Biblioteca·Historia, Folclore y Etnografía

La inscripción franquista del Arroyo del Lobo enterrada de nuevo.


Puente del Arroyo del Lobo

    El pasado mes de febrero, dCaminando por los montes de Getares, me topé con el escenario perfecto para un aficionado a la historia y la arqueología. Al pasar por el Puente de los Arquitos me llamó la atención lo limpio y despejado que estaba el terreno. La falta de lluvias tenía al arroyo en los huesos, un arroyo que en condiciones normales incluso a veces anega el asfalto. Además habían desbrozado y limpiado los márgenes y la zona más cercana al puente. Aparqué el coche, me colgué la cámara y realicé varias tomas. En una de ellas casi sufro un patatús.

       No me lo podía creer, detrás del visor surgió lo que parecía una F. Me acerqué ya sin la cámara y me saltó a la cara una R, en grandes letras mayúsculas grabadas en el cemento, y luego una A ¿Pues no estaba leyendo la palabra FRANCO? Con una escobilla que llevaba en el maletero, y con mucho cuidado, fui limpiando la especie de cornisa que contenía dichas letras. Al cabo de media hora pude por fin leer la siguiente inscripción (de 1938): “ARRIBA ESPAÑA, VIVA FRANCO, MCMXXXVIII, III AÑO TRIUNFAL”

     Personalmente no tenía noticias de que existiera esta inscripción. Cuando lo consulté con dos profesionales versados en la materia uno de ellos también la desconocía, y el otro sabía algo por terceros pero tampoco conocía el texto exacto. Como cuento en la entrada que preparé, la inscripción vio la luz a raíz del trabajo de limpieza, quizá después de años oculta entre los sedimentos del arroyo. Lógicamente no se trata de un descubrimiento pues algunas personas mayores a las que pregunté recordaban que en ese puente había una inscripción de los tiempos de Franco. Pero vamos, yo me fui de allí más contento que Heinrich Schliemann cuando descubrió Troya.

     Menos de un año después el arroyo por suerte goza de unas condiciones diríamos que casi normales. Sin embargo la zanja donde se halla la inscripción vuelve a colmatarse de tierra y ramaje. ¿Es este el destino que le espera a este lema franquista, desaparecer y reaparecer como quizá lo hace el mismo franquismo?

Puedes leer algo más sobre el asunto en esta entrada:

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La Torre almenara de Punta Carnero.


Estrecho de Gibraltar y Torre del Fraile

          “Vuestra Majestad fue servido de mandarme que viniese a hacer ciertas torres y atalayas en la costa del Andalucía, y a visitar los lugares della cómo estaban de gente, armas y municiones… toda la costa del término de Tarifa desde Gibraltar a Zahara que del Duque de Medina Sidonia hay seis leguas de costa y en todas ellas no hay torre ni atalaya ninguna, sino una torre que está algo metida en la tierra y ésta es muy antigua, con una escalera de piedra que suben peñas de notable obra por la largueza que tienen y ésta debió ser atalaya para la tierra en tiempo de moros porque responde mal con la marina.…”

 Luis Bravo de Laguna, director de fortificaciones de Felipe II.

    Así describía Luis Bravo de Laguna, jefe de ingenieros del monarca español, el estado de desprotección de las costas desde Gibraltar a Zahara de los Atunes en el s. XVI. Sólo una atalaya, la actual Torre de la Peña, alertaba de las incursiones y desembarcos de los piratas berberiscos, ávidos del ganado de la campiña de Tarifa y sobre todo de sus dueños, que serían esclavizados, y liberados luego los más pudientes, tras el pago de un suculento rescate. En descargo de nuestros vecinos saqueadores, advertir que el corso y el pirateo fueron actividades practicadas por “bandoleros del mar” de ambas orillas.

     Para estropearles el negocio, o al menos para intentarlo, se construyeron diversas torres almenaras en la segunda mitad del s. XVI y principios del XVII. Esa era la intención de Luis Bravo: fortificar el Estrecho y crear un efectivo sistema de alertas. Supongo que estamos ante el primer plan de defensa serio que se erigió en nuestras costas, y porque no, ante el antepasado tardomedieval del Sistema Defensivo del Campo de Gibraltar, ideado por el incipiente régimen de Franco a partir de 1939.

Torre de Guadalmesí

   Dentro del término municipal de Tarifa se levantaron las siguientes: Torre de Guadalmesí, Torre de Guzmán el Bueno, Torre de la Isla de las Paloma, Torre de la Peña, Torre de Valdevaqueros, Torre de Punta Paloma, Torre de Bolonia, etc. ¿Y dónde se encuentran la mayoría de ellas? Pues imagínenselo. Es curioso, pero la Torre de la Peña, la primera que encontró el regio ingeniero, es al final la que en mejor estado de conservación ha llegado hasta nuestros días, al menos por esa zona. Si pensamos en el destino de otras torres almenaras, la de la Peña puede sentirse afortunada de ser el emblema de un camping.

     Los avisos y alertas se pasaban de una torre a otra mediante ahumadas en los terrados. De este modo, si se producía un desembarco por ejemplo en las playas de Bolonia, rápidamente eran visibles las señales de humo en Tarifa. Las escenas siguientes que cada uno se las componga como pueda, pero imagínense a un tropel de hombres a caballo y a pie saliendo por la Puerta de Jerez, armados hasta los dientes. Era la milicia de la ciudad, encargada de la defensa, compuesta por militares y simples ciudadanos. Si la escaramuza era abortada, a los piratas no les esperaba nada bueno. También serían esclavizados, cuando no asesinados.

Torre de Guadalmesí, en contacto visual con la Torre del Fraile

     Pero ¿y en Algeciras, qué ocurría con el término municipal de Algeciras? ¿Qué torres almenaras se encargaban de prender la mecha de la alerta? ¿Cuándo aparece en el horizonte la torre almenara de Punta Carnero ?

     En el dibujo de abajo se muestran las tres atalayas que se construyeron ex profeso en las últimas décadas del s.XVI: Torre del Fraile, Torre de Punta Carnero y Torre de San García.

Situación de las almenaras algecireñas en 1627

    La Torre del Fraile, o de los Canutos, comenzó a construirse a partir de 1578. Más deteriorada cada año, resiste milagrosamente a las inclemencias del tiempo, pero dudo que aguante muchos años más si no es intervenida y restaurada con urgencia. Tal estado de abandono ha sido denunciado por algunos colectivos, y existe un proyecto de restauración desde 2007. ¿Entonces? Desde las altas instancias dirán sin duda que el temporal de la crisis económica sopla muy fuerte por estos pagos, pero no nos engañemos, esos vientos de dejadez y abandono vienen de muy lejos.

Restos de la Torre de San García, de planta circular.

     La Torre de San García, levantada entre 1585-1590, está ubicada hoy día en el Parque del Centenario, un poco más arriba del Fuerte de San García (s.XVIII). Sólo quedan restos de la cimentación, los cuales han revelado que era de planta circular, como la de Guadalmesí. Se cree que le llegó su hora en 1898.

    ¿Y la Torre de Punta Carnero? ¿Qué se sabe de ella? Quizás estemos ante la almenara más desconocida, la que menor huella ha dejado en el horizonte y en la historia escrita y gráfica de nuestro litoral. Vayamos primero con su ubicación, con el inmejorable lugar donde fue erigida.

Faro de Punta Carnero

   Esta es la posición más o menos, a 20 ó 30 metros por encima del Faro de Punta carnero (1864), en cuyo solar también hubo un fortín artillado, de la misma época que el de San García. Desde esa humilde elevación dominaba buena parte del Estrecho y prácticamente toda la Bahía de Gibraltar. Queramos o no, el Faro de Punta Carnero le ha restado protagonismo histórico a nuestra torre almenara, por suerte, claro, para el transporte marítimo.

      Y pasemos ya a mostrar lo poco que por desgracia nos ha quedado de ella. Al igual que su vecina de San García, sólo hemos heredado su cimentación, apenas un conglomerado de piedra y argamasa de un metro y medio de altura… además de incontables restos pétreos desperdigados por los alrededores. Algunos de estos son grandes bloques de lienzos murales. ¿Cómo han llegado hasta allí? ¿Por qué se encuentran dispersos por todo el cerro? Vayan barajando posibilidades mientras observan los restos, y piensen mal, muy mal, pues así acertarán.

Ubicación de la Torre almenara de Punta carnero
Cimentación de la torre
Mis amigos Julio y Gaizka oteando el horizonte

    Como pueden observar, y lamentar, poco espacio a la imaginación nos han dejado los avatares de la historia. Por desgracia, una estampa que suele ser demasiado habitual en el patrimonio histórico algecireño.

Era de planta cuadrangular, a la usanza de las viejas torres medievales. Y en opinión de los historiadores que se han acercado a ella, bastante alta, en torno a los 17 metros. También se cree que su estructura estaba preparada para soportar el uso de artillería ligera en su terrado. En cuanto a su cronología hay que datarla con anterioridad a 1567, año en la que la dibuja Anton Van Der Wyngaerde, paisajista también al servicio de Felipe II, cuando recorre el Campo de Gibraltar.

     Hacia el oeste mantenía contacto visual con la Torre del Fraile, que a su vez recibía las señales de humo de la de Guadalmesí; y hacia el norte, como ya se ha dicho, con la Torre de San García. La defensa y vigilancia del Estrecho era ya una realidad.

Hacia el oeste, en contacto visual con la Torre del fraile.

    ¿Han terminado ya de pensar mal? Seguro que aciertan o casi con el triste final que sufrió. En realidad a la Torre de punta Carnero la mató el mismo progreso militar que la encumbró a ella en ese cerro. En 1939, al llevar a la práctica el Plan de Defensa del Estrecho ante una posible invasión aliada, se construyó un conjunto de búnkeres un centenar de metros más arriba, y nuestra atalaya pasó de ser una vieja torre olvidada a ser un estorbo. La mole pétrea de nuestra almenara interfería en el campo de tiro de la artillería, así que fue dinamitada.
¿La dinamitarían con todos los honores? ¿Se celebraría algún acto militar que mitigara en parte la demolición de un representante de la época del Imperio? Lo dudo mucho. No sé por qué, pero creo que más bien se produciría una escena sacada de la película “La Vaquilla”. Un alto mando dándole vueltas al asunto, otro quizá detrás asesorándole y aconsejándole que la dejase vivir, que a Felipe II no le haría mucha gracia la historia… hasta que se revuelve el alto mando, y mirando hacia la Torre del Fraile, acaba decretando: Me la dinamiten, leches, que ya tenemos otra torre igual allí en frente.

Una gran sección de muro
Otro bloque, con restos de enfoscado
Y más piedras desperdigadas

    No andaría muy mal encaminado el alto mando en caso de que se hubiera dado una escena similar, tragicómica y absurda, como suelen ser las escenas militares. La Torre de Punta Carnero debió ser muy parecida a la del Fraile, aunque quizá de mayor tamaño. Las fotos siguientes nos ayudarán a imaginarnos la almenara dinamitada, a recomponer como un tetris su trágico destino. Hemos de darle las gracias a Manuel Limón, colega bloguero al que sin duda muchos conoceréis por su blog “Rutas y Fotos“.

Cara norte de la Torre del Fraile. Foto de Manuel Limón (www.rutasyfotos.com)
Cara sur de la Torre del Fraile. Foto de Manuel Limón (www.rutasyfotos.com)

        He dejado guardadas para este momento las dos cartas que al final creo que le harán ganar a la Torre de Punta Carnero la partida frente al olvido y la estupidez humana. Se trata de dos viejas fotografías de 1899 que he hallado en ese gran tesoro de imágenes que es la web de “Historia de Algeciras en imágenes“.

      En el horizonte de ambas se aprecia levemente el contorno de la torre, y un poco más abajo el faro. Quizá estemos ante los últimos testimonios gráficos que certifican su existencia, 40 años antes de que la mandaran al cielo de las torres y castillos, en el que no debe caber uno más. Seguramente existan más testimonios, pero aquí el dCaminante que les habla no las ha divisado en ese proceloso océano que es Internet.

Voyage au Maroc, Tanger, septembre 1899. Foto subida a Historia de Algeciras en imágenes por J. A. González Gil
Voyage au Maroc, Tanger, septembre 1899. Foto subida a Historia de Algeciras en imágenes por J. A. González Gil

     Por último, añado uno de los muchos mapas y planos de la Bahía de Algeciras tal como era y la veían en el siglo XVIII. En él se perfila la Torre de Punta carnero. La imagen completa, y con buena definición, puede disfrutarse en la web del Instituto cartográfico de Cataluña. Aconsejo su visión a vuelo de pájaro digital: Plano geométrico de la Bahía de Algeciras y Gibraltar (1786).

Plano geométrico de la Bahía de Algeciras y Gibraltar (1786). Instituto cartográfico de Cataluña

    En esta sección aumentada  se aprecian más detalles interesantes. Observése por ejemplo los campos de vides que por esas centurias poblaban los montes de Getares. De sus cepas se obtenía el llamado vino “punteño”, y de la venta de este al parecer se dedicaba una parte para pagar la soldada a los guardas de estas almenaras del Estrecho.

Detalle de la Torre de Punta Carnero en el plano anterior

    Acabemos esta dCaminata histórica con un brindis por la Torre del Fraile, con la esperanza de que las señales de humo que alertan de su ruina inmediata les llegue a las autoridades competentes, para que no sea dinamitada a cámara lenta por la despreocupación. El vino con el que estoy llenando las copas no puede ser otro que el “Punteño”, el vino de Punta Carnero. ¡SALUD!

PARA SABER MÁS:

Biblioteca·Historia, Folclore y Etnografía·Reflexiones

¡Pasajeros a la diligencia! ¡Escapemos de la crisis!


      Que paren esta crisis que yo me bajo. Será por el cambio de hora, con tanto recorte un año de esto nos quitan dos o tres en vez de una, pero no me acabo de geoposicionar debidamente en este mes de noviembre que empieza. El track cotidiano de un parado o es muy lineal o muy zigzagueante, y pocas veces sigue la flechita y avanza por el sendero sin dudar. ¿Waypoints que se salgan de la rutina? Muchos, sin duda, para qué quejarnos de vicio, pero no rechazaría un GPS laboral que me llevara por el buen camino, de primera o segunda mano me da igual; un GPS que me garantizara llegar a un destino concreto y disipara las incertidumbres, que no me condujera a un jaral impenetrable. No pide uno un fin de ruta fijo o indefinido, no; me conformaría con un fin de ruta por obras y servicios, o por horas. De todos modos, y mientras consigo ese GPS que paren esta crisis un momento que yo me bajo y me llevo a mi familia, mi cámara, un par de libros, algún amigo … ¿amigos?… esto, ¿por dónde iba? 🙂 un par de libros y poco más.

     Y para variar no me voy a ir caminando. Tampoco voy a traicionar del todo el espíritu del blog, por eso voy a largarme de esta crisis por el camino de la Historia, por el que aún por suerte no cobran peaje. Acabo de comprar billetes para Cádiz en esta compañía de diligencias: La Madrileña. Ya, ya sé que la Tacita de Plata queda un poco lejos de Alemania y del fin de la crisis, pero ¡Y lo bonita que es!

Publicidad de la Madrileña

      No es que tengamos muchas opciones si queremos salir por tierra. En 1868, cuando se inaugura esta línea de los señores Marset y compañía, llevan los carruajes 40 años circulando por los otros caminos de España; en nuestra comarca siempre hemos estado a la última, anda que no; a la última en el progreso. Así que si esperamos otros 40 años para usar un medio más rápido apañados vamos. Eso sí, igual en 40 años se acaba la crisis.

Compañía de diligencias la Madrileña, creo que en la calle Tarifa. Foto subida por Marina Merino.

           De todos modos, me han asegurado que las góndolas, como también eran conocidas estas diligencias, son rápidas y cómodas. Tardan 12 horas en plantarse en Cádiz y los muelles de los asientos son flexibles. Yo creo que no me va a resultar totalmente ajena la experiencia, que debe ser parecida a tratar de hacer hoy día el mismo trayecto en agosto, y en horario playero. Las niñas harían también las mismas preguntas ¿Cuánto falta, papá? Nada, siete horas, dormíos, anda. Y papá ¿por qué no corren más los caballos?, etc.
Los precios son más o menos accesibles: 75 reales en el interior y berlina a 80. De acuerdo, elijo interior, así luego nos llega para un cartucho de frituras en la Plaza de las Flores. Bueno os dejo, que son las 6 de la mañana y ya sale la góndola desde la calle Tarifa.

Góndola. Foto subida por Concha Cantos.

     Miren, que lo hemos pensado mejor y hemos decidido esperar a que llegue el tren a Algeciras. Por otra parte, me parece que en Cádiz no hay mucho trabajo que mamar. La espera no ha sido excesiva, 20 añitos de nada. Estamos en 1890 y he comprado billetes de la compañía Algeciras Gibraltar Railway Company Limited, propiedad del señor Juan Morrisson, impulsor de la línea Algeciras-Bobadilla.

       Aún no tengo claro si voy a probar suerte en Ronda o tiro directamente para Madrid. Un vecino del barrio Matagorda me ha asegurado que los vagones del tren son lujosos, de buena madera, dos ejes y pasillo lateral, con asientos convertibles en cómodas camas, con sus faroles de aceite para la noche, su gabinete con espejo y lavabo, departamento de retrete, y una gran mesa en el salón-comedor para servir el “lunch”.

Antigua estación de Algeciras. Subida por Concha Cantos.
Estación de Algeciras en 1906, junto al Río de la Miel. Foto subida por Concha Cantos.

      Me temo, sin embargo, que el disfrute de estas comodidades dependerá del pasaje que compre. El señor Morrisson me da a elegir entre clase 1ª, 2ª, 3ª y mixto. No sé si lo de mixto es más barato o un poco de lo contrario, pero suena muy bien. Venga, que sea mixto, tiremos la casa por la ventana… antes de que nos la embarguen.

      ¡Parados y pasajeros al treeeeennnnnn! Estaré  atento por si veo a mi bisabuela Juana lavando la ropa en el río junto a las demás lavanderas, en ese agua dulce y generosa, colmada de esencias de alisos, ojaranzos y helechos, en ese río que culebrea alegre hasta la Bahía, ignorante del destino que le espera en menos de 100 años.

Pasando el puente de Pajarete. Foto subida por Ignacio Perez de Vargas Luque.
Lavanderas en el Río de la Miel, 1897. Foto subida por Pcclinic.
Tren por el puente Pajarete, 1942. Foto subida por Concha Cantos.

    Perdonen la indecisión, pero estamos de vuelta en Algeciras otra vez. Llegando a Gaucín  nos hemos enterado por un sargento de infantería que 1898 será un buen año para buscar trabajo en Cuba o Filipinas, pero aún no lo tenemos claro. A mí mujer no le da muy buena espina esta historia.

      En fin, que esperamos sentados en la cera de la Marina a que aparezca en el almanaque 1910. Este año se ha abierto una línea de autobuses entre Algeciras y Cádiz, y la recorre la compañía Ibison, de Alejandro Ibison. ¡Ah, autobuses, el transporte de mi juventud como estudiante! La de horas que ha invertido uno en tantos viaje a la capital. Nuestro magnate inglés de las cuatro ruedas se casaría con una mujer cuyo apellido les sonará a muchos: Doña Asunción Comes Merino. Una vez fallecido su marido se haría cargo de la empresa, pero con un nuevo nombre: Transportes Generales Comes.

      Los coches ómnibus del señor Ibison son algo distintos, claro, aunque asómbrense, llevan instalados caloríferos por circulación de agua caliente y alumbrado de gas acetileno. Están divididos en dos departamentos; en el de primera clase caben seis personas y en el de segunda, ocho. ¡Papá, en el de primera! En el de primera, total, no sé lo que nos van a cobrar.

Primer coche de línea a Cádiz. Foto subida por por J. L. Silva Silva/J.Tapia.
Parada de autobuses en el Muelle. Foto subida por Concha Cantos Alberto.
Coche omnibus, 1910. Foto subida por Agustín Del Valle Pantojo.

      ¿Saben qué les digo? que no, que no nos vamos, ni Cádiz, ni Ronda, ni Sevilla ni Madrid. Nos quedamos aquí a verlas venir. Además, a dónde voy a ir yo sin mis caminatas por nuestra selva. Nada, nada, nos subimos ahora mismo a este autobús de la CTM, que lo mismo lo conduce mi abuelo Diego.

     La Cooperativa de Transportes de Marruecos (CTM) se fundó en melilla el 14 de abril de 1936. Tras la independencia de Marruecos en 1955 se les complicó el asunto y se trasladaron a la península. Y hasta el día de hoy.

Autobús de la CTM, 1950. Foto subida por Agustín del Valle Pantojo.

En este de abajo no nos montamos. Y espero que no lo llevara mi abuelo.

CTM, foto subida por Agustín del valle Pantojo

         ¿Qué niño no se ha subido alguna vez al asiento elevado de los cobradores? ¿Quién no recuerda la enorme palanca del cambio de marchas, y el inmenso volante? ¿Quién no ha estado a punto de caerse cuando… Papáááááá, déjate ya de preguntarte y de soñar con los transportes de antaño, que ahí está nuestra parada.

Autobús de la CTM ¿años 80? Subida por Juani Tapia.

     Está bien, ya lo dejo, bajémonos ya. Adiós, abuelos y abuelas, nos bajamos por fin en esta parada de 2012. No sé si será mejor o peor año de los años que os tocó vivir y viajar a vosotros, pero os prometo que aunque sea a pie o andando, haremos lo posible por salir de esta crisis.

      He dejado para el final este fascinante medio de transportes: un zeppelín. No se lo contéis a nadie, pero entre tanto ir y venir, le compré un billete a un alemán, a un almirante apellidado Canaris. Me ha ofrecido acompañarle en un vuelo sobre Gibraltar. No sé qué se la habrá perdido en Gibraltar, pero yo me apunto sin pensármelo.

Un zeppelin en la Bahía,en 1928.El faro Punta Europa(Gibraltar). Foto subida por PcClinic Algeciras.

       Gracias a la web de Historia de Algeciras en imágenes, de dónde he conseguido estas increíbles imágenes, y los paisanos que las han subido. Aconsejo a todo aquel que no conozca esta página a que se compre un billete para viajar con ella por la historia de su ciudad. No se querrá bajar del PC.

PARA SABER MÁS:

Biblioteca·Caminatas·Historia, Folclore y Etnografía·P.N. El Estrecho

Los dólmenes de las Caheruelas (Tarifa)


      La aldea de las Caheruelas se encuentra a escasos 12 kilómetros de Tarifa y Facinas, en la vertiente sur de la Sierra de Ojén, más agreste y desforestada si la comparamos con la frondosa vertiente norte. A aumentar esta clara diferencia entre una cara y otra contribuyó desgraciadamente un gran incendio que se produjo en 1986. Como suele suceder en estos casos se repobló con pinos las zonas más altas, cercanas al Tajo de Utrera (719 m.), la cota máxima de dicha sierra.

      Situada ventajosamente entre las gargantas que forman los arroyos del Conejo y Los Molinos, las Caheruelas gozan de un amplio y bello paisaje. A un lado las sierras de Enmedio y Fates, y a continuación, el cordón litoral de la playa de los Lances. Valle abajo discurre el rio de la Jara, que desde la más remota antigüedad ha visto pasar a todos los pueblos que han fabricado nuestra historia, y que  tomaron este valle como acceso más rápido y directo a la vecina comarca de la Janda y al interior de Andalucía, o hacia Tarifa y Algeciras, si venían en el sentido contrario.

        Este poblado tarifeño está formado por una veintena de hogares que se dedican sobre todo a las labores pecuarias. Algunas de estas, en ruinas, aún muestran el zarpazo que produjo la inmigración en las décadas centrales del s. XX.

      Que nos disponemos a andar por unos montes colmados de Historia nos lo muestra una vez más la toponimia del lugar. El investigador Wenceslao Segura, en el artículo “La toponimia tarifeña tras la conquista cristiana”, nos pone varios ejemplos: Celada Vieja (Saladavieja), Val de Hoxen (Valle de Ojén), Arroyo de Pero Ximenez (Arroyo de Pedro Jiménez), personaje que seguramente fuera beneficiado con tierras tras la ocupación castellana del territorio.

        Pero el topónimo antiguo que más nos interesa es el de Alcornocal fermoso. Así cree Wenceslao Segura que eran conocidas las Caheruelas en el s. XIV. De este modo se recoge nada más y nada menos que en el Libro de la Montería de Alfonso XI, una especie de guía de caza de la edad media. El cronista alfonsino describió acertadamente el primitivo alcornocal: fermoso. Y voto a bríos que por fortuna aún sigue siendo fermoso el alcornocal actual, y que así siga siendo por los siglos de los siglos ¡Pardiez!

      Caminar por unos campos tan cargados de Historia es todo un privilegio. Si se acierta con la vereda adecuada tendremos la suerte de descender apenas un kilómetro por la línea del tiempo y llegar al Calcolítico, cinco mil años atrás,siglo arriba, siglo abajo. Ese era nuestro destino esa mañana.

      Los dólmenes de las Caheruelas son probablemente de ese periodo prehistórico, del Calcolítico, o Edad del Cobre (IV ó III milenio a.c.). Estamos hablando de una época en la que se empieza a trabajar con los metales, donde la agricultura y la ganadería facilitan una proturbanización de los poblados, en resumen; estamos hablando de un periodo histórico en el que podemos apreciar el primer bosquejo de la humanidad que hoy somos.

      Quizá las personas que construyeron esos dólmenes vivían en un poblado cercano, más o menos estable, en contacto sin duda con otros poblados del territorio. Yacimientos arqueológicos como la Necrópolis de los Algarbes, en Valdevaqueros, y el conjunto dolménico desperdigado alrededor de la vecina Laguna de la Janda, no pueden entenderse sin estos primeros asentamientos humanos. Un dato más, según el arqueólogo gaditano Cesar Pemán Pemartín (1895-1986) en el yacimiento de las Caheruelas se hallaron abundantes pedernales, herramientas de piedra.

      Esta es la hipótesis de los historiadores Juan Ignacio de Vicente y Javier Criado, expuesta en el artículo “Nuevo foco dolménico en el Campo de Gibraltar. El complejo Caheruelas-Caballero”. Se podría decir que este artículo fue el poste de señalización que nos condujo a los dólmenes, y a su comprensión.

     Dar con ellos no fue tarea fácil, en un terreno ya de por sí pedregoso; además de que veníamos ya algo cansados de hacer otra ruta. David, Eduardo, Juan Luis y el trepalcornoques que les escribe descendimos separados por el cerro para abarcar más superficie, zigzagueando, para arriba, para abajo… hasta que dimos con el primero. Ya teníamos nuestra recompensa. Añadir por último que de los siete que al parecer se han identificado nosotros sólo dimos con tres, pero bueno, menos da una piedra, y nunca mejor dicho. Imagino que los otro cuatro son de menor tamaño o están más invadidos por la vegetación.

     Tengo el placer de presentaros al primero. Me voy a resistir de ponerle nombre, y eso que siempre emociona y burbujea el estómago cada vez que “descubres” personalmente un hallazgo así. Para que no se me enfaden los otros dos le llamaré simplemente Dolmen número Uno. Y la verdad, eso fue lo que grité cuando lo vi: “Quilloooooo aquí HAY UNOOOOOOO!

       En esta simple estructura lítica se resume bien lo que es un dolmen, que en bretón significa mesa grande de piedra. Como se observa son varias losas, u ortostatos, dispuestas verticalmente, y otra losa horizontal que sirve de tapa o cubierta. Esta última casi siempre se halla caída. En su estado original estaría quizá rodeado de tierra con la intención de formar un túmulo, una especie de cueva artificial.

         La finalidad común que se les atribuye a los dólmenes es la funeraria, siendo de este modo sepulcros colectivos. Otra teoría apunta a que también pudieran haber sido marcas o hitos con los que se demostraba dominar un territorio.

     Y si difícil es encontrarlos, más difícil si cabe es fotografiarlos como se merecen. En las fotos de abajo se puede observar que al menos lo intenté. Fueron dos los alcornoques a los que trepé en un elegante estilo garrapatero, con el fin de obtener una buena perspectiva; lo que no quita que pagara el precio de algun arañazo, pero así de dura y sufrida es la vida de un Homo Bloguerus Senderiensis subsp. gaditanus.

       Y a continuación el segundo dolmen. Tentado estoy de “bautizarlo” como Dolmen de Juanlu, pues fue mi amigacho el que lo avistó, pero para que no se me enfaden mis otros dos colegas, lo llamaremos simplemente Dolmen número dos.

       No muestra una hechura tan entera como el primero, pues al hallarse en pendiente el lógico movimiento de tierras ha provocado que las losas verticales caigan una sobre otra.

        Aunque lo que realmente singulariza a este dolmen es la curiosa y evidente alineación circular que lo rodea. Ahí fue cuando me subí al segundo chaparro, para tratar de captar esta misteriosa estructura; y más alto hubiera subido si hubiera sido posible, pues obteniendo una vista cenital del yacimiento es como mejor se observaría esta particularidad. Y no fue la única alineación circular que vimos, o que creímos ver; al no estar asociadas a otros dólmenes podrían confundirse con construcciones más modernas, aunque lo dudo, la verdad.

     ¿Fueron comunes estos círculos de piedra? ¿Guardaban también relación con el rito funerario? Esto es una tarea para los entendidos. La nuestra terminó ahí.

        Más felices que las lombrices tomamos el camino de vuelta monte arriba, pero no… aún nos quedaba otra sesión de fotos. He aquí al culpable: el Dolmen número tres. Estábamos muy cansados ya como para buscarle un nombre adecuado, y el sol del veranillo del membrillo pegaba fuerte.

      Las losas verticales casi se encuentran tapadas por los lentiscos. Sólo la losa de cubierta nos hizo reparar en él.

     La losa sobre la que está David debió sin duda formar parte del dolmen.

        Y ahí se nos quedó David, en la Edad del Cobre. A punto estuvimos de quedarnos los demás. Seguramente los hacedores de estos dólmenes tuvieran una vida dura y sacrificada, y la esperanza de vida era menor que la de ahora, pero ¿Tenemos la certeza de gozar de una vida más plena? ¿Guardamos aún la esperanza, de vida o de lo que sea, de que nuestra edad, la EDAD DEL COLTAN, no sea la peor edad que le ha tocado vivir a la humanidad?

        Vaya, qué serio me he puesto. Voy a mirar en el Facebook si David ha vuelto ya del Calcolítico.

¡CHISTERA CHISTERA, LA CAMINATA ESTÁ FUERA!

PARA SABER MÁS:

Caminatas·P.N. El Estrecho

Ruta Los Algarbes-Betijuelo-Paloma Baja.


       Este mes de septiembre, y quizás también octubre, es el mes perfecto en mi opinión  para realizar esta ruta, aunque también los son los últimos meses de la primavera. Si salimos bien temprano nos ahorramos unos grados de calor en el cómodo ascenso a Betijuelo (331 m.) y luego, si el día es propicio, podemos darnos un sublime y heroico baño en cualquier cala de Paloma Baja, quizás el último del año.

       Durante el recorrido, de unos 8 km aproximadamente y señalizado, pasaremos junto a la necrópolis de los Algarbes, de la edad del bronce, atravesaremos la aldea de Betijuelo, disfrutaremos de unas espléndidas vistas de esta parte del litoral tarifeño, y recorreremos un cañón muy singular creado por el Arroyo de los Puercos. Todo ello adornado y embellecido por la flora típica del entorno: Lentiscos, jaras, pinos, retamas, palmitos, sabinas, enebros marítimo, etc.

       Merece la pena. Bien, una vez hecha esta breve y turística introducción a la ruta, agradecería que se me informara de dónde está la oficina del Parque del Estrecho, vaya a ser que estén dando comisión por la labor divulgativa, y yo aquí sin enterame, dcaminando por amor al arte 🙂

       A la caminata fuimos Julio, Gaizka, Juanlu, Zapy (un fichaje a cuatro patas muy bueno) y el que, por caridad y dios se lo pagará, le  pide algo a la administración competente; no sé, lo que lleve encima, tal vez un trabajito de guía por esos montes y caminos.

      En fin, para que tengáis información más detallada y profesional, os subo el enlace del tríptico informativo de la ruta oficial, y otro muy completo sobre la necrópolis de los Algarbes.

       Ah, para la obligada cerveza de después, os recomiendo la terraza del restaurante La Tribu, sito en la Venta de Porros. Trabajito nos costó irnos de allí ¿Verdad July?

Ficha informativa:

http://www.juntadeandalucia.es/medioambiente/servtc5/ventana/mostrarFicha.do;jsessionid=F2759F838A17D49CEBED6077E6AEA8FE?idEquipamiento=28396

Los Algarbes según Arte sureño:

http://www.arte-sur.com/algarbes.htm

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Biblioteca·Historia, Folclore y Etnografía

La Ermita de Murillo, junto al río de la Miel


     ¿Junto al río de la Miel? ¿Seguro? Seguro, todo aquel que alguna vez haya hecho esta “dulce”, verde, frondosa y en ocasiones concurrida ruta ha pasado a escasos cincuenta metros de ella.

        Pero ¿dónde, a qué altura? Ahhh, podría poner una fotografía aérea indicando el lugar exacto de esta ermita, que también era conocida como ermita de San josé o del Cobre, pero de este modo les robaría el placer de tratar de encontrarla por vuestros propios medios, que es realmente lo más divertido. Además, sería un tanto farragoso tratar de explicar con detalle que se encuentra al inicio del llano que algunos lugareños del Cobre llaman “Plaza Alta”, que si al final de la primera cuesta, que si al fondo a la derecha a partir del quinto alcornoque.

          Bueeeno, subo una imagen del Iberpix, pues fue gracias a esta excelente herramienta como supe de la existencia de esta ermita. Ya en serio, seguramente más de uno y de tres conoceréis este edificio religioso, pero he dado por supuesto que es algo desconocido por la inmensa mayoría, puesto que son muy pocas las noticias que se tienen de este vestigio. Los que realmente saben de esto, los historiadores de nuestra comarca, apenas pueden aportar datos contrastados.

        Otra de las razones por las que subo esta imagen es por tratar de comprender cuál fue el motivo que llevo al cartógrafo de turno a reseñarla de una forma tan rotunda.

       Cualquiera que consulte los mapas oficiales o navegue por Iberpix creerá que este hito cartográfico, esta ermita de Murillo es, con perdón, la ostia. Similar en importancia y grado de conservación al Molino del Aguila o el de Escalona (del Trueno, en el mapa), y ya les adelanto que no es así. Estamos hablando de una edificación humilde, pequeña; y a lo que voy, los molinos son más o menos conocidos, y la información sobre ellos es abundante, ¿pero quién conoce a nuestra pobre ermita, que hoy día ejerce de gallinero?

      Bien, si han llegado hasta esta verja es que han hecho bien los deberes, pero quieto parao, desde aquí no se ve pero la dichosa verja tiene un dichoso candado. Y es lógico, nos encontramos frente a una parcela privada, dedicada a la horticultura, pero no existe vivienda. La pasada primavera conseguí hablar con el propietario, aunque sin verlo, pues estaba por la parte de abajo, la más cercana al río.

      Resulta gracioso, pues a gritos le comuniqué mis intenciones de fotografiar la ermita, y el buen hombre también a gritos me contestó que no había mucho que ver, pero que si no me importaba que volviera otra tarde, que en ese momento no podía satisfacer mis aficiones blogueras.

      Y eso hice, volví otra tarde, y dos tardes más por lo menos, pero nada, esta vez mis gritos se quedaron sin respuesta.

     ¿Entonces? ¿Cómo se puede visitar el lugar? Pues por desgracia creo que no hay más alternativa que la ya mostrada; acercarse al lugar y gritar si hay alguien.

      O… o recurrir al plan B, pero esto entre ustedes y yo…. Para llevarlo a cabo les será necesaria una cámara como la mía, que tenga en el menú una opción “salta verjas con disimulo” y que sea capaz de hacer fotos en modo “furtivo, apresurado y educado”. Total, que la cosa es complicada, pero allá cada cual.

     Como pueden ver, y como ya dije, nuestra ermita es un edificio humilde, simple y de reducidas dimensiones. Sin embargo, algunos detalles arquitectónicos nos cuentan que nos hallamos ante una construcción como mínimo del s.XIX: sillares tallados en las esquinas, contrafuertes, ladrillos bastos y planos,etc.

      La fachada principal nos aporta algo más: un sencillo arco de medio punto con adornos florales, y arriba de este la espadaña, donde en su día sonaría la campana. Al interior no entré pero ya pueden adivinar en qué estado se encuentra.

         Acabo con los pocos datos o referencias que he logrado reunir sobre este misterioso edificio.

       Angel Sáez, en el artículo “Molinos hidráulicos en el río de la Miel” (Revista Almoraima, nº 26, 2001) nos señala que la ermita se encuentra en la misma parcela donde en su día funcionó el Molino de San José, y más tarde una pequeña central hidroeléctrica, la Sociedad Eléctrica San José, popularmente conocida como la “Fábrica de luz“. Esta denominación es genial, me encanta. Por cierto, tengo también fotos de las conducciones que llevaban el agua a esta central, que corren paralelas al río. A ver si me animo y me curro la entrada en el blog; eso sí, cuando decida poner la cámara otra vez en modo furtivo, a la que no me gusta recurrir, la verdad sea dicha.

     También la nombra mínimamente Manuel Pérez-Petinto y Costa (1871-1953) en su obra sobre la historia de Algeciras, y en ella, cuando aborda nuestra ermita, nos indica que “la falta de antecedentes en el archivo municipal nos inclina a creer que no llegó a celebrarse culto en ella…

       No lo cree así  Antonio Molina Medina, autor del libro “Un hombre del Cobre de Al- Yazirat Al-Hadra“. Segun Diego Rodríguez Morales, me imagino que vecino del Cobre e informante del escritor, la ermita de Murillo tuvo más vida que la reseñada hasta ahora.

         Transcribo literalmente lo que nos cuenta al respecto, pues esta obra puede ser consultada libremente en su blog: Chorrosquina de Antonio Molina.

      “….Yo conocí esta ermita cuando estaba entera, era muy bonita, con su campana funcionando. Me acuerdo que cuando se cerró la ermita por ruinas, esta campana se la regaló ‘la Sevillana’ al cura de los pastores, para que la pusiera en la nueva Iglesia de Los Pastores, —me apunta Diego con una carga de melancolía—. Pero no está puesta en dicha iglesia. ¿Y sabes por qué? Porque la robaron para partirla a pedazos y fundirla y así la pudieron vender como chatarra…

 —Diego continúa con su amena charla —. En la Ermita de El Cobre se dijo misa y en ella las niñas y niños hacían la primera comunión, los de la escuela de El Cobre. Me acuerdo que en una ceremonia que estuve yo, ‘la Sevillana’ trajo para los niños que hacían la comunión una canasta de plátanos, libras de chocolate, pan y bollos; los niños comían todo lo que querían, no había límites.
        En esta Ermita se llegó a bautizar a 100 niños y niñas y se casaron muchas parejas de novios. Las partidas de casamiento están en la Iglesia de El Carmen. Esto sería —me dice— en los años 37, 38 y 39, tanto de bautizos como de bodas. Fue en la época anterior de que El Carmen fuera parroquia. Los casamientos, bautizos y demás están en la Iglesia de La Palma; no obstante, faltarán algunos, porque se quemaron parte de los libros de registros en la guerra civil….”

¡Chistera, chistera, la dCaminata está fuera!

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Los molinos harineros de Facinas


“De qué le sirve a Facinas

el tener tantos molinos,

       si en el verano no hay agua

           y en el invierno no hay trigo”.

     Esta graciosa coplilla popular, recogida por  Juan Quero González en su libro “Historia de Facinas y campiña de Tarifa“, me viene como anillo al dedo para introducir esta entrada acerca de los antiguos molinos hidráulicos que en su día funcionaron en Facinas.

     Como buena parte de la tradición oral, el chascarrillo en cuestión tiene su componente crítico e irónico, además del poético; pero entre verso y verso no es difícil distinguir también un cierto asombro, y hasta admiración diría yo, por ese proceso industrializador que vivió Facinas en su pasado, y la identificó como tierra de molinos, y sobre todo, buen pan.

     El mismo topónimo de Facinas parece indicar este pasado agrícola y cerealístico. Algunos estudiosos de la historia facinense le otorgan al topónimo un origen latino, de cuando estas tierras estaban acotadas temporalmente por el periodo hispanorromano, o a lo sumo visigótico. De esta forma Facinas derivaría de Fascinas, lo que en latín viene a significar: Montones o haces de trigo.

             Fueron seis los molinos que elaboraron harina en Facinas, a los que hay que sumar el trabajo previo en los campos y las eras, más las correspondientes tahonas (panaderías) y hornos para la materialización del pan nuestro de cada día. Todo ello significó sin duda un revulsivo, la levadura social que aumentaría su fama y posibilitaría su crecimiento. Desconozco si otros pueblos, y tengamos en cuenta que Facinas es una pedanía de Tarifa, contaron con un número similar de molinos.

        Pero ¿qué tiempo manejamos? ¿Cuándo se construyeron los molinos? Las fuentes que he consultado nos remiten a finales del s. XVIII, principios del XIX. Aunque el mismo Juan Quero, escuchando de nuevo a la voz popular, nos cuenta en su libro que quizás los primeros constructores de molinos en Facinas fueran unos monjes de la orden capuchina, que vendrían al rebufo de la conquista castellana y se quedaron prendados de estas fértiles laderas y llanos. También construirían un pequeño convento, donde andando los siglos se levantaría la iglesia de la Divina Pastora. Cierto que no hay documentación que verifique esta hipótesis, pero también es cierto que son muy entretenidos de leer los renglones invisibles que escriben la tradición junto a la leyenda.

     Saltemos de nuevo a la centuria decimonónica, la más que probable fecha de apogeo de nuestros molinos. En la web http://www.facinas.org/  , que recomiendo a todo aquel que quiera conocer Facinas, encontramos un apartado muy interesante: el padrón de habitantes de 1875. En este se detallan los nombres de los censados, la fecha de nacimiento, la edad, procedencia y profesión. Este último dato es el que más nos interesa.

           Siete fueron los vecinos que tuvieron como oficio el de molinero, y llama la atención que tres fueron mujeres. Todos nacieron en la primera mitad del siglo XIX, siendo el de mayor edad un tal Pedro López Gallego, nacido el 7 de enero de 1805, procedente de Benaoján. Al parecer, de los pueblos de la serranía malagueña provenían los molineros con mayor experiencia y pericia, así como las mejores piedras soleras.

        En la fotografía aérea de arriba se puede ver la ubicación de los molinos y su recorrido, que apenas alcanza el kilómetro del primero al sexto.

      Ahora es cuando podemos analizar la coplilla inicial, ese verso que decía que “en el verano no hay agua”.La misma estructura y factura de estos molinos nos vale como respuesta. Estaban dispuestos de dos en dos, y una alberca o balsa precedía a cada pareja, con la finalidad de aprovechar cada gota de agua. La tipología de estas construcciones es la conocida como molino de cubo o vaso. También eran llamados molinos maquileros, término que designa la forma de pago al molinero, que consistía en la entrega de una parte de la harina molida. Esta era la maquila.

           Hay que tener en cuenta que la época estival es normalmente sinónimo de sequía por estos pagos y que el caudal que alimentaba estos molinos no provenía de ningún arroyo. El agua necesaria se obtenía encauzando todos los manantiales y regajos posibles que brotaban por esa parte de la sierra de Saladaviciosa, y conduciéndola por una atarjea o acequia a la primera de las albercas, ubicada probablemente detrás la iglesia. Aún pueden adivinarse restos de esta canalización, cual si se tratara de una vieja cicatriz apenas ya visible.

        Esta alberca, y las otras dos, perseguía dos fines: “guardar” todo el agua posible en previsión de los días secos y, dado este caudal estacional y pobre, obtener la presión y fuerza necesarias para a continuación mover la maquinaria del molino. Una vez que los dos primeros usaban este agua la conducían a la siguiente balsa y correspondiente pareja de molinos, y ya por último a la tercera.

          El caudal sobrante se utilizaba para regar los huertos de la zona llana de Facinas, conocida como Vico. Luego se derivaba al arroyo del Tejar, que viene a morir en el río Almodóvar.

Así funcionaban los molinos de cubo

Molinos 1 y 2

       Antes de nada aclarar que en ninguna fuente consultada he visto que estos molinos tuvieran un nombre propio. Al parecer se referían a ellos por su número, aunque seguramente fueran conocidos en la población por los apellidos de las familias que los poseían.

       El primer molino, el del “Arco”, quizás sea el más conocido, pues por debajo de su cao cruza la calle Tarifa, vía por la que se accede a Facinas por arriba, y por consiguiente de las más transitadas por coches y peatones.

     El cubo, que es esa especie como de torre seccionada, se encuentra en buen estado, no así el resto de las dependencias. Supongo que la parcela donde se encuentra pertenece a un particular, y lo cierto es que se haya un poco abandonada. Y eso que el callejón que la delimita por uno de sus lados es a mi parecer de los más auténticos y bonitos de Facinas.

       El segundo molino se encuentra apenas treinta metros más abajo. Lamento no poder mostrar fotografías de mejor calidad, pero es que la espesura de la vegetación no me permitía tomar una perspectiva adecuada. Mea culpa, siempre me olvido de meter en la mochila una mini desbrozadora, o que menos que un machete.

      Y esta es la fachada principal del segundo molino. El cuarto de la molienda estaba en la primera planta. Obsérvese la hornacina situada bajo el balcón. Más adelante hablaré de ellas.

Molinos 3 y 4

        Según me informó otro vecino, la acequia que guiaba el agua de los molinos 1 y 2 a los siguientes, pasaría por donde hoy día se encuentra el mercado de abastos y atravesaría las calles de la Constitución y Antonio Ordóñez, hasta alcanzar esta alberca que vemos abajo, donde se volvía a remansar y almacenar el agua.

     Este es el tercer molino: el cao, y a continuación el cubo, donde se aprecia la apertura por la que entraba el agua. Como se puede apreciar tampoco ha llegado a nosotros digamos que en muy buenas condiciones. Qué cierto eso de que agua pasada no mueve molino.

         Sin embargo,no hace muchos años sí que hubo un plan para intentar potenciar este patrimonio y este sector de Facinas. Me comentaron que se quiso crear una especie de camping rural, aterrazando el lugar y adecentando los molinos. Se supone que este proyecto no llegó a ver  la luz, paradójicamente, por las torres de alta tensión que atraviesan estas laderas.

     A continuación podemos ver uno de los elementos más curiosos y característicos de estas fábricas de harina: las hornacinas. Menos en el primero, pude comprobar que todos los molinos contaban con una, aunque también sospecho que la tuviera éste y desapareciera con el tiempo.

       La función  ornamental es indudable, pero estaría supeditada seguro a un fin protector y propiciatorio de una buena molienda. En el interior de estas hornacinas los molineros colocarían sin duda una imagen religiosa, pero ¿cuál?

      ¿Podría ser la Divina Pastora, la patrona de Facinas? En la fotografía de abajo muestro la hornacina de la fachada de la iglesia. Aunque este tipo de elementos ornamentales suelen ser corrientes en estas construcciones, qué quieren que les diga, y eso que por suerte o por desgracia uno no es nada religioso; lo mismo que los molinos se comunicaban unos con otros a partir de la primera alberca, yo veo (y comprendo) una conexión espiritual entre esta hornacina de la iglesia y las restantes de los molinos.

Hornacina de la iglesia

     Y el cuarto molino, con su arco derruido. Al fondo se aprecian los campos que les  daban de comer, donde en la actualidad prosperan los descendientes de estos ancestros de piedra y agua: los aerogeneradores, los molinos de viento.

         Pasemos a los últimos molinos con otro refrán, con la esperanza de que no se hubiera cumplido entre los molineros de Facinas: “Cada uno quiere llevar el agua a su molino, y dejar en seco el del vecino”.

Molinos 5 y 6

       Los molinos 5 y 6 fueron los que más me convencieron, a los que más tiempo dediqué, y en consecuencia, los que más me hicieron sudar. Finales de agosto; había más humedad en mi espalda que en toda esa seca ladera.

        Su mejor estado de conservación quizás se deba a que están más apartado de la población o a que tal vez fueran los últimos en producir harina. La verdad es que tuve mucha suerte por acceder a ellos, pues son propiedades privadas. Y más suerte aún porque el vecino que me dejó entrar y fotografiar libremente, ya mayor el hombre, es el nieto del que fuera el último dueño de del molino número 5, y no sé si también me dijo que del 6.

       Le agradezco de nuevo el detalle y la santa paciencia de responder a mi interrogatorio. En estos casos, como es lógico, presento mis credenciales, y así pues le dije que era marido de tal, nuero de tal, que paro en la calle Feria… en fin, hay que ponerse en el papel del hombre; no va a abrirle la cancela a cualquiera con pinta de hippie que aparezca por ahí interesado en los viejos molinos, por mucha Nikon que lleve en lo alto.

      La de abajo es la tercera y última alberca, de forma yo diría que romboidal. En el lado izquierdo aún se puede apreciar la tierra amontonada, fruto de años de cuidado y limpieza de los sedimentos que arrastraba el agua.

    El cubo de este molino muestra un aspecto más achaparrado, con dos escalonamientos más que los otros.

       El cao o acequía se ha conservado bastante bien. Justo donde está la chumbera hay una compuerta por donde se podía extraer agua para regar los huertos aledaños. Resulta también curiosa la terminación del enfoscado, con conchas marinas.

        El cubo debía medir sus buenos ocho metros de altura. Abajo, en el interior de la casa del molino vi la estructura metálica de antiguas ruedas de carruaje. Por ese boquete es por donde caía el agua, cada vez más “estrechada” para conseguir una mayor presión, que moviera luego el rodezno y otras piezas giratorias del artilugio.

       A continuación, otra historia que hizo mover el molino de mi curiosidad durante el resto de ese día: unos extraños símbolos o grafitis. Uno de ellos está claro que es un símbolo cristiano, una cruz grabada en una especie de garabato de cubo, digo yo.  Y en el otro yo veo la figura de una persona como bajo un palio. Este último grafiti, lo trasladamos a un abrigo-cueva de la sierra y pasa totalmente por una pintura rupestre de hace 6 mil años.

      Supongo que al igual que las hornacinas, tuvieron también una intención protectora.

      Vamos pués con el último molino, el 6. No esperaba encontrar gran cosa, por lo que me dijo el vecino del molino de arriba, pero no fue así. Es imposible no hallar cosas interesantes en cualquier edifico antiguo.

     Por ejemplo este escudo heráldico, que aún me deja pillado cada vez que lo miro. ¿Qué pinta un escudo de este tipo en un molino harinero? Al final de la sesión fotográfica regresé al quinto molino a ver si andaba por ahí mi buen informante. Que se quite internet y todos los archivos notariales de la provincia; me comentó que su abuelo había conseguido ese escudo de otra edificación más antigua que había por ese lugar, y lo había colocado en la fachada; que antes de ese molino existía otro más antiguo, que si un tal cura apellidado Bretón tenía tierras por ahí… en fin, todo envuelto en mucha duda y misterio, pero ya les digo que casi que no me hace falta saber más.

     Y para rematar esa mañana calurosa pero fructífera, restos oxidados de la maquinaría que movía las piedras, algo que no es muy usual encontrarse en estos viejos molinos. Yo al menos es la primera vez que me encuentro ante tantos restos. En algun lugar he leído, o quizá fuera otra enseñanza de mi informante, que uno de los molinos llegó a funcionar hasta mediados del siglo XX, y que por estas fechas ya había desistido de usar la fuerza del agua como fuente de energía, pasando a utilizar un motor de gasoil. Tal vez fuera este “número 6” este molino.

     Y varias piedras de molino, conocidas como francesas, de la marca “Type la Ferte”. Fueron introducidas en nuestra tierra en los años veinte del pasado siglo, y sustituyeron a las piedras de toda la vida, denominadas “piedras blancas”. Por lo visto daban más faena al molinero, pues debían de ser picadas casi a diario.

      Ya lo están viendo, artilugios oxidados, piedras gabachas que ya nunca más volverán a moler trigo, una chumbera donde antes corría agua…

      La tecnología se ha impuesto, pero es verano y seguimos sin agua; llegará el invierno y no habrá trigo para estos molinos… La letra de la coplilla se sigue cumpliendo en la actualidad. En el que caso de que se pudiera continuar, yo añadiría unos versos que aludieran a que estamos condenados todo el año a comprar barras de pan que mira por dónde, y nunca mejor dicho, son el pan nuestro de cada día, porque al día siguiente no valen ni para el gazpacho.
       Aquí se me acaba a mí el agua, queridos lectores, les agradezco la molienda de la… quiero decir la lectura de la entrada.

¡Chistera, chistera, la dcaminata molinera está fuera!