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Nuevos hallazgos en el entorno de la Peña del Bujeo.


2.1. Peña del Bujeo

Quien quiera ver correctamente la época en la que vive debe contemplarla desde lejos. ¿A qué distancia? Es muy sencillo: a la distancia que no permite ya distinguir la nariz de Cleopatra.

José Ortega y Gasset.

    A veces la piedra arenisca adopta formas muy curiosas y sugerentes. El viento y la lluvia actúan sobre ella como cinceles incansables y nos legan monumentos naturales que cuesta calificarlos como fortuitos. En este caso los fenómenos atmosféricos han modelado un rostro pétreo emergiendo de la tierra (foto de arriba); de izquierda a derecha se aprecia la barbilla y una boca retraída, luego una nariz entre aguileña y griega y finalmente el ojo… ¡ si hasta los arbolillos hacen de pelo para este coloso yacente!

      Y hablando de caras que emergen, ya iba siendo hora de que asomara mi careto por el blog. Este próximo septiembre hará un año ¡menudo año! que no subo una entrada. Abandonado no, lo siguiente. La historia que cuento a continuación tuvo lugar por tanto a finales del verano pasado. En alguna ocasión me he puesto frente al ordenador con la intención de contar este humilde hallazgo que considero inédito, al menos en este mundo bloguero en el que me muevo, pero nada, no hubo maneras, ni sobre todo ganas.

      Tampoco he regresado de nuevo al lugar de los hechos. ¿Seguirá mi gigante con esa expresión tan seria? ¿Seguirá conservando el pelo, digo los arbolitos?

       La Peña del Bujeo, aún siendo un lugar no muy frecuentado, es un enclave conocido incluso para los que no conocen exactamente su ubicación. Me explico. ¿Quién no se ha fijado mientras conducía en dirección a Tarifa, pasando Pelayo, en un promontorio que destaca a mano izquierda y que a la fuerza tiene que llamar nuestra atención? Ya, ya sé, los conductores prudentes, pero ahí está. Quién quiera saber algo más que no sea tan prudente y la próxima vez eche un vistazo, busque en Iberpix, o en último término, llame al departamento de geolocalización de dCaminata.

         Una tarde de esas, “casi” a la fresquita, mi hermano Francisco Javier, del Facebook Paisajes del Campo de Gibraltar, y el que les escribe decidimos acercarnos a la zona para conocerla a fondo. Y menos mal que lo hicimos, fue una tarde bastante fructífera ¿quién nos iba a decir que un simple paseo vespertino nos iba a deparar tales sorpresas? Vamos, como que me dan ganas de esta misma tarde acercarme de nuevo.

2.Escaleras de la Peña.

         Después de presentar nuestros respetos al susodicho gigante subimos la escalera que conduce a la cima de la peña. ¿Por qué una escalera en este sitio? Como se verá en las siguientes imágenes desde este promontorio, desde esta atalaya natural, se obtiene una visión inmejorable del acceso norte a la ciudad de Algeciras y sobre todo del Estrecho y sus primeras elevaciones.

3. Cima de la peña.

       Una vez arriba encontramos pruebas que certifican la idoneidad de esta peña como lugar ideal de observación y posicionamiento geográfico: un vértice geodésico, una caseta que sin duda perteneció en su día al acuartelamiento del Bujeo, y sobre todo, los restos de una estructura de piedra, de forma cuadrada y con pinta de ser bastante antigua. Esto fue lo que en principio lo que nos llevó allí esa tarde, pues ya anteriormente había llamado la atención de mi hermano en una de sus escapadas.

4. Base de la torre

5. Esquina de la torre.

       Si hacemos caso al mapa topográfico, donde se nombra este enclave como “Torre del Bujeo“, y tirando de nuestro conocimiento, que no deja de ser de aficionado, encontramos bastantes similitudes con otros restos de torres vigías de origen medieval. La planta  parece ser rectangular, y a falta de metro en la mochila ¡cuándo me acordaré de meter uno en ella! calculamos que de 3×4 m. más o menos. En cuanto altura, cualquiera sabe, pues sólo se ha conservado la base.

5.1. Esquina torre.

6. Algeciras desde la torre.

      Como se observa en las dos fotos anteriores esta base está compuesta por un núcleo de calicanto delimitado por sillares de mediano tamaño. Ejemplos similares los podemos ver en la Torre del Almirante y en la también desaparecida y destruida Torre de Punta Carnero. Ambas son de épocas distintas, la primera se supone que anterior al s. XIV y la segunda del XVI. Dado lo que se ha conservado y a falta de estudios que lo certifiquen yo vuelvo a tirar mis dados de aficionado y apuesto porque sean restos de una pequeña torre vigía de origen medieval.

       Al tratar de buscar información sobre estos cimientos antiguos nos encontramos con lo de siempre: dificultades y sobre todo escasez de datos.

        Ángel Sáez, al que de forma obligada hay que recurrir en estas lides, al menos menciona la palabra “Bujeo” en su artículo “Nuevas noticias sobre las torres de almenara de Tarifa“. Al hablar de la Torre de Don Juan o de Guzmán el Bueno indica lo siguiente: “Por su gran elevación, la Torre de Don Juan cumpliría la misión de atalaya principal de la ciudad murada durante la Edad Media. De esta forma establecería contacto entre las almenaras de la costa atlántica tarifeña –de la Peña y de los Vaqueros–, las del interior –del Rayo y de Torregrosa– y las estancias que continuaban las señales hacia Algeciras por el Bujeo.”

      ¿Podría corresponderse estos restos con una de esas estancias que transmitían las señales hacia Algeciras?

      Por último, añado otra información que me facilitó F.M. un usuario del Facebook Historia de Algeciras en imágenes, y al que agradezco su colaboración. Cito textualmente: ” Figura en los mapas topográficos como la torrecilla, mi padre la conoció en pie y así estuvo hasta después de la guerra civil en la que los militares la derribaron para colocar un puesto de comunicaciones. Era una de las torres vigías interiores a igual que la de Getares.”

       Si nuestro informante está en lo cierto, esta torrecilla del Bujeo estaría en pie hasta la Guerra Civil, y sufriría el mismo e injusto destino que la mencionada Torre de Punta Carnero, demolida con fines militares en el ámbito del Plan defensivo del Campo de Gibraltar, cuando a partir de 1939 se fortificó toda la costa del Estrecho ante un posible ataque de las fuerzas aliadas.

       ¡Cuánto daría por ver una fotografía de esta torre antes de ser destruida!

7. Pelayo y Algeciras.

      Nuestra hipotética Torre del Bujeo dominaría pues el camino medieval de Algeciras a Tarifa. En el caso de ser medieval, claro. Además, hemos de tener en cuenta que en esa época no existía ninguna estancia o torre vigía en esos 20 kilómetros de tortuosa geografía. Las almenaras de Guadalmesí, del Fraile y Punta Carnero son posteriores, del s. XVI.

8. Montes de Getares.

9. El Estrecho desde la torre.

También se controlaría buena parte del Estrecho, especialmente las incursiones marítimas procedentes de Ceuta.

     Hasta aquí el capítulo de la torrecilla del Bujeo, otro más a engrosar en la larga lista de yacimientos campogibraltareños que apenas han merecido estudio alguno, pero que al menos logran mantener viva la llama a los que somos amantes de nuestra historia y nuestra geografía.

     Y si esta torrecilla vigía logró mandarnos desde su incógnito pasado señales de humo en forma de preguntas y misterio, lo que hallamos a continuación acabó por incendiar del todo nuestra curiosidad.

     Al bajar de la peña y merodear por los alrededores nos topamos de repente, casi ocultos por los brezales, unos enormes sillares de piedra arenisca. ¿Cuántos de ellos? Entre la perplejidad y los nervios no caímos en la cuenta de contarlos, pero calculamos que entre veinte y treinta sillares fácilmente.

10. Primer sillar.

11. Sillar y Bahía.

Como se puede advertir, sus dimensiones no son las usuales, las que luego solemos ver en cualquier edificación.

12. Segundo sillar

13. Dos sillares juntos.

     Pero en todos ellos se aprecia perfectamente su forma rectangular y las marcas de las herramientas que los tallaron.

14. Sillar desde arriba.

14.1. Escombros.

      También encontramos en uno de los numerosos afloramientos de arenisca uno de los posibles lugares de extracción y talla de los sillares.

15. Sillar

16. Sillar con piedra debajo.

     Muchos de ellos conservan aún en la base otra piedra que seguramente facilitarían las labores de cincelado o quizás su alzamiento para ser luego transportadas.

17. Sillar de grandes dimensiones.

     La primera hipótesis que se nos vino a nuestras emocionadas mentes fue la que fueran sillares destinados a la construcción de la torre, pero entonces ¿por qué de tan grandes dimensiones y sobre todo por qué sobraron tantos? El inusual tamaño se puede explicar porque al parecer los canteros o picapedreros que tallaban estas piedras las cortaban primero en grandes bloques y finalmente les daban su forma definitiva ya cerca del lugar o edificación del cual iban a formar parte. Ahora bien ¿por qué motivo no fueron utilizadas en la torre? ¿Por qué no llegaron nunca a su destino?

     Pasados los días, sillar para arriba y sillar para abajo, barajamos también la posibilidad de que estos fueran extraídos y labrados para cualquier otra construcción más cercana tanto en el tiempo como en el espacio, posiblemente para algún cortijo de la zona. Los más próximos son los cortijos de la Hoya y del Pueblecillo, donde incluso se han descubierto restos cerámicos del los siglos XIII y XIV; aunque se hallan algo distantes, y en el caso de que hubieran necesitado bloques de arenisca los habrían obtenido más fácilmente de algún afloramiento limítrofe, de los tantos que hay. Entonces, una vez más ¿qué hacen esos sillares abandonados en esa ladera?

     Por suerte, o por desgracia, según se mire, lo que descubrimos por último vino a aportar otra hipótesis más a esta areniscosa historia. Este sí que fue el hallazgo que acabó ya de volvernos locos del todo. Todas las torres atalayas y almenaras del Estrecho se pusieron de acuerdo para abrumarnos, ahumarnos y cegarnos con señales del pasado.

     Juro que ocurrió así tal y como os cuento, sin peliculeo. Continuamos mi hermano y yo monte abajo inspeccionando cada rincón y cada tajo de piedra que veíamos a la caza y captura de más sillares. Recuerdo que le dije, Chico (yo es que le llamo así) ¿te imaginas que encontramos una pinturilla o una tumba que no haya cazado ya el Simón (jejeje, esto lo añado ahora)? Pues fue decirlo, reírnos por lo bajo de nuestra ingenuidad, encaramarme a un tajo y pasar al otro lado, frotarme los ojos y ponérseme literalmente los vellos de punta.

18. Laja de los Sillares.

    Este es el lugar de los hechos, y al fondo, grabados en la laja, los dos petroglifos que me han dado una de mis mayores alegrías como dcaminante. Podéis imaginar la emoción e incredulidad que sentí y casi oír todavía las voces que le di a mi hermano para que viniera corriendo a verlos.

19. Señalando la llave.

     El signo lapidario que señala mi hermano tiene forma de llave antigua, grabado de una forma muy superficial o erosionado por el tiempo.

20. Señalando la cruz.

    Y el que señalo yo es un signo cruciforme a todas luces, de mayor tamaño que el anterior y cincelado con más profundidad.

21. Símbolo cruz

     La cruz, en detalle.

23. Símbolo llave

     Y la llave, el petroglifo que sin lugar a dudas más nos llamó la atención. Obligados de nuevo a teorizar, valoramos que fueran signos grabados por algún ermitaño o eremita que huyendo del mundanal ruido buscara a Dios por estos montes. El símbolo de la cruz cuadra, pero ¿y el de la llave?

     El ser sólo simples aficionados a la Historia es lo que tiene. No hay que rendir cuentas a la ciencia arqueológica, y lo mejor de todo, se otorga uno a sí mismo todo el derecho del mundo a fantasear y elucubrar. Y puestos a elucubrar ¿por qué no relacionar estos signos con los sillares? Digámoslo ya ¿por qué no pesar que son marcas de cantero realizadas por las mismas personas que elaboraron estos sillares?

     Sobre este asunto de las marcas de cantería existe una bibliografía bastante extensa, pero antes de zambullirme sin salvavidas en ella quise contar con la opinión de algunos colegas blogueros a los que suelo consultar en estos casos: Manuel Limón, José Manuel Amarillo y Simón Blanco. ¿Menudo trío para los que los conozcáis, no? Los tres, obviamente a falta de un estudio hecho por profesionales, opinaron que de las hipótesis planteadas, la más realista podría ser la de las marcas de cantero. Que estuvieran relacionadas o no con los sillares era otro asunto.

     Manuel Limón tuvo incluso el detalle de realizar por su cuenta una búsqueda en Internet para hallar casos análogos de marcas de cantero. Estas dos imágenes de abajo fueron las que me envió:

24.Autor.Jose María de la Osa. Marca recogida en la Iglesia de la Magdalena (s.XII) en Tudela, Navarra.

Marca de cantero de la Iglesia de la Magdalena (s.XII) en Tudela – Navarra. (Fotografía de José María de la Osa)

25. Marcas en forma de llaves. Iglesias de Moreruela y la Oliva. Web romanicoaragones

Marcas de cantero de los monasterios de Moreruela  (Provincia de Zamora) y de la Oliva (Navarra), respectivamente.

    Es innegable que el petroglifo en forma de llave que hallamos esa tarde guarda un gran parecido con estas tres marcas, pero Zamora y Navarra quedan un pelín lejos. Había que localizar un ejemplo más cercano. ¿Quién nos iba a decir que lo íbamos a encontrar en la misma plaza principal de nuestro pueblo, en la Plaza Alta?

    Días después del hallazgo recordé un artículo de Antonio Torremocha publicado en el nº 4-5 de la revista Caetaria: “Signos lapidarios hallados en las murallas meriníes de Algeciras”. En dicho artículo analiza 457 marcas de cantero descubiertas en los sillares del recinto defensivo excavado hace unos años. Y expone una muy interesante teoría en la que los autores de estos sillares y signos lapidarios serían canteros y picapedreros castellanos. Explica la presencia de estos artesanos cristianos en una ciudad musulmana como consecuencia de un tratado de paz que se firmó entre Alfonso X y el emir Abu Yusuf entre los años 1279 y 1286; tregua que aprovecharían estos trabajadores para ganarse sus dinares en las numerosas obras que llevó a cabo el emir meriní para reforzar el complejo defensivo de la ciudad.

      Para Antonio Torremocha, la finalidad de estos signos lapidarios era la de contabilizar y marcar las distintas piezas talladas por las cuadrillas de canteros y de este modo cobrar por el trabajo realizado. Como también afirma, estos canteros se desplazaban a los alrededores de Algeciras para extraer piedra arenisca con destino a tales obras.

      ¿Podríamos elucubrar entonces que los sillares del Bujeo fueron tallados para tal fin pero que por la razón que sea nunca llegaron a su destino? ¿Serían los dos petroglifos hallados en esa peña marcas de una cuadrilla de canteros en particular para indicar que ese era su tajo, su lugar de extracción?

       Finalizando ya y retomando el hilo del signo lapidario en forma de llave mencionar que el que más se le parece al que nosotros encontramos se halla en la Iglesia de la Palma, en pleno centro de Algeciras. De los 457 signos estudiados por Torremocha sólo uno, este, muestra similitudes.

Iglesia de la Palma

     Se halla justamente en el lugar donde posan esas dos niñas tan bonitas, mis verdaderos tesoros.

26. Sillar muralla meriní.

    Este es el signo. No es exactamente igual pero vamos, para ser sólo el único que se ha hallado con esta forma… El sillar que lo contiene acabó aquí cuando en el resurgimiento de Algeciras en el s. XVIII se aprovecharon los sillares de las murallas para la construcción de edificios públicos y viviendas.

foso murallas merinies

     Y ya por último les doy un paseo por dichas murallas meriníes donde pueden disfrutar in situ de todas esas marcas de cantero.

Murallas meriníes

_DSC0148

27. Sillar muralla meriní.

     Como esta otra, parecida a la cruz del Bujeo, o casi.

28. Seguimos buscando.

     Venga chico, no busquemos más y volvamos, que los hados de la fortuna ya nos han tocado con su cincel, digo con su varita.

29. Otra peña en el Bujeo.

     Moraleja: nunca dejes de revisar una peña o laja de arriba a abajo. Y sobre todo, nunca dejes de fantasear, nunca dejes que la realidad te estropee una bonita historia.

¡CHISTERA CHISTERA LA DCAMINATA ESTÁ FUERA!

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Las canteras romanas de Punta Camarinal


1.Portada Punta Camarinal

No pido otra cosa: el cielo sobre mí y el camino bajo mis pies”. (Robert L. Stevenson)

    Entre las playas del Cañuelo y Bolonia se adentra mar adentro una lengua de tierra de apenas un kilómetro y medio, un triángulo equilátero casi perfecto bendecido por la luz, el viento y las olas: Punta Camarinal.

Punta Camarinal     Aquellos que gusten fusionar en sus caminatas naturaleza e historia hallarán en esta punta un buen lugar para empezar a leer y caminar en el pasado de este tramo de litoral tarifeño.

    A modo de prólogo, las primeras páginas de este librocaminata quizás nos relatara las peripecias de nuestros paisanos del Neolítico buscándose la vida y el sustento en estos fértiles acantilados: recolectando, mariscando, pescando, y porque no, gozando de unos buenos baños. En la cercana sierra de la Plata contamos con numerosos vestigios arqueológicos que testimonian una ocupación muy temprana de estas tierras: la Cueva del Moro con sus grabados paleolíticos, el altar de sacrificios conocido como la Piedra sacra de Ranchiles, diversos dólmenes en su ladera occidental, el oppidum de la Silla del Papa, etc. En fin, un prólogo muy extenso que daría para muchas excursiones.

     Aunque si nos centramos exclusivamente en Punta Camarinal, los primeros capítulos de nuestro librocaminata tendrían que basarse a la fuerza en la etapa romana, la que más se prolongó en este territorio. De este cabo salieron las primeras piedras que levantaron Baelo Claudia en los siglos II y I a.c. Las rocas calcarenitas, nuestra piedra ostionera, que se extrajeron de estos acantilados fueron utilizadas sobre todo como elementos sustentantes (columnas, arcos, jambas, capiteles…) de los edificios de la urbe hispanorromana, que junto con Carteia, en la vecina Bahía de Algeciras, controlaban el comercio de la orilla norte del Estrecho.

      Y si por último, nos quedamos con ganas de seguir andando y empaparnos de historia, podemos abrir las páginas de la Edad Moderna, cuando en 1577 se edifica en esta pedregosa costa la torre almenara del cabo de Gracia, hoy día reconvertida en faro.

Detalle cartográfico de Punta Camarinal (1833). Fuente: “The Strait of Gibraltar” by Capitain William Henry Smyth, R.N.K.S.F.; J & C Walker Sculpt. Hydrographical Office of the Admiralty (Londres), 1833. Mapa extraído del blog de un amigo: dRuta.
Detalle cartográfico de Punta Camarinal (1833). Fuente: “The Strait of Gibraltar” by Capitain William Henry Smyth, R.N.K.S.F.; J & C Walker Sculpt. Hydrographical Office of the Admiralty (Londres), 1833.
Mapa extraído del blog de un amigo: dRuta.

    Sin embargo, el hito histórico más importante y a la vez más desconocido de esta época sería el proyecto de fundar una nueva población en la misma Punta Camarinal en 1664, reinando Felipe IV, para defender la Ensenada de Bolonia y contrarrestar la ocupación británica de Tánger. Esta nueva población a todos los efectos hubiera contado con dependencias fortificadas, embarcadero, aduana, viviendas, etc. La falta de financiación y la desocupación de Tánger en 1684 echaron por tierra este proyecto fundacional… y menos mal, porque ¿a que no saben qué piedras y restos al parecer iban a aprovechar para la nueva ciudad? Sí, los de Baelo Claudia.

   Podríamos terminar nuestro librocaminata visitando ficticiamente la batería artillera del Ancón de Bolonia, construida en 1804 y “volada” por los ingleses, o las actuales, edificadas a partir de 1947, pero mejor desistimos; demasiada historia militar para un paisaje tan bello.

    Vamos a lo que vamos, al capítulo de la historia de Punta Camarinal que nos ocupa, el de las canteras romanas. En apenas dos kilómetros visitaremos los cinco o seis yacimientos canteros que jalonan esta costa hasta llegar a la Cala de la Galera, donde como epílogo a la caminata, nos dimos un merecido baño.

3. Bruma en Bolonia    Un espeso banco de niebla cubría la ensenada de Bolonia cuando llegamos, ocultando Punta Camarinal entre promesas de frescor y sugestivas tomas fotográficas. Pero nada, a eso de las nueve, cuando echamos a andar después del desayuno, sólo quedaban los últimos jirones de taró. Lástima.

4. Julio a contraluz   Os presento a mis compañeros de caminata: Este es mi amigo Julio,  a contraluz. Luego lo veréis mejor a plena luz, ejem, y a unos cuantos grados más de calor.

5. Zapi a contraluz    Y su perro Zapi, también a contraluz, rivalizando en hermosa silueta con el perfil de la sierra de San Bartolomé, al fondo.

6. Entrando en en el sendero    Llegamos al inicio del sendero que nos conducirá a las canteras. A la derecha dejamos la duna de Bolonia y nos encontramos con uno de los nidos que salpican el litoral del Estrecho, construidos al término de la Guerra Civil. Marea baja y madrugadores pescadores tentando a la suerte.

7. Tumbas antropomorfas en el Anclón     A un centenar de metros nos topamos con estas tumbas antropomorfas, que suelen pasar desapercibidas al caminante. Estas tres de la foto son las que mejor se han conservado, pero hay otras más por los alrededores, semicubiertas por la vegetación y mucho más erosionadas.

    No hablé de ellas al inicio de la entrada pues la verdad no sabría en qué capítulo de la historia ubicarlas. Historiadores y arqueólogos no se ponen de acuerdo en su datación. ¿Anteriores a la ocupación romana, posteriores? Parece ser que cada vez cobra más fuerza la teoría de su pertenencia al período de la Baja Edad media. El que aclare este misterio sin duda será celebrado con una corona de laureles… romanos.

8. Julio y Zapi en el sendero    El estrecho sendero es muy atractivo, una especie de atracción de feria al natural donde todos los sentidos participan y juegan. Eso sí, hay que andarlo con cuidado. Algunos tramos pueden resultar algo complicados si no estamos muy habituados a montar en estos “cacharritos”.

9. Enebro y San Bartolomé    Un enebro marítimo, arbusto con multitud de usos medicinales, veterinarios, alimenticios, artesanales, etc. Aunque está catalogado en peligro de extinción, encuentra en Punta Camarinal y Punta Paloma su principal refugio en el P.N. del Estrecho.

10. Primeras canteras    Las dos primeras canteras se hallan muy juntas una de la otra. Son facilmente reconocibles por los cortes limpios y verticales en la piedra ostionera. Supongo que éstas serían las primeras en explotarse, dada la cercanía. Y que en algún momento llegaron a ser insuficientes para el desarrollo urbano de Baelo Claudia, puesto que también se explotaron otras canteras en la otra punta de la ensenada, a varios kilómetros de la urbe: Canteras romanas de Paloma Alta.

11. Marca de barrena en cantera    Si nos demoramos un poco e investigamos por los alrededores no tardaremos en encontrar señales y vestigios de tan dura actividad. Marcas de herramientas, sillares a medio labrar, una rampa de acceso para bajar el material al nivel del mar…

    A partir de aquí es aconsejable abandonar el senderillo del acantilado y buscar la seguridad de la tierra firme. ¿Qué sendero seguimos después? Esto… cualquiera es bueno… puesto que no están señalizadas las distintas opciones de avanzar. Además ¿quién ha dicho que nos hemos bajado ya de la atracción? Busquen en ese GPS que todos llevamos dentro el botoncito de “Topalante”.

12. Tercera cantera    Pronto llegamos a la siguiente cantera, de mayores dimensiones que las anteriores, y de una casi perfecta forma cuadrangular. Mi amigo Julio, soportando estoicamente el bochorno mañanero parece estar preguntándose: ¿Cuál sería el destino de esta cantera en particular? ¿El teatro, la basílica, las factorías de salazones? Cualquiera sabe, Julius.

13. Cantera y escombros   Aún son visibles los montones de escombros en el interior, fruto del trabajo de los canteros al labrar la piedra.

14. Restos de escalera    En uno de sus laterales reparamos en este boquejo de escalera o acceso. A continuación, y oculta por las sabinas y enebros, se abre una especie de cubículo, que si bien pudo formar parte de la misma cantera, tiene toda la pinta de haber sido un refugio provisional a resguardo del levante. Todo esto dicho con muchos “quizás” y muchos “presuntamente”.

15. Cantera y playa   Descansamos un poco y aprovechamos para mostrar una perspectiva de lo ya andado y leído hasta ahora.

16. Enebro, palmitos, lentiscos, pinos...     Caminando por el interior de la punta tomé esta fotografía. En una decena de metros de vegetación apretujada podemos observar la flora típica de estos campos: enebros, sabinas, lentiscos, pinos, palmitos…

17.flor    Y esta bella clavellina silvestre luchando contra la canícula.

_DSC0170   De regreso a la línea de costa nos encontramos con los acantilados más altos. Espectacular y soberbio trabajo esculpido por el más incansable de los canteros: el tiempo.

18. Saltar o no saltar    Las cristalinas aguas turquesas nos atraen cual atractivas sirenas. Resiste Julises, digo Julio, a sus encantos y ardides, que si nos tiramos de aquí nos matamos.

19. Llegando a la cantera de la Galera    Y llegamos por fin a la Cala de la Galera, nuestra Itaca de ese día, nuestro fin de ruta.

20. Cantera de la Cala de la Galera   En esta cala se halla la cantera de mayor envergadura de toda la zona, posiblemente también explotada en épocas recientes. Justo por arriba se extiende la alambrada que delimita los terrenos del acuartelamiento de Punta Camarinal.

21. Paredes verticales    Sus paredes pueden medir sus buenos 6 ó 7 metros de altura.

22. Inscripción en la cantera   No encontré marcas de herramienta, pero sí esta enígmática inscripción, que ya había visto anteriormente por la red. ¿Cuál es su contenido completo? Ni idea. Tratando la imagen es posible que salga a la luz algo de su significado, pero claro, para eso hay que saber. Guardaba la esperanza de que en persona, frente a ella, se me revelara, pero peor aún; está esculpida a unos 5 metros de altura, y si encima le da el sol de frente… ¿Algún Champollion se anima?

    Yo sólo llego a distinguir una fecha, puede que 1892, y al final del texto lo que pudiera ser un apellido: Cosano.

23. Otra inscripción    En la pared opuesta hay otra inscripción, de menor tamaño y más desgastada. Las pesquisas realizadas y la intuición nos llevan a pensar que se tratan de inscripciones más o menos recientes, coincidentes con las últimas labores de explotación, o quién sabe; con las baterías militares emplazadas monte arriba.

24. Sillares a medio labrar      Son numerosos los restos que nos retrotraen al pasado, como este tetris de sillares de calcarenita.

25. Sillares a medio labrar 2    También podemos suponer la forma de extracción, sacándole a la piedra ostionera la forma deseada. Una vez en el lugar de destino serían más finamente labrados, y enfoscados si la obra en cuestión lo requeriese.

_DSC0194     Los últimos vestigios los encontramos a pie de costa en los arrecifes. Tampoco es algo que se pueda probar con seguridad, pero lo que se aprecia en la foto superior bien pudiera ser uno de los embarcaderos para transportar los materiales.

    La forma cuadrangular del arrecife es totalmente artificial, como si se pretendiera abrir un pasillo para alcanzar aguas más profundas.

_DSC0195    Este pasillo artificial da paso a esta especie de muelle natural. El nivel del mar hace dos mil años sería sin duda diferente al actual, aún así la hipótesis de embarcadero es la más probable.

26. Yacuzzi natural    Y hablando de semejanzas artificiales y naturales, aquí me despido, en este yacuzzi de agua salada con el que espero despertar alguno de los pecados capitales. Y tres fotografías finales que resumen la belleza de este paisaje rocoso, que a veces parece levitar en el aire.

27. Piedra y mar

29. Piedra y mar

30. Piedra y mar

¡Chistera chistera la dCaminata está fuera!

Para saber más:

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Castillo de “El Tolmo”: un fuerte en el Estrecho de Gibraltar


Portada Castillo del Tolmo

       Ya no hay moros en la costa, ni ingleses, holandeses ni turcos, o al menos no se les espera divisar como ocurría en siglos anteriores. Esa presencia, que sin duda fue intimidatoria y peligrosa en el pasado, se ha transformado sustancialmente en la actualidad. Petroleros, ferrys y portaviones han sustituido a bajeles y galeras; y los radares de alta tecnología han dejado en pañales a las torres almenaras. En fin, la noción de “peligro”, y de “enemigos”, más que cambiar, se ha difuminado en el horizonte, lo cual no quita para que en ciertos aspectos vivamos en un s.XXI un tanto medieval.

            El Castillo del Tolmo fue construido en pleno Estrecho de Gibraltar en 1741, diseñado por Don Lorenzo de Solís, Ingeniero Comandante de Ceuta. Por estos años el enemigo más combativo no procedía del sur, de las costas de Berbería, si no del norte, y por caprichos y avatares de la historia ese enemigo de latitudes norteñas se nos acabó instalando en el patio trasero, o en el jardín de delante, como prefieran: GIBRALTAR.

                Resbaladizo como un jabón en las manos de diversos imperios y reinos, el Peñón de la Discordia cambiaría varias veces de dueño. Desde que el Duque de Medina Sidonia se lo arrebatara a los nazaríes de Granada en 1462, apenas llevábamos tres siglos intentando que no se nos resbalara y saliera disparado; y en esas llegaron los ingleses (y algún que otro holandés), tan prácticos, tan funcionales ellos, y encontraron la manera de apoderarse del jabón: a cañonazo limpio.

                La pérdida de Gibraltar supuso el renacer de las luchas y guerras de frontera, de las cuales sabe tanto nuestra geografía sureña. No sólo afectó al territorio peninsular, sino que dificultó el abastecimiento y la defensa de Ceuta y otras ciudades norteafricanas en manos españolas, al quedar la bahía de Algeciras bajo fuerte control de la artillería y armada inglesas.

                En este contexto, para combatir esta específica amenaza de desamparo de las plazas norteafricanas, se levantó el fuerte de El Tolmo. ¿Fue útil su presencia en el Estrecho? Según cómo se mire. Llegados a este punto les animo a acabar la entrada para entrar un poco en materia, y si quieren documentarse debidamente, a consultar los artículos que enlazo al final de la entrada; en especial el de Ángel Sáez Rodríguez, de donde extraigo la mayoría de datos: El fuerte de “El Tolmo” (Algeciras-Cádiz), puente entre dos continentes. Si así lo hacen comprobarán que muchos de los hechos acaecidos les suena a muy modernos, a muy actuales, y que a la hora de la verdad muy poco hemos cambiado en 250 años.

         Por suerte, hay cosas que el devenir de los siglos no cambia. Hoy día la mejor forma de llegar al fuerte de El Tolmo sigue siendo a pie. Varios son los caminos que nos conducen a este punto de la costa del Estrecho, pero si tuviera que quedarme con uno me quedaba con el Camino de los Pescadores. En el mapa que muestro es el que queda a la derecha, entre los Arroyos del Laurel y el Culantrillo.

Caminos que conducían al Fuerte de El Tolmo
Caminos que conducían al Fuerte de El Tolmo. Sección del plano realizado por D. Lorenzo de Solís (Ingeniero comandante de Ceuta)

   En el s. XVIII tres eran los caminos principales que confluían en El Tolmo, supongo que herederos directos de caminos medievales. Uno costeaba procedente de Tarifa; otro continuaba por el este en dirección a Getares; y el último conectaba el fuerte con la renacida Algeciras. Es posible que su trazado coincidiera a groso modo con la Carretera de las Pantallas, paralela al Arroyo del Lobo. El acondicionamiento de estos caminos permitiría el transporte de mercancías y tropas.

    Gracias al flamante departamento de infografía de dCaminata podemos imaginarnos las partes o secciones que en su día constituyeron  el conocido popularmente como el Castillo de El Tolmo: casi 800 metros cuadrados de fortificación abalaurtada.

    Y eso del “Tolmo” ¿significa algo? Pues sí, exactamente lo que veis en la foto de arriba, un peñasco elevado de grandes proporciones. En este caso, se adentra en el mar y dibuja un pequeño cabo. Las primeras referencias escritas sobre el lugar se remontan a la edad media. Una vez más hemos de agradecérselo a Alfonso XI, el rey castellano que el siglo XIV ensanchara las fronteras de este sur del sur. En el Libro de la Montería, de 1344, indica que la “Cabeza del Tormo y el arroyo de Quebrantabotijas” son buenos lugares para cazar jabalíes en invierno.

         Si toman un mapa  y observan el Estrecho de Gibraltar se darán cuenta de que el único accidente geográfico que pudiera dar algo de cobijo a las naves es esta Ensenada de El Tolmo, a 11 kilómetros de Tarifa y 6 de Punta Carnero. El resto del litoral es prácticamente rectilíneo o demasiado agreste, y siempre expuesto a los fuertes vientos y corrientes marinas.

        La Ensenada de El Tolmo ofrecía un triángulo de relativa seguridad a aquellas embarcaciones que por muy diversos motivos recalaban en ella. ¿Qué motivos podrían ser estos? Principalmente buscar refugio frente a los temporales. Pero el motivo o causa que más temían  los habitantes del área colindante eran los desembarcos de piratas o corsarios de muy distintas naciones, en busca de botín y agua potable para abastecerse. No eran muy numerosos los arroyos que en época estival pudieran bastar para llenar los toneles. La desembocadura del Río Guadalmesí, y los Arroyos del Laurel y el Culantrillo, debían ser los objetivos más preciados para estas naves sedientas de agua, ganado y personas que luego se venderían como esclavos. Por dicha razón, estos hitos costeros han sido vigilados y controlados desde siglos atrás. Este parecer ser el origen de la expresión: “al enemigo ni agua”.

   

          Aquella primaveral mañana mi colega Juan y yo atacamos El Tolmo por su flanco oeste. Tuvimos suerte de toparnos con una marea bastante baja, y de fijarnos en una estructura rectilínea de piedra que no habiamos visto en anteriores visitas: los cimientos del EMBARCADERO.

Cimientos del embarcadero

        Dos siglos y medio después, esta fila de sillares labrados es lo único que se ha conservado del muelle, del que fuera una de las piezas esenciales del fuerte. A mis colegas blogueros de Jerez les complacerá saber que para fijar adecuadamente la estructura al fondo marino se utilizaron estacas de pinos de su tierra.

Muelle y embarcadero
Muelle y embarcadero. Sección del plano realizado por D. Lorenzo Solís.

        Su construcción le costó a las arcas del estado 19.436 reales, a los que habría que sumarle otros 5.392 para reparar el espigón sólo cinco años después, en 1746. A las autoridades militares tal gasto les parecería una buena inversión, y sin duda alguna lo sería, pero me temo que al muelle del fuerte de El Tolmo le ocurrió lo mismo que a algunos aeropuertos españoles de nuevo cuño. Probablemente muy pocas embarcaciones aprovecharían sus infraestructuras.

      

      Tras el muelle, nos tocaba asaltar la plataforma de las BATERÍAS ARTILLERAS, elevada una decena de metros sobre el nivel del mar. En dicha subida observamos lo que parece ser material de relleno, el cual proporcionaría estabilidad a la plataforma y aguantaría el peso y  las acometidas de los cañones. Utilizo el condicional de estos verbos, pues según las investigaciones realizadas por Ángel Sáez, tanto esta plataforma artillera como el foso sufrieron desperfectos que debieron ser luego subsanados.

       Tal como señala en su artículo, estos daños unas veces eran ocasionados por las inclemencias meteorológicas, y otras, aquí es donde el asunto les va a sonar a actual, se debían a la escasa calidad de los materiales empleados y a una ejecución más que dudosa por parte de los constructores civiles.

       En suma, en la edificación del fuerte se produjeron una serie de hechos que hoy llenarían de titulares las primeras páginas de la prensa local: Alargamiento de plazos en el inicio de las obras, defectos en estas, incluso malversación de fondos. Y por si fuera poco, algunos de los oficiales ingenieros del ejército podían estar sin ver la paga ¡hasta 49 meses!

Plano del Fuerte de El Tolmo, de D. Lorenzo de Solís.
Plano del Fuerte de El Tolmo, de D. Lorenzo de Solís.
Detalle de la plataforma artillera y rampa de acceso
Detalle de la plataforma artillera y rampa de acceso

      La plataforma contaba con una superficie de 250 m². Puede que sea de las secciones del fuerte que mejor nos permiten suponer su estado original. Los artilleros que sirvieron en ella debieron gozar de las mismas vistas que nosotros, pero claro, a ellos en cualquier momento les podía aguar la fiesta la visión de la Unión Jack, la bandera británica.

Cañón de a 24. Fuente: web Todoababor.
Cañón de a 24. Fuente: web Todoababor.

       Este podría ser el aspecto de uno de los cuatro cañones emplazados en el fuerte de El Tolmo. Enormes artilugios de guerra que pesaban cerca de tres toneladas. Según la web Todoababor, una bala de un cañón de 24 libras (10 kg. aprox.) podía alcanzar un objetivo a 3.113 metros.

      Estas piezas mayores eran auxiliadas por otras cuatro de menor calibre: cañones de a 8. Y estaba previsto que estas 8 piezas se duplicaran en caso de conflicto bélico.

      Desconozco si la artillería del Tolmo llegó a utilizarse contra efectivos ingleses. También es cierto, como se verá más adelante, que estos hijos de Albión prácticamente no les dieron tiempo a demostrar su poder destructor.

cañón de  24 libras

Detalles de la batería

     En la imagen de arriba se aprecia parte del enlosado original, y al lado un práctico intento de embellecer el parapeto de la batería con piedrecillas alineadas. Y es que me imagino al jefe de obras dictando ordenes, después quizá de algunas de las chapuzas mencionadas: “Venga, vamos, que quede bonito, que no nos tengan que llamar la atención otra vez…”

     Dejamos atrás la batería, con el tronar de los cañones en la imaginación, y bajamos por la rampa de acceso a la zona de acuartelamiento.

Detalle de los barracones
Detalle de los barracones

Según este plano, fechado a 27 de octubre de 1741:

  •       El barracón B es el de los artilleros.
  •       Los dos barracones con la letra C corresponden a los de los soldados de infantería y Escopeteros.
  •       El barracón D es el de los oficiales.
  •       El E corresponde a un almacén para la pólvora.
  •       En otro plano del mismo ingeniero, datado en 16 de septiembre de 1740, se aprecia el contorno de otro barracón que no llegó a proyectarse en el del año siguiente. Estaba situado en el baluarte opuesto a donde está el almacén de pólvora, y según dicho plano estaría destinado también para los oficiales. En este plano que les muestro ya no aparece, pero sí que se llegó a levantar. Ángel Sáez nos señala que el fuerte contaba también con una capilla ¿sería este barracón, apartado de los demás, la capilla?

       Como pueden observar, los barracones están engullidos por los jérguenes e incluso una higuera crece en uno de ellos. Es prácticamente imposible adentrarse en el interior. Una vez más nos hallamos frente a otro Bien de Interés Cultural, con un reconocimiento especial otorgado a los castillos por la Junta de Andalucía desde 1993, abandonado a su suerte.

Escopetero de Getares
Escopetero de Getares

Además de tropas de infantería y artillería, el fuerte de El Tolmo contó con un pequeño destacamento de Escopeteros de Getares, la compañía militar que tal vez  mejor represente la lucha oficial contra el contrabando y el inglés. Aunque su campo de acción se circunscribía sobre todo a la Bahía de Algeciras, nació en Tarifa con carácter miliciano, con 40 tarifeños elegidos como los “más templados y mejores tiradores”. Su estancia en El Tolmo no sería muy prolongada, y al parecer bajo sospecha del mando militar en San Roque.

          El aislamiento en estas costas batidas por el viento y el peligro conllevó se supone prácticas digamos que no muy legales. Se han documentado quejas de propietarios de tierras contra estos Escopeteros, en las que llegó a denunciarse robo de animales u ocupación de parcelas para uso propio. Supongo que estos hechos no pasarían de ser ocasionales. La convivencia de militares y civiles en un mismo territorio nunca ha sido de color de rosa. Similar fricción se produciría ya en el s.XX, en tiempos de la posguerra, entre dueños de cortijos y los destacamentos militares emplazados en Punta Carnero.

        En la cara sur, la que da al mar, se aprecian más restos del perímetro mural. El elemento que más nos llamará la atención será este ángulo o esquina de arriba, perteneciente a uno de los dos baluartes. Estas estructuras defensivas, normalmente pentagonales, nacen como superación y mejora de las tradicionales murallas rectilíneas. El castillo del Tolmo es un buen ejemplo de los fuertes abaluartados que se construyeron en el s. XVIII.

Acceso principal

      Ya por último nos acercamos a la cara norte, donde se situaba el acceso al fuerte. Sin molestar a los becerrillos, les pido que enciendan la maquinaria de la imaginación. Primero pongan en marcha la desbrozadora y anulen mentalmente los arbustos. Luego arremánguense y saquen el pico y la pala para cavar un foso.

        Después del bocata, levanten un muro de piedra y mortero de cal, y corónenlo con una empalizada de madera. La altura ha de ser de 4 metros, si no quieren que los casacas rojas se le cuelen dentro.

      Emprendemos el camino de vuelta con un toque agridulce en las botas y en la mirada. Tenemos la sensación positiva de haber visitado un hito histórico del pasado de nuestra comarca, pero nos decepciona su estado de abandono, que impide un mejor conocimiento de su interior.

        El fuerte de El Tolmo se despide históricamente de todos nosotros en 1810, como una película con final chungo pero que se veía venir. En este año, y en el contexto de la Guerra de la Independencia, los militares ingleses afincados en Gibraltar no nos perdonan que hayamos cambiado de bando y aliado con los franceses. Una compañía de zapadores se encarga de arrasar nuestro “castillo en el Estrecho”, así como otros emplazamientos militares del litoral.

PARA SABER MÁS:

¡Chistera chistera la dCaminata está fuera!

Biblioteca · Historia, Folclore y Etnografía · P.N. El Estrecho

Encontramos una placa de 1874 en la Fuente de la Alcarracilla (Punta Carnero)


1. Portada placa y aljibe

“Lo importante no es saber, sino tener el teléfono del que sabe” .

(Les Luthiers)

       Para llegar a este aljibe y esta placa mi hermano Francisco Javier y yo hemos tenido que andar una serie de caminos, caminos que no suelen aparecer en los mapas topográficos al uso.

       El primer camino pasa por una pista de tierra ancha y cómoda de andar, el de nuestro interés por la Historia, y en concreto por la historia de nuestra sureña geografía. El segundo conecta con un sendero algo más estrecho y tortuoso, que es el que nos conduce e induce a visitar los lugares que consideramos menos transitados. Y el tercer camino, el más importante sin duda, es una vereda casi “desaparecida”, la que finalmente nos ha permitido dar con este hallazgo.

        De ahí que empiece la entrada con la cita atribuída al grupo Les Luthiers. Sin la ayuda y colaboración “del que sabe” hubiera sido imposible hallar esta fuente construída en 1874, y su correspondiente placa fundacional. En este caso, “el que sabe”, el que nos revela esta vereda oculta es un señor que se ha criado y crecido en Punta Carnero, y que conoce el lugar como sólo lo pueden conocer las personas que han vivido y trabajado en él. Por modestia  prefiere que su nombre no aparezca en esta historia. Una posición totalmente respetable, claro está, pero que no va a impedir que le dediquemos esta entrada.

       Consideramos interesante este hallazgo por varios motivos. Hasta donde alcanzamos, pensamos que es algo bastante inédito. Al menos en internet son nulas las referencias textuales, y también nulas las fotografías. Es más, incluso nuestro mismo informante, una vez que nos puso tras la pista, no estaba totalmente seguro de que en este aljibe existiera una placa. Me dijo algo así como que, Juanma, no te emociones mucho, vaya a ser que la memoria me traicione. Lógicamente tampoco conocía el contenido de dicha placa.

       Como se verá más adelante, el texto de esta placa relaciona la construcción de la fuente de la Alcarracilla con la más conocida fuente del Cortijo de Tapera. Los que mandaron construir ambas fuentes-abrevaderos fueron una pareja de hermanos, seguramente propietarios de estas tierras. ¿Curioso, no? La cosa va de hermanos y fuentes.

       Una vez escrita esta necesaria introducción, pongámonos en camino.

2. Aproximándonos a la fuente.

      La historia comienza una mañana en la que mi hermano y yo decidimos explorar el curso alto del arroyo de la Alcarracilla del Peral. Es lo que tiene encontrarse en paro forzoso, que no paramos. El arroyo de la Alcarracilla vierte sus aguas en la Cala del Peral, en pleno Estrecho, casi a los pies del antiguo cuartel de Carabineros. El progresivo abandono agropecuario de estos campos ha convertido esta zona en una auténtica selva. Las zarzas, jérguenes, lianas y otros espinosos arbustos se comen literalmente los antiguos senderos.

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     Nuestro objetivo era inspeccionar un antiguo cortijo que ya había visitado mi hermano con anterioridad. Se trata del Cortijo de Viña Pepa, habitado hasta 1947 aproximadamente. Una serie de habitáculos y dependencias, restos de una era y bancales de cultivo delatan su importancia en el pasado. El topónimo nos transporta a una época en la que en Punta Carnero se cultivaban viñedos. Viña Luna, Viña Grande, Cala de la Parra… el uso vinícola de estos pagos se ha fosilizado en sus sugestivos nombres.

      Podemos imaginar cómo fue el paisaje de Punta carnero centurias atrás si nos damos una vueltecilla por ejemplo por Manilva.

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       Cuando ya dábamos por cumplida nuestra caminata mañanera nos topamos de casualidad con esta hermosa y abandonada fuente: La Fuente de la Alcarracilla. Nuestra sorpresa fue enorme, pues ninguno de los dos teníamos noticias de ella, ni por referencias ni por fotos. Sólo nos dio tiempo de despejarla un poco de la vegetación que la acosaba. También rebuscamos en sus frontales esperando hallar alguna fecha, o placa, ya que sabíamos que la mencionada y cercana fuente de Tapera la conserva, pero nada.

3. Pilar de la Alcarracilla

      Erigida en dos niveles, nos sorprendió también su gran tamaño (Casi 20 m. x 2 m.), y su buen acabado y estado de conservación, pese a como digo estar abandonada.  Los que mandaron construirla, pensamos, debían ser gentes con “posibles”. Los albañiles y canteros que la levantaron hicieron sin duda un gran trabajo: ladrillos vistos en los frontales, buenos enfoscados, sillares de piedra unidos con grapas de hierro y plomo fundido, etc.

4.Pilar de la Alcarracilla

       Esa misma tarde logré contactar con mi informante para recabar datos. No sé por qué pero ya intuía que el encuentro iba a ser satisfactorio, que este buen hombre nos iba a encender la mecha de la curiosidad y la aventura.

     Y tanto que fue así. En primer lugar le puso nombre al cortijo que encontramos: Viña Pepa, y no Roldán como yo creía. Luego tiró de sabiduría popular, nos aclaró que aquello no es estrictamente una fuente, sino un pilar, es decir, un abrevadero para el ganado, y que él la conoció siempre como el Pilar de la Alcarracilla. Nosotros, claro está, sabemos cuál es su finalidad, pero vamos, a cada cosa su nombre, y donde se ponga un pilar, quítense todas las fuentes.

5. Pilar de la Alcarracilla

      No me quivoqué, la mecha hizo explotar el petardo. Casi al término de la conversación, como el que no quiere la cosa, como desplegando ante mí un viejo mapa del tesoro, va y me dice: Juanma, si no recuerdo mal, a pocos metros del pilar está el aljibe, que es el que recoge el agua del manantial, y dentro de éste, no me hagas mucho caso porque ya han pasado muchos años, creo que hay una placa….

       A ver cómo sigo contando la historia. Un petardo no, una bomba de curiosidad, prisas y suspense acabó de explotarme dentro. Casi que tuve que contenerme para no salir pitando y dejarlo solo en el salón de mi casa. Bromas aparte, no todos los días le ofrecen a uno un caramelo tan dulce. Gracias, informante.

       Dos días después regresamos mi hermano y yo a esta fuente “del Tesoro”, pero pertrechados con las armas necesarias: unas tijeras de podar y una zoleta, aunque lo suyo hubiera sido unos machetes.

      Normal que el primer día no viéramos nada. Detrás del pilar se levanta una formidable muralla de zarzas y enredaderas, que impide la visión apenas un metro más allá.

7. Abriéndonos paso

       Poco a poco, fuimos abriendo un pasillo, el justito para pasar. Sarna con gusto no pica o ¿Zarza con gusto no pincha? Qué más da, en estos momentos poco importan los pinchazos, arañazos y alguna que otra caída.

8. Parece que vemos una chapa de hojalata

    Algo brilla al fondo, una chapa de hojalata. Aún no se ve ninguna construcción, pero un par de piedras labradas tiradas en el suelo nos confirman que vamos por buen camino.

9. Y un cubo

      Vaya, y un viejo cubo oxidado. Más claro, agua.

10. La placa se deja ver

      Y por fin llegamos a nuestro objetivo, a nuestro aljibe, más contentos que  Heinrich Schiliemann cuando descubrió Troya. AHÍ ESTABA LA PLACA. He de confesar con cierta verguenza que en ese momento me vine arriba, pues al asomar la cabeza, atisbé una D, y algo más. Le dije, más bien grité a mi hermano, Chico, una D… parece que pone DIOS. Lo que nos reímos.

11. Mi hermano quita la chapa

     La verdad es que no se veía nada en claro. Mi hermano quitó la chapa, seguramente puesta en su momento para evitar que algún animal cayera dentro. Sospecho que el que pusiera esta chapa años atrás fuera el señor Manuel, un vaquero del que también he recibido ayuda en otras ocasiones.

12. Y seguimos limpiando

Y dale que te pego a las tijeras. ¿Quién dijo antes que estábamos parados?

13.Empezamos a descifrarla cual champoliones

      Mi hermano flipa en colores, o más bien, en grises. La piedra que se ha utilizado para la placa es, si no me equivoco, la típica caliza que conocemos como “losa o piedra de Tarifa”, aunque ésta seguro que fue extraída de una cantera situada cerca del aljibe.

14. Placa limpia

        La limpiamos y mojamos con mucho cuidado, para tratar de descifrar su texto. El color grisáceo de la piedra y la superficialidad de algunas letras nos complican la tarea, pero poco a poco, cual piedra rosetta de la Alcarracilla, nos desvela su misterioso contenido.

15. Placa limpia sobrescrita.

Trato la imagen y sobrescribo encima para que se entienda mejor. Esto es lo que pone:

” De los Hº Miguel y Julián Navarrete, año 1874″

16. De los Hermanos

     Y ahora un poco más cerca:

” De los hermanos…”

17. Miguel

“Miguel”

18. Y Julian Navarrete

“Y Julian Navarrete”

19. Año 1874

“Año 1874”

20. A lápiz

También vimos estos trazos escritos a lápiz. Yo no distingo nada, pero se nota que la caligrafía es de la misma época.

Una vez desvelado el texto de la placa, podemos confirmar la relación espacio-temporal entre esta fuente de la Alcarracilla y la de Tapera. Como comenté antes, esta última fuente sí es más conocida, y pueden verse fotografías en la red.

Para dar fe de ello y no dejar el trabajo a medias, nos dirigimos  a ella ese mismo día.   

21. Pozo

Pero antes dejamos nuestra impronta en el aljibe.

22.Panorama Alcarracilla

Panorámica del Arroyo de la Alcarracilla.

24.Cortijo de Tapera.

     Este es el Cortijo de Tapera, hoy día aún habitado. A sus espaldas, junto al arroyo de la Morisca, se encuentra la fuente “hermana”.

25.Fuente de Tapera

     Como se observa, su tamaño y factura son similares, aunque el aljibe se encuentra pegado al pilar propiamente dicho. En este aljibe o cisterna es donde se halla la placa.

26.Fuente de Tapera

27.Placa Fuente de Tapera

Y este es el texto de la placa:

“De los hermanos Don miguel y Don Julián Navarrete. Año de 1879”

28.Comparativa placas

    Cinco años separan a una de otra. Y 139  a nosotros de ellas. ¿Muchos, pocos? No sé, pero mucha agua ha corrido por estas fuentes desde entonces. ¿Quienes serían estos hermanos Navarrete? Sin duda alguna “personalidades” de la Algeciras de esa época, propietarios de estas fincas y seguramente de alguna más.

     Es curioso cómo el destino juega sus cartas y sus placas. 139 años después, salvando las distancias, dos parejas de hermanos unen sus caminos en la pequeña historia que nos toca vivir. Los hermanos Navarrete y los hermanos Pizarro, propietarios por ahora de sus propios pasos, y poco más.

29.Tirándome a la fuente.

       Y aquí os dejamos, amigos. Mi hermano no sé, pero yo me tiro al pilón y me sumerjo en 1879, a ver qué encuentro. Abajo os desplego otro mapa del tesoro. Es de 1786 y la zona arbolada de la Alcarracilla nos indica que ya por esos años era una zona habitada por algecireños, por punteños.

         Una pista, el tesoro lo tenéis a la vista.

30. Detalle del mapa de Vicente Tofiño de San Miguel
Detalle del mapa de Vicente Tofiño de San Miguel, 1786.

¡Chistera, chistera, la dCaminata está fuera!

Caminatas · Historia, Folclore y Etnografía · P.N. El Estrecho

Canteras romanas de Paloma Alta


1. Amaneciendo en Valdevaqueros

    Pocos lugares congenian tan bien el verde y el azul como Paloma Alta, con el permiso de la bruma del levante, por supuesto. El verde de los pinos piñoneros y el azul del Estrecho de Gibraltar, el Fretum Gaditanum de los romanos, que aquí empieza a ensancharse en océano.

      Paloma Alta se encuentra en la cara sur de la sierra de San Bartolomé, entre las playas de Bolonia y Valdevaqueros, formando una cornisa de areniscas y calcarenitas a media altura (192 m.) entre la aldea del Chaparral y la cabecera del arroyo de los Puercos.

     En esta cornisa, a lo largo de unos 500 m. aprox. se halla una de las principales canteras romanas que abastecieron a Baelo Claudia durante siglos. Las otras, quizá más conocidas, se encuentran en los acantilados de Punta Camarinal. Todas ellas posibilitaron que Baelo se convirtiera en un reconocido emporio comercial, rival pero a la vez socia de otras ciudades como Tingis (Tánger), Carteia, Iulia Traducta (Algeciras), Septem Frates (Ceuta), Tamuda (Tetuán), etc. Juntas formarían el llamado Círculo del Estrecho, y exportarían al resto del imperio la industria que haría famosa a nuestras costas, la de los salazones de pescado y sus derivados.

      No está de más, para acabar esta introducción, recordar que Baelo Claudia es quizá el mejor yacimiento romano de la península que podemos visitar para obtener una visión completa de cómo era una urbe romana. Esto no hubiera sido posible sin canteras como las de Paloma Alta.

Mapa del lugar

     El acceso a estas canteras no es muy complicado, pero es aconsejable un buen conocimiento previo de la zona, y tener bien engrasado nuestro sentido de la orientación. Los pinares no suelen ser bosques respetuosos con los senderos, cuando los hay, pues ya se encargan las agujas de tapizar el terreno y las ramas bajas de no mantenerte erguido.

        De las opciones que tenemos para llegar a estas canteras la más cómoda y sencilla sería a través de la colada de la Reginosa, vía pecuaria que parte desde el Lentiscal (Bolonia), atraviesa el pinar y se remonta hacia los campos de Betijuelo. Otra opción factible partiría desde esta misma aldea tarifeña, Betijuelo, pero en sentido descendente.

             Si accedemos desde Betijuelo pronto nos encontraremos con el vértice geodésico VN10 (312 m.) de Paloma Alta, donde nos vimos obligados a hacer un alto en el camino. Al igual que los montañeros realizan paradas para aclimatarse a la altura, nosotros tuvimos que parar un ratillo para aclimatarnos a paisajes tan espectaculares. Si no hacemos esto corremos el peligro de enfermar no con el mal de las alturas, sino con el “mal de las prisas” y perdernos unas panorámicas irrepetibles. Hacia el oeste la ensenada de Bolonia y su duna, y hacia el sur las Canteras, nuestro destino.

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       El denso pinar nos permitió llegar a los Tajos de Catalino, los más cercanos a la ensenada y la aldea del Chaparral. Tajos de Catalino, con este nombre ¿quién se resiste a visitarlos y ver qué nos ofrecen?

2. Tajos de Catalino

3. Tajos de Catalino

      De nuevo el paisaje nos obligó a realizar una parada de aclimatación. Y es que el mal de las prisas suele manifestarse con el rugir de las tripas y un leve debilitamiento de las piernas. Era hora pues de aliviar tales síntomas con un buen bocata.

       La conversación giró alrededor de las especies que definen este bosque litoral: Pinos piñoneros (Pinus pinea), sabinas (Juniperus phoenicea), enebros (Juniperus oxycedrus), camarinas (corema album), retamas y otras plantas que desconozco o se me olvidan, aunque Juanlu, buen conocedor de la flora,  se esfuerce en hacérmelas aprender y recordar.

4. Tajos de Catalino

5. Tajo de Catalino

     Aprovechamos también ¿cómo no? para fotografiar y ser fotografiados. A todos nos gusta atrapar en nuestras jaulas digitales esos momentos fugaces que luego nos harán recorrer de nuevo el mismo camino, pero sentados cómodamente frente a la pantalla. Fotografiarnos en estos paisajes debe responder quizá a una necesidad atávica de apropiarnos de un territorio, aunque sea sentimentalmente. Yo he estado allí, puede ser la frase que mejor resuma este argumento.

6. Arco de calcarenita

        Y hablando de pantallas, de fotografías, de ventanas a otras realidades ¿qué me dicen de este arco de calcarenita? Pasándome ya de rosca ¿no podría ser a su vez el objetivo  de una cámara natural con el que el paisaje nos está fotografiando?

7. Arco de calcarenita

8. Paloma Alta

      Le dijimos adiós a nuestro amigo Catalino y continuamos la excursión en dirección este, hacia las canteras propiamente dichas.

9. Paloma Alta

    A poca distancia ya se dejan ver los primeros signos de cantera: peñascos de varios metros de altura cortados a la perfección, escalonamientos artificiales, taludes de escombros…

10. Primeras señales de cantera

        La calcarenita, como ya se ha dicho, fue la piedra extraída en estos yacimientos a cielo abierto. Localmente es conocida como piedra ostionera, pues está formada por ostiones y otras conchas, además de por arenas calcáreas. Su aspecto es vasto y poroso, por lo que no creo que ofreciera demasiada resistencia a las herramientas de los canteros. Utilizada desde hace más de dos mil años, aún sigue siendo una piedra solicitada para obras modernas; catedrales como las de Cádiz y Sevilla la emplearon en su edificación.

12. Primer grupo de canteras

       Cuando contemplamos una piedra calcarenita u ostionera no hacemos otra cosa que sumergirnos millones de años en la línea del tiempo y presenciar una playa o un fondo marino del Mioceno Superior. Playas y fondos marinos que ya disfrutaban las actuales focas o ballenas, mientras los actuales homos sapiens no pasábamos de ser grandes y peludos simios. Por fortuna para el planeta aún no se había inventado la humanidad.

      Que los hispanorromanos tuvieran un fondo marino tan fácil de trabajar y tan a mano se lo debieron al plegamiento alpino, a esa fuerza titánica de las placas tectónicas que levantaron nuestras actuales montañas y cordilleras. El mismo Estrecho de Gibraltar se estaba formando en esta época.

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13. Hacia el segundo grupo de canteras

     Poco antes de alcanzar nuestro destino nos topamos con esta curiosa formación, que ya conocía de una caminata anterior: un tambor o sección de columna a medio esculpir.

14. Tambor de columna semitallado

      Aún recuerdo vivamente la primera vez que lo vi. Tras la debida prospección arqueológica-fantasiosa, no me tuve que esforzar mucho para imaginarme al cantero trabajándola con sus cinceles y martillos.

         ¿Por qué dejaron el tambor de columna olvidado, a medio terminar? ¿No le gustó al cantero su factura o veteado? ¿Le dijeron quizá, eh, tú, no sigas, que ya ha terminado el imperio romano y no va formar nunca parte de un templo o villa? Quién sabe, pero hilando la broma con la historia y de nuevo con la especulación fantasiosa, ¿por qué no podríamos estar ante uno de los últimos vestigios de la existencia de estas canteras, coincidentes con alguno de los maremotos y seísmos que al parecer acabaron con el esplendor de Baelo Claudia?

       Este tipo de material era empleado sobre todo, además de para las columnas, para las jambas, capiteles y demás elementos sustentantes. Una vez colocadas en su lugar eran estucadas con un material más fino y pintadas.

        Otra roca también muy utilizada fue la jabaluna, la conocida como “piedra de Tarifa”, que se destinaba para las losas de las calles, puertas, ventanas, murallas, etc. Al parecer aún no se acierta con la procedencia exacta de estas canteras, pues puede que estén cubiertas y enterradas por siglos de erosión y colmatación.

15. Tambor de columna semitallado

     También se aprecian curiosos ejemplos de erosión cárstica, sobre todo en las paredes expuestas al sur.

17. Calcarenita erosionada por las escorrentías

18. Formación de estalagmitas

     Y llegamos por fin al sector más interesante de las canteras, donde no espera un monolito o roque de calcarenita de varios metros de altura.

19. Hacia las canteras

     Resulta muy complicado tomar fotos con la distancia adecuada. La proximidad de los pinos nos impide captar una visión más panorámica del yacimiento. Aún así impresiona el lugar, y todavía más el trabajo que debió costarles a los canteros domar esa cornisa y conseguir esos perfectos planos verticales.

21. Canteras de Paloma Alta

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      La extracción de la roca se efectuaría de arriba a abajo, una vez despejada la zona de vegetación. En las canteras de Punta Camarinal aún son visibles las marcas de las barrenas, cinceles u otras herramientas que utilizaran para tal fin, pero en éstas yo al menos no las he encontrado.

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Marca de cantera en Punta Camarinal

Tajos de las Canteras

23. Canteras de Punta paloma

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    A continuación tomamos rumbo norte para conseguir una perspectiva elevada de la cantera. Por el camino seguimos viendo tajos y más tajos trabajados por estos esforzados y locos romanos, que diría Obélix, y tomamos conciencia de la magnitud real del  yacimiento, más extenso de lo que en un principio pudiera parecer.

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     El esfuerzo merece la pena. Las vistas desde arriba no pueden dejar a nadie indiferente. El monolito de calcarenita adquiere un matiz casi de monumento o escultura.

Tajo desde arriba

32. Arriba de las canteras

Hacia Valdevaqueros

         Lo que “descubrimos” a continuación ya nos dejó contentos para el resto del año que empieza y “petrificados”. De las veces que me he pateado el lugar nunca había dado con lo que a todas luces parece la rampa por la que bajaban los materiales, aunque también podría ser un simple pero enorme talud de escombros.

       Pienso que no resulta muy descabellada la hipótesis de la rampa artificial, ya que en las canteras de Punta Camarinal existe una similar, de menores proporciones pero documentada y estudiada como tal. Al pie de dicha rampa se cree que habilitaran un embarcadero para transportar en barcazas los sillares y tambores.

        Aquí en Paloma Alta lo tuvieron un pelín más complicado, pues la costa se encuentra a más de 700 m. de distancia, y tuvieron que salvar un desnivel de más de 100 m. de altura.

Rampa 1

Rampa 2

      En la toma aérea de abajo se aprecia sin mucha dificultad la especie de cono o embudo formado por los escombros. Después de casi dos mil años los pinos  y otros arbustos apenas encuentran suelo donde enraizar.

Foto aerea canteras

   Por los alrededores encontramos la mitad de este tambor de columna, de 30 cm. de diámetro. El boquete de en medio servía para centrar y fijar las secciones que componían una columna, usando como eje una barra de madera o hierro.

27. Mitad de un pequeño tambor de columna

      La singularidad y estado de conservación de la pieza de arriba es excepcional, en mi opinión; aún así son numerosos los restos de sillares y otras piezas a medio tallar o desechadas que pueden verse cerca de la cantera. Quizá no tengan un valor museístico, pero forman parte de un todo que se encuentra desprotegido, y lo que es peor, desaprovechado cultural y turísticamente.

       Piezas de mayor porte se observan más abajo, en la ya mencionada colada (camino) de la Reginosa, tambores de columna sobre todo. ¿Quién sabe si ya hace dos mil años existía, superpuesta a esta, una vía o senda que uniera Baelo Claudia y Mellaria, en el caso de que dicha ciudad se hallase en la ensenada de Valdevaqueros?

24. Tambor de columna en la colada de la Reginosa

     Ya en la costa, a pie de playa prácticamente, seguimos hallando más tambores de columna, algunos de ellos de aspecto colosal. Ya sea a través de rampas o con otro método, el material era bajado para luego ser trasportado a sus destinos en barcazas.

26. Tambores de columna a pie de playa
Fotografía cedida por José Manuel Amarillo (http://josemanuelav.lacoctelera.net/)

Tambor en la costa

Tambor en las Piscinas

      Estos romanos no perdían el tiempo. Incluso en la misma costa seguían esculpiendo y extrayendo material. Mi hermano Francisco Javier  está de pie sobre otro de estos tambores sin acabar.

      Muchos conoceréis sin duda este lugar, a los que desafortunadamente no lo conozcáis os diré que aún sigue llamándose de una forma muy romana: los Baños de Claudia. Yo siempre lo he conocido como “las piscinas”, pero hay que admitir que Baños de Claudia queda más sugerente y resultón.

      Muy cerca de este paradisíaco enclave se halla presumiblemente uno de estos embarcaderos. Los sillares son tan numerosos que se diría que forman casi un espigón.

      No quisiera acabar la entrada sin mostrar fotos propias del destino principal de estas singulares calcarenitas: Baelo Claudia. Aquí se completa el círculo, aquí toma significado el trabajo titánico de esos canteros con los que al final no puedo dejar de sentirme identificado y a los que ensalzo y saludo dos mil años después, casi tan hispanorromano como ellos.

¡AVE LAPICIDA, DCAMINATA TE SALUTAT!

30.Foro de Baelo Claudia

29. Otras piezas de calcarenita en Baelo Claudia

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Baelo Claudia

Biblioteca · Caminatas · Historia, Folclore y Etnografía · P.N. El Estrecho

Los dólmenes de las Caheruelas (Tarifa)


      La aldea de las Caheruelas se encuentra a escasos 12 kilómetros de Tarifa y Facinas, en la vertiente sur de la Sierra de Ojén, más agreste y desforestada si la comparamos con la frondosa vertiente norte. A aumentar esta clara diferencia entre una cara y otra contribuyó desgraciadamente un gran incendio que se produjo en 1986. Como suele suceder en estos casos se repobló con pinos las zonas más altas, cercanas al Tajo de Utrera (719 m.), la cota máxima de dicha sierra.

      Situada ventajosamente entre las gargantas que forman los arroyos del Conejo y Los Molinos, las Caheruelas gozan de un amplio y bello paisaje. A un lado las sierras de Enmedio y Fates, y a continuación, el cordón litoral de la playa de los Lances. Valle abajo discurre el rio de la Jara, que desde la más remota antigüedad ha visto pasar a todos los pueblos que han fabricado nuestra historia, y que  tomaron este valle como acceso más rápido y directo a la vecina comarca de la Janda y al interior de Andalucía, o hacia Tarifa y Algeciras, si venían en el sentido contrario.

        Este poblado tarifeño está formado por una veintena de hogares que se dedican sobre todo a las labores pecuarias. Algunas de estas, en ruinas, aún muestran el zarpazo que produjo la inmigración en las décadas centrales del s. XX.

      Que nos disponemos a andar por unos montes colmados de Historia nos lo muestra una vez más la toponimia del lugar. El investigador Wenceslao Segura, en el artículo “La toponimia tarifeña tras la conquista cristiana”, nos pone varios ejemplos: Celada Vieja (Saladavieja), Val de Hoxen (Valle de Ojén), Arroyo de Pero Ximenez (Arroyo de Pedro Jiménez), personaje que seguramente fuera beneficiado con tierras tras la ocupación castellana del territorio.

        Pero el topónimo antiguo que más nos interesa es el de Alcornocal fermoso. Así cree Wenceslao Segura que eran conocidas las Caheruelas en el s. XIV. De este modo se recoge nada más y nada menos que en el Libro de la Montería de Alfonso XI, una especie de guía de caza de la edad media. El cronista alfonsino describió acertadamente el primitivo alcornocal: fermoso. Y voto a bríos que por fortuna aún sigue siendo fermoso el alcornocal actual, y que así siga siendo por los siglos de los siglos ¡Pardiez!

      Caminar por unos campos tan cargados de Historia es todo un privilegio. Si se acierta con la vereda adecuada tendremos la suerte de descender apenas un kilómetro por la línea del tiempo y llegar al Calcolítico, cinco mil años atrás,siglo arriba, siglo abajo. Ese era nuestro destino esa mañana.

      Los dólmenes de las Caheruelas son probablemente de ese periodo prehistórico, del Calcolítico, o Edad del Cobre (IV ó III milenio a.c.). Estamos hablando de una época en la que se empieza a trabajar con los metales, donde la agricultura y la ganadería facilitan una proturbanización de los poblados, en resumen; estamos hablando de un periodo histórico en el que podemos apreciar el primer bosquejo de la humanidad que hoy somos.

      Quizá las personas que construyeron esos dólmenes vivían en un poblado cercano, más o menos estable, en contacto sin duda con otros poblados del territorio. Yacimientos arqueológicos como la Necrópolis de los Algarbes, en Valdevaqueros, y el conjunto dolménico desperdigado alrededor de la vecina Laguna de la Janda, no pueden entenderse sin estos primeros asentamientos humanos. Un dato más, según el arqueólogo gaditano Cesar Pemán Pemartín (1895-1986) en el yacimiento de las Caheruelas se hallaron abundantes pedernales, herramientas de piedra.

      Esta es la hipótesis de los historiadores Juan Ignacio de Vicente y Javier Criado, expuesta en el artículo “Nuevo foco dolménico en el Campo de Gibraltar. El complejo Caheruelas-Caballero”. Se podría decir que este artículo fue el poste de señalización que nos condujo a los dólmenes, y a su comprensión.

     Dar con ellos no fue tarea fácil, en un terreno ya de por sí pedregoso; además de que veníamos ya algo cansados de hacer otra ruta. David, Eduardo, Juan Luis y el trepalcornoques que les escribe descendimos separados por el cerro para abarcar más superficie, zigzagueando, para arriba, para abajo… hasta que dimos con el primero. Ya teníamos nuestra recompensa. Añadir por último que de los siete que al parecer se han identificado nosotros sólo dimos con tres, pero bueno, menos da una piedra, y nunca mejor dicho. Imagino que los otro cuatro son de menor tamaño o están más invadidos por la vegetación.

     Tengo el placer de presentaros al primero. Me voy a resistir de ponerle nombre, y eso que siempre emociona y burbujea el estómago cada vez que “descubres” personalmente un hallazgo así. Para que no se me enfaden los otros dos le llamaré simplemente Dolmen número Uno. Y la verdad, eso fue lo que grité cuando lo vi: “Quilloooooo aquí HAY UNOOOOOOO!

       En esta simple estructura lítica se resume bien lo que es un dolmen, que en bretón significa mesa grande de piedra. Como se observa son varias losas, u ortostatos, dispuestas verticalmente, y otra losa horizontal que sirve de tapa o cubierta. Esta última casi siempre se halla caída. En su estado original estaría quizá rodeado de tierra con la intención de formar un túmulo, una especie de cueva artificial.

         La finalidad común que se les atribuye a los dólmenes es la funeraria, siendo de este modo sepulcros colectivos. Otra teoría apunta a que también pudieran haber sido marcas o hitos con los que se demostraba dominar un territorio.

     Y si difícil es encontrarlos, más difícil si cabe es fotografiarlos como se merecen. En las fotos de abajo se puede observar que al menos lo intenté. Fueron dos los alcornoques a los que trepé en un elegante estilo garrapatero, con el fin de obtener una buena perspectiva; lo que no quita que pagara el precio de algun arañazo, pero así de dura y sufrida es la vida de un Homo Bloguerus Senderiensis subsp. gaditanus.

       Y a continuación el segundo dolmen. Tentado estoy de “bautizarlo” como Dolmen de Juanlu, pues fue mi amigacho el que lo avistó, pero para que no se me enfaden mis otros dos colegas, lo llamaremos simplemente Dolmen número dos.

       No muestra una hechura tan entera como el primero, pues al hallarse en pendiente el lógico movimiento de tierras ha provocado que las losas verticales caigan una sobre otra.

        Aunque lo que realmente singulariza a este dolmen es la curiosa y evidente alineación circular que lo rodea. Ahí fue cuando me subí al segundo chaparro, para tratar de captar esta misteriosa estructura; y más alto hubiera subido si hubiera sido posible, pues obteniendo una vista cenital del yacimiento es como mejor se observaría esta particularidad. Y no fue la única alineación circular que vimos, o que creímos ver; al no estar asociadas a otros dólmenes podrían confundirse con construcciones más modernas, aunque lo dudo, la verdad.

     ¿Fueron comunes estos círculos de piedra? ¿Guardaban también relación con el rito funerario? Esto es una tarea para los entendidos. La nuestra terminó ahí.

        Más felices que las lombrices tomamos el camino de vuelta monte arriba, pero no… aún nos quedaba otra sesión de fotos. He aquí al culpable: el Dolmen número tres. Estábamos muy cansados ya como para buscarle un nombre adecuado, y el sol del veranillo del membrillo pegaba fuerte.

      Las losas verticales casi se encuentran tapadas por los lentiscos. Sólo la losa de cubierta nos hizo reparar en él.

     La losa sobre la que está David debió sin duda formar parte del dolmen.

        Y ahí se nos quedó David, en la Edad del Cobre. A punto estuvimos de quedarnos los demás. Seguramente los hacedores de estos dólmenes tuvieran una vida dura y sacrificada, y la esperanza de vida era menor que la de ahora, pero ¿Tenemos la certeza de gozar de una vida más plena? ¿Guardamos aún la esperanza, de vida o de lo que sea, de que nuestra edad, la EDAD DEL COLTAN, no sea la peor edad que le ha tocado vivir a la humanidad?

        Vaya, qué serio me he puesto. Voy a mirar en el Facebook si David ha vuelto ya del Calcolítico.

¡CHISTERA CHISTERA, LA CAMINATA ESTÁ FUERA!

PARA SABER MÁS:

Caminatas · P.N. El Estrecho

Ruta Los Algarbes-Betijuelo-Paloma Baja.


       Este mes de septiembre, y quizás también octubre, es el mes perfecto en mi opinión  para realizar esta ruta, aunque también los son los últimos meses de la primavera. Si salimos bien temprano nos ahorramos unos grados de calor en el cómodo ascenso a Betijuelo (331 m.) y luego, si el día es propicio, podemos darnos un sublime y heroico baño en cualquier cala de Paloma Baja, quizás el último del año.

       Durante el recorrido, de unos 8 km aproximadamente y señalizado, pasaremos junto a la necrópolis de los Algarbes, de la edad del bronce, atravesaremos la aldea de Betijuelo, disfrutaremos de unas espléndidas vistas de esta parte del litoral tarifeño, y recorreremos un cañón muy singular creado por el Arroyo de los Puercos. Todo ello adornado y embellecido por la flora típica del entorno: Lentiscos, jaras, pinos, retamas, palmitos, sabinas, enebros marítimo, etc.

       Merece la pena. Bien, una vez hecha esta breve y turística introducción a la ruta, agradecería que se me informara de dónde está la oficina del Parque del Estrecho, vaya a ser que estén dando comisión por la labor divulgativa, y yo aquí sin enterame, dcaminando por amor al arte 🙂

       A la caminata fuimos Julio, Gaizka, Juanlu, Zapy (un fichaje a cuatro patas muy bueno) y el que, por caridad y dios se lo pagará, le  pide algo a la administración competente; no sé, lo que lleve encima, tal vez un trabajito de guía por esos montes y caminos.

      En fin, para que tengáis información más detallada y profesional, os subo el enlace del tríptico informativo de la ruta oficial, y otro muy completo sobre la necrópolis de los Algarbes.

       Ah, para la obligada cerveza de después, os recomiendo la terraza del restaurante La Tribu, sito en la Venta de Porros. Trabajito nos costó irnos de allí ¿Verdad July?

Ficha informativa:

http://www.juntadeandalucia.es/medioambiente/servtc5/ventana/mostrarFicha.do;jsessionid=F2759F838A17D49CEBED6077E6AEA8FE?idEquipamiento=28396

Los Algarbes según Arte sureño:

http://www.arte-sur.com/algarbes.htm

PARA VER EL ALBUM DE FOTOGRAFÍAS PINCHA SOBRE LA IMAGEN DE ABAJO Y TE LLEVO A MI PÁGINA DE FACEBOOK:

Caminatas · P.N. El Estrecho

Sierra de San Bartolomé, dos al día me tomé.


    Este sábado pasado, disfrutando de un fin de semana largo en Facinas, me desperté minutos después de las siete. La mañana ya ensartaba sus hilos de luz por la persiana; la familia dormía placidamente; los pajarillos cantaban abajo en la plaza… El ambiente perfecto para cerrar otra vez los ojos y volver a despertar dos o tres horas después, al olor del café y del pan con ajo y aceite.

    Pero no, no encontré la manera de volver a cerrarlos. Me dije, a ver, he dormido más o menos bien, no estoy cansado, pero así y todo me noto como extraño, con esa sensación de que te han robado algo de valor pero aún no sabes qué, o con esa comezón interior de que se te olvida también algo importante y tampoco sabes qué. El ruido de unos pasos decididos en la calle, posiblemente el tío Curro, me dieron y confirmaron el diagnóstico.

    Nada grave, aunque me lo estaba oliendo. Después de más de un mes sin pisar monte estaba empezando a notar los primeros síntomas del trastorno, fruto de una anormal y larga abstinencia. Menos mal que el remedio lo tenía a mano, a tres o cuatro calles más allá. Incluso contaba con la suerte de elegir entre dos tratamientos distintos: Parque de los Alcornocales o el Estrecho. Debía ser una medicina rápida y efectiva, tanto para el cuerpo como para la mente. Una caminata larga y expuesta al sol sólo conseguiría agravar la situación y los síntomas. De repente lo tuve. Un rápido repaso al vademecum de la cartografía interior me puso en el camino: Sierra de San Bartolomé.

    LLegué a la aldea de Betis sobre las ocho menos cuarto. Aunque el sol asomaba tímidamente por la sierra de Fates, las dóciles colinas de Valdevaqueros y su playa aún estaban en sombras. Confiemos en que nunca anide en ese paisaje la urbanización que ha proyectado construir la corporación municipal de Tarifa. El viento de poniente arrastraba hacia el Mediterráneo una niebla deshilachada.

    Al toparme con el horno de piedra caí en la cuenta de que empezaba la caminata con sólo un café bebido y que no llevaba nada de comida. Sin problemas, esa pastillita mañanera que ya me estaba tomando no iba a requerir alimentos sólidos. Agua sí llevaba, eh… Décadas atrás algunos vecinos de Betis estarían posiblemente rondando a esas horas el horno, a la espera de que el pan macho estuviera listo, calentito, humeante… ummmm

   La sierra, o Loma, de San Bartolomé, cual último espolón de la Cordillera Penibética, se encuentra entre la playa de Valdevaqueros y la Ensenada de Bolonia. Personalmente opino que es una de las sierras con uno de los pérfiles o siluetas más bellas de nuestro litoral. Es muy conocida y frecuentada por los aficionados a la escalada, ya que dicha sierra o loma forma en realidad como una especie de anfiteatro de roca arenisca en la que se alían las condiciones idóneas para la práctica de este deporte, a al menos así era hasta hace poco. En la espectacular Laja del Tío Duarte, a la derecha de nuestro recorrido, se concentran los principales sectores de escalada: Bordillos, Arapiles, Mosaico y Panal y bloque.

    Como puede observarse en la foto de arriba, mi dcaminata curativa coincide más o menos con el trazado del cartel, que recorre el llamado Tajo del Buho o canuto del Arca. En el panel informativo se puede leer que la denominación de “Arca” hace alusión a un posible tesoro enterrado antiguamente por los alrededores. Ese tesoro ya ha sido descubierto, y puede disfrutarse por todo aquel que se aventure en la senda y alcance la cima.

    Otros buscadores de tesoros dirán, y con razón la verdad, que ese tesoro del Canuto del Arca está bastante devaluado. Quien por ejemplo vuelva a la zona después de dos años sin visitarla se quedará sin duda sorprendido, por no decir conmocionado. La Laja del Tío Duarte está al descubierto, todos los eucaliptos que hasta hace un año daban sombra a las paredes han sido talados. Aún no me he informado debidamente, pero creo que esto se debe a una campaña de regeneración de la flora autóctona de la zona. Ojalá que así sea.

   Si a esto le unimos el anidamiento de un alimoche en las cercanías, especie en peligro de extinción y a la que sin duda hay que apoyar, obtenemos el periodo vigente de prohibición de escalada entre el 1 de marzo y 31 de agoto. No sé si el alimoche habrá anidado o no, pero ese mismo día tuve ocasión de charlar con un paisano, que seguramente por lo que hablamos se conocía el entorno como la palma de su mano, y el paisano me contó muy seguro que allí no anidaba ya alimoche alguno. Por otra parte estaba muy contento de ver el paisaje de su Betis, de su campo, tal como era en su infancia: sin  eucaliptos.

   Menos mal, menos mal que por ahora las cabras no saben leer y se desentienden de normativas prohibitivas. En mi corto ascenso mañanero tuve la suerte de toparme con este simpático rebaño de cabras, a las que desde ya les pido perdón por importunarles el desayuno.

   Nada más notar mi presencia me dieron una clase de escalada libre y natural. Todas a una corrieron arenisca arriba para ponerse a salvo.

   Una vez arriba, un par de peques aprovecharon para terminar de tomarse el colacao.

   Este es el sector Mosaico. Estas cuantas cabras rezagadas no se atrevieron con la pared. ¿O es que aprendieron a leer?

     Este es el aspecto desde arriba, cerca ya del final de mi trayecto: francamente triste, como si hubiera caido del cielo un meteorito. Sólo los alcornoques se han librado del fuego regenerador.

    A pesar de la hora, cerca de las 8:30 de la mañana y de una distancia no muy excesiva: 1,2 km de ascenso, confieso que sudé la gota gorda. Debían ser los primeros efectos de tan particular medicina.

    

    Andar siempre merece la pena, y más cuándo se llega a un balcón privilegiado como este, con vistas a la Ensenada de Bolonia y la sierra de la Plata. Una horita enchufado al paisaje y todos los males se van con el poniente.

    Los tajos de arenisca son impresionantes, con esa amenaza constante e  incompresible a nuestro entendimiento de poder desprenderse barranco abajo en ese instante o dos o tres mil años después.

   De izquierda a derecha, de sur a noroeste, las vistas son espléndidas.

   Vaya, una discordante mancha naranja… Ah, espera, espera que soy yo, que como fui solo, la foto me la hice con el trípode.

   Poblado del Chaparral. Desde la playa de Bolonia no es visible, pero ya ven, unas cuantas casas y gente viviendo en ellas. Supongo que existirá desde bastante tiempo atrás, pero a día de hoy ¿quién sabe de la existencia de este poblado? No muchos. Eso es urbanismo decente y eco-lógico, natural y acorde a las necesidades, Juan Andrés Gil, que apellido más descriptivo no podías tener, y no ese Valdevaqueros de lujo que quiere construir.

   Laja de las Algas y Silla del Papa, al fondo. En primer plano, un hermos0 tajo de arenisca, con su alambrada. Un día de estos inventan algo para acotar y alambrar el cielo, ya veréis.

   Después de un buen rato, tras comprobar que la pastillita había hecho efecto, tomé el camino de vuelta. Cachis, de nuevo molesté a las cabras… venga otra vez laja para arriba….

    Estupendo día playero en Valdevaqueros con la familia y algunos amigos. Regeneradora siesta. Cuando desperté, vuelta a lo mismo: autoexámen médico. Mucho mejor que por la mañana, dónde va a parar, pero… pero… quién me decía a mí que con otra pastillita más no me iba a sentir mejor y acabar de curarme, cual antibióticos placebos instantaneos.

   Vamos que nos vamos otra vez para San Bartolomé. A una hora adecuada para mentirle a la calor. Si no recuerdo mal, sobre las 20: 30.

   Esta vez la aldea de Betis en sombras y Valdevaqueros al sol. Al fondo, el horizonte del Yebel Musa parece disfrazarse de monte Fujiyama.

   La cálida luz del atardecer  invade el manto de pinos que se extiende hasta la costa. En el horizonte despunta el Cabo de Espartel, desde donde Africa se desboca Atlántico abajo.

   Y Tánger, en su ensenada, hermana de la de Bolonia. Tánger, Tingis en la antiguedad, y Baelo Claudia, siempre mantuvieron estrechas relaciones.

    Poco a poco, a fuego lento, el sol se esconde y deja paso a las luces azuladas del anochecer.

   El lentiscal, o aldea de Bolonia, como es más conocida. Y a la izquierda la duna… escóndeos o camúflaos, que no os alcancen las garras de la construcción especulativa.

   El faro de Camarinal también se deja ver.

   No me gustan mucho las fotos “autohechas”, pero es que en esta se aprecia perfectamente que la terapia es efectiva: vaya careto. Silencio, recogimiento… esto sí que es medicina alternativa.

   Mucho se tienen que aliar la crisis de los 40 y la crisis económica ¡Me han artropellado las dos! para que yo me baje de aquí digamos que de una forma voluntaria.

   No es fácil, supongo, hacer fotos directas a los amaneceres o puestas. Demasiada luz apuntándote al objetivo. Mal o bien, esto es lo que conseguí. Eso sí, una puesta de sol es una puesta de sol. Ese día se puso justo a las 21:36: oro fundiéndose trás la Sierra de la Plata

    Como si fuera un “deja vú” de esos, rondando ya las diez de la noche, otra vez el camino de vuelta, más fresco y sano que una lechuga. Para completar y acabar tan cíclico día volví a encontrarme con mis amigas las cabras, que de nuevo escaparon de mi pesada y repetitiva presencia.

    A puntito estuve de irme con ellas y unirme al rebaño.

¡CHISTERA, CHISTERA LA DCAMINATA ESTÁ FUERA!

Caminatas · P.N. El Estrecho

5ª dCaminata Popular: Senda de los Republicanos.


   Loli, Mara, David, Susana, Toñi, Julia, Francisco Javier, Alvaro, Carmen, Pedro, David, Juanlu y Julio. Más el que está detrás de la cámara, y Garry que se nos unió en el último tercio de la caminata: 15 en total. Un número estupendo para disfrutar de la compañía y del camino.

    El pasado 21 de abril los arriba citados nos pateamos tan gustosamente la ruta que hemos dado en llamar Senda de los Republicanos. Un sábado primaveral, espejismo del verano, pues la calor apretó lo suyo dada la fecha, y los bichitos insistieron en manifestar su diminuta, imprescindible y a veces molesta existencia. Lo cual no fue un impedimento ya digo para disfrutar de la conversación y los  paisajes.

   En el mapa de abajo pongo a groso modo el itinerario de esta ruta circular. Un poco más de 12 kilómetros que pueden recorrerse en unas 5 horas, con sus paradas para el bocata y fotografiar todo lo fotografiable. Ha de tenerse en cuenta que la mayor parte de la ruta transcurre por propiedad privada, aunque a día de hoy no ha surgido ningún problema y dudo que lo haya si se guardan las formas; y por cotos de caza, por lo que no se aconseja el pateo entre los meses de junio y diciembre, periodo en el que está abierta la veda de caza. Para este tipo de rutas aconsejo estar pendiente del tiempo, y mirar las previsiones en la AEMET o en el WINDGURU de Getares, pues si pillamos un día no muy ventoso en el que no haga un calor excesivo (hay pocos sitios para guarecerse del sol) habremos triunfado.

    Como ya he comentado anteriormente, sobre todo por FB, esta ruta la hemos diseñado Garry (de Betijuelo y Andar por el Campo de Gibraltar) y el que os escribe. Tres meses más o menos hemos tardado en darle forma, a base de andar y andar sobre todo, descubriendo sitios por donde antes nunca habiamos caminado, de abusar del Google Earth y el Iberpix, y de muchos email y conversaciones telefónicas. Dicho esto, añadir que sarna con gusto no pica, y que hemos disfrutado como enanos.
No es una tarea fácil, pues sobre todo es un trabajo hecho con la intención de divulgarlo y mostrárselo al resto de aficionados, en el que hay que tener muy en cuenta los tiempos, el kilometraje y la dificultad. Aprovecho para informar que será una de las rutas del próximo libro de Garry. Posibilidades de trazar rutas distintas las hay sin duda, pero he aquí nuestra propuesta, en la que hemos hilvanado caminos tradicionales, caminos hechos por los prisioneros; otro tramo, quizá el más espectacular, llamado el sendero de las tibias, que se lo han currado la mar de bien los colegas de las ruedas gordas, etc.  A todos ellos gracias por facilitarnos esta tarea.

   Para concluir, indicar una vez más que en esta bellisíma esquinita gaditana congenian a la perfección paisaje e Historia. Pasamos por cortijos que en su día se dedicaron a la vid y que hunden sus raices en los principios del siglo XIX, por la Ermita de la Punta, datada en 1775, por canteras de piedra a cielo abierto de los años 60, y sobre todo, por esos caminos que dan nombre a esta ruta, por los caminos que construyeron por esta zona los Batallones Disciplinarios, compuestos por soldados del derrotado ejército republicano. Todo ello visto paseando por un hermoso balcón que se asoma al Estrecho de Gibraltar.

    Aunque la ruta nos discurra por terrenos públicos, contiene demasiada historia y bellos paisajes como para no empeñarse en mostrarlos.
Si quieres ver el resto de fotografías de la jornada pincha sobre el dibujo de abajo y entra el el FB de dCaminata:

   

Caminatas · P.N. El Estrecho

Silla del Papa – Laja de las Algas (O de la Zarga)


Laja de las Algas y Silla del Papa

      Tal vez, uno de esos hermosos días de verano, bajando hacia la playa de Bolonia, hayáis mirado hacia la derecha y habéis tenido la suerte de encontraros con esta bella estampa: La Laja de la las Algas, y atrás, donde están las antenas, la Silla del Papa. La caminata que propongo hoy recorre en apenas 7 kilómetros, y de forma circular, estos monumentos naturales; y creedme, si os decidís a andarla las vistas que os esperan allí arriba os harán disfrutar mucho más del siguiente baño en las cristalinas aguas de una las playas más especiales del litoral gaditano.

      Esta ruta, y aunque suene a argumento de Perogrullo, va dirigida sobre todo a aquellos que no hayan andado por estos parajes y que sobre todo no conozcan la situación exacta de la famosa Silla del Papa. Lo digo porque por ahora no hemos nacido nadie con un GPS entre oreja y oreja, y lo normal es que no se sepa dónde está este histórico waypoint que no debemos perdernos. Además, pocos son los accesos o itinerarios que se pueden tomar para llegar al lugar. El más usual y transitado es el de la carretera asfaltada que sube desde el mismo Cortijo de la Gloria. Otro, de mayor kilometraje, recorre la cresta de la Sierra de la Plata, desde su extremo más cercano a la costa, por los alrededores de la Cueva del Moro. El itinerario que propongo es mucho menos transitado y conocido, pero ofrece una visión y comprensión muy completa del paisaje.

      ¿Y qué es la Silla del Papa? ¿Por qué se la llama de ese modo?… ¿No creeréis que voy a soltar todo el rollo histórico y andarín de repente, no? Si te interesa esta historia y has tenido el valor y el tiempo suficientes para leerte estos dos párrafo, me quiero asegurar de que llegues al final de la caminata, donde lo aclararé. Sólo adelantar, para el que no lo sepa, que en la cima de ese cerro existió hace más de dos mil años un enclave urbano anterior a Baelo Claudia. Así que, amigo, cálzate bien fuerte las “calligae” (botas romanas), ponte bien el casco, revisa el equipo y únete a la centuria que se pone en marcha. Como decían los buenos de Asterix y Obelix: Alístate a la Legión y conocerás mundo.

      ¿Y dónde se alista uno a esta caminata, dónde se empieza? Me diréis con razón los que no conozcáis el territorio.  Una vez que lleguemos a Bolonia, continuaremos por la misma carretera que pasa por detrás de las ruinas de Baelo Claudia y que ascendiendo por esa sierra, llamada de la Plata, se dirige hacia la Cortijada del Realillo de Bolonia. Medio kilómetro después nos encontramos con otra desviación a la izquierda, ya en el Cortijo de la Gloria. Ahí es donde dejamos el coche.  En el mapa de abajo se podrá ver mejor.

Cómo llegar

Y a continuación el itinerario de la caminata:

      Vistas amplias y hermosas darán el pistoletazo de salida a la caminata y nos acompañarán toda la jornada. Todos esos montes que van a dar al mar forman la Sierra de la Higuera. El arroyo más cercano, y que discurre paralelo al primer tramo de la ruta es el de Alpariate.

       La dirección a seguir será la misma que venimos tomando hasta ahora: hacia arriba, hacia el norte. La pista de zahorra continua durante unos 800 metros, hasta enlazar con otra más estrecha y de color terroso. A la derecha veremos el último cortijo habitado, y a la izquierda, majestuosa, la Laja de las Algas empezará a desplegar su arquitectura natural.

Lugar de salida

Hacia La Gloria

Laja de las Algas

Panorámica de la Laja de las Algas

     La laja de las Algas es también conocida como de la Zarga. Traducid “algas” al andaluz cerrado y ahí tenéis la posible explicación. El hipotético origen del topónimo también resulta cuanto menos curioso y atractivo. Según Gaspar J. Cuesta Estévez, en su artículo Toponimia de Bolonia y su entorno, el nombre “de las algas” podría proceder del término árabe al-mgaz, que se traduciría por “el Paso”. Ese paso sería el pasillo o desfiladero que se encuentra entre dicha laja y la Silla del Papa, y que en sus tiempos tomarían los campesinos para ir del Cortijo de la Canchorrera al de la Gloria, y el mismo que andaremos nosotros en nuestra dCaminata.

      Geológicamente hablando, la laja de las Algas o de la Zarga, está compuesta por enhiestos bancos de arenisca que forman una espectacular pared rocosa, en cuyo punto más alto alcanza más de 100 metros de caída libre. Pictóricamente hablando, la laja es un gran lienzo de piedra donde diversos líquenes crustáceos han plasmado sus bellos tonos anaranjados y amarillentos, y donde los buitres leonados han contribuído con manchas blanquecinas, creadas por la acumulación de sus excrementos. Para acabar el cuadro, y a modo de modernos trazos cubistas, numerosas líneas de fractura horizontales y verticales cuartean la arenisca. Aquí todo el mundo ha utilizado su pincel: el hombre, el viento, las plantas, los animales, las aguas de escorrentías…

Observatorio para ver los buitres leonados

Desde dentro

En efecto, es un observatorio para observar a los Buitres leonados; un poco de silencio por favor. Si os habéis traído prismáticos ¿a qué estáis esperando? La verdad es que si lo tenéis no dudéis en echarlo en la mochila. Veréis con más detalle a una de las 60 parejas que pueden llegar a anidar en la Laja. Los buitres leonados son de las aves de mayor envergadura de la Península, llegando a alcanzar algunos ejemplares los 2,5 metros con las alas desplegadas, y hasta los ¡9 kg de peso!.

Panel informativo sobre la laja

Continuando el camino, a unos 600 metros del observatorio, se abre a la izquierda una veredilla. Estad atento a ella, pues os conduce al poblado abandonado de la Gloria, conocido popularmente también como Los Boquetillos.

Llegando al poblado de Los Boquetillos

Restos de viviendas

   El poblado lo componen una veintena larga de casas en ruinas. Aunque unas están en mejor estado que otras, o son más recientes, todas ellas muestran muros sólidos y anchos, con la típica estructura del techo a dos aguas. Para la construcción de estos se utilizaba  la Castañuela, planta acuática que los lugareños recolectaban en la tristemente desaparecida Laguna de la Janda. Dicha planta permitía una buena impermeabilización, a la vez que la salida de humos provenientes del interior.

    Además de las viviendas, se pueden ver muros también derrumbados de corralas, un par de pozos de agua, y dos hornos de piedra para hacer pan. Para los que no los conozcáis estos hornos son estructuras cuadradas de piedra y abovedadas en la parte posterior, aunque también estas se encuentran caídas. En ellos horneaban el conocido pan macho, que sospecho que sería el principal aporte alimenticio de estas gentes.

   Desconozco cuál puede ser el origen cronológico de este poblado; la información al respecto, al menos la que yo haya encontrado, es muy poca. No sería muy arriesgado datar su origen en pleno siglo XIX, pues al hablar del asunto con un vecino ya mayor de Facinas me informa que ya su abuelo se había criado en este Poblado de los Boquetillos.

   Sería interesante saber si las tierras donde levantaron estas viviendas son o fueron de propiedad pública o privada. Conversaciones mantenidas con los pocos lugareños que he tenido la suerte de encontrar por esos lares me inclinan a pensar que este poblado de los Boquetillos, y otro situado en la ladera opuesta, al que llamaban el Puntal del Alamillo, se levantaron en terrenos públicos. Rodeados a ambos lados por grandes fincas, el monte donde se asientan forma en realidad como una especie de isla pública, “de todos”, en la que fueron recalando los jornaleros y campesinos que no podían costearse una propiedad “legal” en la vecina Facinas o en Bolonia.

    Allí subsistirían precariamente sus habitantes, ampliando la casa con cuartos a medida que los hijos se casaban, haciendo peonadas en los cortijos circundantes, y criando algunas cabras, tal vez algún cochino. El paro, la modernización de las tareas agrícolas y sobre todo la emigración, despoblaría y vaciaría de vida nuestro poblado.

   Otro factor que contribuyó al desmantelamiento de estos campos es hoy día tema de actualidad: los eucaliptos. Mi último informante, un símpático anciano que vive al pie de la laja, me comentó que el eucalipto también tuvo mucha culpa de que las gentes abandonaran el lugar, y sobre todo, y en su opinión, los ingenieros que decidieron plantarlos para la industria papelera. Gran parte de la sierra de la Plata y la de San Bartolomé se poblaron con esta especie no autóctona, que requiere y acapara mucha agua para su crecimiento. Acabarían ganándole el terreno a los árboles y arbustos autóctonos, los mismos que servían de sustento a los animales domésticos de los habitantes de los poblados que poco a poco verían desaparecer su humilde rebaño.

    Hoy día están talando los eucaliptos, con la intención de reintroducir las especies de toda la vida: alcornoques, lentiscos, etc. Una buena decisión, a mi parecer, pero a las personas ya no hay quien las reintroduzca. Bueno, si se restauran los chozos, el que les escribe y al menos por ahora mi colega Juanlu, no ofrecemos como pioneros para recuperar este poblado. Estariamos encantados, es decir, “en la Gloria”.


La última casa que veremos, que yo creo que era la primera en dar paso a los Boquetillos, es esta de aquí abajo. Fácil de diferenciar por el esbelto pino que crece en su frontal. En la parte trasera contemplaremos un enorme acebuche que nos dejará boquiabiertos, y otro horno de piedra en un lateral.

La casa del pino

   Tras una especie de murete o cercado, a pocos metros de esta Casa del Pino, encontraremos esta cancela, que siempre está abierta pero que no hay que olvidarse de cerrar. A partir de esa linde pienso que accedemos a dominos del Cortijo del Acebuchal, emplazado un par de kilómetros monte abajo.

Cancela al final del poblado

Continuamos por la vereda y ahí donde véis a mi amiga Ana señalando una bifurcación, tomamos el sentido de la izquierda. Hacia abajo iriamos al cortijo.

La vereda nos lleva directamente a un claro de forma circular (bujeo o patio de corchas) en un singular bosquecillo de acebuches y alcornoques. Estos acebuches también son de un tamaño sorprendente, y sin duda bastante viejos.

Claro en el bosque de acebuches y alcornoques

Escorzo de acebuche

   Estaremos bien situados si ante nosotros tenemos la perpectiva que nos ofrece la fotografía de a continuación: Los mismos acebuches a la derecha, abajo a la izquierda una pequeña tumba antropomorfa, y al fondo de nuevo otro horno de piedra. Fuera de la fotografía, a la derecha también, veremos un corral de piedra circular.

    Atravesaremos el claro en ese sentido, por su parte baja, donde enlazaremos con un senderillo. A partir de aquí viene la parte un pelín, sólo un pelín, más complicada en cuanto a orientación.

    Como habréis advertido esta ruta no está señalizada, y mucho menos este tramo entre las dos lajas. Las tres veces que ya he pasado por él he puesto un par de hitos de piedra y alguna que otra tira de plástico en ramas, que serán retiradas cuando se señalize mejor el itinerario. De todos modos, se trata de un tramo de unos 800 metros, y que no tiene pérdida pues siempre se harán en continuo ascenso, y arriba a nuestra izquierda, contaremos en todo momento con las antenas de repetición a modo de referencia. Recuerdo también que esas antenas en realidad son nuestro principal destino, pues ahí está la Silla del Papa.

Saliendo del claro

A unos pocos metros de salir del claro pasaremos por entre una alambrada que se encuentra tirada por el suelo. Pasada esta empezaremos ya a torcer a la izquierda y a subir.

No tardaremos en encontrarnos con un segundo claro, salpicado en esta época primaveral de gamones y cebollas albarranas.

   Desde ahí conectamos con otro sendero, que no es otra cosa supongo que una pista más o menos habilitada para las labores del corcho. Esta pista desaparece pronto y vuelve a estrecharse y convertirse en senderillo, que según sea la estación del año en la que andemos estará más o menos cerrado y/o visible. De todos modos nuestras amigas las vacas se encargarán de que no se borre del todo.

Pero antes un vistazo hacia atrás para coger aire. El cortijo que se ve abajo es el del Acebuchal.

   Este senderillo nos conducirá sin mayores problemas a un murete con alambrada que nuevamente deslinda una finca de otra. Durante este trayecto, si estamos atentos, observaremos lo que en su día fue un alfanje, el lugar donde se hacía el horno de carbón. Es fácil de identificar puesto que forma como una terraza aplanada, despejada y el suelo es más oscuro que en los alrededores.

Casi al final del sendero

Llegando a la alambrada

    Este es el murete y la única alambrada que habremos de sortear. Dada su profusión en estos campos nos podemos alegrar de que sólo sea una. La dirección que debemos tomar a continuación es a la derecha, siempre hacia el encuentro de las antenas, que nos han venido muy bien hasta ahora como referencia pero que en mala hora se construyeron en ese exacto sitio. Cuando estéis arriba lo comprenderéis.

     Pero antes, ufff, un respiro y un ratito de contemplación, que de nuevo empezamos a tener buenas vistas de la playa de Bolonia y del Lentiscal.

Conectaremos con la pista de asfalto, la misma que parte justo desde donde dejamos el coche en las proximidades del Cortijo de la Gloria. Cuando al final de esa pista pasemos una cancela verde ya podemos decir que estamos, ahora sí que uffff, en la SILLA DEL PAPA.

Hacia la antena

    Hasta hace unos años yo tampoco me aclaraba con la ubicación exacta de este monte o cima. Probablemente supe de su existencia leyendo algún artículo de historia local, en el que se hiciera referencia a la primera guerra civil romana (s. I a.c.) y a uno de sus principales actores: Quinto Sertorio. Este militar y patricio romano no se refería a ella, claro está, como Silla del Papa, sino probablemente como Mons Belleia, término romano que se solaparía al anterior púnico: Bailo. Se llamara como se llamara, se sospecha que esta cima, en este recinto fortificado, este general romano reunió en el año 80 a.c. a un importante ejército en sus luchas contra Sila, dictador de Roma en ese momento.

      Tras este aperitivo histórico, y antes de describir brevemente este enclave urbano, quisiera enseñaros las primeras evidencias arqueológicas que os encontraréis, por otra parte las más conocidas de este yacimiento.

      En esa roca hay grabados unos símbolos extraños, en los que los especialistas aún no se ponen de acuerdo en cuanto a su origen cronológico y significado. Se trata en concreto de una forma humanoide y ambos lados lo que parecen ser cruces.

     En lo que sí parecen ponerse de acuerdo es el origen celtíbero de este emplazamiento, de este oppidum, lo cual significa recinto fortificado. Fueran turdetanos o bástulos los primeros pueblos celtíberos en habitar estas humildes pero estratétigas alturas, estos símbolos probablemente tuvieran un significado religioso, e incluso astronómico.

Símbolos grabados en la roca

¿Y cómo se encuentran estos símbolos? Fácil, en primer lugar debemos hallar esta escalera tallada en la roca, que está justo al lado de la alambrada que encierran las antenas. Una vez que lo hallamos flipado, nos damos la vuelta y rebuscamos por el suelo a unos cinco o seis metros.

Escalera que nos lleva a la silla

En la fotografía de abajo se aprecia bien la cercanía. En esta escalera algunos historiadores quieren ver un acceso a un altar de sacrificios. Otros optan por una estructura militar, posiblemente una torre de vigía o defensiva. Ahora sí podemos preguntarnos sobre si no había otro sitio para plantar las dichosas antenas, y esperar al menos que en su construcción no se dañara alguna estructura antigua importante, aunque permítaseme que lo dude.

Los grabados y la escalera están muy próximos

    Y bien. Subimos por la escalera y nos dirigimos hacia donde hay ¿a que no lo adivinan? Sí, ooootra antena. También un pilón de hormigón, un punto geodésico de esos. Todos los movimientos que haremos aquí arriba han de ser muy cuidadosos, pues estamos a una altura considerable, donde suele pegar fuerte el viento. Pero ya digo, con tiento y precaución no hay ningún problema.

   Hay donde me véis sentado está exactamente la Silla del Papa. No sé si como un Papa o un Rey, uno no es muy partidario que se diga de estos estamentos, pero sentarse ahí y disfrutar de ese hermoso paisaje  te convierte simplemente en una persona afortunada.

Aquí se puede apreciar mejor el trono, la famosa silla. Desconozco si la oquedad en cuestión es un capricho de la erosión o ha intervenido la mano humana. Quién sabe si las dos cosas, y lo aprovechara un turdetano de hace más de dos mil años para eso, para sentirse afortunado… y ya de paso para otear y vigilar el horizonte, vaya a ser que apareciera el primer romano para cortarle el rollo e inventar la “civilización”.

   Desde esta rocosa atalaya (458 metros) dominaban totalmente el territorio circundante. Imagínense por ejemplo el paisaje de la fotografía de abajo un poco más arbolado, sin molinos, claro, y al fondo, el destello rutilante de la Laguna de la janda…

   En la actualidad podremos apreciar y distinguir las poblaciones de Zahara de los Atunes, Vejer de la Frontera, Benalup, Facinas y Tarifa.

Valle del Almodovar

Zahara de los Atunes

Hacia el oeste se puede distinguir Tarifa

Para ir concluendo, un intento de describir cómo podría haber sido este enclave urbano:

   Se encontraba emplazado entre dos paredes naturales de piedra caliza, dispuestas de norte a sur, que dejan en medio una epecie de pasillo natural de unos 420 m. de longitud y entre 20  y 75 m de ancho. Este pasillo o corredor desciende al mencionado Valle de Almodovar, de donde procedería el acceso principal al poblado o fortificación. Al contrario que hoy día, vivían de espaldas al mar.

  Históricamente hablando, la secuencia de ocupación se remonta a los siglos VIII y IX a.c., aunque los restos que en la actualidad pueden observarse parece ser que pertenecen al periodo prerromano, en concreto al pueblo turdetano, los supuestos y probables descendientes de las gentes que compusieron el reino de Tartesoss, pero también se encuentran vestigios romanos de época imperial. En fin, que fue un lugar muy concurrido desde la antigüedad. Los muros de caliza les protegían del viento, una fuente o manantial  les proveía de agua potable todo el año, explotaban las fértiles tierras del Valle del Almodovar… un sitio perfecto hasta que las circunstancias y la Historia los echó del monte para fundar Baelo Claudia en la costa. Fue en tiempos del emperador Augusto cuando se tomó esta decisión.

    Descendiendo por el corredor hacia el valle comprenderemos cómo levantaron sus viviendas los inquilinos de este poblado fortificado. Aprovechaban las paredes de roca anteriormente mencionadas para sustentarlas. Por un lado y otro veremos mechinales (boquetes en la roca) donde encajaban las vigas y las estructuras, incluso aterrazaban y allanaban algunas lajas de piedra. En conclusión, había vida urbana en el sitio más impensable, pues ¿quién que no conociera antes este lugar se iba a imaginar que allí había casas e incluso templos?

Las fotografías de abajo son ejemplos de los restos arqueológicos que podemos encontrarnos:

Sillares de muralla

Restos de un muro

Aterrazamientos

Mechinales, para encajar las vigas

Otra escalera

Atalaya, puesto de vigilancia

Fuente del manantial

Si queréis ver más detalles y fotografías de los restos históricos de la Silla del Papa, no dudéis en visitar el blog de M@nuel. Merece la pena. Aquí os pongo el enlace de su caminata:

Laja de la Zarga – Silla del Papa

Bien, una vez que nos hayamos decantado por ser romano o celtíbero, iniciamos la bajada hasta la cortijada de la Gloria, por la misma pista de hormigón que comenté antes, donde al final nos espera el coche. Ya digo que hay otras alternativa para los que no quieran pillar pista, pero seguramente andéis con prisa de tomaros una buena cerveza en las terrazas de la playa que hay junto a las ruinas de las factorías de Garum. Eso no tiene precio ni excusa.

Iniciando la bajada

Fin de ruta

¡CHISTERA CHISTERA LA CAMINATA ESTÁ FUERA!

Y PARA SABER MÁS:

Caminatas · P.N. El Estrecho

Colada de la Reginosa


    Hoy mismo, sábado 24 de septiembre hemos recorrido Julio y yo el sendero conocido como la Colada de la Reginosa, una ruta que parte de Bolonia y que atravesando un bello bosque de pinos y sabinas llega a la zona conocida como Punta Paloma, desde donde regresamos a pie de playa. En total unos 12 km que se tardan en andar lo que a uno le dé por pararse, hacer fotografías, comerse el  bocata y bañarse, se aconseja como a uno le trajeron sus padres a este mundo. Echenle unas 5 horas.

   Por el camino hemos visto restos de uno de los acueductos que llevaban agua a Baelo Claudia desde Las Palomas, una de las canteras que surtían de piedra a esta misma ciudad y algún que otro resto olvidado de esta misma cantera. Ahhhh y la Cala Picacho donde hacía años y años que no nos bañábamos, y las piscinas, también conocidas como los Baños de Claudia… en fin, todo esto y más hemos fotografiado, menos… menos…. ostia Julio ahora, no es coña, me estoy acordando que al final no nos hemos fotografiado en el chiringuito Los troncos tomando nuestras más que merecidas cervezas. Por cierto, el restaurante El Mirlo, por donde íbamos a bajar y a otorgarnos un adelanto de ese ritual cervecero, estaba cerrado por descanso. Para no desentonar el ambiente romano que llevábamos nos acordamos de Júpiter y de toda su corte de dioses romanos.

  Este es el recorrido que hicimos, y a continuación, sin más dilación, las fotografías.

Itinerario de la caminata
Pilar del acueducto al paso del Arroyo de la Churriana
Arcada de ese mismo tramo del acueducto
Cortijo de la Torre
Sentado sobre un tambor de columna romana que nunca llegaría a serlo
Canteras de Baelo, hacia ella subimos
Desde las canteras, abajo Punta Paloma
Punta Paloma desde las Canteras
Aquí empezaron a currarse una columna… pero ahí se quedó
Cantera
Cala Picacho
Las Piscinas o los Baños de Claudia

Caminatas · P.N. El Estrecho

De Pelayo a Tarifa


Acantilados y Plataformas de abrasión

Qué mejor lugar que el Estrecho de Gibraltar para terminar esta temporada de caminatas; junto a un mar y un océano, más frescos imposible ahora que la calor aprieta y casi muerde. Sí, con esta caminata me despido, pero sólo hasta que los campos empiecen de nuevo a pintarse de verde. Aunque no crean que van a librarse tan fácilmente de este caminante que les escribe. Algún artículo que otro caerá en verano, en breve uno que estoy preparando sobre el Chacarrá o Fandango tarifeño. Me despido de las caminatas, diríamos que profesionales, y las cambio por esas caminatas veraniegas de a diario, por ese paseo con las niñas hasta el parque a la fresquita, por ese otro hasta el supermercado, o por el mejor de todos, ese paseo triunfal que se da uno de la orilla de la playa hasta el chiringuito, al Volare mismamente, en Valdevaqueros.

Casi cualquier mes del año es bueno para hacer esta caminata de Pelayo a Tarifa. En realidad, si hablamos de rutas oficiales al uso, esta ruta  está compuesta por dos. El primer tramo hasta Cala Arenillas coincide en la mayor parte del trayecto con la ruta del Cerro del Tambor. Y el segundo tramo, el que nos lleva a Tarifa, pasa por la Colada de la Costa. En total recorrimos 18 km y tardamos unas 6 horas. Es aconsejable comprobar el estado de las mareas el día que se vaya a andar, y si está baja mucho mejor, pues así podremos caminar por las plataformas de abrasión.

Primer tramo: De Pelayo (Huerta Grande) a Cala Arenillas
Segundo tramo: de Cala Arenillas a Tarifa

 En este artículo me he propuesto pararme poco en comentarios históricos y demás, y dejar que las 29 fotografías que subo hablen por sí mismas. Porque ¿qué decir de un lugar, el Estrecho de Gibraltar, que se creó hace unos seis millones de años al separarse los actuales continentes europeo y africano, formándose entonces una descomunal catarata que se cree medía 30 km de longitud por 2 km de altura y que tardaría unos 100 años en llenar la cuenca del Mediterráneo hasta que las aguas se nivelaron? O, acercándonos un poco a nuestros tiempos ¿qué decir de un lugar, el Estrecho, que históricamente ha servido de puerta giratoria a tantos pueblos y culturas hasta convertirse en la actualidad más bien en una gran alambrada erizada de armas y leyes para que no la salten los desposeídos del Sur? Poco, o seguramente mucho.

En fin, quedémosno ahora con en el lado “bonito” del Estrecho, y demos el pistoletazo de salida a esta última ruta de la temporada. Desde donde se encuentran mis colegas Julio y Eddy, desde Huerta Grande, un complejo rural situado en la barriada algecireña de Pelayo. Ahí tiene inicio la ruta del Cerro del Tambor, que nos conducirá por una cómoda pista de tierra hasta dicho cerro, donde hay un mirador para contemplar la maravilla geológica del Estrecho. Cruzaremos tierras dedicadas sobre todo a la ganadería, y algún que otro alcornocal. A nuestra derecha queda el Arroyo de la Ventilla.

Julio y Eddy, con 18 km menos en el cuerpo
Al fondo, Puerto de la Higuera y el Algarrobo, coronado por las nubes
Cardo borriquero, pariente campero de la alcachofa
Primer desvío a la derecha
Uno de los ranchos o cortijos que nos encontraremos por esta ruta del Cerro del Tambor

 Quietos paraos aquí. Como ven, al fondo hay unos aereogeneradores; pues al final de ese cerro es donde está el mirador, donde finaliza la ruta. Si continuasemos esta misma pista llegaríamos directamente a Guadalmesí, pero no es esa nuestra intención. El trayecto desde Cala Arenillas hasta la Torre del Guadalmesí por la costa es mucho más bonito. Además, tenemos una cita pendiente con un amigo que vive por estos lares. Bajamos, por tanto, por ese desvío a la izquierda.

Desvío a la izquierda hacia Cala Arenillas
Una Tagarnina nos saluda al pasar
Entrando en el Cortijo de Arenilla, para saludar a Juanlu, un amiguete
Nuestro amigo Juanlu. Perdonen la “pechonalidad” pero es que me estaba aplicando crema solar

El Cortijo de Arenillas, por su situación y aspecto, debe ser de los más antiguos del lugar. Por lo que nosotros vimos no se dedica en la actualidad a labores agropecuarias. Digamos que las estancias del cortijo sirven hoy día para el descanso de sus ocupantes. En una de ellas, al pie de estas montañas vive nuestro amigo Juanlu, en una humilde morada. Se levanta muy temprano para cuidar de sus plantas de comer y de soñar. Porque dicen que un día la tristeza y el paro llegó hasta su corazón… no sé, pero esto que acabo de escribir me suena a una cancioncilla de la niñez; debe ser un dejavú… En fin, que nuestro amigo parece feliz en Arenillas, con su huerto y su mucho tiempo libre. Nos tomamos un té y continuamos el camino no sin antes decirle o aconsejarle algo así como que no te vayas Juan Luis, no te alejes de aquí, adiós Juan luis, pensaremos mucho en ti, este es tu hogaaaaarr… vaya, otra vez la cancioncilla pegadiza esa.

Alcanzando la costa, al fondo un cuartel abandonado de la Guardia Civil

Esta es la Cala Arenillas. El diminutivo es indicativo de los pocos metros cuadrados de arena que contiene la cala, pero los suficientes para que ese día tres o cuatro grupos de playeros disfrutaran de tan singular rincón. A partir de ahí empieza el sendero de la Colada de la costa, que en realidad es una vía pecuaria. No será raro que nos encontremos pues con ganado, que nos mirará con esa expresión boba y a la vez tierna que les caracteriza, como queriéndonos preguntar de qué país hemos emigrado.

En Cala Arenillas
Caminito de Tarifa
Restos de un bunker, de la década de los 40
Plataformas de abrasión y acantilado

 Caminar por el campo, por la montaña, es casi sinónimo de actividad relajante e introspectiva. Para mí al menos lo es. Y me estoy dando cuenta de que hacerlo junto al mar lo es más aún. Quizás se deba a la influencia de los espacios abiertos, a ese horizonte que te hace perder la mirada, a ese viento cargado de oxígeno y de sodio, o al mantra hipnótico de las olas. Es una sensación especial y diferente pegarse una caminata marina. Es la tercera vez que hago este trayecto de Algeciras a Tarifa por la costa, y siempre he terminado con ese gusanillo de querer algo más, de no salirme de esa sensación tan tranquila y placentera.  Estoy convencido de que hay lugares de poder en el mundo (los que escuchen el programa de radio La Rosa de los Vientos me comprenderán mejor) y de que el Estrecho de Gibraltar es uno de ellos.

Vacas retintas buscando donde pasar el día. Al fondo se divisa la Torre de Guadalmesí
Caprichos de la erosión en la roca arenisca

La torre de Guadalmesí fue construida en tiempos de Felipe II, en el s.XVI, para servir de enlace entre Tarifa y la Torre del Fraile en el sistema defensivo y de alerta creado para la lucha contra los piratas berberiscos. Pero como reza en un panel informativo junto a la torre, su función principal venía dada por su ubicación junto a la desembocadura del río Guadalmesí. Por lo que se ve, este río era de los pocos en el Estrecho que permitían a los barcos proveerse de agua dulce en época estival, y claro, había que evitar que los piratas llenaran sus bodegas. Que oportuno queda ahora recordar ese refrán de “al enemigo ni agua”.

LLegando a la desembocadura del Guadalmesí y su torre
Torre de Guadalmesí
Esta roca… ¿quién se la dejó ahí olvidada?
Punta Canales, parece mentira pero ahí se practica windsurf.

Ahora toca ponerle nombre científico a esos lugares o elementos geológicos que la mayoría de nosotros conoce de toda la vida con nombres más simples, o que incluso nunca nos ha preocupado saber cómo se llaman. Me refiero a las plataformas de abrasión y a las formaciones de flysch. Las plataformas de abrasión son esas superficies rocosas semisumergidas que se originan a base de mucha erosión marina y paciencia ¿Quién no se ha puesto alguna vez a mariscar en estos lugares? Hoy día, si no me equivoco, es una práctica prohibida a causa de la sobreexplotación. Creo haber leído en algún artículo que el imaginario popular tarifeño de antaño suponía que estas formaciones geológicas eran antiquísimos caminos empedrados. Y se entiende que se llegue a esta conclusión, pues cuesta admitir que la mano del hombre no tenga algo que ver en esta especie de paseo marítimo natural. Los flysch también nos resultarán muy familiares. El mejor sitio para observarlos son los acantilados. Son esas formaciones en las se alternan capas duras de caliza y arenisca, con otras blandas de arcilla.

La de al fondo debe ser Punta de Oliveros

A partir de Punta Oliveros comienza la zona conocida como los Parentones. Es aquí donde se pueden apreciar los mejores ejemplos de plataformas de abrasión, que se suceden unas a otras hasta llegar a Tarifa.Según el decreto 146/98, estos parentones están reconocidos como espacios naturales costeros de extraordinario interés. En ellos sobreviven moluscos endémicos sólo del Estrecho de Gibraltar, como pueden ser el Cassiella abylensis y el Nassarius tingitanus.

Plataformas de abrasión en los Parentones
¿Acantilados o tumbonas para tomar el sol?

En este ultimo tramo de la caminata podemos optar por andar por estas plataformas o por la vereda por donde discurre la Colada de la Costa. Ya he comentado que si deseamos andar a pie de mar debemos consultar el horario de mareas. Este es un buen sitio para hacerlo: tabla de mareas de Tarifa. Al revolver de una de esas puntas nos aparecerá de repente el contorno de la isla de las Palomas y su faro. Es una sensación euforizante llegar a pie a una ciudad a la que antes has ido cientos de veces en coche y por carretera.

La isla de las Palomas con su faro
El autor, que también gusta de salir en las fotos

Como se habrá observado, nosotros tomamos la vereda de la colada en muy pocas ocasiones; tiramos casi siempre por las plataformas. Poco antes de entrar en Tarifa pasaremos por Punta Camorro y un monte plagado de pitas, planta que da un toque muy moruno a este acceso costero a la ciudad del Estrecho.

Pitas antes de llegar a Tarifa
Y Tarifa ¿por fin?
Hasta la próxima temporada, que no me falte nadie

 

¡Chistera, chistera, la caminata está fuera!

 

Caminatas · P.N. El Estrecho

Por los montes de Bolonia


Laja de las Algas. Al fondo, la Silla del Papa

El día que caminamos por los montes de Bolonia parece que se confabularon los hados de la meteorología para arrojar sobre nuestras cabezas un estupendo y variadísimo día de primavera. Cielo encapotado y algo de frío a primera hora, y viento, por supuesto. Intervalos de nubes poco después, lo que se traduce en ponte jersey y quítate jersey cada vez que se abre y cierra un claro. Hacia mediodía chaparrón, mucha humedad y un par de truenos. Y por último un sol de justicia que nos dejó, a Julio y al que escribe, achicharraitos. En resumen, empezamos a andar en invierno y terminamos en verano. Una típica jornada de mayo.

La caminata que hicimos la propone en sus itinerarios el P.N. del Estrecho con el nombre de Puerto de Bolonia- Pulido. También la recoge la muy lograda Guía de 300 senderos de la provincia de  Cádiz, publicada por Diputación. Nosotros introducimos una variante que no aparece en esa ruta, y que pensamos le aporta más interés: subir a la Silla del Papa no desde la costa, sino desde la vertiente norte de la Sierra de la Plata, la entrada natural, e histórica, a dicho enclave. La ruta es circular y de dificultad media, de unos 12 kilómetros, y se tarda unas 5 ó 6 horas en realizarla. Si es posible, elijan un día que no pegue mucho el sol y el levante. Para el que tenga la mala suerte de no conocer este lugar tiene que coger la N-340 de Algeciras a Cádiz y en el km 69 desviarse por la CA-8202 hasta Bolonia.

Recreación de Baelo Claudia

En esta caminata, una vez más y que no decaiga la cosa, se asocian Naturaleza e Historia de una forma espectacular. Hablar de Bolonia, y de sus montes, es hablar de Baelo Claudia, una de las ciudades romanas de España en mejor estado de conservación. Nacida de un antiguo asentamiento fenicio-púnico sobre el s. II a.c. sería ya en los dos primeros siglos de nuestra era cuando alcanzaría un mayor auge. Su motor de desarrollo fue el puerto, que le permitió dominar el comercio principalmente con el norte de África, pero también con el resto del Mediterráneo, a dónde exportaría sus  salazones  de atunes y sobre todo el famoso garum, una salsa hecha a base de restos y tripas de pescados, vino, aceite; todo ello condimentado con especias y macerado al sol en piletas. Llegó a ser muy popular entre la jet set romana como afrodisíaco, pero me huelo que las calles de la ciudad del Estrecho no olían precisamente a rosas. Se cree que un gran maremoto alrededor del 150 d.c. junto a otros factores económicos provocó el inicio del declive de la Baelo de Claudio.

Y si se habla de Baelo es obligatorio acordarse de la Silla del Papa, asentamiento prerromano germen de la futura urbe, emplazado a 4 km. de la costa,  en lo más inaccesible de la Sierra de la Plata. Y de lugares y nombres tan bellos y peculiares como Sierra de la Higuera, Cerro de la Rosa Grande, Laja de las Algas, Cortijo de las Cumbres, Cortijo del Hoyo del Mondongo, Arroyo de Alpariate, loma de la Carrera… Tantos, que hasta pensé titular esta caminata como “Por los montes y nombres de Bolonia”.

Ahí abajo están, desde Google Earth y en versión mapa desde Iberpix:

Ortofotografía de la ruta desde Google Earth
Ortofotografía de la ruta desde Iberpix

Sin más dilación, digámosle a mi amigacho Julio que salga a enfrentarse con los elementos y a ilustrarnos la caminata. El lugar de salida y llegada es la Venta El Tropezón, situada en el Puerto de Bolonia, donde la carretera empieza a descender hasta la playa. Seis horas después estábamos sentados en una de las mesas tomando una merecida cerveza.

Puerto de Bolonia
CA-8202 hasta Bolonia

La pista de tierra que vemos frente a la venta es la que hay que tomar. A unos 400 metros debemos abandonarla y empezar a subir la loma. Si continuáramos la pista llegaríamos al Cortijo de las Cumbres. Acebuches y palmitos no pueden estar más a gusto en ese ambiente.

Momento en el que hay que abandonar el carril
Palmitos y más palmitos

Si miramos atrás nos entrarán las dudas de si estamos haciendo la caminata adecuada. La  Sierra de San Bartolomé, y en especial la Laja del Tío Duarte nos atraerá como un poderoso imán. El perfil de esta montaña es de los más bonitos que he visto. Seguimos adelante, otra caminata será.

Sierra de San Bartolomé

Como podríamos sospechar, restos de una batería militar y otras dependencias castrenses nos salen al encuentro. Una más en el sistema defensivo del Estrecho de Gibraltar que ideó el régimen dictatorial  de Franco contra posibles ataques aliados en la II Guerra Mundial.

Restos de un bunker

En la fotografía de abajo se aprecia en el horizonte la antena de repetición que corona la Silla del Papa, nuestro destino principal. En todo momento la tendremos como marca y guía.

Nuestro principal destino tras unas ruinas

Seguimos adelante, caminando por la espina dorsal de la Sierra de la Higuera. A nuestra izquierda, al sur, se abre el Atlántico, e incluso se adivina Tánger tras la bruma. A la derecha, al norte, la N-340 abajo, los arroyos que alimentan el Rio del Valle, y las Sierras de Saladaviciosa y Fates.

Sierra de la Higuera

El primer arroyo con el que nos cruzamos es el de Pulido; arroyo que da nombre a una cortijo que hay valle abajo, ¿o es al revés? Andamos por tierras donde pastan sobre todo las vacas retintas, los bovinos estrella de la Baja Andalucía. ¿Serán estas vacas las descendientes de los bueyes de pelaje rojo que el esforzado Hércules vino a robarle a Gerión, mítico rey de Tartessos?

Arroyo del Pulido

El siguiente arroyo que encontramos es el de Alpariate. Como ya comenté antes, los nombres de Bolonia, sus topónimos, no son sólo hermosos por su fonética sino también por su significado. El origen del nombre “Alpariate” puede estar en el vocablo latino “PARIES“, que significa “muro, pared”. El curso que toma el arroyo hasta el mar nos pone tras la pista, pues rodea la antigua urbe por su costado este, “junto al muro”. Es posible que los baelonenses lo llamaran así, el arroyo de la muralla.

Pero esto no es todo, otro topónimo latino seguramente haya llegado hasta nuestros días fosilizado en el paisaje. Dicho arroyo, al descender, pasa junto a una colina llamada la Loma de la Carrera, cercana a la ciudad. El término latino que parece aflorar, como una rara concha marina, es el de “CARRARIA“, que en latín vulgar significa “vía para carros“. Pero ¿qué carros? Pues, por ejemplo, aquellos que pudieran venir de Gades o Carteia, y que al abandonar la Vía Heraclea, la Vía VI,  tomaran un ramal para llegar a Baelo Claudia. La loma de la carrera (Carraria) sería un vestigio de ese mismo ramal, o vía secundaria. No hay que esforzarse mucho para trazar con la imaginación este camino a través de la Sierra de la Higuera, y por qué no, ver bajar desde lo alto de la loma un carro y una serie de personas alrededor, anunciando agritos y con música que llega a Baelo una compañía de teatro.

El Cortijo que se ve en un primer plano es el cortijo del Hoyo del Mondongo. Aquí no hay ya latín ni imaginación que valga; vaya nombrecito. Pero para eso está el diccionario de la RAE, para espantar la imaginación. Nos dice que Mondongo significa ” intestinos y panza de las reses, y especialmente los del cerdo”. Osea que hacer el mondongo es más o menos hacer morcillas y chorizos. Ahora sí.

Arroyo de Alpariate

Ya tenemos más cerca la Laja de las Algas, otro lugar que bien vale por sí solo una caminata aparte, y la antena de repetición atrás, perdonen que me repita. En la siguiente fotografía, Facinas desde una perspectiva que nunca había visto antes.

Laja de las Algas
Facinas, tras la alambrada

Una vez andada la dorsal de la Sierra de la Higuera nos topamos con esta pista de tierra que viene de la ladera contigua, de los Cortijos del Puntal y el Alamillo. Hay que seguir recto, hacia arriba, aunque Julio mire con avidez esos bancos y esa sombra.

Todavía no es hora del bocata, Julio

Esa misma pista, como se observa, curva y desciende ahora hacia  la izquierda. Ese es el itinerario que nos propone la ruta llamada Puerto de Bolonia- Pulido, que mencioné al principio. Pero Julio y yo, que somos muy intrépidos, continuamos adelante. Bromas aparte, y aunque no fue una hombrada, sí fue una aventurilla conectar ese punto con la Silla del papa. La vez anterior que subimos a dicha Silla lo hicimos por el camino habitual, la vertiente que sube desde la playa. Esa vez, y a esa altura de la ruta andábamos por terra incógnita, pues ni siquiera ese satélite casero llamado Google Earth aclara mucho qué hay en medio. Mucho mejor, pues esa es la parte de las caminatas que más me gusta, la que no tengo ni idea de lo que me voy a encontrar cien metros después.

Hacia la "Terra incógnita"

Incluyo una imagen más detallada de ese tramo para que se aprecie bien. Apenas un kilómetro y medio de subida que nos hizo sudar, pero sobre todo disfrutar.

Ortofotografía del tramo

En esa zona, en el lado norte de la Laja de las Algas nos sorprendió un pequeño poblado en ruinas. Había varias casas, y este horno de piedra para hacer pan. El mapa dice que el sitio se llama La Gloria, aunque luego un lugareño nos dijo que no, que La Gloria estaba más abajo. Lamento no acordarme del nombre que nos comentó.

Horno de piedra para hacer pan
Vereda después del poblado de la Gloria

Tras la vereda de la foto anterior nos esperaba un claro con estos, si no me equivoco, dado el tamaño, hermosos e impresionantes acebuches. Inabarcables de un abrazo. También había restos desmoronados de cabañas de piedras.

Acebuches de gran porte

No sé si se aprecia bien, pero la pendiente era bastante acuciada. Ahí fue donde nos cayó el chaparrón. Al fondo, de nuevo la antena. Repito, este era el acceso secundario original al enclave de la Silla del Papa. En un plano que pongo más abajo se apreciará mejor.

Accediendo a la Puerta de atrás de la Silla del papa
Juro que Julio no ocasionó este estropicio

Hasta que, dispersadas las nubes, pudimos gritar CIMAAAAAAAAA. No es de extrañar que sucesivos pueblos y culturas habitaran esa cumbre: un lugar privilegiado para guarecerse y defenderse. El domino del entorno es casi absoluto. Por un lado se domina la vertiente este, de donde venimos: La sierra de la Higuera y toda la ensenada de Bolonia…

Julio y yo, a esas horas no sé si romanos o íberos
Panorámica hacia el este desde la Silla del papa

Y por la otra vertiente, por el lado oeste, el valle del Almodovar y la playa del actual Zahara de los atunes.

Panorámica hacia el oeste desde la Silla del papa

He aquí el plano del yacimiento. Espero que se hagan una idea aproximada de lo que es la Silla del Papa. Se trata de un pequeño macizo rocoso a 457 metros de altura. Dos paredes naturales de piedra caliza, dispuestas de norte a sur, dejan en medio un pasillo natural de unos 420 m. de longitud y entre 20  y 75 m de ancho. Este pasillo o corredor desciende al mencionado Valle de Almodovar, de donde procedería el acceso principal al poblado o fortificación. Con un círculo verde marco esa entrada. Con el rojo el acceso secundario por donde llegamos nosotros, una apertura en esa muralla natural de caliza. La marca amarilla sitúa la antena de repetición.

Históricamente hablando, la secuencia de ocupación se remonta a la Edad del bronce, aunque los restos que en la actualidad pueden observarse parece ser que pertenecen al periodo prerromano, en concreto al pueblo turdetano, los supuestos y probables descendientes de las gentes que compusieron el reino de Tartesoss, pero también se encuentran vestigios romanos de época imperial. En fin, que fue un lugar muy concurrido desde la antigüedad. Los muros de caliza les protegían del viento, una fuente o manantial  les proveía de agua potable todo el año, explotaban las fértiles tierras del Valle del Almodovar… un sitio perfecto hasta que las circunstancias y la Historia los echó del monte para fundar Baelo Claudia.

Yo me quedo con la anécdota o supuesto hecho histórico de que en esa fortificación estuvo en el año 80 a.c   Sertorio, un célebre general romano de vida y condición política similares a las de Julio Cesar, con su ejército de lusitanos, hispanos y bereberes mientras guerreaba contra otros romanos, que como sabemos por Obelix, estaban todos muy locos.

Plano de la Silla del Papa. Revista Aljaranda, nº 68. El oppidum de la Silla del papa

A continuación ilustro qué tipo de restos podemos hallar en la Silla del Papa. En la escalera tallada en roca algunos historiadores quieren ver un acceso a un altar de sacrificios. Otros optan por una estructura militar, posiblemente una torre de vigía o defensiva. Los grandes sillares de caliza demuestran que esta zona sur del enclave, la más alta, estuvo amurallada. Al ser también la más plana y extensa, se piensa que en las inmediaciones se alojaban los edificios públicos. La antena de repetición que nos ha servido de guía, también sirvió en su momento para destruir alguna que otra construcción. Una barbaridad que cuesta aceptar. En cuanto a los símbolos grabados en la roca, he leído por ahí desde que pertenecerían a una etapa prehistórica hasta que pudieran ser cruces y grabados cristianos de la edad media.

Descendiendo por el corredor hacia el valle comprenderemos cómo levantaron sus viviendas los inquilinos de este poblado fortificado. Aprovechaban las paredes de roca anteriormente mencionadas para sustentarlas. Por un lado y otro veremos mechinales (boquetes en la roca) donde encajaban las vigas y las estructuras, incluso aterrazaban algunas lajas de piedra. En conclusión, había vida urbana en el sitio más impensable, pues ¿quién que no conociera antes este lugar se iba a imaginar que allí había casas e incluso templos?

Para ver más fotografías que describen mejor este modo de construcción visiten este enlace de la página Arte sureño: Yacimiento turdetano.


Escalera tallada en la roca
Extraños e indescifrados signos
Sillares de la muralla sur
Ejemplo de aterrazamiento para construir una vivienda

Hora es ya de empezar a bajar de nuevo hacia el valle, pues empieza a subir la temperatura. Ese es el carril hormigonado que se hizo para cometer el atropello de la antena. Una vez más hay que preguntarse ¿Era ese el único sitio donde se podía plantar, encima de un yacimiento arqueológico?

Carril de acceso a la Silla del Papa

El carril termina en el Realillo de Bolonia, casi una barriada aparte. Imagino que en su momento sería una cortijada típica y antigua a la que se le han ido juntando nuevos y afortunados vecinos. Por allí también pasa el regajo de la Fuente del Realillo.

Realillo de Bolonia

Hay que pararse, como hace Julio, en la última de las casas. Hacia abajo, y aunque no lo parezca, es hacia donde hay que dirigirse. Allí cerca se encuentra la Semilla: Taller de experimentación ambiental, un sitio curioso para visitar. El Puerto de Bolonia, desde donde partimos por la mañana, se aprecia con nitidez.

Dirección a seguir. Cerca de la Semilla

Al principio, el sendero parece un barranquillo o un simple regajo erosionado, pero poco a poco se va estirando hasta convertirse en camino. Eso sí, como se observa, sembrado de piedras y pisadas secas de vacas. Hay que tener cuidado con los tobillos.

Sendero tuercetobillos

Aunque áspero y duro, ese tramo de la caminata tiene su encanto.Y seguramente tendrá sus años, pues imagino que sería en origen la colada que uniera a los paisanos del Realillo con el Puerto de Bolonia, cuando fueran de camino a Tarifa.

La sierra de San Bartolomé nos servirá de guía

De nuevo cruzaremos los arroyos antes citados, de escaso caudal, por lo avanzado de la primavera. Luego nos encontraremos con la cortijada del Pulido, desde donde subiremos hasta encontrar la carretera que nos lleva de nuevo a la venta del El Tropezón.

Cruzando un arroyo. Aprieta el calor
Ya casi llegamos de nuevo a la venta el Tropezón

Y aquí están esas dos merecidas cervezas, que en su momento sirvieron para brindar por la salud de los caminantes. Y que ahora brindan por ti, amable lector, que has llegado hasta el final de esta cibercaminata.

¡Chistera chistera la caminata está fuera!

Salud, caminantes

PARA SABER MÁS:

Sobre los nombres de Bolonia: Toponimia de Bolonia y su entorno.

Sobre la Silla del Papa: El oppidum de la Silla del Papa (Tarifa) y los orígenes de Baelo Claudia.

Sobre Baelo Claudia: Conjunto arqueológico Baelo Claudia

Caminatas · P.N. El Estrecho

Reflexionando frente al Estrecho de Gibraltar: ¿Eres de levante o de poniente?


         Si tras las recientes elecciones electorales se siente derrotado, victorioso, o no sabe ni le importa cómo se siente acérquese  a este lugar que le propongo para disfrutar de tan bello paisaje. Una vez en él, y según sea el viento dominante, de derechas o de izquierdas, quiero decir de levante o de poniente, ha de relajarse y reflexionar sobre su futuro más inmediato. Si sopla poniente desde la derecha, desde el Atlántico, el horizonte se le aparecerá diáfano, sin brumas, y creerá que se avecinan buenos tiempos. Si por el contrario sopla levante desde la izquierda, desde el Mediterráneo, no se sorprenda si el horizonte se enturbia y las nubes se apoderan de sus ingenuas esperanzas. Y si por último, da la rara casualidad de que no sopla ni un viento ni otro, que es uno de esos  calmos días en que no se mueve una hoja, qué quiere que le diga, yo no le puedo vaticinar cómo va a quedar la final de la Champions, aunque espero que gane el Barsa. Resumiendo, sea como sea, Bob Dylan nunca ha estado de tan rabiosa actualidad: “la respuesta está en el viento”.

         Esta caminata  ¿Caminata interior? que propongo es muy cómoda y la puede hacer cualquiera. Para sentirse feliz en el monte no siempre hay que hartarse de hacer kilómetros. Muchas veces con andar un par de ellos nos basta, como es el caso. Con esta pequeña caminata podemos acceder a una atalaya privilegiada  desde la que contemplar el Estrecho de Gibraltar y parte de nuestra Bahía de Algeciras. Iríamos al paraje conocido como Las Cabañas, entre los Arroyos de Calafate y la Morisca, arriba de la Punta del Fraile.

En el mapa de abajo me explico:

         Cogemos el coche en dirección a Getares, y una vez cruzado el Río Pícaro, tomamos el primer desvío que nos sale a la derecha. Circularemos por la carretera que nos lleva a las Pantallas, lugar que sin duda conocen muchos algecireños. Estas pantallas fueron construidas en 1942, y costaron al contribuyente de ese año 220 mil pesetas, según reza un cartel informativo. Es curioso como una vez más, en nuestra tierra, el estamento militar nos lega un “monumento” de extraña belleza. En realidad era un sistema para camuflar la carretera en caso de ataque; una pieza más del plan defensivo del Estrecho que ideó el Régimen de Franco por si le atacaban los Aliados. Si alguien viene de fuera a reflexionar y a que le dé el viento, y no las conoce, ahí pongo unas fotos:

Pantallas de Camuflaje
Sección de las Pantallas

        A un kilómetro y medio después de las Pantallas nos encontramos a mano izquierda una cancela, y a la derecha, el Cortijo del Cordero. Continuamos, pues nuestro destino está en la siguiente cancela que nos sale a mano izquierda a unos 700 metros. Ahí dejamos el coche. Durante el corto trayecto veremos restos de corrales circulares y un par de cortijos pendiente abajo. Poco a poco, el Estrecho nos irá dando la bienvenida.

      Hasta que el perfil cautivador del Yebel Musa nos atrapa; mítico enclave donde muchos plantan una de las Columnas de Hércules. Podemos aprovechar los restos de una batería de cañones allí presente para sentarnos y disparar nuestra andanada de  reflexiones. Desde niño enfrentándome a este horizonte, y nunca deja de sorprenderme.

El Yebel Musa
La Torre del Fraile o de los Canutos en primer plano. Ceuta se divisa al fondo.

          Los montes que divisamos a nuestra izquierda también guardan sorpresas; no siempre se han dedicado para uso ganadero. A finales del s. XVI y principios del s.XVII, es decir poco antes y después de la ocupación británica del Peñón de Gibraltar, las colinas que forman Punta carnero estaban sembradas de viñedos. El lugar era conocido como Dehesa de la Punta y los vinos que de ella se obtenían como “de la Punta” o “Punteños”. Al parecer se producía entre 20 mil y 22 mil arrobas de vino. Esa tradición ha quedado fosilizada en algunos nombres, tales como los montes de “Viña Luna” y “La Viña Grande” y la “Cala de la Parra”.

Cala Arena
Gibraltar al fondo, la otra Columna de Hércules.

        Lo mismo se preguntan qué viento soplaba ese día, domingo 22 de mayo, día de votar. ¿De izquierdas o de derechas ? quiero decir ¿De levante o de poniente? Pues ya les digo que un poquito de izquierdas, de levante flojo a moderado. El horizonte empezaba a enturbiarse para muchos. Se olía la bruma y se intuían nubes oscuras tras el recuento de votos. Y sí, poco después de las doce de la noche, el “Hombre del tiempo” salió al balcón de Génova en Madrid para anunciar buen tiempo para los suyos: en lo sucesivo muchos días de Poniente.

        Dicen que la alternancia es positiva, y seguramente lleven razón; en el Estrecho siempre se ha librado una lucha tenaz entre el levante y el poniente. Pero eso sí, no nos olvidemos de los temporales. ¿Por qué no iba a llegar un día de estos un buen temporal que venza a estos dos vientos tan cansinos, un buen temporal que limpie de una vez por todas el ambiente y nos remueva el pelo y la conciencia a todos por igual?

¡Chistera chistera la dCaminata interior está fuera?

Caminatas · P.N. El Estrecho

Bajamar en Bolonia


Desde 1992, la luna, nuestro satélite del amor parafraseando a Lou Reed, no estaba tan cerca de la Tierra. Veinte años ya que nuestra hermana pequeña no se nos arrimaba tanto. Este es el ciclo, al parecer, que marca la aparición de “supermareas“, como la que se supone revolucionó a los andaluces de la vertiente atlántica este sábado pasado, día de San José.

Como uno más de esos andaluces inquietos y curiosos elegí esa jornada para una caminata, casi paseo, familiar. El lugar: Bolonia, para mí y que me perdonen todos esos andaluces atlánticos, una de las playas más bonitas. Son ya muchos los veranos disfrutando de su arena dorada, sus aguas turquesas y su levante… puñetero, a veces, para qué nos vamos a engañar. Total, que allá nos fuimos mi mujer y mis dos niñas a contemplar, según vaticinaban todos los medios, una de las mayores mareas de las que se tiene noticia desde que se toman mediciones. Quién más o quién menos tenía sus ilusiones, unos mariscar o pescar, otros pasear por lugares adonde antes sólo se llegaba nadando; yo humildemente sólo esperaba ver resurgir frente a la playa el antiguo puerto romano de Baelo Claudia.

Pongo abajo una panorámica aérea de la zona y de la caminata en cuestión. Dudo mucho de que exista en la faz de la tierra alguien que no conozca la playa de Bolonia, pero por si acaso.

La primera bajamar se preveía para el sábado a las 8:45, y la segunda pleamar a las 14:10. A mí me tiraba más ver Bolonia con la marea baja, o “superbaja”, claro. Sin embargo, y todo aquel que tenga niños me dará la razón,  nos fue imposible llegar antes de las diez. La verdad es que esperaba encontrarme con mucha más gente de la que vi. Eso sí, pescadores había unos cuantos, como el de abajo, todos esperando seguramente una “superpesca”.

Y ahí van, con su madre, las dos benditas culpables de que llegáramos tarde a la cita.

Vaya por delante de que no soy un entendido en las lides marineras y que hay que tener mucha memoria para recordar que si tal año el agua llegó hasta esa roca, que si bajó tanto la marea aquel mes… no, pero lo cierto es que ese día, pese a que no presencié el momento culmen, observé la marea bastante baja. En el área en cuestión al que nos dirigimos, al fondo de la ensenada, en la zona conocida como el Anclón, creí ver piedras al descubierto que nunca antes había visto. Y eso que, repito, soy un caminante asiduo de esa orilla y del acantilado que discurre hasta Punta Camarinal.

Una vez saciado de rocas al aire caminé  yo solo hasta un poco más adelante de la cantera romana, de dónde se extrajeron algunas de las piedras que levantaron Baelo, rocas fáciles de trabajar puesto que al estar en su día sumergidas también bajo el mar, están compuestas de arena, tierra y organismos marinos. En la fotografía de abajo se puede observar la cantera y al fondo la silueta de la Silla del Papa.

¿Y cómo quedó el asunto? ¿Fue o no una supermarea? Casi todo el mundo coincide en que sí, pero con matices. La web tablasdemareas apuesta por que sí; dice que el coeficiente de mareas de ese día fue muy alto: 117, siendo lo máximo 118. Los mariscadores, legales o no, imagino yo que dirán que sí y que hicieron su agosto. Ecologistas en Acción criticaron a las autoridades medioambientales  por supuesto sensacionalismo y por desviar la atención de causas más importantes. También creo haber leído que la alcaldesa de Cádiz, Teófila Martínez, estuvo bastante ocupada ese día. Y el andaluz atlántico medio, entre los cuales me incluyo, supongo que pasamos un buen día… y descubrimos América.

Para saber más sobre este asunto, con datos oficiales y demás, el artículo trabajadísimo de un colega caminante de Puerto Real, de la asociación de senderismo cultural dRuta:

El cero hidrógráfico de Cádiz (2011)

Y para obtener un punto de vista crítico y a la vez divertido, el artículo de nuestro paisano Juan José Téllez, allá en su exilio gaditano:

Desastre ecológico en la bahía de Cádiz