vez  mejor represente la lucha oficial contra el contrabando y el inglés. Aunque su campo de acción se circunscribía sobre todo a la Bahía de Algeciras, nació en Tarifa con carácter miliciano, con 40 tarifeños elegidos como los “más templados y mejores tiradores”. Su estancia en El Tolmo no sería muy prolongada, y al parecer bajo sospecha del mando militar en San Roque.

          El aislamiento en estas costas batidas por el viento y el peligro conllevó se supone prácticas digamos que no muy legales. Se han documentado quejas de propietarios de tierras contra estos Escopeteros, en las que llegó a denunciarse robo de animales u ocupación de parcelas para uso propio. Supongo que estos hechos no pasarían de ser ocasionales. La convivencia de militares y civiles en un mismo territorio nunca ha sido de color de rosa. Similar fricción se produciría ya en el s.XX, en tiempos de la posguerra, entre dueños de cortijos y los destacamentos militares emplazados en Punta Carnero.

        En la cara sur, la que da al mar, se aprecian más restos del perímetro mural. El elemento que más nos llamará la atención será este ángulo o esquina de arriba, perteneciente a uno de los dos baluartes. Estas estructuras defensivas, normalmente pentagonales, nacen como superación y mejora de las tradicionales murallas rectilíneas. El castillo del Tolmo es un buen ejemplo de los fuertes abaluartados que se construyeron en el s. XVIII.

Acceso principal

      Ya por último nos acercamos a la cara norte, donde se situaba el acceso al fuerte. Sin molestar a los becerrillos, les pido que enciendan la maquinaria de la imaginación. Primero pongan en marcha la desbrozadora y anulen mentalmente los arbustos. Luego arremánguense y saquen el pico y la pala para cavar un foso.

        Después del bocata, levanten un muro de piedra y mortero de cal, y corónenlo con una empalizada de madera. La altura ha de ser de 4 metros, si no quieren que los casacas rojas se le cuelen dentro.

      Emprendemos el camino de vuelta con un toque agridulce en las botas y en la mirada. Tenemos la sensación positiva de haber visitado un hito histórico del pasado de nuestra comarca, pero nos decepciona su estado de abandono, que impide un mejor conocimiento de su interior.

        El fuerte de El Tolmo se despide históricamente de todos nosotros en 1810, como una película con final chungo pero que se veía venir. En este año, y en el contexto de la Guerra de la Independencia, los militares ingleses afincados en Gibraltar no nos perdonan que hayamos cambiado de bando y aliado con los franceses. Una compañía de zapadores se encarga de arrasar nuestro “castillo en el Estrecho”, así como otros emplazamientos militares del litoral.

PARA SABER MÁS:

¡Chistera chistera la dCaminata está fuera!

6 comentarios sobre “Castillo de “El Tolmo”: un fuerte en el Estrecho de Gibraltar

  1. Muy bueno. Con este trabajo bien documentado ya no será lo mismo visitar este perdido paraje de nuestra costa.

  2. Gracias por tu estupenda contribución a la interpretación del medio. Si un día se derriban los muros y paredes de las escuelas, las clases podrían asemejarse a tu blog.

    1. Gracias a ti Beatriz por tu elogioso comentario, que más me “ruboriza” intelectualmente hablando al proceder de donde procede. Lamento no haber conocido tu blog hasta ahora, pero ya me estoy poniendo al día. El trabajo que haces sí que reivindica y hace florecer esas raíces populares de las que casi todos procedemos. Me alegra tener tanta lectura pendiente de un tema que me apasiona,la historia y la tradición de nuestros mayores y nuestro entorno. Además, el tema de los maestros de campo, populares, heroes al fin y al cabo, es un aspecto de la educación que siempre he admirado mucho. Ahora no tanto, pero siempre he sido muy lector del ideario anarquista, ideología política o vital con la que simpatizo.
      Como sabes, este movimiento siempre se preocupó mucho por la educación igualitaria y abierta, y no faltaban maestros o gente comprometida que fuera por cortijos y gañanías enseñando a leer y escribir a paisanos que no tenían por desgracia otra alternativa. Sin ir más lejos, en mi mismo bloque tengo por vecina a una mujer cuyo padre (de Jimena de la Frontera) se dedicaba a esto mismo. Lamentablemente murió fusilado. Qué te voy a contar…
      De nuevo te agradezco que hayas visitado mi blog y te felicito por el tuyo. Si me das tu permiso lo comparto tanto en éste como en el facebook de dCaminata, que es el que pudiera tener más alcance.
      Un saludo y que nos sigas educando.

  3. Si señor, me ha enganchado la historia desde el principio. No tenía ni idea de la existencia de dicha fortificación.
    Por otro lado me gustaría leer un día de estos algo de ficción, sé que hay que dedicarle más tiempo para este tipo de parto, pero la prosa te lo agradecerá.

    1. Gracias amigacho. Hablando de partos, ahora mismo casi estoy “pariendo” un relato corto sobre una pareja de cigüeñas, aunque es verdad, la ficción me toma más tiempo y me cuesta más trabajo. Pero bueno, será lo siguiente, acompañado de fotografías ad hoc tanto de colegas como propias. Un abrazo.

  4. Yo nací en el cortijo que hay un poco mas arriba del Castillo del tolmo (el Tocinero) y quiero informar que esta finca la compró un señor que esta restaurando todos los edificios de dicha finca incluido la fortaleza del tolmo,Un salñudo

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