Biblioteca·Caminatas·Historia, Folclore y Etnografía·P.N. El Estrecho

Nuevos hallazgos en el entorno de la Peña del Bujeo.


2.1. Peña del Bujeo

Quien quiera ver correctamente la época en la que vive debe contemplarla desde lejos. ¿A qué distancia? Es muy sencillo: a la distancia que no permite ya distinguir la nariz de Cleopatra.

José Ortega y Gasset.

    A veces la piedra arenisca adopta formas muy curiosas y sugerentes. El viento y la lluvia actúan sobre ella como cinceles incansables y nos legan monumentos naturales que cuesta calificarlos como fortuitos. En este caso los fenómenos atmosféricos han modelado un rostro pétreo emergiendo de la tierra (foto de arriba); de izquierda a derecha se aprecia la barbilla y una boca retraída, luego una nariz entre aguileña y griega y finalmente el ojo… ¡ si hasta los arbolillos hacen de pelo para este coloso yacente!

      Y hablando de caras que emergen, ya iba siendo hora de que asomara mi careto por el blog. Este próximo septiembre hará un año ¡menudo año! que no subo una entrada. Abandonado no, lo siguiente. La historia que cuento a continuación tuvo lugar por tanto a finales del verano pasado. En alguna ocasión me he puesto frente al ordenador con la intención de contar este humilde hallazgo que considero inédito, al menos en este mundo bloguero en el que me muevo, pero nada, no hubo maneras, ni sobre todo ganas.

      Tampoco he regresado de nuevo al lugar de los hechos. ¿Seguirá mi gigante con esa expresión tan seria? ¿Seguirá conservando el pelo, digo los arbolitos?

       La Peña del Bujeo, aún siendo un lugar no muy frecuentado, es un enclave conocido incluso para los que no conocen exactamente su ubicación. Me explico. ¿Quién no se ha fijado mientras conducía en dirección a Tarifa, pasando Pelayo, en un promontorio que destaca a mano izquierda y que a la fuerza tiene que llamar nuestra atención? Ya, ya sé, los conductores prudentes, pero ahí está. Quién quiera saber algo más que no sea tan prudente y la próxima vez eche un vistazo, busque en Iberpix, o en último término, llame al departamento de geolocalización de dCaminata.

         Una tarde de esas, “casi” a la fresquita, mi hermano Francisco Javier, del Facebook Paisajes del Campo de Gibraltar, y el que les escribe decidimos acercarnos a la zona para conocerla a fondo. Y menos mal que lo hicimos, fue una tarde bastante fructífera ¿quién nos iba a decir que un simple paseo vespertino nos iba a deparar tales sorpresas? Vamos, como que me dan ganas de esta misma tarde acercarme de nuevo.

2.Escaleras de la Peña.

         Después de presentar nuestros respetos al susodicho gigante subimos la escalera que conduce a la cima de la peña. ¿Por qué una escalera en este sitio? Como se verá en las siguientes imágenes desde este promontorio, desde esta atalaya natural, se obtiene una visión inmejorable del acceso norte a la ciudad de Algeciras y sobre todo del Estrecho y sus primeras elevaciones.

3. Cima de la peña.

       Una vez arriba encontramos pruebas que certifican la idoneidad de esta peña como lugar ideal de observación y posicionamiento geográfico: un vértice geodésico, una caseta que sin duda perteneció en su día al acuartelamiento del Bujeo, y sobre todo, los restos de una estructura de piedra, de forma cuadrada y con pinta de ser bastante antigua. Esto fue lo que en principio lo que nos llevó allí esa tarde, pues ya anteriormente había llamado la atención de mi hermano en una de sus escapadas.

4. Base de la torre

5. Esquina de la torre.

       Si hacemos caso al mapa topográfico, donde se nombra este enclave como “Torre del Bujeo“, y tirando de nuestro conocimiento, que no deja de ser de aficionado, encontramos bastantes similitudes con otros restos de torres vigías de origen medieval. La planta  parece ser rectangular, y a falta de metro en la mochila ¡cuándo me acordaré de meter uno en ella! calculamos que de 3×4 m. más o menos. En cuanto altura, cualquiera sabe, pues sólo se ha conservado la base.

5.1. Esquina torre.

6. Algeciras desde la torre.

      Como se observa en las dos fotos anteriores esta base está compuesta por un núcleo de calicanto delimitado por sillares de mediano tamaño. Ejemplos similares los podemos ver en la Torre del Almirante y en la también desaparecida y destruida Torre de Punta Carnero. Ambas son de épocas distintas, la primera se supone que anterior al s. XIV y la segunda del XVI. Dado lo que se ha conservado y a falta de estudios que lo certifiquen yo vuelvo a tirar mis dados de aficionado y apuesto porque sean restos de una pequeña torre vigía de origen medieval.

       Al tratar de buscar información sobre estos cimientos antiguos nos encontramos con lo de siempre: dificultades y sobre todo escasez de datos.

        Ángel Sáez, al que de forma obligada hay que recurrir en estas lides, al menos menciona la palabra “Bujeo” en su artículo “Nuevas noticias sobre las torres de almenara de Tarifa“. Al hablar de la Torre de Don Juan o de Guzmán el Bueno indica lo siguiente: “Por su gran elevación, la Torre de Don Juan cumpliría la misión de atalaya principal de la ciudad murada durante la Edad Media. De esta forma establecería contacto entre las almenaras de la costa atlántica tarifeña –de la Peña y de los Vaqueros–, las del interior –del Rayo y de Torregrosa– y las estancias que continuaban las señales hacia Algeciras por el Bujeo.”

      ¿Podría corresponderse estos restos con una de esas estancias que transmitían las señales hacia Algeciras?

      Por último, añado otra información que me facilitó F.M. un usuario del Facebook Historia de Algeciras en imágenes, y al que agradezco su colaboración. Cito textualmente: ” Figura en los mapas topográficos como la torrecilla, mi padre la conoció en pie y así estuvo hasta después de la guerra civil en la que los militares la derribaron para colocar un puesto de comunicaciones. Era una de las torres vigías interiores a igual que la de Getares.”

       Si nuestro informante está en lo cierto, esta torrecilla del Bujeo estaría en pie hasta la Guerra Civil, y sufriría el mismo e injusto destino que la mencionada Torre de Punta Carnero, demolida con fines militares en el ámbito del Plan defensivo del Campo de Gibraltar, cuando a partir de 1939 se fortificó toda la costa del Estrecho ante un posible ataque de las fuerzas aliadas.

       ¡Cuánto daría por ver una fotografía de esta torre antes de ser destruida!

7. Pelayo y Algeciras.

      Nuestra hipotética Torre del Bujeo dominaría pues el camino medieval de Algeciras a Tarifa. En el caso de ser medieval, claro. Además, hemos de tener en cuenta que en esa época no existía ninguna estancia o torre vigía en esos 20 kilómetros de tortuosa geografía. Las almenaras de Guadalmesí, del Fraile y Punta Carnero son posteriores, del s. XVI.

8. Montes de Getares.

9. El Estrecho desde la torre.

También se controlaría buena parte del Estrecho, especialmente las incursiones marítimas procedentes de Ceuta.

     Hasta aquí el capítulo de la torrecilla del Bujeo, otro más a engrosar en la larga lista de yacimientos campogibraltareños que apenas han merecido estudio alguno, pero que al menos logran mantener viva la llama a los que somos amantes de nuestra historia y nuestra geografía.

     Y si esta torrecilla vigía logró mandarnos desde su incógnito pasado señales de humo en forma de preguntas y misterio, lo que hallamos a continuación acabó por incendiar del todo nuestra curiosidad.

     Al bajar de la peña y merodear por los alrededores nos topamos de repente, casi ocultos por los brezales, unos enormes sillares de piedra arenisca. ¿Cuántos de ellos? Entre la perplejidad y los nervios no caímos en la cuenta de contarlos, pero calculamos que entre veinte y treinta sillares fácilmente.

10. Primer sillar.

11. Sillar y Bahía.

Como se puede advertir, sus dimensiones no son las usuales, las que luego solemos ver en cualquier edificación.

12. Segundo sillar

13. Dos sillares juntos.

     Pero en todos ellos se aprecia perfectamente su forma rectangular y las marcas de las herramientas que los tallaron.

14. Sillar desde arriba.

14.1. Escombros.

      También encontramos en uno de los numerosos afloramientos de arenisca uno de los posibles lugares de extracción y talla de los sillares.

15. Sillar

16. Sillar con piedra debajo.

     Muchos de ellos conservan aún en la base otra piedra que seguramente facilitarían las labores de cincelado o quizás su alzamiento para ser luego transportadas.

17. Sillar de grandes dimensiones.

     La primera hipótesis que se nos vino a nuestras emocionadas mentes fue la que fueran sillares destinados a la construcción de la torre, pero entonces ¿por qué de tan grandes dimensiones y sobre todo por qué sobraron tantos? El inusual tamaño se puede explicar porque al parecer los canteros o picapedreros que tallaban estas piedras las cortaban primero en grandes bloques y finalmente les daban su forma definitiva ya cerca del lugar o edificación del cual iban a formar parte. Ahora bien ¿por qué motivo no fueron utilizadas en la torre? ¿Por qué no llegaron nunca a su destino?

     Pasados los días, sillar para arriba y sillar para abajo, barajamos también la posibilidad de que estos fueran extraídos y labrados para cualquier otra construcción más cercana tanto en el tiempo como en el espacio, posiblemente para algún cortijo de la zona. Los más próximos son los cortijos de la Hoya y del Pueblecillo, donde incluso se han descubierto restos cerámicos del los siglos XIII y XIV; aunque se hallan algo distantes, y en el caso de que hubieran necesitado bloques de arenisca los habrían obtenido más fácilmente de algún afloramiento limítrofe, de los tantos que hay. Entonces, una vez más ¿qué hacen esos sillares abandonados en esa ladera?

     Por suerte, o por desgracia, según se mire, lo que descubrimos por último vino a aportar otra hipótesis más a esta areniscosa historia. Este sí que fue el hallazgo que acabó ya de volvernos locos del todo. Todas las torres atalayas y almenaras del Estrecho se pusieron de acuerdo para abrumarnos, ahumarnos y cegarnos con señales del pasado.

     Juro que ocurrió así tal y como os cuento, sin peliculeo. Continuamos mi hermano y yo monte abajo inspeccionando cada rincón y cada tajo de piedra que veíamos a la caza y captura de más sillares. Recuerdo que le dije, Chico (yo es que le llamo así) ¿te imaginas que encontramos una pinturilla o una tumba que no haya cazado ya el Simón (jejeje, esto lo añado ahora)? Pues fue decirlo, reírnos por lo bajo de nuestra ingenuidad, encaramarme a un tajo y pasar al otro lado, frotarme los ojos y ponérseme literalmente los vellos de punta.

18. Laja de los Sillares.

    Este es el lugar de los hechos, y al fondo, grabados en la laja, los dos petroglifos que me han dado una de mis mayores alegrías como dcaminante. Podéis imaginar la emoción e incredulidad que sentí y casi oír todavía las voces que le di a mi hermano para que viniera corriendo a verlos.

19. Señalando la llave.

     El signo lapidario que señala mi hermano tiene forma de llave antigua, grabado de una forma muy superficial o erosionado por el tiempo.

20. Señalando la cruz.

    Y el que señalo yo es un signo cruciforme a todas luces, de mayor tamaño que el anterior y cincelado con más profundidad.

21. Símbolo cruz

     La cruz, en detalle.

23. Símbolo llave

     Y la llave, el petroglifo que sin lugar a dudas más nos llamó la atención. Obligados de nuevo a teorizar, valoramos que fueran signos grabados por algún ermitaño o eremita que huyendo del mundanal ruido buscara a Dios por estos montes. El símbolo de la cruz cuadra, pero ¿y el de la llave?

     El ser sólo simples aficionados a la Historia es lo que tiene. No hay que rendir cuentas a la ciencia arqueológica, y lo mejor de todo, se otorga uno a sí mismo todo el derecho del mundo a fantasear y elucubrar. Y puestos a elucubrar ¿por qué no relacionar estos signos con los sillares? Digámoslo ya ¿por qué no pesar que son marcas de cantero realizadas por las mismas personas que elaboraron estos sillares?

     Sobre este asunto de las marcas de cantería existe una bibliografía bastante extensa, pero antes de zambullirme sin salvavidas en ella quise contar con la opinión de algunos colegas blogueros a los que suelo consultar en estos casos: Manuel Limón, José Manuel Amarillo y Simón Blanco. ¿Menudo trío para los que los conozcáis, no? Los tres, obviamente a falta de un estudio hecho por profesionales, opinaron que de las hipótesis planteadas, la más realista podría ser la de las marcas de cantero. Que estuvieran relacionadas o no con los sillares era otro asunto.

     Manuel Limón tuvo incluso el detalle de realizar por su cuenta una búsqueda en Internet para hallar casos análogos de marcas de cantero. Estas dos imágenes de abajo fueron las que me envió:

24.Autor.Jose María de la Osa. Marca recogida en la Iglesia de la Magdalena (s.XII) en Tudela, Navarra.

Marca de cantero de la Iglesia de la Magdalena (s.XII) en Tudela – Navarra. (Fotografía de José María de la Osa)

25. Marcas en forma de llaves. Iglesias de Moreruela y la Oliva. Web romanicoaragones

Marcas de cantero de los monasterios de Moreruela  (Provincia de Zamora) y de la Oliva (Navarra), respectivamente.

    Es innegable que el petroglifo en forma de llave que hallamos esa tarde guarda un gran parecido con estas tres marcas, pero Zamora y Navarra quedan un pelín lejos. Había que localizar un ejemplo más cercano. ¿Quién nos iba a decir que lo íbamos a encontrar en la misma plaza principal de nuestro pueblo, en la Plaza Alta?

    Días después del hallazgo recordé un artículo de Antonio Torremocha publicado en el nº 4-5 de la revista Caetaria: “Signos lapidarios hallados en las murallas meriníes de Algeciras”. En dicho artículo analiza 457 marcas de cantero descubiertas en los sillares del recinto defensivo excavado hace unos años. Y expone una muy interesante teoría en la que los autores de estos sillares y signos lapidarios serían canteros y picapedreros castellanos. Explica la presencia de estos artesanos cristianos en una ciudad musulmana como consecuencia de un tratado de paz que se firmó entre Alfonso X y el emir Abu Yusuf entre los años 1279 y 1286; tregua que aprovecharían estos trabajadores para ganarse sus dinares en las numerosas obras que llevó a cabo el emir meriní para reforzar el complejo defensivo de la ciudad.

      Para Antonio Torremocha, la finalidad de estos signos lapidarios era la de contabilizar y marcar las distintas piezas talladas por las cuadrillas de canteros y de este modo cobrar por el trabajo realizado. Como también afirma, estos canteros se desplazaban a los alrededores de Algeciras para extraer piedra arenisca con destino a tales obras.

      ¿Podríamos elucubrar entonces que los sillares del Bujeo fueron tallados para tal fin pero que por la razón que sea nunca llegaron a su destino? ¿Serían los dos petroglifos hallados en esa peña marcas de una cuadrilla de canteros en particular para indicar que ese era su tajo, su lugar de extracción?

       Finalizando ya y retomando el hilo del signo lapidario en forma de llave mencionar que el que más se le parece al que nosotros encontramos se halla en la Iglesia de la Palma, en pleno centro de Algeciras. De los 457 signos estudiados por Torremocha sólo uno, este, muestra similitudes.

Iglesia de la Palma

     Se halla justamente en el lugar donde posan esas dos niñas tan bonitas, mis verdaderos tesoros.

26. Sillar muralla meriní.

    Este es el signo. No es exactamente igual pero vamos, para ser sólo el único que se ha hallado con esta forma… El sillar que lo contiene acabó aquí cuando en el resurgimiento de Algeciras en el s. XVIII se aprovecharon los sillares de las murallas para la construcción de edificios públicos y viviendas.

foso murallas merinies

     Y ya por último les doy un paseo por dichas murallas meriníes donde pueden disfrutar in situ de todas esas marcas de cantero.

Murallas meriníes

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27. Sillar muralla meriní.

     Como esta otra, parecida a la cruz del Bujeo, o casi.

28. Seguimos buscando.

     Venga chico, no busquemos más y volvamos, que los hados de la fortuna ya nos han tocado con su cincel, digo con su varita.

29. Otra peña en el Bujeo.

     Moraleja: nunca dejes de revisar una peña o laja de arriba a abajo. Y sobre todo, nunca dejes de fantasear, nunca dejes que la realidad te estropee una bonita historia.

¡CHISTERA CHISTERA LA DCAMINATA ESTÁ FUERA!

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La Fuentesanta, el balneario perdido de Algeciras


1.Panorama Fuentesanta      “A una hora de distancia de la ciudad están los baños minerales llamados de la Fuentesanta, situados en la garganta del mismo nombre: el agua que con abundancia los surte, es hidro-sulfúrica y hepática, bastante cargada de mineral, y se aplica con excelentes resultados para toda clase de afecciones cutáneas: se encuentran muy descuidados, sin facultativo de dotación.Pascual_madoz
Consisten en una alberca de regular capacidad con las aguas corrientes, y junto a ellos hay hasta unas 18 habitaciones de teja y varias chozas, para 20 familias más o menos, que suelen concurrir a ellos. En otros puntos de la falda de la sierra se hallan 5 o más fuentes mineralizadas, sin que se hayan analizado: algunas parecen ferruginosas, y los naturales beben el agua de todas ellas, porque son tradicionales sus buenos resultados para ciertas enfermedades.”

Pascual Madoz. Geógrafo y político. 1845

         De este modo describía Pascual Madoz el balneario de la Fuentesanta en su obra magna: Diccionario Geográfico de España. Cuando le toca el turno a Algeciras no duda en señalar la existencia de estos baños minerales, por lo que debieron ser de uso frecuente y popular entre los algecireños del s. XIX. Una alberca de mediana capacidad, 18 habitaciones de tejas y varias chozas que albergarían a 20 familias más o menos, sin facultativo de dotación y ya por esos años (1845) un tanto descuidado. Una descripción que nos lleva a pensar que no fue éste un balneario ostentoso destinado sólo a clases pudientes, si no más bien un sencillo balneario al que acudirían sobre todo familias de mediano estatus, y en menor medida y ocasionalmente, algecireños de buena posición.

      El siglo XIX fue el siglo de oro de la balneoterapia. A estos establecimientos terapéuticos no sólo se acudía para “tomar las aguas” y sanar el cuerpo. También eran centros de ocio, en realidad el germen de lo que hoy llamamos turismo. Otras poblaciones de la provincia contaron con estos baños, tal es el caso de Jerez de la Frontera con sus Baños de Gigonza y el balneario de Rosa Celeste, o el de Paterna de Rivera, donde se repetiría el topónimo de balneario de la Fuente Santa. Algeciras no iba a ser menos, y a una escala un tanto menos suntuosa, también trataría de aprovechar las cualidades benéficas de una garganta a la que los paisanos calificaban de “santa”.

     Si nos trasladamos a la Algeciras del siglo XIX comprenderemos por qué este balneario y esta garganta en concreto gozaron de beatífica fama para sus usuarios. Imagínense una población de 11.000 habitantes donde las infraestructuras higiénico-sanitarias son escasas y deficientes (bueno, en esto tampoco hemos mejorado mucho, la verdad), donde periódicamente enfermedades tan terribles como el cólera morbo o las fiebres amarillas causan centenares de muertos, donde las condiciones climatológicas favorecen las enfermedades pulmonares, de la piel, etc… ¿No calificaríamos también de “santas” unas aguas que alivian estas penurias? ¿No correríamos monte arriba para reservar una plaza en este balneario?

2. Hacia la Fuentesanta        Mi hermano Francisco Javier y yo también hemos querido a través de esta caminata reservar un par de plazas en la memoria de este desconocido balneario. Ahí estamos, mirando de frente a la garganta de la Fuentesanta, con la loca y quizá ingenua intención de localizar lo que quede de dicho balneario. Digo loca porque hay que estarlo un poco para salir al monte con estos calores de agosto, y digo ingenua porque sobra decir que sabemos que no vamos a descubrir ninguna Troya, que sospechamos que nos esperan a lo sumo restos de muros, piedras amontonadas, quizá algún sorpresivo hallazgo, y ¿poco más?

    ¿Pero en qué si no consiste la aventura, aunque sea a pequeña escala? Para esta de hoy contamos con la cita de Pascual Madoz, con alguna escueta referencia histórica más, y como ya se ha dicho, muy poco respeto al calor, los pinchos y el rasgueo monocorde de las cigarras. Nosotros tardamos unas 4 horas entre ida y vuelta. A ustedes sólo les costará 10 minutillos de lectura, y sin sudar ¿eh?

3. Pilar de Matapuercos    La primera sesión de fotos la hacemos en el cortijo de Matapuercos, aledaño al antiguo campo de tiro. Un par de pilares para el ganado como el de arriba, y fuentes como la de abajo, nos hablan de un próspero pasado agropecuario, hoy día venido a menos.

Fuente en Matapuercos
Foto de Francisco Javier Pizarro (FB Paisajes del Campo de Gibraltar)

4. Emblema de infantaría

    Hasta la década de los 80, las antiguas dependencias del cortijo fueron ocupadas por los mandos que dirigían las maniobras militares. La de tiros y morterazos que se ha llevado este pobre monte por nuestros también, pobres y obligados quintos. Entre ellos nuestro hermano mayor, que hizo la mili en el 88 y participó en estas maniobras. Tal circunstancia ha contribuido a que la Fuentesanta sea la garganta más desconocida de los alrededores, pues obviamente estaba prohibido el paso al personal civil.

    Aún quedan vestigios de esta etapa militar, como se puede observar en el poyete donde ondearía supongo una bandera. Y lo más curioso, la huella dejada en el cemento por una placa correspondiente al cuerpo de infantería.

5. Panorama Fuentesanta
Panorámica del Huerto de los mellizos

6. Cortijo del Huerto de los Mellizos     Poco después alcanzamos el conocido Huerto de los Mellizos, o del Gallego, como he leído en otra parte, y no Ventorrillo de la Trocha, como se obstina en señalarnos el mapa oficial. Otro cortijo decimonónico que nos habla de mejores tiempos para el agro algecireño.

7. Majoleto y torvisco     Bajando por el senderillo que nos lleva al arroyo reparamos en algunas plantas que aprovechan el verano para fructificar y florecer, tal es el caso del majoleto (izquierda) con sus frutos rojos, y el torvisco (derecha) con sus pequeñas flores blancas.

8. Paso del arroyo de la Fuentesanta    Una vez en el paso del arroyo de la Fuentesanta aprovechamos para refrescarnos un poco. A la vuelta, ya a mediodía, poco nos faltó para meternos de cuerpo entero y así de paso beneficiarnos de sus cualidades. Curso abajo, dicho arroyo se une con el de Botafuegos, para desembocar juntos en el Palmones.
9. Collage flores    Las adelfas (izquierda) salpican de rosa el manto verde que cubre al arroyo. Y la flor de este ojaranzo (derecha), el único que vimos, que increíblemente sobrevive a su floración primaveral.

10. Subiendo un tramo de la Trocha      Dejamos atrás el arroyo y subimos el primer tramo empedrado de la Trocha, histórico camino que tantas satisfacciones y buenas caminatas nos han dado.

11. Garganta de la Fuentesanta     Culminada esta primera pendiente, y sudando ya la gota gorda, tomamos una pista que se abre a la izquierda. Si seguimos adelante llegamos, esta vez sí, al Ventorrillo de la Trocha.

     Esta pista de tierra, que discurre en paralelo a la garganta, conduce a un pequeño claro, el cual siempre he supuesto que sea un patio de corcha. Sin embargo, y como se puede ver en la foto de abajo, aún son visibles restos de chozas y pavimentos de piedra. Dudo que formaran parte del balneario que estamos buscando; seguramente pertenezcan a la última ocupación humana de esta parte de la sierra, allá por los 40.       12. Cabaña y solería

      Ahora váyanse buscando una sombra en este claro que he de hacer un obligado inciso. De agosto de 2013 nos trasladamos a abril de 1935; así, por las buenas, por obra y gracia de la fotografía.

     Cuando emprendemos una de estas dCaminatas históricas, a parte de documentarnos como buenamente podemos, solemos recabar información en el estupendo Facebook de Historia de Algeciras en imágenes, todo un tesoro de fotografías antiguas y paisanos con experiencia. Al preguntar sobre este balneario entablamos una muy interesante conversación con algunos de sus participantes, pero en especial con Enrique Pérez Benítez, quien subió además unas fotografías en B/N que nos vienen ahora de maravilla para tomar un atajo y acercarnos mínimamente al pasado de la Fuentesanta.

13. explanadilla. Excursión de Juan Pérez Arriete
Fotografía de Enrique Pérez Benítez

Esta es una de ellas, precisamente en el claro donde hemos hecho la parada y el inciso. La fotografía está tomada en abril de 1935, y en el dorso, aunque no lo vean, hay escrita una nota: “Fuentesanta. La explanadilla

    Entre los figurantes, a la izquierda, sentado y con gafas,  se encuentra Juan Pérez Arriete; célebre algecireño que fuera entre otros cargos concejal, cronista oficial de la ciudad y fundador y director del periódico El Cronista (1912). En mi opinión es un documento gráfico singular, ya que deben ser pocas las fotografías antiguas que retraten  la garganta de la Fuentesanta como destino popular de excursionistas.

    Enrique Pérez, al que agradecemos desde aquí el detalle de prestarnos para la ocasión un par de fotos, es sobrino-nieto de Juan Pérez Arriete, y edita un blog muy interesante sobre la figura y obra de su tío-abuelo: El Cronista de Juan Pérez Arriete.

13.1 Comparativa Explanadilla         Observando en casa la fotografía en B/N tuvimos la intuición de que ya conocíamos el lugar exacto de la toma. El pequeño acebuche de la izquierda nos encendió la bombilla. Una vez en la explanadilla tratamos de obtener la misma perspectiva. Y si tenemos en cuenta el tiempo transcurrido, y los distintos objetivos empleados, juraríamos que el sitio es el mismo: la misma choza de piedra que se atisba detrás y el mismo acebuche 78 años después. ¿Qué opinan?

14. Saliendo de la explanadilla    Sea o no el mismo árbol, salgan ya de la sombra que seguimos con la caminata, a la búsqueda del balneario perdido. Para mí es la primera vez que bajo a la garganta por este punto, por este senderillo. Siempre que he ruteado por esta zona he pasado de largo en dirección a las Esclarecidas.

15. Bajando a la garganta    Para mi hermano Francisco Javier no es la primera vez, ya bajó dos semanas antes también tras la pista del balneario, pero una desgraciada caída, que ya explicaré con más detalle, le impidió explorar la zona como es debido. ¡No podría uno aficionarse mejor al mus o a las videoconsolas, no…!

16. Vivienda en la garganta    Por esta razón, fuimos directamente a esta vivienda que veis y que ya visitó, en plena angostura de la garganta. Como es lógico, tampoco sabemos si llegó a formar parte de la infraestructura del balneario, pero dista mucho de ser el típico cortijillo serrano, pues al encontrarse encajonado en el canuto apenas hay espacio para huerto, corrales u otras dependencias camperas.

17. Vivienda desde arriba     La vivienda consta de una reducida terraza y tres habitaciones. Aún se aprecia la robustez de sus muros y parte del techado a dos aguas.

18. Vivienda en la garganta

    ¿Quién sería el propietario de esta casa? Fuera quien fuera, su nivel adquisitivo era superior al de los propietarios de las chozas. Saco ahora a colación otro comentario de la conversación que mantuvimos en Historia de Algeciras en imágenes. Según Francisco L. “… Efectivamente, las aguas sulfurosas de sus manantiales eran milagrosas, y según referencias eran muchísimos los algecireños que sobre todo en verano los visitaban. Respecto a las casas me consta que D. Vicente Bálsamo, entre otros, acostumbraba a veranear en una casa que poseía en sus cercanías”.

     Vicente Bálsamo Cappiel ( 1776-1863) era el cabeza de familia de uno de los linajes más influyentes en la Algeciras del s. XIX. ¿Sería ésta la casa en donde los Bálsamo pasaban la temporada veraniega? ¿Por casualidad algún descendiente de esta familia está leyendo ahora mismo el reportaje?

19. Poza debajo de la casa    Justo abajo de la casa encontramos esta hermosa poza, que aún muestra señales de haber estado represada. El  característico olor a huevo podrido es patente. Este es producido por el azufre que contiene el agua.

Lugar de la caída     A la mayoría de vosotros esta fotografía no os dirá mucho, pero a mi hermano sí, y mucho. Ese fue el lugar exacto donde se cayó y ¡se dislocó un hombro! Parece estar preguntándose cómo pudo sucederle. Puede sonar a cachondeo, pero como queriendo demostrarle que a cualquiera le pudo haber pasado, también resbalé yo en la misma piedra… y metí la pata hasta el corvejón.

     Menuda película para salir de allí con el hombro dislocado. En este tipo de sitios hay que tomar las precauciones oportunas: no salir nunca solo, llevar móvil, en fin, lo que ya sabéis.

20. Poza impresionista

    Si el pintor impresionista Claude Monet, autor de Los Nenúfares, hubiera visitado este canuto habría obtenido sin duda sugerentes motivos para pintar un lienzo dedicado a las adelfas.

21. Aterrazamiento      Vayamos por fin al balneario, a lo que queda de lo que nosotros pensamos que fue el balneario. Retrocediendo sobre nuestros pasos nos dedicamos a escudriñar este aterrazamiento de piedra que habíamos observado antes.

   Aunque se encuentra derruido en algunos tramos calculamos que pudo medir entre 20 y 30 metros en su estado original. Justo enfrente hay otro en la misma orilla del arroyo, aterrazándola también. Su función no podía ser otra que que la de evitar corrimientos de tierra y así servir de cimiento a estructuras de alguna edificación.

22. Excursión Juan Pérez Arriete. Piedra de los bichitos. Abril 1935
Fotografía de Enrique Pérez Benítez

    Quizá por los alrededores se tomó esta otra fotografía de Juan Pérez Arriete. En el reverso consta esta cita: “Fuentesanta. Piedra de los bichitos”.

   Como se aprecia en la imagen, la orilla del arroyo está despejada y es accesible. Al contrario de lo que ocurre hoy día, donde un espeso túnel de vegetación impide muchas veces hasta ver la corriente.

23. 2ª Terraza con restos de viviendas   Detrás de los muros de contención encontramos cientos de piedras desperdigadas por una gran superficie. No parecen ser la típica arenisca del aljibe, la roca mayoritaria en estos suelos. Por su color entre gris y azulado pensamos que se trata de pizarra, de la denominada en el Campo de Gibraltar como “losa o piedra de Tarifa” o “piedra jabaluna”. Es probable que fuera transportada allí desde alguna cantera cercana.    24. Alineamientos de piedras   A pesar del caos se distinguen alineaciones de piedra a lo largo y a lo ancho, que se extienden también una treintena de metros. Y pies de muros que nos permiten apenas adivinar formas. Sin embargo, los árboles y arbustos que se han adueñado del lugar nos impiden tomar una perspectiva adecuada que nos aclare el asunto. Nota para la siguiente caminata: meter en la mochila un globo aerostático para sacar fotografías aéreas.

25. Muro de vivienda     Tras los oportunos arañazos y pinchazos conseguimos hallar estructuras cuadrangulares, restos de construcciones invadidas totalmente por las zarzas. Otra nota: Meter también en la mochila una desbrozadora en condiciones.

     ¿Estarían aquí las 18 habitaciones con tejas de las que nos habla la reseña de Pascual Madoz? Digámoslo ya ¿Estamos en las ruinas del balneario de la Fuentesanta? Nosotros nos mojamos y contestamos afirmativamente. Dudamos que existan otros vestigios similares en toda la garganta.

26. Resto de enfoscado en muro     En algunos de estos pies de muro todavía se aprecian huellas de enfoscado.

27. Resto de Ladrillos y tejas     Y por doquier se ven numerosos restos de tejas y ladrillos tirados por el suelo.

    El historiador Angel Sáez, en una nota a pie de página de su artículo sobre el camino de la Trocha comenta lo siguiente, citando también a Madoz al principio: Costaba de una alberca, 18 habitaciones de teja y varias chozas para 20 familias…” Y añade de su cosecha: Sus edificios darían más tarde cobijo a varias familias campesinas, hasta su total abandono en los años cuarenta. Las ruinas del balneario fueron convertidas en bancales de cultivo. Era el último núcleo habitado de este hermoso valle, junto a La Cabreriza, en la ladera norte. En la actualidad, unos pocos restos de viviendas sirven de porquerizas a orillas del arroyo”.

Foto de Francisco Javier Pizarro (FB Paisajes del Campo de Gibraltar)
Foto de Francisco Javier Pizarro (FB Paisajes del Campo de Gibraltar)

    En un sitio donde “se tomaban las aguas” no podían faltar botellas. Esta que hoy contiene agua y algún tipo de alga, sospechamos que en el pasado contuviera alguna bebida espirituosa.

Botella de cerámica   O esta otra de cerámica, sin duda más auténtica y antigua. Es curiosa la forma en espiral de su fondo.

28. Fuente o alberca

   No obstante, el hallazgo que nos causó más emoción fue esta alberca situada en una vaguada cercana, en uno de los extremos del complejo terapéutico. Donde señala mi hermano es donde estaría el caño o surtidor. Alrededor de este aún se mantiene la cal en el enlucido. Nos vemos obligados a preguntarnos de nuevo ¿Es esta  la alberca que cita Madoz?

Situación balneario    Terminamos el reportaje con un croquis de la garganta y las dependencias localizadas. Tal como imaginábamos al principio de la caminata presentiamos que nos esperaban ruinas y vestigios, mucha piedra amontonada y algún que otro, para nosotros, emocionante hallazo. Y así ha sido más o menos.
Menos mal que procedemos de familia obrera; mi mismo hermano es albañil, y al mismo tiempo contamos con nuestras inquietudes históricas y culturales. Dos factores que nos han permitido poner a trabajar la mejor de las herramientas en estos casos: la imaginación. Nos fuimos de allí con una idea bastante aceptable de lo que pudo ser el balneario de la Fuentesanta. Nos ganamos el jornal.

30. Algeciras en 1942
Vista aérea de Algeciras en 1942.

¡CHISTERA, CHISTERA LA DCAMINATA ESTÁ FUERA!

Para saber más:

Biblioteca·Caminatas·Historia, Folclore y Etnografía·P.N. El Estrecho

Castillo de “El Tolmo”: un fuerte en el Estrecho de Gibraltar


Portada Castillo del Tolmo

       Ya no hay moros en la costa, ni ingleses, holandeses ni turcos, o al menos no se les espera divisar como ocurría en siglos anteriores. Esa presencia, que sin duda fue intimidatoria y peligrosa en el pasado, se ha transformado sustancialmente en la actualidad. Petroleros, ferrys y portaviones han sustituido a bajeles y galeras; y los radares de alta tecnología han dejado en pañales a las torres almenaras. En fin, la noción de “peligro”, y de “enemigos”, más que cambiar, se ha difuminado en el horizonte, lo cual no quita para que en ciertos aspectos vivamos en un s.XXI un tanto medieval.

            El Castillo del Tolmo fue construido en pleno Estrecho de Gibraltar en 1741, diseñado por Don Lorenzo de Solís, Ingeniero Comandante de Ceuta. Por estos años el enemigo más combativo no procedía del sur, de las costas de Berbería, si no del norte, y por caprichos y avatares de la historia ese enemigo de latitudes norteñas se nos acabó instalando en el patio trasero, o en el jardín de delante, como prefieran: GIBRALTAR.

                Resbaladizo como un jabón en las manos de diversos imperios y reinos, el Peñón de la Discordia cambiaría varias veces de dueño. Desde que el Duque de Medina Sidonia se lo arrebatara a los nazaríes de Granada en 1462, apenas llevábamos tres siglos intentando que no se nos resbalara y saliera disparado; y en esas llegaron los ingleses (y algún que otro holandés), tan prácticos, tan funcionales ellos, y encontraron la manera de apoderarse del jabón: a cañonazo limpio.

                La pérdida de Gibraltar supuso el renacer de las luchas y guerras de frontera, de las cuales sabe tanto nuestra geografía sureña. No sólo afectó al territorio peninsular, sino que dificultó el abastecimiento y la defensa de Ceuta y otras ciudades norteafricanas en manos españolas, al quedar la bahía de Algeciras bajo fuerte control de la artillería y armada inglesas.

                En este contexto, para combatir esta específica amenaza de desamparo de las plazas norteafricanas, se levantó el fuerte de El Tolmo. ¿Fue útil su presencia en el Estrecho? Según cómo se mire. Llegados a este punto les animo a acabar la entrada para entrar un poco en materia, y si quieren documentarse debidamente, a consultar los artículos que enlazo al final de la entrada; en especial el de Ángel Sáez Rodríguez, de donde extraigo la mayoría de datos: El fuerte de “El Tolmo” (Algeciras-Cádiz), puente entre dos continentes. Si así lo hacen comprobarán que muchos de los hechos acaecidos les suena a muy modernos, a muy actuales, y que a la hora de la verdad muy poco hemos cambiado en 250 años.

         Por suerte, hay cosas que el devenir de los siglos no cambia. Hoy día la mejor forma de llegar al fuerte de El Tolmo sigue siendo a pie. Varios son los caminos que nos conducen a este punto de la costa del Estrecho, pero si tuviera que quedarme con uno me quedaba con el Camino de los Pescadores. En el mapa que muestro es el que queda a la derecha, entre los Arroyos del Laurel y el Culantrillo.

Caminos que conducían al Fuerte de El Tolmo
Caminos que conducían al Fuerte de El Tolmo. Sección del plano realizado por D. Lorenzo de Solís (Ingeniero comandante de Ceuta)

   En el s. XVIII tres eran los caminos principales que confluían en El Tolmo, supongo que herederos directos de caminos medievales. Uno costeaba procedente de Tarifa; otro continuaba por el este en dirección a Getares; y el último conectaba el fuerte con la renacida Algeciras. Es posible que su trazado coincidiera a groso modo con la Carretera de las Pantallas, paralela al Arroyo del Lobo. El acondicionamiento de estos caminos permitiría el transporte de mercancías y tropas.

    Gracias al flamante departamento de infografía de dCaminata podemos imaginarnos las partes o secciones que en su día constituyeron  el conocido popularmente como el Castillo de El Tolmo: casi 800 metros cuadrados de fortificación abalaurtada.

    Y eso del “Tolmo” ¿significa algo? Pues sí, exactamente lo que veis en la foto de arriba, un peñasco elevado de grandes proporciones. En este caso, se adentra en el mar y dibuja un pequeño cabo. Las primeras referencias escritas sobre el lugar se remontan a la edad media. Una vez más hemos de agradecérselo a Alfonso XI, el rey castellano que el siglo XIV ensanchara las fronteras de este sur del sur. En el Libro de la Montería, de 1344, indica que la “Cabeza del Tormo y el arroyo de Quebrantabotijas” son buenos lugares para cazar jabalíes en invierno.

         Si toman un mapa  y observan el Estrecho de Gibraltar se darán cuenta de que el único accidente geográfico que pudiera dar algo de cobijo a las naves es esta Ensenada de El Tolmo, a 11 kilómetros de Tarifa y 6 de Punta Carnero. El resto del litoral es prácticamente rectilíneo o demasiado agreste, y siempre expuesto a los fuertes vientos y corrientes marinas.

        La Ensenada de El Tolmo ofrecía un triángulo de relativa seguridad a aquellas embarcaciones que por muy diversos motivos recalaban en ella. ¿Qué motivos podrían ser estos? Principalmente buscar refugio frente a los temporales. Pero el motivo o causa que más temían  los habitantes del área colindante eran los desembarcos de piratas o corsarios de muy distintas naciones, en busca de botín y agua potable para abastecerse. No eran muy numerosos los arroyos que en época estival pudieran bastar para llenar los toneles. La desembocadura del Río Guadalmesí, y los Arroyos del Laurel y el Culantrillo, debían ser los objetivos más preciados para estas naves sedientas de agua, ganado y personas que luego se venderían como esclavos. Por dicha razón, estos hitos costeros han sido vigilados y controlados desde siglos atrás. Este parecer ser el origen de la expresión: “al enemigo ni agua”.

   

          Aquella primaveral mañana mi colega Juan y yo atacamos El Tolmo por su flanco oeste. Tuvimos suerte de toparnos con una marea bastante baja, y de fijarnos en una estructura rectilínea de piedra que no habiamos visto en anteriores visitas: los cimientos del EMBARCADERO.

Cimientos del embarcadero

        Dos siglos y medio después, esta fila de sillares labrados es lo único que se ha conservado del muelle, del que fuera una de las piezas esenciales del fuerte. A mis colegas blogueros de Jerez les complacerá saber que para fijar adecuadamente la estructura al fondo marino se utilizaron estacas de pinos de su tierra.

Muelle y embarcadero
Muelle y embarcadero. Sección del plano realizado por D. Lorenzo Solís.

        Su construcción le costó a las arcas del estado 19.436 reales, a los que habría que sumarle otros 5.392 para reparar el espigón sólo cinco años después, en 1746. A las autoridades militares tal gasto les parecería una buena inversión, y sin duda alguna lo sería, pero me temo que al muelle del fuerte de El Tolmo le ocurrió lo mismo que a algunos aeropuertos españoles de nuevo cuño. Probablemente muy pocas embarcaciones aprovecharían sus infraestructuras.

      

      Tras el muelle, nos tocaba asaltar la plataforma de las BATERÍAS ARTILLERAS, elevada una decena de metros sobre el nivel del mar. En dicha subida observamos lo que parece ser material de relleno, el cual proporcionaría estabilidad a la plataforma y aguantaría el peso y  las acometidas de los cañones. Utilizo el condicional de estos verbos, pues según las investigaciones realizadas por Ángel Sáez, tanto esta plataforma artillera como el foso sufrieron desperfectos que debieron ser luego subsanados.

       Tal como señala en su artículo, estos daños unas veces eran ocasionados por las inclemencias meteorológicas, y otras, aquí es donde el asunto les va a sonar a actual, se debían a la escasa calidad de los materiales empleados y a una ejecución más que dudosa por parte de los constructores civiles.

       En suma, en la edificación del fuerte se produjeron una serie de hechos que hoy llenarían de titulares las primeras páginas de la prensa local: Alargamiento de plazos en el inicio de las obras, defectos en estas, incluso malversación de fondos. Y por si fuera poco, algunos de los oficiales ingenieros del ejército podían estar sin ver la paga ¡hasta 49 meses!

Plano del Fuerte de El Tolmo, de D. Lorenzo de Solís.
Plano del Fuerte de El Tolmo, de D. Lorenzo de Solís.
Detalle de la plataforma artillera y rampa de acceso
Detalle de la plataforma artillera y rampa de acceso

      La plataforma contaba con una superficie de 250 m². Puede que sea de las secciones del fuerte que mejor nos permiten suponer su estado original. Los artilleros que sirvieron en ella debieron gozar de las mismas vistas que nosotros, pero claro, a ellos en cualquier momento les podía aguar la fiesta la visión de la Unión Jack, la bandera británica.

Cañón de a 24. Fuente: web Todoababor.
Cañón de a 24. Fuente: web Todoababor.

       Este podría ser el aspecto de uno de los cuatro cañones emplazados en el fuerte de El Tolmo. Enormes artilugios de guerra que pesaban cerca de tres toneladas. Según la web Todoababor, una bala de un cañón de 24 libras (10 kg. aprox.) podía alcanzar un objetivo a 3.113 metros.

      Estas piezas mayores eran auxiliadas por otras cuatro de menor calibre: cañones de a 8. Y estaba previsto que estas 8 piezas se duplicaran en caso de conflicto bélico.

      Desconozco si la artillería del Tolmo llegó a utilizarse contra efectivos ingleses. También es cierto, como se verá más adelante, que estos hijos de Albión prácticamente no les dieron tiempo a demostrar su poder destructor.

cañón de  24 libras

Detalles de la batería

     En la imagen de arriba se aprecia parte del enlosado original, y al lado un práctico intento de embellecer el parapeto de la batería con piedrecillas alineadas. Y es que me imagino al jefe de obras dictando ordenes, después quizá de algunas de las chapuzas mencionadas: “Venga, vamos, que quede bonito, que no nos tengan que llamar la atención otra vez…”

     Dejamos atrás la batería, con el tronar de los cañones en la imaginación, y bajamos por la rampa de acceso a la zona de acuartelamiento.

Detalle de los barracones
Detalle de los barracones

Según este plano, fechado a 27 de octubre de 1741:

  •       El barracón B es el de los artilleros.
  •       Los dos barracones con la letra C corresponden a los de los soldados de infantería y Escopeteros.
  •       El barracón D es el de los oficiales.
  •       El E corresponde a un almacén para la pólvora.
  •       En otro plano del mismo ingeniero, datado en 16 de septiembre de 1740, se aprecia el contorno de otro barracón que no llegó a proyectarse en el del año siguiente. Estaba situado en el baluarte opuesto a donde está el almacén de pólvora, y según dicho plano estaría destinado también para los oficiales. En este plano que les muestro ya no aparece, pero sí que se llegó a levantar. Ángel Sáez nos señala que el fuerte contaba también con una capilla ¿sería este barracón, apartado de los demás, la capilla?

       Como pueden observar, los barracones están engullidos por los jérguenes e incluso una higuera crece en uno de ellos. Es prácticamente imposible adentrarse en el interior. Una vez más nos hallamos frente a otro Bien de Interés Cultural, con un reconocimiento especial otorgado a los castillos por la Junta de Andalucía desde 1993, abandonado a su suerte.

Escopetero de Getares
Escopetero de Getares

Además de tropas de infantería y artillería, el fuerte de El Tolmo contó con un pequeño destacamento de Escopeteros de Getares, la compañía militar que tal vez  mejor represente la lucha oficial contra el contrabando y el inglés. Aunque su campo de acción se circunscribía sobre todo a la Bahía de Algeciras, nació en Tarifa con carácter miliciano, con 40 tarifeños elegidos como los “más templados y mejores tiradores”. Su estancia en El Tolmo no sería muy prolongada, y al parecer bajo sospecha del mando militar en San Roque.

          El aislamiento en estas costas batidas por el viento y el peligro conllevó se supone prácticas digamos que no muy legales. Se han documentado quejas de propietarios de tierras contra estos Escopeteros, en las que llegó a denunciarse robo de animales u ocupación de parcelas para uso propio. Supongo que estos hechos no pasarían de ser ocasionales. La convivencia de militares y civiles en un mismo territorio nunca ha sido de color de rosa. Similar fricción se produciría ya en el s.XX, en tiempos de la posguerra, entre dueños de cortijos y los destacamentos militares emplazados en Punta Carnero.

        En la cara sur, la que da al mar, se aprecian más restos del perímetro mural. El elemento que más nos llamará la atención será este ángulo o esquina de arriba, perteneciente a uno de los dos baluartes. Estas estructuras defensivas, normalmente pentagonales, nacen como superación y mejora de las tradicionales murallas rectilíneas. El castillo del Tolmo es un buen ejemplo de los fuertes abaluartados que se construyeron en el s. XVIII.

Acceso principal

      Ya por último nos acercamos a la cara norte, donde se situaba el acceso al fuerte. Sin molestar a los becerrillos, les pido que enciendan la maquinaria de la imaginación. Primero pongan en marcha la desbrozadora y anulen mentalmente los arbustos. Luego arremánguense y saquen el pico y la pala para cavar un foso.

        Después del bocata, levanten un muro de piedra y mortero de cal, y corónenlo con una empalizada de madera. La altura ha de ser de 4 metros, si no quieren que los casacas rojas se le cuelen dentro.

      Emprendemos el camino de vuelta con un toque agridulce en las botas y en la mirada. Tenemos la sensación positiva de haber visitado un hito histórico del pasado de nuestra comarca, pero nos decepciona su estado de abandono, que impide un mejor conocimiento de su interior.

        El fuerte de El Tolmo se despide históricamente de todos nosotros en 1810, como una película con final chungo pero que se veía venir. En este año, y en el contexto de la Guerra de la Independencia, los militares ingleses afincados en Gibraltar no nos perdonan que hayamos cambiado de bando y aliado con los franceses. Una compañía de zapadores se encarga de arrasar nuestro “castillo en el Estrecho”, así como otros emplazamientos militares del litoral.

PARA SABER MÁS:

¡Chistera chistera la dCaminata está fuera!

Biblioteca·Historia, Folclore y Etnografía·P.N. El Estrecho

Encontramos una placa de 1874 en la Fuente de la Alcarracilla (Punta Carnero)


1. Portada placa y aljibe

“Lo importante no es saber, sino tener el teléfono del que sabe” .

(Les Luthiers)

       Para llegar a este aljibe y esta placa mi hermano Francisco Javier y yo hemos tenido que andar una serie de caminos, caminos que no suelen aparecer en los mapas topográficos al uso.

       El primer camino pasa por una pista de tierra ancha y cómoda de andar, el de nuestro interés por la Historia, y en concreto por la historia de nuestra sureña geografía. El segundo conecta con un sendero algo más estrecho y tortuoso, que es el que nos conduce e induce a visitar los lugares que consideramos menos transitados. Y el tercer camino, el más importante sin duda, es una vereda casi “desaparecida”, la que finalmente nos ha permitido dar con este hallazgo.

        De ahí que empiece la entrada con la cita atribuída al grupo Les Luthiers. Sin la ayuda y colaboración “del que sabe” hubiera sido imposible hallar esta fuente construída en 1874, y su correspondiente placa fundacional. En este caso, “el que sabe”, el que nos revela esta vereda oculta es un señor que se ha criado y crecido en Punta Carnero, y que conoce el lugar como sólo lo pueden conocer las personas que han vivido y trabajado en él. Por modestia  prefiere que su nombre no aparezca en esta historia. Una posición totalmente respetable, claro está, pero que no va a impedir que le dediquemos esta entrada.

       Consideramos interesante este hallazgo por varios motivos. Hasta donde alcanzamos, pensamos que es algo bastante inédito. Al menos en internet son nulas las referencias textuales, y también nulas las fotografías. Es más, incluso nuestro mismo informante, una vez que nos puso tras la pista, no estaba totalmente seguro de que en este aljibe existiera una placa. Me dijo algo así como que, Juanma, no te emociones mucho, vaya a ser que la memoria me traicione. Lógicamente tampoco conocía el contenido de dicha placa.

       Como se verá más adelante, el texto de esta placa relaciona la construcción de la fuente de la Alcarracilla con la más conocida fuente del Cortijo de Tapera. Los que mandaron construir ambas fuentes-abrevaderos fueron una pareja de hermanos, seguramente propietarios de estas tierras. ¿Curioso, no? La cosa va de hermanos y fuentes.

       Una vez escrita esta necesaria introducción, pongámonos en camino.

2. Aproximándonos a la fuente.

      La historia comienza una mañana en la que mi hermano y yo decidimos explorar el curso alto del arroyo de la Alcarracilla del Peral. Es lo que tiene encontrarse en paro forzoso, que no paramos. El arroyo de la Alcarracilla vierte sus aguas en la Cala del Peral, en pleno Estrecho, casi a los pies del antiguo cuartel de Carabineros. El progresivo abandono agropecuario de estos campos ha convertido esta zona en una auténtica selva. Las zarzas, jérguenes, lianas y otros espinosos arbustos se comen literalmente los antiguos senderos.

_DSC0306

     Nuestro objetivo era inspeccionar un antiguo cortijo que ya había visitado mi hermano con anterioridad. Se trata del Cortijo de Viña Pepa, habitado hasta 1947 aproximadamente. Una serie de habitáculos y dependencias, restos de una era y bancales de cultivo delatan su importancia en el pasado. El topónimo nos transporta a una época en la que en Punta Carnero se cultivaban viñedos. Viña Luna, Viña Grande, Cala de la Parra… el uso vinícola de estos pagos se ha fosilizado en sus sugestivos nombres.

      Podemos imaginar cómo fue el paisaje de Punta carnero centurias atrás si nos damos una vueltecilla por ejemplo por Manilva.

_DSC0303

       Cuando ya dábamos por cumplida nuestra caminata mañanera nos topamos de casualidad con esta hermosa y abandonada fuente: La Fuente de la Alcarracilla. Nuestra sorpresa fue enorme, pues ninguno de los dos teníamos noticias de ella, ni por referencias ni por fotos. Sólo nos dio tiempo de despejarla un poco de la vegetación que la acosaba. También rebuscamos en sus frontales esperando hallar alguna fecha, o placa, ya que sabíamos que la mencionada y cercana fuente de Tapera la conserva, pero nada.

3. Pilar de la Alcarracilla

      Erigida en dos niveles, nos sorprendió también su gran tamaño (Casi 20 m. x 2 m.), y su buen acabado y estado de conservación, pese a como digo estar abandonada.  Los que mandaron construirla, pensamos, debían ser gentes con “posibles”. Los albañiles y canteros que la levantaron hicieron sin duda un gran trabajo: ladrillos vistos en los frontales, buenos enfoscados, sillares de piedra unidos con grapas de hierro y plomo fundido, etc.

4.Pilar de la Alcarracilla

       Esa misma tarde logré contactar con mi informante para recabar datos. No sé por qué pero ya intuía que el encuentro iba a ser satisfactorio, que este buen hombre nos iba a encender la mecha de la curiosidad y la aventura.

     Y tanto que fue así. En primer lugar le puso nombre al cortijo que encontramos: Viña Pepa, y no Roldán como yo creía. Luego tiró de sabiduría popular, nos aclaró que aquello no es estrictamente una fuente, sino un pilar, es decir, un abrevadero para el ganado, y que él la conoció siempre como el Pilar de la Alcarracilla. Nosotros, claro está, sabemos cuál es su finalidad, pero vamos, a cada cosa su nombre, y donde se ponga un pilar, quítense todas las fuentes.

5. Pilar de la Alcarracilla

      No me quivoqué, la mecha hizo explotar el petardo. Casi al término de la conversación, como el que no quiere la cosa, como desplegando ante mí un viejo mapa del tesoro, va y me dice: Juanma, si no recuerdo mal, a pocos metros del pilar está el aljibe, que es el que recoge el agua del manantial, y dentro de éste, no me hagas mucho caso porque ya han pasado muchos años, creo que hay una placa….

       A ver cómo sigo contando la historia. Un petardo no, una bomba de curiosidad, prisas y suspense acabó de explotarme dentro. Casi que tuve que contenerme para no salir pitando y dejarlo solo en el salón de mi casa. Bromas aparte, no todos los días le ofrecen a uno un caramelo tan dulce. Gracias, informante.

       Dos días después regresamos mi hermano y yo a esta fuente “del Tesoro”, pero pertrechados con las armas necesarias: unas tijeras de podar y una zoleta, aunque lo suyo hubiera sido unos machetes.

      Normal que el primer día no viéramos nada. Detrás del pilar se levanta una formidable muralla de zarzas y enredaderas, que impide la visión apenas un metro más allá.

7. Abriéndonos paso

       Poco a poco, fuimos abriendo un pasillo, el justito para pasar. Sarna con gusto no pica o ¿Zarza con gusto no pincha? Qué más da, en estos momentos poco importan los pinchazos, arañazos y alguna que otra caída.

8. Parece que vemos una chapa de hojalata

    Algo brilla al fondo, una chapa de hojalata. Aún no se ve ninguna construcción, pero un par de piedras labradas tiradas en el suelo nos confirman que vamos por buen camino.

9. Y un cubo

      Vaya, y un viejo cubo oxidado. Más claro, agua.

10. La placa se deja ver

      Y por fin llegamos a nuestro objetivo, a nuestro aljibe, más contentos que  Heinrich Schiliemann cuando descubrió Troya. AHÍ ESTABA LA PLACA. He de confesar con cierta verguenza que en ese momento me vine arriba, pues al asomar la cabeza, atisbé una D, y algo más. Le dije, más bien grité a mi hermano, Chico, una D… parece que pone DIOS. Lo que nos reímos.

11. Mi hermano quita la chapa

     La verdad es que no se veía nada en claro. Mi hermano quitó la chapa, seguramente puesta en su momento para evitar que algún animal cayera dentro. Sospecho que el que pusiera esta chapa años atrás fuera el señor Manuel, un vaquero del que también he recibido ayuda en otras ocasiones.

12. Y seguimos limpiando

Y dale que te pego a las tijeras. ¿Quién dijo antes que estábamos parados?

13.Empezamos a descifrarla cual champoliones

      Mi hermano flipa en colores, o más bien, en grises. La piedra que se ha utilizado para la placa es, si no me equivoco, la típica caliza que conocemos como “losa o piedra de Tarifa”, aunque ésta seguro que fue extraída de una cantera situada cerca del aljibe.

14. Placa limpia

        La limpiamos y mojamos con mucho cuidado, para tratar de descifrar su texto. El color grisáceo de la piedra y la superficialidad de algunas letras nos complican la tarea, pero poco a poco, cual piedra rosetta de la Alcarracilla, nos desvela su misterioso contenido.

15. Placa limpia sobrescrita.

Trato la imagen y sobrescribo encima para que se entienda mejor. Esto es lo que pone:

” De los Hº Miguel y Julián Navarrete, año 1874″

16. De los Hermanos

     Y ahora un poco más cerca:

” De los hermanos…”

17. Miguel

“Miguel”

18. Y Julian Navarrete

“Y Julian Navarrete”

19. Año 1874

“Año 1874”

20. A lápiz

También vimos estos trazos escritos a lápiz. Yo no distingo nada, pero se nota que la caligrafía es de la misma época.

Una vez desvelado el texto de la placa, podemos confirmar la relación espacio-temporal entre esta fuente de la Alcarracilla y la de Tapera. Como comenté antes, esta última fuente sí es más conocida, y pueden verse fotografías en la red.

Para dar fe de ello y no dejar el trabajo a medias, nos dirigimos  a ella ese mismo día.   

21. Pozo

Pero antes dejamos nuestra impronta en el aljibe.

22.Panorama Alcarracilla

Panorámica del Arroyo de la Alcarracilla.

24.Cortijo de Tapera.

     Este es el Cortijo de Tapera, hoy día aún habitado. A sus espaldas, junto al arroyo de la Morisca, se encuentra la fuente “hermana”.

25.Fuente de Tapera

     Como se observa, su tamaño y factura son similares, aunque el aljibe se encuentra pegado al pilar propiamente dicho. En este aljibe o cisterna es donde se halla la placa.

26.Fuente de Tapera

27.Placa Fuente de Tapera

Y este es el texto de la placa:

“De los hermanos Don miguel y Don Julián Navarrete. Año de 1879”

28.Comparativa placas

    Cinco años separan a una de otra. Y 139  a nosotros de ellas. ¿Muchos, pocos? No sé, pero mucha agua ha corrido por estas fuentes desde entonces. ¿Quienes serían estos hermanos Navarrete? Sin duda alguna “personalidades” de la Algeciras de esa época, propietarios de estas fincas y seguramente de alguna más.

     Es curioso cómo el destino juega sus cartas y sus placas. 139 años después, salvando las distancias, dos parejas de hermanos unen sus caminos en la pequeña historia que nos toca vivir. Los hermanos Navarrete y los hermanos Pizarro, propietarios por ahora de sus propios pasos, y poco más.

29.Tirándome a la fuente.

       Y aquí os dejamos, amigos. Mi hermano no sé, pero yo me tiro al pilón y me sumerjo en 1879, a ver qué encuentro. Abajo os desplego otro mapa del tesoro. Es de 1786 y la zona arbolada de la Alcarracilla nos indica que ya por esos años era una zona habitada por algecireños, por punteños.

         Una pista, el tesoro lo tenéis a la vista.

30. Detalle del mapa de Vicente Tofiño de San Miguel
Detalle del mapa de Vicente Tofiño de San Miguel, 1786.

¡Chistera, chistera, la dCaminata está fuera!

Biblioteca·Historia, Folclore y Etnografía

La Ermita de Murillo, junto al río de la Miel


     ¿Junto al río de la Miel? ¿Seguro? Seguro, todo aquel que alguna vez haya hecho esta “dulce”, verde, frondosa y en ocasiones concurrida ruta ha pasado a escasos cincuenta metros de ella.

        Pero ¿dónde, a qué altura? Ahhh, podría poner una fotografía aérea indicando el lugar exacto de esta ermita, que también era conocida como ermita de San josé o del Cobre, pero de este modo les robaría el placer de tratar de encontrarla por vuestros propios medios, que es realmente lo más divertido. Además, sería un tanto farragoso tratar de explicar con detalle que se encuentra al inicio del llano que algunos lugareños del Cobre llaman “Plaza Alta”, que si al final de la primera cuesta, que si al fondo a la derecha a partir del quinto alcornoque.

          Bueeeno, subo una imagen del Iberpix, pues fue gracias a esta excelente herramienta como supe de la existencia de esta ermita. Ya en serio, seguramente más de uno y de tres conoceréis este edificio religioso, pero he dado por supuesto que es algo desconocido por la inmensa mayoría, puesto que son muy pocas las noticias que se tienen de este vestigio. Los que realmente saben de esto, los historiadores de nuestra comarca, apenas pueden aportar datos contrastados.

        Otra de las razones por las que subo esta imagen es por tratar de comprender cuál fue el motivo que llevo al cartógrafo de turno a reseñarla de una forma tan rotunda.

       Cualquiera que consulte los mapas oficiales o navegue por Iberpix creerá que este hito cartográfico, esta ermita de Murillo es, con perdón, la ostia. Similar en importancia y grado de conservación al Molino del Aguila o el de Escalona (del Trueno, en el mapa), y ya les adelanto que no es así. Estamos hablando de una edificación humilde, pequeña; y a lo que voy, los molinos son más o menos conocidos, y la información sobre ellos es abundante, ¿pero quién conoce a nuestra pobre ermita, que hoy día ejerce de gallinero?

      Bien, si han llegado hasta esta verja es que han hecho bien los deberes, pero quieto parao, desde aquí no se ve pero la dichosa verja tiene un dichoso candado. Y es lógico, nos encontramos frente a una parcela privada, dedicada a la horticultura, pero no existe vivienda. La pasada primavera conseguí hablar con el propietario, aunque sin verlo, pues estaba por la parte de abajo, la más cercana al río.

      Resulta gracioso, pues a gritos le comuniqué mis intenciones de fotografiar la ermita, y el buen hombre también a gritos me contestó que no había mucho que ver, pero que si no me importaba que volviera otra tarde, que en ese momento no podía satisfacer mis aficiones blogueras.

      Y eso hice, volví otra tarde, y dos tardes más por lo menos, pero nada, esta vez mis gritos se quedaron sin respuesta.

     ¿Entonces? ¿Cómo se puede visitar el lugar? Pues por desgracia creo que no hay más alternativa que la ya mostrada; acercarse al lugar y gritar si hay alguien.

      O… o recurrir al plan B, pero esto entre ustedes y yo…. Para llevarlo a cabo les será necesaria una cámara como la mía, que tenga en el menú una opción “salta verjas con disimulo” y que sea capaz de hacer fotos en modo “furtivo, apresurado y educado”. Total, que la cosa es complicada, pero allá cada cual.

     Como pueden ver, y como ya dije, nuestra ermita es un edificio humilde, simple y de reducidas dimensiones. Sin embargo, algunos detalles arquitectónicos nos cuentan que nos hallamos ante una construcción como mínimo del s.XIX: sillares tallados en las esquinas, contrafuertes, ladrillos bastos y planos,etc.

      La fachada principal nos aporta algo más: un sencillo arco de medio punto con adornos florales, y arriba de este la espadaña, donde en su día sonaría la campana. Al interior no entré pero ya pueden adivinar en qué estado se encuentra.

         Acabo con los pocos datos o referencias que he logrado reunir sobre este misterioso edificio.

       Angel Sáez, en el artículo “Molinos hidráulicos en el río de la Miel” (Revista Almoraima, nº 26, 2001) nos señala que la ermita se encuentra en la misma parcela donde en su día funcionó el Molino de San José, y más tarde una pequeña central hidroeléctrica, la Sociedad Eléctrica San José, popularmente conocida como la “Fábrica de luz“. Esta denominación es genial, me encanta. Por cierto, tengo también fotos de las conducciones que llevaban el agua a esta central, que corren paralelas al río. A ver si me animo y me curro la entrada en el blog; eso sí, cuando decida poner la cámara otra vez en modo furtivo, a la que no me gusta recurrir, la verdad sea dicha.

     También la nombra mínimamente Manuel Pérez-Petinto y Costa (1871-1953) en su obra sobre la historia de Algeciras, y en ella, cuando aborda nuestra ermita, nos indica que “la falta de antecedentes en el archivo municipal nos inclina a creer que no llegó a celebrarse culto en ella…

       No lo cree así  Antonio Molina Medina, autor del libro “Un hombre del Cobre de Al- Yazirat Al-Hadra“. Segun Diego Rodríguez Morales, me imagino que vecino del Cobre e informante del escritor, la ermita de Murillo tuvo más vida que la reseñada hasta ahora.

         Transcribo literalmente lo que nos cuenta al respecto, pues esta obra puede ser consultada libremente en su blog: Chorrosquina de Antonio Molina.

      “….Yo conocí esta ermita cuando estaba entera, era muy bonita, con su campana funcionando. Me acuerdo que cuando se cerró la ermita por ruinas, esta campana se la regaló ‘la Sevillana’ al cura de los pastores, para que la pusiera en la nueva Iglesia de Los Pastores, —me apunta Diego con una carga de melancolía—. Pero no está puesta en dicha iglesia. ¿Y sabes por qué? Porque la robaron para partirla a pedazos y fundirla y así la pudieron vender como chatarra…

 —Diego continúa con su amena charla —. En la Ermita de El Cobre se dijo misa y en ella las niñas y niños hacían la primera comunión, los de la escuela de El Cobre. Me acuerdo que en una ceremonia que estuve yo, ‘la Sevillana’ trajo para los niños que hacían la comunión una canasta de plátanos, libras de chocolate, pan y bollos; los niños comían todo lo que querían, no había límites.
        En esta Ermita se llegó a bautizar a 100 niños y niñas y se casaron muchas parejas de novios. Las partidas de casamiento están en la Iglesia de El Carmen. Esto sería —me dice— en los años 37, 38 y 39, tanto de bautizos como de bodas. Fue en la época anterior de que El Carmen fuera parroquia. Los casamientos, bautizos y demás están en la Iglesia de La Palma; no obstante, faltarán algunos, porque se quemaron parte de los libros de registros en la guerra civil….”

¡Chistera, chistera, la dCaminata está fuera!

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Aljaranda y Almoraima, dos revistas ALucinantes


      Algunos, cuando llega el verano, solemos cambiar de piel como las serpientes. Yo en particular empiezo por los pies, y cambio las botas de montaña por las chanclas; luego los pantalones de senderismo por las bermudas; el polar por la camisa de tirantes… En fin, que quito del objetivo el filtro verde de los montes y pongo el filtro azul del mar, porque aunque es cierto que aún es factible realizar alguna que otra ruta costera si se evitan las horas más calurosas, aquí el que escribe prefiere cerrar el chiringuito de las caminatas en estos meses veraniegos. Ahora tocan los paseos playeros a la fresquita y en familia. Y leer, sobre todo leer.

    Una vez introducido el ambiente, imagínense que los portátiles, los Ipad, los libros electrónicos y demás chismes digitales son como una especie de mochila, macuto o bolso, también digitales claro, que uno se lleva a la playa, o a donde discurran sus vacaciones, junto a la nevera y la sombrilla. ¿Ya lo han imaginado? Pues ahora no se olviden de meter dentro estas dos revistas: ALJARANDA Y ALMORAIMA.

    Ya sea a través de internet o en archivos PDF previamente descargados, gracias a estas dos estupendas y longevas revistas  podrán tener acceso a cientos y cientos de artículos de historia, costumbres, ecología y otros tantos temas de nuestra comarca. Ambas publicaciones existen o han existido en formato impreso, pero para los que como yo prefieran leer sobre el papel, comunicarles sólo que hoy día no son fáciles de conseguir estos ejemplares impresos, e insisto, por medio de sus respectivas webs tendremos a nuestro alcance todos sus números, desde el primero al último.

Página web de la revista Aljaranda

    El primer número de Aljaranda. Revista de estudios tarifeños, es de 1991. Con la publicación del 82 este pasado junio se cumplen ¡más de 20 años! en los que se ha ido desgranando el pasado y las tradiciones de Tarifa, su campiña, y en general de todo el entorno del Estrecho de Gibraltar. Los autores que han fabricado este genial mosaico se cuentan entre los investigadores e historiadores locales más cualificados, además de aficionados a la cultura tarifeña, puesto que la publicación está abierta a  todo aquel que quiera colaborar y que, eso sí, cumpla con la normas de su libro de estilo.

     Sin embargo, y como sospecharán, también han surgido contratiempos en tan larga travesía, sobre todo en los dos últimos años. Por muy acostumbrada y preparada que esté Tarifa para sortear los fuertes vientos, no ha podido evitar verse zarandeada por los temporales de la crisis económica, que aún no me queda claro si en nuestra tierra son de levante o de poniente.

   Estos temporales, dicen que económicos, han provocado que los últimos números de la publicación hayan salido a faenar con retraso, y que dimitiera en 2011 su patrón mayor, es decir su director. Si rebuscamos en ese inabarcable cuaderno de bitácora que es internet encontraremos notas, apuntes y noticias que nos cuentan que la actual corporación municipal, capitaneada por Juan Andrés Gil, mundialmente ya conocido por querer construir un “alter ego” de Tarifa en Valdevaqueros, puso en peligro la continuación de nuestra revista. Aunque también es cierto que si seguimos recogiendo esa gran red nos encontraremos con noticias que apuestan por lo contrario y que apuntan en la buena dirección.

    Un ejemplo de ello lo tenemos en esta captura: Iván García, nuevo director de la revista Aljaranda. Ya tenemos patrón. Y sobre todo en el hecho que pese a los retrasos, los números 81 y 82 han podido salir del puerto y navegar hacia nosostros sus lectores.

Monográfico sobre el desembarco y posterior conquista en el 711

              Como muestra de la calidad y apuesta por el futuro de esta revista, quisiera aconsejar la lectura del nº 81, un monográfico dedicado al XIII centenario del desembarco árabo-bereber del 711. Aquí os pongo esta boya, quiero decir este enlace directo a dicho número: Monográfico sobre el desembarco y posterior conquista árabo-béreber en el 711.

Carlos Ruiz, investigador.

   Y en este video, el investigador Carlos Ruiz, nos resume perfectamente de qué va este monográfico acerca de tan trascendental desembarco.

Página web de la revista Almoraima

    Vayamos ahora con Almoraima, revista de estudios campogibraltareños. Esta otra publicación decana de nuestra historia y nuestras tradiciones también vio la luz en el año 1991, y cuenta a día de hoy con 40 números en su haber. Es el principal vocero del Instituto de Estudios Campogibraltareños, dependiente de la Mancomunidad de municipios del Campo de Gibraltar, y a diferencia de Aljaranda, aborda temáticas relacionadas con los siete municipios de nuestra demarcación.

    ¿Qué decir de mi admirada y querida revista Almoraima? Salvo que quien quiera aprender, descubrir o documentarse sobre cualquier asunto de la historia, costumbres, ecología y literatura del Campo de Gibraltar recalará más tarde o temprano en alguno de sus artículos? Muchos de vosotros conoceréis sin duda esta publicación, y creo que estaremos de acuerdo en que nos encontramos ante un referente de nuestra cultura, ante un faro que a veces sorprende por la calidad y certeza de sus señales.

    Por todo lo dicho, me duele opinar lo siguiente: Pese a que nuestra Bahía de Algeciras, ciudad en la que atraca nuestra revista Almoraima, se encuentra gracias a su ubicación geográfica más protegida de los fuertes vientos, ésta se ha visto más afectada por los mismos temporales de crisis económica y desidia política que asolan nuestras latitudes. Creo que a pesar de poseer un enorme, enorme y enorme puerto, nuestros vecinos y hermanos tarifeños, con su más pequeño y expuesto puerto, están logrando al final mejores capturas culturales que nosotros.

    Para no terminar embarrancado o arrastrado por las corrientes, omitiré nombres y siglas de partidos que con los datos de que dispongo considero culpables de esta triste parada de las artes de “pesca” de la revista Almoraima. Mucha promesa, mucho golpe en el pecho, mucho excusarse en la falta de dinero, pero a día de hoy estamos a la espera de que se publiquen, y si no me equivoco, tres números de Almoraima, correspondientes a las Jornadas XI de Historia, III de prehistoria, y IX de flora, fauna y ecología del Campo de Gibraltar.

    Estas últimas Jornadas, la IX sobre ecología puede ser consultada vía online en la página web del instituto, a la espera se supone de que sean distribuidas en el formato que ultimamente se utiliza para lanzar Almoraima a los cuatro vientos: en CD. Pero ¿qué ocurre con las otras jornadas de historia y arqueología, que ni siquiera han sido subidas a la web, o con sus correpondientes CDs? ¿Estamos esperando que se conviertan en “historia”?

Puerta del Fonsario, Algeciras. De Rafael Sabio, autor del artículo “Algunas apreciaciones en torno a los accesos de la muralla medieval de Algeciras”. Almoraima, nº 39

En fin, ya termino, ya amarro en puerto esta disertación que más que crítica quiere ser aviso a navegantes para que entre todos sigamos remando en la buena dirección, y sobre todo alabanza a dos revistas que a título personal me han hecho aprender un montón, que obviamente he utilizado para documentar algunas de las entradas del blog, y que son fuente inagotable de futuras dCaminatas.

    Ahí os dejo el “mandao” y la recomendación veraniega: no te olvides de echar en tu mochila digital estas dos revistas. De este modo no sólo estaremos dando el toque a las administraciones locales para que sigan manteniendo en alto estas banderas, sino que también pondremos de nuestra parte manteniendo y acrecentando esta demanda cultural, para que esa oferta siga a flote. Hagámosle saber a capitanía, a nuestras “autoridades”, que no nos vamos a conformar mientras estemos en Valdevaqueros o Getares, por poner un ejemplo, con leer las típicas revistas de anuncios de compra-venta de inmuebles, o la prensa deportiva, o cualquier otro tipo de lectura; sino que hagámosle saber que también nos interesan nuestra historia, nuestras tradiciones, lo que fuimos, lo que en definitiva somos.

Enlaces directos:

Agenda del Cencerro

Vereda de la Cuesta o Marchenilla: Labores de limpieza y desbroce


    Desde hace un par de semanas estoy merodeando los caminos que conducen al Castillo del Tolmo (Estrecho de Gibraltar), para una entrada que quiero escribir en el blog sobre este fuerte del s. XVIII (1741). He merodeado por  aire (Google Earth e Iberpix) y por tierra (un poquito a pie y otro poquito andando)… sólo me ha faltado acceder por mar; pues varias son las alternativas de alcanzar este punto. De los cinco, si no más, caminos que nos llevan a la Ensenada del Tolmo me quedo con  el que baja por el Cerro del Centinela y pasa junto al cortijo del Tocinero, y sobre todo con el popular “Camino de los pescadores”.

     No obstante hay otra alternativa, también muy interesante y atractiva: La Vereda de la Cuesta o de Marchenilla. Hasta el otro día desconocía la existencia de esta vía pública; conocía sí la cañada real de Pelayo, y el arroyo que da nombre a esta vereda, pero no esta vereda que conforma junto a otras y a la Colada de la Costa, el viario público del Estrecho. La he conocido gracias a Juan Luis, de Osmundasur, que me puso tras la pista.

    Probablemente, desde hace unos meses se están realizando labores de limpieza y desbroce en dicha vereda pública por parte de la Junta de Andalucía. Tal como se refleja en el BOJA nº 237 de 5 diciembre de 2005, se acordó su deslinde el 26 de junio de 2003, aunque como todas las vías pecuarias del término municipal de Algeciras fue clasificada por orden ministerial el 6 de septiembre de 1948. Para los que gusten de estos asuntos aconsejo la lectura de esta resolución, pues tanto una empresa privada como el Ministerio de Defensa alegaron su disconformidad de que se deslindara esta vereda pública, por otra parte al parecer bastante antigua.

    Senderilmente hablando la vereda nos ofrece un paisaje muy bello y una oportunidad distinta de afrontar la dCaminata por el Estrecho hasta Tarifa. El trayecto hasta la costa, y más cuando estén los trabajos finalizados, es cómodo, aunque a mí personalmente no me convencen mucho los caminos desbrozados y tan anchos (20.9 metros), aunque eso viene determinado por ser una vía pecuaria. ¿Cúanto tiempo conservará este ancho?

   Por cierto, durante el recorrido tuvimos que sortear un par de hangarillas. No entiendo mucho de estos temas de las vías públicas, pero no me cuadran esas hangarillas y esa alambrada en mitad de la vereda, pero vamos, no me sorprende porque ya sabemos todos que es algo que ocurre con frecuencia.

    Por último añadir que aconsejo su recorrido ya para la temporada que viene, tanto por las calores como por los peligros de incendio. Además de que, como ya he dicho, no están finalizadas las labores de limpieza. Os pongo un ejemplo doloroso, tanto a mí como a mi colega Juan nos atravesaron las suelas de las botas unas cuantas y crueles espinas de jara al descender el último cerro. A mí en particular se me clavó una en el talón que por allí debe andar reverberando aún el grito de dolor, ¿exagerao que es uno?

   Para ver el itinerario de la vereda pincha aquí: Vereda de la Cuesta o Marchenilla en Wikiloc.

   Y para ver más FOTOGRAFÍAS, te enlazo a mi página en FACEBOOK: Album de Vereda de la Cuesta o Marchenilla.