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Las canteras romanas de Punta Camarinal


1.Portada Punta Camarinal

No pido otra cosa: el cielo sobre mí y el camino bajo mis pies”. (Robert L. Stevenson)

    Entre las playas del Cañuelo y Bolonia se adentra mar adentro una lengua de tierra de apenas un kilómetro y medio, un triángulo equilátero casi perfecto bendecido por la luz, el viento y las olas: Punta Camarinal.

Punta Camarinal     Aquellos que gusten fusionar en sus caminatas naturaleza e historia hallarán en esta punta un buen lugar para empezar a leer y caminar en el pasado de este tramo de litoral tarifeño.

    A modo de prólogo, las primeras páginas de este librocaminata quizás nos relatara las peripecias de nuestros paisanos del Neolítico buscándose la vida y el sustento en estos fértiles acantilados: recolectando, mariscando, pescando, y porque no, gozando de unos buenos baños. En la cercana sierra de la Plata contamos con numerosos vestigios arqueológicos que testimonian una ocupación muy temprana de estas tierras: la Cueva del Moro con sus grabados paleolíticos, el altar de sacrificios conocido como la Piedra sacra de Ranchiles, diversos dólmenes en su ladera occidental, el oppidum de la Silla del Papa, etc. En fin, un prólogo muy extenso que daría para muchas excursiones.

     Aunque si nos centramos exclusivamente en Punta Camarinal, los primeros capítulos de nuestro librocaminata tendrían que basarse a la fuerza en la etapa romana, la que más se prolongó en este territorio. De este cabo salieron las primeras piedras que levantaron Baelo Claudia en los siglos II y I a.c. Las rocas calcarenitas, nuestra piedra ostionera, que se extrajeron de estos acantilados fueron utilizadas sobre todo como elementos sustentantes (columnas, arcos, jambas, capiteles…) de los edificios de la urbe hispanorromana, que junto con Carteia, en la vecina Bahía de Algeciras, controlaban el comercio de la orilla norte del Estrecho.

      Y si por último, nos quedamos con ganas de seguir andando y empaparnos de historia, podemos abrir las páginas de la Edad Moderna, cuando en 1577 se edifica en esta pedregosa costa la torre almenara del cabo de Gracia, hoy día reconvertida en faro.

Detalle cartográfico de Punta Camarinal (1833). Fuente: “The Strait of Gibraltar” by Capitain William Henry Smyth, R.N.K.S.F.; J & C Walker Sculpt. Hydrographical Office of the Admiralty (Londres), 1833. Mapa extraído del blog de un amigo: dRuta.
Detalle cartográfico de Punta Camarinal (1833). Fuente: “The Strait of Gibraltar” by Capitain William Henry Smyth, R.N.K.S.F.; J & C Walker Sculpt. Hydrographical Office of the Admiralty (Londres), 1833.
Mapa extraído del blog de un amigo: dRuta.

    Sin embargo, el hito histórico más importante y a la vez más desconocido de esta época sería el proyecto de fundar una nueva población en la misma Punta Camarinal en 1664, reinando Felipe IV, para defender la Ensenada de Bolonia y contrarrestar la ocupación británica de Tánger. Esta nueva población a todos los efectos hubiera contado con dependencias fortificadas, embarcadero, aduana, viviendas, etc. La falta de financiación y la desocupación de Tánger en 1684 echaron por tierra este proyecto fundacional… y menos mal, porque ¿a que no saben qué piedras y restos al parecer iban a aprovechar para la nueva ciudad? Sí, los de Baelo Claudia.

   Podríamos terminar nuestro librocaminata visitando ficticiamente la batería artillera del Ancón de Bolonia, construida en 1804 y “volada” por los ingleses, o las actuales, edificadas a partir de 1947, pero mejor desistimos; demasiada historia militar para un paisaje tan bello.

    Vamos a lo que vamos, al capítulo de la historia de Punta Camarinal que nos ocupa, el de las canteras romanas. En apenas dos kilómetros visitaremos los cinco o seis yacimientos canteros que jalonan esta costa hasta llegar a la Cala de la Galera, donde como epílogo a la caminata, nos dimos un merecido baño.

3. Bruma en Bolonia    Un espeso banco de niebla cubría la ensenada de Bolonia cuando llegamos, ocultando Punta Camarinal entre promesas de frescor y sugestivas tomas fotográficas. Pero nada, a eso de las nueve, cuando echamos a andar después del desayuno, sólo quedaban los últimos jirones de taró. Lástima.

4. Julio a contraluz   Os presento a mis compañeros de caminata: Este es mi amigo Julio,  a contraluz. Luego lo veréis mejor a plena luz, ejem, y a unos cuantos grados más de calor.

5. Zapi a contraluz    Y su perro Zapi, también a contraluz, rivalizando en hermosa silueta con el perfil de la sierra de San Bartolomé, al fondo.

6. Entrando en en el sendero    Llegamos al inicio del sendero que nos conducirá a las canteras. A la derecha dejamos la duna de Bolonia y nos encontramos con uno de los nidos que salpican el litoral del Estrecho, construidos al término de la Guerra Civil. Marea baja y madrugadores pescadores tentando a la suerte.

7. Tumbas antropomorfas en el Anclón     A un centenar de metros nos topamos con estas tumbas antropomorfas, que suelen pasar desapercibidas al caminante. Estas tres de la foto son las que mejor se han conservado, pero hay otras más por los alrededores, semicubiertas por la vegetación y mucho más erosionadas.

    No hablé de ellas al inicio de la entrada pues la verdad no sabría en qué capítulo de la historia ubicarlas. Historiadores y arqueólogos no se ponen de acuerdo en su datación. ¿Anteriores a la ocupación romana, posteriores? Parece ser que cada vez cobra más fuerza la teoría de su pertenencia al período de la Baja Edad media. El que aclare este misterio sin duda será celebrado con una corona de laureles… romanos.

8. Julio y Zapi en el sendero    El estrecho sendero es muy atractivo, una especie de atracción de feria al natural donde todos los sentidos participan y juegan. Eso sí, hay que andarlo con cuidado. Algunos tramos pueden resultar algo complicados si no estamos muy habituados a montar en estos “cacharritos”.

9. Enebro y San Bartolomé    Un enebro marítimo, arbusto con multitud de usos medicinales, veterinarios, alimenticios, artesanales, etc. Aunque está catalogado en peligro de extinción, encuentra en Punta Camarinal y Punta Paloma su principal refugio en el P.N. del Estrecho.

10. Primeras canteras    Las dos primeras canteras se hallan muy juntas una de la otra. Son facilmente reconocibles por los cortes limpios y verticales en la piedra ostionera. Supongo que éstas serían las primeras en explotarse, dada la cercanía. Y que en algún momento llegaron a ser insuficientes para el desarrollo urbano de Baelo Claudia, puesto que también se explotaron otras canteras en la otra punta de la ensenada, a varios kilómetros de la urbe: Canteras romanas de Paloma Alta.

11. Marca de barrena en cantera    Si nos demoramos un poco e investigamos por los alrededores no tardaremos en encontrar señales y vestigios de tan dura actividad. Marcas de herramientas, sillares a medio labrar, una rampa de acceso para bajar el material al nivel del mar…

    A partir de aquí es aconsejable abandonar el senderillo del acantilado y buscar la seguridad de la tierra firme. ¿Qué sendero seguimos después? Esto… cualquiera es bueno… puesto que no están señalizadas las distintas opciones de avanzar. Además ¿quién ha dicho que nos hemos bajado ya de la atracción? Busquen en ese GPS que todos llevamos dentro el botoncito de “Topalante”.

12. Tercera cantera    Pronto llegamos a la siguiente cantera, de mayores dimensiones que las anteriores, y de una casi perfecta forma cuadrangular. Mi amigo Julio, soportando estoicamente el bochorno mañanero parece estar preguntándose: ¿Cuál sería el destino de esta cantera en particular? ¿El teatro, la basílica, las factorías de salazones? Cualquiera sabe, Julius.

13. Cantera y escombros   Aún son visibles los montones de escombros en el interior, fruto del trabajo de los canteros al labrar la piedra.

14. Restos de escalera    En uno de sus laterales reparamos en este boquejo de escalera o acceso. A continuación, y oculta por las sabinas y enebros, se abre una especie de cubículo, que si bien pudo formar parte de la misma cantera, tiene toda la pinta de haber sido un refugio provisional a resguardo del levante. Todo esto dicho con muchos “quizás” y muchos “presuntamente”.

15. Cantera y playa   Descansamos un poco y aprovechamos para mostrar una perspectiva de lo ya andado y leído hasta ahora.

16. Enebro, palmitos, lentiscos, pinos...     Caminando por el interior de la punta tomé esta fotografía. En una decena de metros de vegetación apretujada podemos observar la flora típica de estos campos: enebros, sabinas, lentiscos, pinos, palmitos…

17.flor    Y esta bella clavellina silvestre luchando contra la canícula.

_DSC0170   De regreso a la línea de costa nos encontramos con los acantilados más altos. Espectacular y soberbio trabajo esculpido por el más incansable de los canteros: el tiempo.

18. Saltar o no saltar    Las cristalinas aguas turquesas nos atraen cual atractivas sirenas. Resiste Julises, digo Julio, a sus encantos y ardides, que si nos tiramos de aquí nos matamos.

19. Llegando a la cantera de la Galera    Y llegamos por fin a la Cala de la Galera, nuestra Itaca de ese día, nuestro fin de ruta.

20. Cantera de la Cala de la Galera   En esta cala se halla la cantera de mayor envergadura de toda la zona, posiblemente también explotada en épocas recientes. Justo por arriba se extiende la alambrada que delimita los terrenos del acuartelamiento de Punta Camarinal.

21. Paredes verticales    Sus paredes pueden medir sus buenos 6 ó 7 metros de altura.

22. Inscripción en la cantera   No encontré marcas de herramienta, pero sí esta enígmática inscripción, que ya había visto anteriormente por la red. ¿Cuál es su contenido completo? Ni idea. Tratando la imagen es posible que salga a la luz algo de su significado, pero claro, para eso hay que saber. Guardaba la esperanza de que en persona, frente a ella, se me revelara, pero peor aún; está esculpida a unos 5 metros de altura, y si encima le da el sol de frente… ¿Algún Champollion se anima?

    Yo sólo llego a distinguir una fecha, puede que 1892, y al final del texto lo que pudiera ser un apellido: Cosano.

23. Otra inscripción    En la pared opuesta hay otra inscripción, de menor tamaño y más desgastada. Las pesquisas realizadas y la intuición nos llevan a pensar que se tratan de inscripciones más o menos recientes, coincidentes con las últimas labores de explotación, o quién sabe; con las baterías militares emplazadas monte arriba.

24. Sillares a medio labrar      Son numerosos los restos que nos retrotraen al pasado, como este tetris de sillares de calcarenita.

25. Sillares a medio labrar 2    También podemos suponer la forma de extracción, sacándole a la piedra ostionera la forma deseada. Una vez en el lugar de destino serían más finamente labrados, y enfoscados si la obra en cuestión lo requeriese.

_DSC0194     Los últimos vestigios los encontramos a pie de costa en los arrecifes. Tampoco es algo que se pueda probar con seguridad, pero lo que se aprecia en la foto superior bien pudiera ser uno de los embarcaderos para transportar los materiales.

    La forma cuadrangular del arrecife es totalmente artificial, como si se pretendiera abrir un pasillo para alcanzar aguas más profundas.

_DSC0195    Este pasillo artificial da paso a esta especie de muelle natural. El nivel del mar hace dos mil años sería sin duda diferente al actual, aún así la hipótesis de embarcadero es la más probable.

26. Yacuzzi natural    Y hablando de semejanzas artificiales y naturales, aquí me despido, en este yacuzzi de agua salada con el que espero despertar alguno de los pecados capitales. Y tres fotografías finales que resumen la belleza de este paisaje rocoso, que a veces parece levitar en el aire.

27. Piedra y mar

29. Piedra y mar

30. Piedra y mar

¡Chistera chistera la dCaminata está fuera!

Para saber más:

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Canteras romanas de Paloma Alta


1. Amaneciendo en Valdevaqueros

    Pocos lugares congenian tan bien el verde y el azul como Paloma Alta, con el permiso de la bruma del levante, por supuesto. El verde de los pinos piñoneros y el azul del Estrecho de Gibraltar, el Fretum Gaditanum de los romanos, que aquí empieza a ensancharse en océano.

      Paloma Alta se encuentra en la cara sur de la sierra de San Bartolomé, entre las playas de Bolonia y Valdevaqueros, formando una cornisa de areniscas y calcarenitas a media altura (192 m.) entre la aldea del Chaparral y la cabecera del arroyo de los Puercos.

     En esta cornisa, a lo largo de unos 500 m. aprox. se halla una de las principales canteras romanas que abastecieron a Baelo Claudia durante siglos. Las otras, quizá más conocidas, se encuentran en los acantilados de Punta Camarinal. Todas ellas posibilitaron que Baelo se convirtiera en un reconocido emporio comercial, rival pero a la vez socia de otras ciudades como Tingis (Tánger), Carteia, Iulia Traducta (Algeciras), Septem Frates (Ceuta), Tamuda (Tetuán), etc. Juntas formarían el llamado Círculo del Estrecho, y exportarían al resto del imperio la industria que haría famosa a nuestras costas, la de los salazones de pescado y sus derivados.

      No está de más, para acabar esta introducción, recordar que Baelo Claudia es quizá el mejor yacimiento romano de la península que podemos visitar para obtener una visión completa de cómo era una urbe romana. Esto no hubiera sido posible sin canteras como las de Paloma Alta.

Mapa del lugar

     El acceso a estas canteras no es muy complicado, pero es aconsejable un buen conocimiento previo de la zona, y tener bien engrasado nuestro sentido de la orientación. Los pinares no suelen ser bosques respetuosos con los senderos, cuando los hay, pues ya se encargan las agujas de tapizar el terreno y las ramas bajas de no mantenerte erguido.

        De las opciones que tenemos para llegar a estas canteras la más cómoda y sencilla sería a través de la colada de la Reginosa, vía pecuaria que parte desde el Lentiscal (Bolonia), atraviesa el pinar y se remonta hacia los campos de Betijuelo. Otra opción factible partiría desde esta misma aldea tarifeña, Betijuelo, pero en sentido descendente.

             Si accedemos desde Betijuelo pronto nos encontraremos con el vértice geodésico VN10 (312 m.) de Paloma Alta, donde nos vimos obligados a hacer un alto en el camino. Al igual que los montañeros realizan paradas para aclimatarse a la altura, nosotros tuvimos que parar un ratillo para aclimatarnos a paisajes tan espectaculares. Si no hacemos esto corremos el peligro de enfermar no con el mal de las alturas, sino con el “mal de las prisas” y perdernos unas panorámicas irrepetibles. Hacia el oeste la ensenada de Bolonia y su duna, y hacia el sur las Canteras, nuestro destino.

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       El denso pinar nos permitió llegar a los Tajos de Catalino, los más cercanos a la ensenada y la aldea del Chaparral. Tajos de Catalino, con este nombre ¿quién se resiste a visitarlos y ver qué nos ofrecen?

2. Tajos de Catalino

3. Tajos de Catalino

      De nuevo el paisaje nos obligó a realizar una parada de aclimatación. Y es que el mal de las prisas suele manifestarse con el rugir de las tripas y un leve debilitamiento de las piernas. Era hora pues de aliviar tales síntomas con un buen bocata.

       La conversación giró alrededor de las especies que definen este bosque litoral: Pinos piñoneros (Pinus pinea), sabinas (Juniperus phoenicea), enebros (Juniperus oxycedrus), camarinas (corema album), retamas y otras plantas que desconozco o se me olvidan, aunque Juanlu, buen conocedor de la flora,  se esfuerce en hacérmelas aprender y recordar.

4. Tajos de Catalino

5. Tajo de Catalino

     Aprovechamos también ¿cómo no? para fotografiar y ser fotografiados. A todos nos gusta atrapar en nuestras jaulas digitales esos momentos fugaces que luego nos harán recorrer de nuevo el mismo camino, pero sentados cómodamente frente a la pantalla. Fotografiarnos en estos paisajes debe responder quizá a una necesidad atávica de apropiarnos de un territorio, aunque sea sentimentalmente. Yo he estado allí, puede ser la frase que mejor resuma este argumento.

6. Arco de calcarenita

        Y hablando de pantallas, de fotografías, de ventanas a otras realidades ¿qué me dicen de este arco de calcarenita? Pasándome ya de rosca ¿no podría ser a su vez el objetivo  de una cámara natural con el que el paisaje nos está fotografiando?

7. Arco de calcarenita

8. Paloma Alta

      Le dijimos adiós a nuestro amigo Catalino y continuamos la excursión en dirección este, hacia las canteras propiamente dichas.

9. Paloma Alta

    A poca distancia ya se dejan ver los primeros signos de cantera: peñascos de varios metros de altura cortados a la perfección, escalonamientos artificiales, taludes de escombros…

10. Primeras señales de cantera

        La calcarenita, como ya se ha dicho, fue la piedra extraída en estos yacimientos a cielo abierto. Localmente es conocida como piedra ostionera, pues está formada por ostiones y otras conchas, además de por arenas calcáreas. Su aspecto es vasto y poroso, por lo que no creo que ofreciera demasiada resistencia a las herramientas de los canteros. Utilizada desde hace más de dos mil años, aún sigue siendo una piedra solicitada para obras modernas; catedrales como las de Cádiz y Sevilla la emplearon en su edificación.

12. Primer grupo de canteras

       Cuando contemplamos una piedra calcarenita u ostionera no hacemos otra cosa que sumergirnos millones de años en la línea del tiempo y presenciar una playa o un fondo marino del Mioceno Superior. Playas y fondos marinos que ya disfrutaban las actuales focas o ballenas, mientras los actuales homos sapiens no pasábamos de ser grandes y peludos simios. Por fortuna para el planeta aún no se había inventado la humanidad.

      Que los hispanorromanos tuvieran un fondo marino tan fácil de trabajar y tan a mano se lo debieron al plegamiento alpino, a esa fuerza titánica de las placas tectónicas que levantaron nuestras actuales montañas y cordilleras. El mismo Estrecho de Gibraltar se estaba formando en esta época.

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13. Hacia el segundo grupo de canteras

     Poco antes de alcanzar nuestro destino nos topamos con esta curiosa formación, que ya conocía de una caminata anterior: un tambor o sección de columna a medio esculpir.

14. Tambor de columna semitallado

      Aún recuerdo vivamente la primera vez que lo vi. Tras la debida prospección arqueológica-fantasiosa, no me tuve que esforzar mucho para imaginarme al cantero trabajándola con sus cinceles y martillos.

         ¿Por qué dejaron el tambor de columna olvidado, a medio terminar? ¿No le gustó al cantero su factura o veteado? ¿Le dijeron quizá, eh, tú, no sigas, que ya ha terminado el imperio romano y no va formar nunca parte de un templo o villa? Quién sabe, pero hilando la broma con la historia y de nuevo con la especulación fantasiosa, ¿por qué no podríamos estar ante uno de los últimos vestigios de la existencia de estas canteras, coincidentes con alguno de los maremotos y seísmos que al parecer acabaron con el esplendor de Baelo Claudia?

       Este tipo de material era empleado sobre todo, además de para las columnas, para las jambas, capiteles y demás elementos sustentantes. Una vez colocadas en su lugar eran estucadas con un material más fino y pintadas.

        Otra roca también muy utilizada fue la jabaluna, la conocida como “piedra de Tarifa”, que se destinaba para las losas de las calles, puertas, ventanas, murallas, etc. Al parecer aún no se acierta con la procedencia exacta de estas canteras, pues puede que estén cubiertas y enterradas por siglos de erosión y colmatación.

15. Tambor de columna semitallado

     También se aprecian curiosos ejemplos de erosión cárstica, sobre todo en las paredes expuestas al sur.

17. Calcarenita erosionada por las escorrentías

18. Formación de estalagmitas

     Y llegamos por fin al sector más interesante de las canteras, donde no espera un monolito o roque de calcarenita de varios metros de altura.

19. Hacia las canteras

     Resulta muy complicado tomar fotos con la distancia adecuada. La proximidad de los pinos nos impide captar una visión más panorámica del yacimiento. Aún así impresiona el lugar, y todavía más el trabajo que debió costarles a los canteros domar esa cornisa y conseguir esos perfectos planos verticales.

21. Canteras de Paloma Alta

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      La extracción de la roca se efectuaría de arriba a abajo, una vez despejada la zona de vegetación. En las canteras de Punta Camarinal aún son visibles las marcas de las barrenas, cinceles u otras herramientas que utilizaran para tal fin, pero en éstas yo al menos no las he encontrado.

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Marca de cantera en Punta Camarinal

Tajos de las Canteras

23. Canteras de Punta paloma

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    A continuación tomamos rumbo norte para conseguir una perspectiva elevada de la cantera. Por el camino seguimos viendo tajos y más tajos trabajados por estos esforzados y locos romanos, que diría Obélix, y tomamos conciencia de la magnitud real del  yacimiento, más extenso de lo que en un principio pudiera parecer.

IMG_0501

     El esfuerzo merece la pena. Las vistas desde arriba no pueden dejar a nadie indiferente. El monolito de calcarenita adquiere un matiz casi de monumento o escultura.

Tajo desde arriba

32. Arriba de las canteras

Hacia Valdevaqueros

         Lo que “descubrimos” a continuación ya nos dejó contentos para el resto del año que empieza y “petrificados”. De las veces que me he pateado el lugar nunca había dado con lo que a todas luces parece la rampa por la que bajaban los materiales, aunque también podría ser un simple pero enorme talud de escombros.

       Pienso que no resulta muy descabellada la hipótesis de la rampa artificial, ya que en las canteras de Punta Camarinal existe una similar, de menores proporciones pero documentada y estudiada como tal. Al pie de dicha rampa se cree que habilitaran un embarcadero para transportar en barcazas los sillares y tambores.

        Aquí en Paloma Alta lo tuvieron un pelín más complicado, pues la costa se encuentra a más de 700 m. de distancia, y tuvieron que salvar un desnivel de más de 100 m. de altura.

Rampa 1

Rampa 2

      En la toma aérea de abajo se aprecia sin mucha dificultad la especie de cono o embudo formado por los escombros. Después de casi dos mil años los pinos  y otros arbustos apenas encuentran suelo donde enraizar.

Foto aerea canteras

   Por los alrededores encontramos la mitad de este tambor de columna, de 30 cm. de diámetro. El boquete de en medio servía para centrar y fijar las secciones que componían una columna, usando como eje una barra de madera o hierro.

27. Mitad de un pequeño tambor de columna

      La singularidad y estado de conservación de la pieza de arriba es excepcional, en mi opinión; aún así son numerosos los restos de sillares y otras piezas a medio tallar o desechadas que pueden verse cerca de la cantera. Quizá no tengan un valor museístico, pero forman parte de un todo que se encuentra desprotegido, y lo que es peor, desaprovechado cultural y turísticamente.

       Piezas de mayor porte se observan más abajo, en la ya mencionada colada (camino) de la Reginosa, tambores de columna sobre todo. ¿Quién sabe si ya hace dos mil años existía, superpuesta a esta, una vía o senda que uniera Baelo Claudia y Mellaria, en el caso de que dicha ciudad se hallase en la ensenada de Valdevaqueros?

24. Tambor de columna en la colada de la Reginosa

     Ya en la costa, a pie de playa prácticamente, seguimos hallando más tambores de columna, algunos de ellos de aspecto colosal. Ya sea a través de rampas o con otro método, el material era bajado para luego ser trasportado a sus destinos en barcazas.

26. Tambores de columna a pie de playa
Fotografía cedida por José Manuel Amarillo (http://josemanuelav.lacoctelera.net/)

Tambor en la costa

Tambor en las Piscinas

      Estos romanos no perdían el tiempo. Incluso en la misma costa seguían esculpiendo y extrayendo material. Mi hermano Francisco Javier  está de pie sobre otro de estos tambores sin acabar.

      Muchos conoceréis sin duda este lugar, a los que desafortunadamente no lo conozcáis os diré que aún sigue llamándose de una forma muy romana: los Baños de Claudia. Yo siempre lo he conocido como “las piscinas”, pero hay que admitir que Baños de Claudia queda más sugerente y resultón.

      Muy cerca de este paradisíaco enclave se halla presumiblemente uno de estos embarcaderos. Los sillares son tan numerosos que se diría que forman casi un espigón.

      No quisiera acabar la entrada sin mostrar fotos propias del destino principal de estas singulares calcarenitas: Baelo Claudia. Aquí se completa el círculo, aquí toma significado el trabajo titánico de esos canteros con los que al final no puedo dejar de sentirme identificado y a los que ensalzo y saludo dos mil años después, casi tan hispanorromano como ellos.

¡AVE LAPICIDA, DCAMINATA TE SALUTAT!

30.Foro de Baelo Claudia

29. Otras piezas de calcarenita en Baelo Claudia

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Baelo Claudia

Caminatas · P.N. El Estrecho

Sierra de San Bartolomé, dos al día me tomé.


    Este sábado pasado, disfrutando de un fin de semana largo en Facinas, me desperté minutos después de las siete. La mañana ya ensartaba sus hilos de luz por la persiana; la familia dormía placidamente; los pajarillos cantaban abajo en la plaza… El ambiente perfecto para cerrar otra vez los ojos y volver a despertar dos o tres horas después, al olor del café y del pan con ajo y aceite.

    Pero no, no encontré la manera de volver a cerrarlos. Me dije, a ver, he dormido más o menos bien, no estoy cansado, pero así y todo me noto como extraño, con esa sensación de que te han robado algo de valor pero aún no sabes qué, o con esa comezón interior de que se te olvida también algo importante y tampoco sabes qué. El ruido de unos pasos decididos en la calle, posiblemente el tío Curro, me dieron y confirmaron el diagnóstico.

    Nada grave, aunque me lo estaba oliendo. Después de más de un mes sin pisar monte estaba empezando a notar los primeros síntomas del trastorno, fruto de una anormal y larga abstinencia. Menos mal que el remedio lo tenía a mano, a tres o cuatro calles más allá. Incluso contaba con la suerte de elegir entre dos tratamientos distintos: Parque de los Alcornocales o el Estrecho. Debía ser una medicina rápida y efectiva, tanto para el cuerpo como para la mente. Una caminata larga y expuesta al sol sólo conseguiría agravar la situación y los síntomas. De repente lo tuve. Un rápido repaso al vademecum de la cartografía interior me puso en el camino: Sierra de San Bartolomé.

    LLegué a la aldea de Betis sobre las ocho menos cuarto. Aunque el sol asomaba tímidamente por la sierra de Fates, las dóciles colinas de Valdevaqueros y su playa aún estaban en sombras. Confiemos en que nunca anide en ese paisaje la urbanización que ha proyectado construir la corporación municipal de Tarifa. El viento de poniente arrastraba hacia el Mediterráneo una niebla deshilachada.

    Al toparme con el horno de piedra caí en la cuenta de que empezaba la caminata con sólo un café bebido y que no llevaba nada de comida. Sin problemas, esa pastillita mañanera que ya me estaba tomando no iba a requerir alimentos sólidos. Agua sí llevaba, eh… Décadas atrás algunos vecinos de Betis estarían posiblemente rondando a esas horas el horno, a la espera de que el pan macho estuviera listo, calentito, humeante… ummmm

   La sierra, o Loma, de San Bartolomé, cual último espolón de la Cordillera Penibética, se encuentra entre la playa de Valdevaqueros y la Ensenada de Bolonia. Personalmente opino que es una de las sierras con uno de los pérfiles o siluetas más bellas de nuestro litoral. Es muy conocida y frecuentada por los aficionados a la escalada, ya que dicha sierra o loma forma en realidad como una especie de anfiteatro de roca arenisca en la que se alían las condiciones idóneas para la práctica de este deporte, a al menos así era hasta hace poco. En la espectacular Laja del Tío Duarte, a la derecha de nuestro recorrido, se concentran los principales sectores de escalada: Bordillos, Arapiles, Mosaico y Panal y bloque.

    Como puede observarse en la foto de arriba, mi dcaminata curativa coincide más o menos con el trazado del cartel, que recorre el llamado Tajo del Buho o canuto del Arca. En el panel informativo se puede leer que la denominación de “Arca” hace alusión a un posible tesoro enterrado antiguamente por los alrededores. Ese tesoro ya ha sido descubierto, y puede disfrutarse por todo aquel que se aventure en la senda y alcance la cima.

    Otros buscadores de tesoros dirán, y con razón la verdad, que ese tesoro del Canuto del Arca está bastante devaluado. Quien por ejemplo vuelva a la zona después de dos años sin visitarla se quedará sin duda sorprendido, por no decir conmocionado. La Laja del Tío Duarte está al descubierto, todos los eucaliptos que hasta hace un año daban sombra a las paredes han sido talados. Aún no me he informado debidamente, pero creo que esto se debe a una campaña de regeneración de la flora autóctona de la zona. Ojalá que así sea.

   Si a esto le unimos el anidamiento de un alimoche en las cercanías, especie en peligro de extinción y a la que sin duda hay que apoyar, obtenemos el periodo vigente de prohibición de escalada entre el 1 de marzo y 31 de agoto. No sé si el alimoche habrá anidado o no, pero ese mismo día tuve ocasión de charlar con un paisano, que seguramente por lo que hablamos se conocía el entorno como la palma de su mano, y el paisano me contó muy seguro que allí no anidaba ya alimoche alguno. Por otra parte estaba muy contento de ver el paisaje de su Betis, de su campo, tal como era en su infancia: sin  eucaliptos.

   Menos mal, menos mal que por ahora las cabras no saben leer y se desentienden de normativas prohibitivas. En mi corto ascenso mañanero tuve la suerte de toparme con este simpático rebaño de cabras, a las que desde ya les pido perdón por importunarles el desayuno.

   Nada más notar mi presencia me dieron una clase de escalada libre y natural. Todas a una corrieron arenisca arriba para ponerse a salvo.

   Una vez arriba, un par de peques aprovecharon para terminar de tomarse el colacao.

   Este es el sector Mosaico. Estas cuantas cabras rezagadas no se atrevieron con la pared. ¿O es que aprendieron a leer?

     Este es el aspecto desde arriba, cerca ya del final de mi trayecto: francamente triste, como si hubiera caido del cielo un meteorito. Sólo los alcornoques se han librado del fuego regenerador.

    A pesar de la hora, cerca de las 8:30 de la mañana y de una distancia no muy excesiva: 1,2 km de ascenso, confieso que sudé la gota gorda. Debían ser los primeros efectos de tan particular medicina.

    

    Andar siempre merece la pena, y más cuándo se llega a un balcón privilegiado como este, con vistas a la Ensenada de Bolonia y la sierra de la Plata. Una horita enchufado al paisaje y todos los males se van con el poniente.

    Los tajos de arenisca son impresionantes, con esa amenaza constante e  incompresible a nuestro entendimiento de poder desprenderse barranco abajo en ese instante o dos o tres mil años después.

   De izquierda a derecha, de sur a noroeste, las vistas son espléndidas.

   Vaya, una discordante mancha naranja… Ah, espera, espera que soy yo, que como fui solo, la foto me la hice con el trípode.

   Poblado del Chaparral. Desde la playa de Bolonia no es visible, pero ya ven, unas cuantas casas y gente viviendo en ellas. Supongo que existirá desde bastante tiempo atrás, pero a día de hoy ¿quién sabe de la existencia de este poblado? No muchos. Eso es urbanismo decente y eco-lógico, natural y acorde a las necesidades, Juan Andrés Gil, que apellido más descriptivo no podías tener, y no ese Valdevaqueros de lujo que quiere construir.

   Laja de las Algas y Silla del Papa, al fondo. En primer plano, un hermos0 tajo de arenisca, con su alambrada. Un día de estos inventan algo para acotar y alambrar el cielo, ya veréis.

   Después de un buen rato, tras comprobar que la pastillita había hecho efecto, tomé el camino de vuelta. Cachis, de nuevo molesté a las cabras… venga otra vez laja para arriba….

    Estupendo día playero en Valdevaqueros con la familia y algunos amigos. Regeneradora siesta. Cuando desperté, vuelta a lo mismo: autoexámen médico. Mucho mejor que por la mañana, dónde va a parar, pero… pero… quién me decía a mí que con otra pastillita más no me iba a sentir mejor y acabar de curarme, cual antibióticos placebos instantaneos.

   Vamos que nos vamos otra vez para San Bartolomé. A una hora adecuada para mentirle a la calor. Si no recuerdo mal, sobre las 20: 30.

   Esta vez la aldea de Betis en sombras y Valdevaqueros al sol. Al fondo, el horizonte del Yebel Musa parece disfrazarse de monte Fujiyama.

   La cálida luz del atardecer  invade el manto de pinos que se extiende hasta la costa. En el horizonte despunta el Cabo de Espartel, desde donde Africa se desboca Atlántico abajo.

   Y Tánger, en su ensenada, hermana de la de Bolonia. Tánger, Tingis en la antiguedad, y Baelo Claudia, siempre mantuvieron estrechas relaciones.

    Poco a poco, a fuego lento, el sol se esconde y deja paso a las luces azuladas del anochecer.

   El lentiscal, o aldea de Bolonia, como es más conocida. Y a la izquierda la duna… escóndeos o camúflaos, que no os alcancen las garras de la construcción especulativa.

   El faro de Camarinal también se deja ver.

   No me gustan mucho las fotos “autohechas”, pero es que en esta se aprecia perfectamente que la terapia es efectiva: vaya careto. Silencio, recogimiento… esto sí que es medicina alternativa.

   Mucho se tienen que aliar la crisis de los 40 y la crisis económica ¡Me han artropellado las dos! para que yo me baje de aquí digamos que de una forma voluntaria.

   No es fácil, supongo, hacer fotos directas a los amaneceres o puestas. Demasiada luz apuntándote al objetivo. Mal o bien, esto es lo que conseguí. Eso sí, una puesta de sol es una puesta de sol. Ese día se puso justo a las 21:36: oro fundiéndose trás la Sierra de la Plata

    Como si fuera un “deja vú” de esos, rondando ya las diez de la noche, otra vez el camino de vuelta, más fresco y sano que una lechuga. Para completar y acabar tan cíclico día volví a encontrarme con mis amigas las cabras, que de nuevo escaparon de mi pesada y repetitiva presencia.

    A puntito estuve de irme con ellas y unirme al rebaño.

¡CHISTERA, CHISTERA LA DCAMINATA ESTÁ FUERA!

Caminatas · P.N. El Estrecho

Silla del Papa – Laja de las Algas (O de la Zarga)


Laja de las Algas y Silla del Papa

      Tal vez, uno de esos hermosos días de verano, bajando hacia la playa de Bolonia, hayáis mirado hacia la derecha y habéis tenido la suerte de encontraros con esta bella estampa: La Laja de la las Algas, y atrás, donde están las antenas, la Silla del Papa. La caminata que propongo hoy recorre en apenas 7 kilómetros, y de forma circular, estos monumentos naturales; y creedme, si os decidís a andarla las vistas que os esperan allí arriba os harán disfrutar mucho más del siguiente baño en las cristalinas aguas de una las playas más especiales del litoral gaditano.

      Esta ruta, y aunque suene a argumento de Perogrullo, va dirigida sobre todo a aquellos que no hayan andado por estos parajes y que sobre todo no conozcan la situación exacta de la famosa Silla del Papa. Lo digo porque por ahora no hemos nacido nadie con un GPS entre oreja y oreja, y lo normal es que no se sepa dónde está este histórico waypoint que no debemos perdernos. Además, pocos son los accesos o itinerarios que se pueden tomar para llegar al lugar. El más usual y transitado es el de la carretera asfaltada que sube desde el mismo Cortijo de la Gloria. Otro, de mayor kilometraje, recorre la cresta de la Sierra de la Plata, desde su extremo más cercano a la costa, por los alrededores de la Cueva del Moro. El itinerario que propongo es mucho menos transitado y conocido, pero ofrece una visión y comprensión muy completa del paisaje.

      ¿Y qué es la Silla del Papa? ¿Por qué se la llama de ese modo?… ¿No creeréis que voy a soltar todo el rollo histórico y andarín de repente, no? Si te interesa esta historia y has tenido el valor y el tiempo suficientes para leerte estos dos párrafo, me quiero asegurar de que llegues al final de la caminata, donde lo aclararé. Sólo adelantar, para el que no lo sepa, que en la cima de ese cerro existió hace más de dos mil años un enclave urbano anterior a Baelo Claudia. Así que, amigo, cálzate bien fuerte las “calligae” (botas romanas), ponte bien el casco, revisa el equipo y únete a la centuria que se pone en marcha. Como decían los buenos de Asterix y Obelix: Alístate a la Legión y conocerás mundo.

      ¿Y dónde se alista uno a esta caminata, dónde se empieza? Me diréis con razón los que no conozcáis el territorio.  Una vez que lleguemos a Bolonia, continuaremos por la misma carretera que pasa por detrás de las ruinas de Baelo Claudia y que ascendiendo por esa sierra, llamada de la Plata, se dirige hacia la Cortijada del Realillo de Bolonia. Medio kilómetro después nos encontramos con otra desviación a la izquierda, ya en el Cortijo de la Gloria. Ahí es donde dejamos el coche.  En el mapa de abajo se podrá ver mejor.

Cómo llegar

Y a continuación el itinerario de la caminata:

      Vistas amplias y hermosas darán el pistoletazo de salida a la caminata y nos acompañarán toda la jornada. Todos esos montes que van a dar al mar forman la Sierra de la Higuera. El arroyo más cercano, y que discurre paralelo al primer tramo de la ruta es el de Alpariate.

       La dirección a seguir será la misma que venimos tomando hasta ahora: hacia arriba, hacia el norte. La pista de zahorra continua durante unos 800 metros, hasta enlazar con otra más estrecha y de color terroso. A la derecha veremos el último cortijo habitado, y a la izquierda, majestuosa, la Laja de las Algas empezará a desplegar su arquitectura natural.

Lugar de salida

Hacia La Gloria

Laja de las Algas

Panorámica de la Laja de las Algas

     La laja de las Algas es también conocida como de la Zarga. Traducid “algas” al andaluz cerrado y ahí tenéis la posible explicación. El hipotético origen del topónimo también resulta cuanto menos curioso y atractivo. Según Gaspar J. Cuesta Estévez, en su artículo Toponimia de Bolonia y su entorno, el nombre “de las algas” podría proceder del término árabe al-mgaz, que se traduciría por “el Paso”. Ese paso sería el pasillo o desfiladero que se encuentra entre dicha laja y la Silla del Papa, y que en sus tiempos tomarían los campesinos para ir del Cortijo de la Canchorrera al de la Gloria, y el mismo que andaremos nosotros en nuestra dCaminata.

      Geológicamente hablando, la laja de las Algas o de la Zarga, está compuesta por enhiestos bancos de arenisca que forman una espectacular pared rocosa, en cuyo punto más alto alcanza más de 100 metros de caída libre. Pictóricamente hablando, la laja es un gran lienzo de piedra donde diversos líquenes crustáceos han plasmado sus bellos tonos anaranjados y amarillentos, y donde los buitres leonados han contribuído con manchas blanquecinas, creadas por la acumulación de sus excrementos. Para acabar el cuadro, y a modo de modernos trazos cubistas, numerosas líneas de fractura horizontales y verticales cuartean la arenisca. Aquí todo el mundo ha utilizado su pincel: el hombre, el viento, las plantas, los animales, las aguas de escorrentías…

Observatorio para ver los buitres leonados

Desde dentro

En efecto, es un observatorio para observar a los Buitres leonados; un poco de silencio por favor. Si os habéis traído prismáticos ¿a qué estáis esperando? La verdad es que si lo tenéis no dudéis en echarlo en la mochila. Veréis con más detalle a una de las 60 parejas que pueden llegar a anidar en la Laja. Los buitres leonados son de las aves de mayor envergadura de la Península, llegando a alcanzar algunos ejemplares los 2,5 metros con las alas desplegadas, y hasta los ¡9 kg de peso!.

Panel informativo sobre la laja

Continuando el camino, a unos 600 metros del observatorio, se abre a la izquierda una veredilla. Estad atento a ella, pues os conduce al poblado abandonado de la Gloria, conocido popularmente también como Los Boquetillos.

Llegando al poblado de Los Boquetillos

Restos de viviendas

   El poblado lo componen una veintena larga de casas en ruinas. Aunque unas están en mejor estado que otras, o son más recientes, todas ellas muestran muros sólidos y anchos, con la típica estructura del techo a dos aguas. Para la construcción de estos se utilizaba  la Castañuela, planta acuática que los lugareños recolectaban en la tristemente desaparecida Laguna de la Janda. Dicha planta permitía una buena impermeabilización, a la vez que la salida de humos provenientes del interior.

    Además de las viviendas, se pueden ver muros también derrumbados de corralas, un par de pozos de agua, y dos hornos de piedra para hacer pan. Para los que no los conozcáis estos hornos son estructuras cuadradas de piedra y abovedadas en la parte posterior, aunque también estas se encuentran caídas. En ellos horneaban el conocido pan macho, que sospecho que sería el principal aporte alimenticio de estas gentes.

   Desconozco cuál puede ser el origen cronológico de este poblado; la información al respecto, al menos la que yo haya encontrado, es muy poca. No sería muy arriesgado datar su origen en pleno siglo XIX, pues al hablar del asunto con un vecino ya mayor de Facinas me informa que ya su abuelo se había criado en este Poblado de los Boquetillos.

   Sería interesante saber si las tierras donde levantaron estas viviendas son o fueron de propiedad pública o privada. Conversaciones mantenidas con los pocos lugareños que he tenido la suerte de encontrar por esos lares me inclinan a pensar que este poblado de los Boquetillos, y otro situado en la ladera opuesta, al que llamaban el Puntal del Alamillo, se levantaron en terrenos públicos. Rodeados a ambos lados por grandes fincas, el monte donde se asientan forma en realidad como una especie de isla pública, “de todos”, en la que fueron recalando los jornaleros y campesinos que no podían costearse una propiedad “legal” en la vecina Facinas o en Bolonia.

    Allí subsistirían precariamente sus habitantes, ampliando la casa con cuartos a medida que los hijos se casaban, haciendo peonadas en los cortijos circundantes, y criando algunas cabras, tal vez algún cochino. El paro, la modernización de las tareas agrícolas y sobre todo la emigración, despoblaría y vaciaría de vida nuestro poblado.

   Otro factor que contribuyó al desmantelamiento de estos campos es hoy día tema de actualidad: los eucaliptos. Mi último informante, un símpático anciano que vive al pie de la laja, me comentó que el eucalipto también tuvo mucha culpa de que las gentes abandonaran el lugar, y sobre todo, y en su opinión, los ingenieros que decidieron plantarlos para la industria papelera. Gran parte de la sierra de la Plata y la de San Bartolomé se poblaron con esta especie no autóctona, que requiere y acapara mucha agua para su crecimiento. Acabarían ganándole el terreno a los árboles y arbustos autóctonos, los mismos que servían de sustento a los animales domésticos de los habitantes de los poblados que poco a poco verían desaparecer su humilde rebaño.

    Hoy día están talando los eucaliptos, con la intención de reintroducir las especies de toda la vida: alcornoques, lentiscos, etc. Una buena decisión, a mi parecer, pero a las personas ya no hay quien las reintroduzca. Bueno, si se restauran los chozos, el que les escribe y al menos por ahora mi colega Juanlu, no ofrecemos como pioneros para recuperar este poblado. Estariamos encantados, es decir, “en la Gloria”.


La última casa que veremos, que yo creo que era la primera en dar paso a los Boquetillos, es esta de aquí abajo. Fácil de diferenciar por el esbelto pino que crece en su frontal. En la parte trasera contemplaremos un enorme acebuche que nos dejará boquiabiertos, y otro horno de piedra en un lateral.

La casa del pino

   Tras una especie de murete o cercado, a pocos metros de esta Casa del Pino, encontraremos esta cancela, que siempre está abierta pero que no hay que olvidarse de cerrar. A partir de esa linde pienso que accedemos a dominos del Cortijo del Acebuchal, emplazado un par de kilómetros monte abajo.

Cancela al final del poblado

Continuamos por la vereda y ahí donde véis a mi amiga Ana señalando una bifurcación, tomamos el sentido de la izquierda. Hacia abajo iriamos al cortijo.

La vereda nos lleva directamente a un claro de forma circular (bujeo o patio de corchas) en un singular bosquecillo de acebuches y alcornoques. Estos acebuches también son de un tamaño sorprendente, y sin duda bastante viejos.

Claro en el bosque de acebuches y alcornoques

Escorzo de acebuche

   Estaremos bien situados si ante nosotros tenemos la perpectiva que nos ofrece la fotografía de a continuación: Los mismos acebuches a la derecha, abajo a la izquierda una pequeña tumba antropomorfa, y al fondo de nuevo otro horno de piedra. Fuera de la fotografía, a la derecha también, veremos un corral de piedra circular.

    Atravesaremos el claro en ese sentido, por su parte baja, donde enlazaremos con un senderillo. A partir de aquí viene la parte un pelín, sólo un pelín, más complicada en cuanto a orientación.

    Como habréis advertido esta ruta no está señalizada, y mucho menos este tramo entre las dos lajas. Las tres veces que ya he pasado por él he puesto un par de hitos de piedra y alguna que otra tira de plástico en ramas, que serán retiradas cuando se señalize mejor el itinerario. De todos modos, se trata de un tramo de unos 800 metros, y que no tiene pérdida pues siempre se harán en continuo ascenso, y arriba a nuestra izquierda, contaremos en todo momento con las antenas de repetición a modo de referencia. Recuerdo también que esas antenas en realidad son nuestro principal destino, pues ahí está la Silla del Papa.

Saliendo del claro

A unos pocos metros de salir del claro pasaremos por entre una alambrada que se encuentra tirada por el suelo. Pasada esta empezaremos ya a torcer a la izquierda y a subir.

No tardaremos en encontrarnos con un segundo claro, salpicado en esta época primaveral de gamones y cebollas albarranas.

   Desde ahí conectamos con otro sendero, que no es otra cosa supongo que una pista más o menos habilitada para las labores del corcho. Esta pista desaparece pronto y vuelve a estrecharse y convertirse en senderillo, que según sea la estación del año en la que andemos estará más o menos cerrado y/o visible. De todos modos nuestras amigas las vacas se encargarán de que no se borre del todo.

Pero antes un vistazo hacia atrás para coger aire. El cortijo que se ve abajo es el del Acebuchal.

   Este senderillo nos conducirá sin mayores problemas a un murete con alambrada que nuevamente deslinda una finca de otra. Durante este trayecto, si estamos atentos, observaremos lo que en su día fue un alfanje, el lugar donde se hacía el horno de carbón. Es fácil de identificar puesto que forma como una terraza aplanada, despejada y el suelo es más oscuro que en los alrededores.

Casi al final del sendero

Llegando a la alambrada

    Este es el murete y la única alambrada que habremos de sortear. Dada su profusión en estos campos nos podemos alegrar de que sólo sea una. La dirección que debemos tomar a continuación es a la derecha, siempre hacia el encuentro de las antenas, que nos han venido muy bien hasta ahora como referencia pero que en mala hora se construyeron en ese exacto sitio. Cuando estéis arriba lo comprenderéis.

     Pero antes, ufff, un respiro y un ratito de contemplación, que de nuevo empezamos a tener buenas vistas de la playa de Bolonia y del Lentiscal.

Conectaremos con la pista de asfalto, la misma que parte justo desde donde dejamos el coche en las proximidades del Cortijo de la Gloria. Cuando al final de esa pista pasemos una cancela verde ya podemos decir que estamos, ahora sí que uffff, en la SILLA DEL PAPA.

Hacia la antena

    Hasta hace unos años yo tampoco me aclaraba con la ubicación exacta de este monte o cima. Probablemente supe de su existencia leyendo algún artículo de historia local, en el que se hiciera referencia a la primera guerra civil romana (s. I a.c.) y a uno de sus principales actores: Quinto Sertorio. Este militar y patricio romano no se refería a ella, claro está, como Silla del Papa, sino probablemente como Mons Belleia, término romano que se solaparía al anterior púnico: Bailo. Se llamara como se llamara, se sospecha que esta cima, en este recinto fortificado, este general romano reunió en el año 80 a.c. a un importante ejército en sus luchas contra Sila, dictador de Roma en ese momento.

      Tras este aperitivo histórico, y antes de describir brevemente este enclave urbano, quisiera enseñaros las primeras evidencias arqueológicas que os encontraréis, por otra parte las más conocidas de este yacimiento.

      En esa roca hay grabados unos símbolos extraños, en los que los especialistas aún no se ponen de acuerdo en cuanto a su origen cronológico y significado. Se trata en concreto de una forma humanoide y ambos lados lo que parecen ser cruces.

     En lo que sí parecen ponerse de acuerdo es el origen celtíbero de este emplazamiento, de este oppidum, lo cual significa recinto fortificado. Fueran turdetanos o bástulos los primeros pueblos celtíberos en habitar estas humildes pero estratétigas alturas, estos símbolos probablemente tuvieran un significado religioso, e incluso astronómico.

Símbolos grabados en la roca

¿Y cómo se encuentran estos símbolos? Fácil, en primer lugar debemos hallar esta escalera tallada en la roca, que está justo al lado de la alambrada que encierran las antenas. Una vez que lo hallamos flipado, nos damos la vuelta y rebuscamos por el suelo a unos cinco o seis metros.

Escalera que nos lleva a la silla

En la fotografía de abajo se aprecia bien la cercanía. En esta escalera algunos historiadores quieren ver un acceso a un altar de sacrificios. Otros optan por una estructura militar, posiblemente una torre de vigía o defensiva. Ahora sí podemos preguntarnos sobre si no había otro sitio para plantar las dichosas antenas, y esperar al menos que en su construcción no se dañara alguna estructura antigua importante, aunque permítaseme que lo dude.

Los grabados y la escalera están muy próximos

    Y bien. Subimos por la escalera y nos dirigimos hacia donde hay ¿a que no lo adivinan? Sí, ooootra antena. También un pilón de hormigón, un punto geodésico de esos. Todos los movimientos que haremos aquí arriba han de ser muy cuidadosos, pues estamos a una altura considerable, donde suele pegar fuerte el viento. Pero ya digo, con tiento y precaución no hay ningún problema.

   Hay donde me véis sentado está exactamente la Silla del Papa. No sé si como un Papa o un Rey, uno no es muy partidario que se diga de estos estamentos, pero sentarse ahí y disfrutar de ese hermoso paisaje  te convierte simplemente en una persona afortunada.

Aquí se puede apreciar mejor el trono, la famosa silla. Desconozco si la oquedad en cuestión es un capricho de la erosión o ha intervenido la mano humana. Quién sabe si las dos cosas, y lo aprovechara un turdetano de hace más de dos mil años para eso, para sentirse afortunado… y ya de paso para otear y vigilar el horizonte, vaya a ser que apareciera el primer romano para cortarle el rollo e inventar la “civilización”.

   Desde esta rocosa atalaya (458 metros) dominaban totalmente el territorio circundante. Imagínense por ejemplo el paisaje de la fotografía de abajo un poco más arbolado, sin molinos, claro, y al fondo, el destello rutilante de la Laguna de la janda…

   En la actualidad podremos apreciar y distinguir las poblaciones de Zahara de los Atunes, Vejer de la Frontera, Benalup, Facinas y Tarifa.

Valle del Almodovar

Zahara de los Atunes

Hacia el oeste se puede distinguir Tarifa

Para ir concluendo, un intento de describir cómo podría haber sido este enclave urbano:

   Se encontraba emplazado entre dos paredes naturales de piedra caliza, dispuestas de norte a sur, que dejan en medio una epecie de pasillo natural de unos 420 m. de longitud y entre 20  y 75 m de ancho. Este pasillo o corredor desciende al mencionado Valle de Almodovar, de donde procedería el acceso principal al poblado o fortificación. Al contrario que hoy día, vivían de espaldas al mar.

  Históricamente hablando, la secuencia de ocupación se remonta a los siglos VIII y IX a.c., aunque los restos que en la actualidad pueden observarse parece ser que pertenecen al periodo prerromano, en concreto al pueblo turdetano, los supuestos y probables descendientes de las gentes que compusieron el reino de Tartesoss, pero también se encuentran vestigios romanos de época imperial. En fin, que fue un lugar muy concurrido desde la antigüedad. Los muros de caliza les protegían del viento, una fuente o manantial  les proveía de agua potable todo el año, explotaban las fértiles tierras del Valle del Almodovar… un sitio perfecto hasta que las circunstancias y la Historia los echó del monte para fundar Baelo Claudia en la costa. Fue en tiempos del emperador Augusto cuando se tomó esta decisión.

    Descendiendo por el corredor hacia el valle comprenderemos cómo levantaron sus viviendas los inquilinos de este poblado fortificado. Aprovechaban las paredes de roca anteriormente mencionadas para sustentarlas. Por un lado y otro veremos mechinales (boquetes en la roca) donde encajaban las vigas y las estructuras, incluso aterrazaban y allanaban algunas lajas de piedra. En conclusión, había vida urbana en el sitio más impensable, pues ¿quién que no conociera antes este lugar se iba a imaginar que allí había casas e incluso templos?

Las fotografías de abajo son ejemplos de los restos arqueológicos que podemos encontrarnos:

Sillares de muralla

Restos de un muro

Aterrazamientos

Mechinales, para encajar las vigas

Otra escalera

Atalaya, puesto de vigilancia

Fuente del manantial

Si queréis ver más detalles y fotografías de los restos históricos de la Silla del Papa, no dudéis en visitar el blog de M@nuel. Merece la pena. Aquí os pongo el enlace de su caminata:

Laja de la Zarga – Silla del Papa

Bien, una vez que nos hayamos decantado por ser romano o celtíbero, iniciamos la bajada hasta la cortijada de la Gloria, por la misma pista de hormigón que comenté antes, donde al final nos espera el coche. Ya digo que hay otras alternativa para los que no quieran pillar pista, pero seguramente andéis con prisa de tomaros una buena cerveza en las terrazas de la playa que hay junto a las ruinas de las factorías de Garum. Eso no tiene precio ni excusa.

Iniciando la bajada

Fin de ruta

¡CHISTERA CHISTERA LA CAMINATA ESTÁ FUERA!

Y PARA SABER MÁS:

Caminatas · P.N. El Estrecho

Colada de la Reginosa


    Hoy mismo, sábado 24 de septiembre hemos recorrido Julio y yo el sendero conocido como la Colada de la Reginosa, una ruta que parte de Bolonia y que atravesando un bello bosque de pinos y sabinas llega a la zona conocida como Punta Paloma, desde donde regresamos a pie de playa. En total unos 12 km que se tardan en andar lo que a uno le dé por pararse, hacer fotografías, comerse el  bocata y bañarse, se aconseja como a uno le trajeron sus padres a este mundo. Echenle unas 5 horas.

   Por el camino hemos visto restos de uno de los acueductos que llevaban agua a Baelo Claudia desde Las Palomas, una de las canteras que surtían de piedra a esta misma ciudad y algún que otro resto olvidado de esta misma cantera. Ahhhh y la Cala Picacho donde hacía años y años que no nos bañábamos, y las piscinas, también conocidas como los Baños de Claudia… en fin, todo esto y más hemos fotografiado, menos… menos…. ostia Julio ahora, no es coña, me estoy acordando que al final no nos hemos fotografiado en el chiringuito Los troncos tomando nuestras más que merecidas cervezas. Por cierto, el restaurante El Mirlo, por donde íbamos a bajar y a otorgarnos un adelanto de ese ritual cervecero, estaba cerrado por descanso. Para no desentonar el ambiente romano que llevábamos nos acordamos de Júpiter y de toda su corte de dioses romanos.

  Este es el recorrido que hicimos, y a continuación, sin más dilación, las fotografías.

Itinerario de la caminata
Pilar del acueducto al paso del Arroyo de la Churriana
Arcada de ese mismo tramo del acueducto
Cortijo de la Torre
Sentado sobre un tambor de columna romana que nunca llegaría a serlo
Canteras de Baelo, hacia ella subimos
Desde las canteras, abajo Punta Paloma
Punta Paloma desde las Canteras
Aquí empezaron a currarse una columna… pero ahí se quedó
Cantera
Cala Picacho
Las Piscinas o los Baños de Claudia

Caminatas · P.N. El Estrecho

Por los montes de Bolonia


Laja de las Algas. Al fondo, la Silla del Papa

El día que caminamos por los montes de Bolonia parece que se confabularon los hados de la meteorología para arrojar sobre nuestras cabezas un estupendo y variadísimo día de primavera. Cielo encapotado y algo de frío a primera hora, y viento, por supuesto. Intervalos de nubes poco después, lo que se traduce en ponte jersey y quítate jersey cada vez que se abre y cierra un claro. Hacia mediodía chaparrón, mucha humedad y un par de truenos. Y por último un sol de justicia que nos dejó, a Julio y al que escribe, achicharraitos. En resumen, empezamos a andar en invierno y terminamos en verano. Una típica jornada de mayo.

La caminata que hicimos la propone en sus itinerarios el P.N. del Estrecho con el nombre de Puerto de Bolonia- Pulido. También la recoge la muy lograda Guía de 300 senderos de la provincia de  Cádiz, publicada por Diputación. Nosotros introducimos una variante que no aparece en esa ruta, y que pensamos le aporta más interés: subir a la Silla del Papa no desde la costa, sino desde la vertiente norte de la Sierra de la Plata, la entrada natural, e histórica, a dicho enclave. La ruta es circular y de dificultad media, de unos 12 kilómetros, y se tarda unas 5 ó 6 horas en realizarla. Si es posible, elijan un día que no pegue mucho el sol y el levante. Para el que tenga la mala suerte de no conocer este lugar tiene que coger la N-340 de Algeciras a Cádiz y en el km 69 desviarse por la CA-8202 hasta Bolonia.

Recreación de Baelo Claudia

En esta caminata, una vez más y que no decaiga la cosa, se asocian Naturaleza e Historia de una forma espectacular. Hablar de Bolonia, y de sus montes, es hablar de Baelo Claudia, una de las ciudades romanas de España en mejor estado de conservación. Nacida de un antiguo asentamiento fenicio-púnico sobre el s. II a.c. sería ya en los dos primeros siglos de nuestra era cuando alcanzaría un mayor auge. Su motor de desarrollo fue el puerto, que le permitió dominar el comercio principalmente con el norte de África, pero también con el resto del Mediterráneo, a dónde exportaría sus  salazones  de atunes y sobre todo el famoso garum, una salsa hecha a base de restos y tripas de pescados, vino, aceite; todo ello condimentado con especias y macerado al sol en piletas. Llegó a ser muy popular entre la jet set romana como afrodisíaco, pero me huelo que las calles de la ciudad del Estrecho no olían precisamente a rosas. Se cree que un gran maremoto alrededor del 150 d.c. junto a otros factores económicos provocó el inicio del declive de la Baelo de Claudio.

Y si se habla de Baelo es obligatorio acordarse de la Silla del Papa, asentamiento prerromano germen de la futura urbe, emplazado a 4 km. de la costa,  en lo más inaccesible de la Sierra de la Plata. Y de lugares y nombres tan bellos y peculiares como Sierra de la Higuera, Cerro de la Rosa Grande, Laja de las Algas, Cortijo de las Cumbres, Cortijo del Hoyo del Mondongo, Arroyo de Alpariate, loma de la Carrera… Tantos, que hasta pensé titular esta caminata como “Por los montes y nombres de Bolonia”.

Ahí abajo están, desde Google Earth y en versión mapa desde Iberpix:

Ortofotografía de la ruta desde Google Earth
Ortofotografía de la ruta desde Iberpix

Sin más dilación, digámosle a mi amigacho Julio que salga a enfrentarse con los elementos y a ilustrarnos la caminata. El lugar de salida y llegada es la Venta El Tropezón, situada en el Puerto de Bolonia, donde la carretera empieza a descender hasta la playa. Seis horas después estábamos sentados en una de las mesas tomando una merecida cerveza.

Puerto de Bolonia
CA-8202 hasta Bolonia

La pista de tierra que vemos frente a la venta es la que hay que tomar. A unos 400 metros debemos abandonarla y empezar a subir la loma. Si continuáramos la pista llegaríamos al Cortijo de las Cumbres. Acebuches y palmitos no pueden estar más a gusto en ese ambiente.

Momento en el que hay que abandonar el carril
Palmitos y más palmitos

Si miramos atrás nos entrarán las dudas de si estamos haciendo la caminata adecuada. La  Sierra de San Bartolomé, y en especial la Laja del Tío Duarte nos atraerá como un poderoso imán. El perfil de esta montaña es de los más bonitos que he visto. Seguimos adelante, otra caminata será.

Sierra de San Bartolomé

Como podríamos sospechar, restos de una batería militar y otras dependencias castrenses nos salen al encuentro. Una más en el sistema defensivo del Estrecho de Gibraltar que ideó el régimen dictatorial  de Franco contra posibles ataques aliados en la II Guerra Mundial.

Restos de un bunker

En la fotografía de abajo se aprecia en el horizonte la antena de repetición que corona la Silla del Papa, nuestro destino principal. En todo momento la tendremos como marca y guía.

Nuestro principal destino tras unas ruinas

Seguimos adelante, caminando por la espina dorsal de la Sierra de la Higuera. A nuestra izquierda, al sur, se abre el Atlántico, e incluso se adivina Tánger tras la bruma. A la derecha, al norte, la N-340 abajo, los arroyos que alimentan el Rio del Valle, y las Sierras de Saladaviciosa y Fates.

Sierra de la Higuera

El primer arroyo con el que nos cruzamos es el de Pulido; arroyo que da nombre a una cortijo que hay valle abajo, ¿o es al revés? Andamos por tierras donde pastan sobre todo las vacas retintas, los bovinos estrella de la Baja Andalucía. ¿Serán estas vacas las descendientes de los bueyes de pelaje rojo que el esforzado Hércules vino a robarle a Gerión, mítico rey de Tartessos?

Arroyo del Pulido

El siguiente arroyo que encontramos es el de Alpariate. Como ya comenté antes, los nombres de Bolonia, sus topónimos, no son sólo hermosos por su fonética sino también por su significado. El origen del nombre “Alpariate” puede estar en el vocablo latino “PARIES“, que significa “muro, pared”. El curso que toma el arroyo hasta el mar nos pone tras la pista, pues rodea la antigua urbe por su costado este, “junto al muro”. Es posible que los baelonenses lo llamaran así, el arroyo de la muralla.

Pero esto no es todo, otro topónimo latino seguramente haya llegado hasta nuestros días fosilizado en el paisaje. Dicho arroyo, al descender, pasa junto a una colina llamada la Loma de la Carrera, cercana a la ciudad. El término latino que parece aflorar, como una rara concha marina, es el de “CARRARIA“, que en latín vulgar significa “vía para carros“. Pero ¿qué carros? Pues, por ejemplo, aquellos que pudieran venir de Gades o Carteia, y que al abandonar la Vía Heraclea, la Vía VI,  tomaran un ramal para llegar a Baelo Claudia. La loma de la carrera (Carraria) sería un vestigio de ese mismo ramal, o vía secundaria. No hay que esforzarse mucho para trazar con la imaginación este camino a través de la Sierra de la Higuera, y por qué no, ver bajar desde lo alto de la loma un carro y una serie de personas alrededor, anunciando agritos y con música que llega a Baelo una compañía de teatro.

El Cortijo que se ve en un primer plano es el cortijo del Hoyo del Mondongo. Aquí no hay ya latín ni imaginación que valga; vaya nombrecito. Pero para eso está el diccionario de la RAE, para espantar la imaginación. Nos dice que Mondongo significa ” intestinos y panza de las reses, y especialmente los del cerdo”. Osea que hacer el mondongo es más o menos hacer morcillas y chorizos. Ahora sí.

Arroyo de Alpariate

Ya tenemos más cerca la Laja de las Algas, otro lugar que bien vale por sí solo una caminata aparte, y la antena de repetición atrás, perdonen que me repita. En la siguiente fotografía, Facinas desde una perspectiva que nunca había visto antes.

Laja de las Algas
Facinas, tras la alambrada

Una vez andada la dorsal de la Sierra de la Higuera nos topamos con esta pista de tierra que viene de la ladera contigua, de los Cortijos del Puntal y el Alamillo. Hay que seguir recto, hacia arriba, aunque Julio mire con avidez esos bancos y esa sombra.

Todavía no es hora del bocata, Julio

Esa misma pista, como se observa, curva y desciende ahora hacia  la izquierda. Ese es el itinerario que nos propone la ruta llamada Puerto de Bolonia- Pulido, que mencioné al principio. Pero Julio y yo, que somos muy intrépidos, continuamos adelante. Bromas aparte, y aunque no fue una hombrada, sí fue una aventurilla conectar ese punto con la Silla del papa. La vez anterior que subimos a dicha Silla lo hicimos por el camino habitual, la vertiente que sube desde la playa. Esa vez, y a esa altura de la ruta andábamos por terra incógnita, pues ni siquiera ese satélite casero llamado Google Earth aclara mucho qué hay en medio. Mucho mejor, pues esa es la parte de las caminatas que más me gusta, la que no tengo ni idea de lo que me voy a encontrar cien metros después.

Hacia la "Terra incógnita"

Incluyo una imagen más detallada de ese tramo para que se aprecie bien. Apenas un kilómetro y medio de subida que nos hizo sudar, pero sobre todo disfrutar.

Ortofotografía del tramo

En esa zona, en el lado norte de la Laja de las Algas nos sorprendió un pequeño poblado en ruinas. Había varias casas, y este horno de piedra para hacer pan. El mapa dice que el sitio se llama La Gloria, aunque luego un lugareño nos dijo que no, que La Gloria estaba más abajo. Lamento no acordarme del nombre que nos comentó.

Horno de piedra para hacer pan
Vereda después del poblado de la Gloria

Tras la vereda de la foto anterior nos esperaba un claro con estos, si no me equivoco, dado el tamaño, hermosos e impresionantes acebuches. Inabarcables de un abrazo. También había restos desmoronados de cabañas de piedras.

Acebuches de gran porte

No sé si se aprecia bien, pero la pendiente era bastante acuciada. Ahí fue donde nos cayó el chaparrón. Al fondo, de nuevo la antena. Repito, este era el acceso secundario original al enclave de la Silla del Papa. En un plano que pongo más abajo se apreciará mejor.

Accediendo a la Puerta de atrás de la Silla del papa
Juro que Julio no ocasionó este estropicio

Hasta que, dispersadas las nubes, pudimos gritar CIMAAAAAAAAA. No es de extrañar que sucesivos pueblos y culturas habitaran esa cumbre: un lugar privilegiado para guarecerse y defenderse. El domino del entorno es casi absoluto. Por un lado se domina la vertiente este, de donde venimos: La sierra de la Higuera y toda la ensenada de Bolonia…

Julio y yo, a esas horas no sé si romanos o íberos
Panorámica hacia el este desde la Silla del papa

Y por la otra vertiente, por el lado oeste, el valle del Almodovar y la playa del actual Zahara de los atunes.

Panorámica hacia el oeste desde la Silla del papa

He aquí el plano del yacimiento. Espero que se hagan una idea aproximada de lo que es la Silla del Papa. Se trata de un pequeño macizo rocoso a 457 metros de altura. Dos paredes naturales de piedra caliza, dispuestas de norte a sur, dejan en medio un pasillo natural de unos 420 m. de longitud y entre 20  y 75 m de ancho. Este pasillo o corredor desciende al mencionado Valle de Almodovar, de donde procedería el acceso principal al poblado o fortificación. Con un círculo verde marco esa entrada. Con el rojo el acceso secundario por donde llegamos nosotros, una apertura en esa muralla natural de caliza. La marca amarilla sitúa la antena de repetición.

Históricamente hablando, la secuencia de ocupación se remonta a la Edad del bronce, aunque los restos que en la actualidad pueden observarse parece ser que pertenecen al periodo prerromano, en concreto al pueblo turdetano, los supuestos y probables descendientes de las gentes que compusieron el reino de Tartesoss, pero también se encuentran vestigios romanos de época imperial. En fin, que fue un lugar muy concurrido desde la antigüedad. Los muros de caliza les protegían del viento, una fuente o manantial  les proveía de agua potable todo el año, explotaban las fértiles tierras del Valle del Almodovar… un sitio perfecto hasta que las circunstancias y la Historia los echó del monte para fundar Baelo Claudia.

Yo me quedo con la anécdota o supuesto hecho histórico de que en esa fortificación estuvo en el año 80 a.c   Sertorio, un célebre general romano de vida y condición política similares a las de Julio Cesar, con su ejército de lusitanos, hispanos y bereberes mientras guerreaba contra otros romanos, que como sabemos por Obelix, estaban todos muy locos.

Plano de la Silla del Papa. Revista Aljaranda, nº 68. El oppidum de la Silla del papa

A continuación ilustro qué tipo de restos podemos hallar en la Silla del Papa. En la escalera tallada en roca algunos historiadores quieren ver un acceso a un altar de sacrificios. Otros optan por una estructura militar, posiblemente una torre de vigía o defensiva. Los grandes sillares de caliza demuestran que esta zona sur del enclave, la más alta, estuvo amurallada. Al ser también la más plana y extensa, se piensa que en las inmediaciones se alojaban los edificios públicos. La antena de repetición que nos ha servido de guía, también sirvió en su momento para destruir alguna que otra construcción. Una barbaridad que cuesta aceptar. En cuanto a los símbolos grabados en la roca, he leído por ahí desde que pertenecerían a una etapa prehistórica hasta que pudieran ser cruces y grabados cristianos de la edad media.

Descendiendo por el corredor hacia el valle comprenderemos cómo levantaron sus viviendas los inquilinos de este poblado fortificado. Aprovechaban las paredes de roca anteriormente mencionadas para sustentarlas. Por un lado y otro veremos mechinales (boquetes en la roca) donde encajaban las vigas y las estructuras, incluso aterrazaban algunas lajas de piedra. En conclusión, había vida urbana en el sitio más impensable, pues ¿quién que no conociera antes este lugar se iba a imaginar que allí había casas e incluso templos?

Para ver más fotografías que describen mejor este modo de construcción visiten este enlace de la página Arte sureño: Yacimiento turdetano.


Escalera tallada en la roca
Extraños e indescifrados signos
Sillares de la muralla sur
Ejemplo de aterrazamiento para construir una vivienda

Hora es ya de empezar a bajar de nuevo hacia el valle, pues empieza a subir la temperatura. Ese es el carril hormigonado que se hizo para cometer el atropello de la antena. Una vez más hay que preguntarse ¿Era ese el único sitio donde se podía plantar, encima de un yacimiento arqueológico?

Carril de acceso a la Silla del Papa

El carril termina en el Realillo de Bolonia, casi una barriada aparte. Imagino que en su momento sería una cortijada típica y antigua a la que se le han ido juntando nuevos y afortunados vecinos. Por allí también pasa el regajo de la Fuente del Realillo.

Realillo de Bolonia

Hay que pararse, como hace Julio, en la última de las casas. Hacia abajo, y aunque no lo parezca, es hacia donde hay que dirigirse. Allí cerca se encuentra la Semilla: Taller de experimentación ambiental, un sitio curioso para visitar. El Puerto de Bolonia, desde donde partimos por la mañana, se aprecia con nitidez.

Dirección a seguir. Cerca de la Semilla

Al principio, el sendero parece un barranquillo o un simple regajo erosionado, pero poco a poco se va estirando hasta convertirse en camino. Eso sí, como se observa, sembrado de piedras y pisadas secas de vacas. Hay que tener cuidado con los tobillos.

Sendero tuercetobillos

Aunque áspero y duro, ese tramo de la caminata tiene su encanto.Y seguramente tendrá sus años, pues imagino que sería en origen la colada que uniera a los paisanos del Realillo con el Puerto de Bolonia, cuando fueran de camino a Tarifa.

La sierra de San Bartolomé nos servirá de guía

De nuevo cruzaremos los arroyos antes citados, de escaso caudal, por lo avanzado de la primavera. Luego nos encontraremos con la cortijada del Pulido, desde donde subiremos hasta encontrar la carretera que nos lleva de nuevo a la venta del El Tropezón.

Cruzando un arroyo. Aprieta el calor
Ya casi llegamos de nuevo a la venta el Tropezón

Y aquí están esas dos merecidas cervezas, que en su momento sirvieron para brindar por la salud de los caminantes. Y que ahora brindan por ti, amable lector, que has llegado hasta el final de esta cibercaminata.

¡Chistera chistera la caminata está fuera!

Salud, caminantes

PARA SABER MÁS:

Sobre los nombres de Bolonia: Toponimia de Bolonia y su entorno.

Sobre la Silla del Papa: El oppidum de la Silla del Papa (Tarifa) y los orígenes de Baelo Claudia.

Sobre Baelo Claudia: Conjunto arqueológico Baelo Claudia