Biblioteca·Caminatas·Historia, Folclore y Etnografía·P.N. El Estrecho

Nuevos hallazgos en el entorno de la Peña del Bujeo.


2.1. Peña del Bujeo

Quien quiera ver correctamente la época en la que vive debe contemplarla desde lejos. ¿A qué distancia? Es muy sencillo: a la distancia que no permite ya distinguir la nariz de Cleopatra.

José Ortega y Gasset.

    A veces la piedra arenisca adopta formas muy curiosas y sugerentes. El viento y la lluvia actúan sobre ella como cinceles incansables y nos legan monumentos naturales que cuesta calificarlos como fortuitos. En este caso los fenómenos atmosféricos han modelado un rostro pétreo emergiendo de la tierra (foto de arriba); de izquierda a derecha se aprecia la barbilla y una boca retraída, luego una nariz entre aguileña y griega y finalmente el ojo… ¡ si hasta los arbolillos hacen de pelo para este coloso yacente!

      Y hablando de caras que emergen, ya iba siendo hora de que asomara mi careto por el blog. Este próximo septiembre hará un año ¡menudo año! que no subo una entrada. Abandonado no, lo siguiente. La historia que cuento a continuación tuvo lugar por tanto a finales del verano pasado. En alguna ocasión me he puesto frente al ordenador con la intención de contar este humilde hallazgo que considero inédito, al menos en este mundo bloguero en el que me muevo, pero nada, no hubo maneras, ni sobre todo ganas.

      Tampoco he regresado de nuevo al lugar de los hechos. ¿Seguirá mi gigante con esa expresión tan seria? ¿Seguirá conservando el pelo, digo los arbolitos?

       La Peña del Bujeo, aún siendo un lugar no muy frecuentado, es un enclave conocido incluso para los que no conocen exactamente su ubicación. Me explico. ¿Quién no se ha fijado mientras conducía en dirección a Tarifa, pasando Pelayo, en un promontorio que destaca a mano izquierda y que a la fuerza tiene que llamar nuestra atención? Ya, ya sé, los conductores prudentes, pero ahí está. Quién quiera saber algo más que no sea tan prudente y la próxima vez eche un vistazo, busque en Iberpix, o en último término, llame al departamento de geolocalización de dCaminata.

         Una tarde de esas, “casi” a la fresquita, mi hermano Francisco Javier, del Facebook Paisajes del Campo de Gibraltar, y el que les escribe decidimos acercarnos a la zona para conocerla a fondo. Y menos mal que lo hicimos, fue una tarde bastante fructífera ¿quién nos iba a decir que un simple paseo vespertino nos iba a deparar tales sorpresas? Vamos, como que me dan ganas de esta misma tarde acercarme de nuevo.

2.Escaleras de la Peña.

         Después de presentar nuestros respetos al susodicho gigante subimos la escalera que conduce a la cima de la peña. ¿Por qué una escalera en este sitio? Como se verá en las siguientes imágenes desde este promontorio, desde esta atalaya natural, se obtiene una visión inmejorable del acceso norte a la ciudad de Algeciras y sobre todo del Estrecho y sus primeras elevaciones.

3. Cima de la peña.

       Una vez arriba encontramos pruebas que certifican la idoneidad de esta peña como lugar ideal de observación y posicionamiento geográfico: un vértice geodésico, una caseta que sin duda perteneció en su día al acuartelamiento del Bujeo, y sobre todo, los restos de una estructura de piedra, de forma cuadrada y con pinta de ser bastante antigua. Esto fue lo que en principio lo que nos llevó allí esa tarde, pues ya anteriormente había llamado la atención de mi hermano en una de sus escapadas.

4. Base de la torre

5. Esquina de la torre.

       Si hacemos caso al mapa topográfico, donde se nombra este enclave como “Torre del Bujeo“, y tirando de nuestro conocimiento, que no deja de ser de aficionado, encontramos bastantes similitudes con otros restos de torres vigías de origen medieval. La planta  parece ser rectangular, y a falta de metro en la mochila ¡cuándo me acordaré de meter uno en ella! calculamos que de 3×4 m. más o menos. En cuanto altura, cualquiera sabe, pues sólo se ha conservado la base.

5.1. Esquina torre.

6. Algeciras desde la torre.

      Como se observa en las dos fotos anteriores esta base está compuesta por un núcleo de calicanto delimitado por sillares de mediano tamaño. Ejemplos similares los podemos ver en la Torre del Almirante y en la también desaparecida y destruida Torre de Punta Carnero. Ambas son de épocas distintas, la primera se supone que anterior al s. XIV y la segunda del XVI. Dado lo que se ha conservado y a falta de estudios que lo certifiquen yo vuelvo a tirar mis dados de aficionado y apuesto porque sean restos de una pequeña torre vigía de origen medieval.

       Al tratar de buscar información sobre estos cimientos antiguos nos encontramos con lo de siempre: dificultades y sobre todo escasez de datos.

        Ángel Sáez, al que de forma obligada hay que recurrir en estas lides, al menos menciona la palabra “Bujeo” en su artículo “Nuevas noticias sobre las torres de almenara de Tarifa“. Al hablar de la Torre de Don Juan o de Guzmán el Bueno indica lo siguiente: “Por su gran elevación, la Torre de Don Juan cumpliría la misión de atalaya principal de la ciudad murada durante la Edad Media. De esta forma establecería contacto entre las almenaras de la costa atlántica tarifeña –de la Peña y de los Vaqueros–, las del interior –del Rayo y de Torregrosa– y las estancias que continuaban las señales hacia Algeciras por el Bujeo.”

      ¿Podría corresponderse estos restos con una de esas estancias que transmitían las señales hacia Algeciras?

      Por último, añado otra información que me facilitó F.M. un usuario del Facebook Historia de Algeciras en imágenes, y al que agradezco su colaboración. Cito textualmente: ” Figura en los mapas topográficos como la torrecilla, mi padre la conoció en pie y así estuvo hasta después de la guerra civil en la que los militares la derribaron para colocar un puesto de comunicaciones. Era una de las torres vigías interiores a igual que la de Getares.”

       Si nuestro informante está en lo cierto, esta torrecilla del Bujeo estaría en pie hasta la Guerra Civil, y sufriría el mismo e injusto destino que la mencionada Torre de Punta Carnero, demolida con fines militares en el ámbito del Plan defensivo del Campo de Gibraltar, cuando a partir de 1939 se fortificó toda la costa del Estrecho ante un posible ataque de las fuerzas aliadas.

       ¡Cuánto daría por ver una fotografía de esta torre antes de ser destruida!

7. Pelayo y Algeciras.

      Nuestra hipotética Torre del Bujeo dominaría pues el camino medieval de Algeciras a Tarifa. En el caso de ser medieval, claro. Además, hemos de tener en cuenta que en esa época no existía ninguna estancia o torre vigía en esos 20 kilómetros de tortuosa geografía. Las almenaras de Guadalmesí, del Fraile y Punta Carnero son posteriores, del s. XVI.

8. Montes de Getares.

9. El Estrecho desde la torre.

También se controlaría buena parte del Estrecho, especialmente las incursiones marítimas procedentes de Ceuta.

     Hasta aquí el capítulo de la torrecilla del Bujeo, otro más a engrosar en la larga lista de yacimientos campogibraltareños que apenas han merecido estudio alguno, pero que al menos logran mantener viva la llama a los que somos amantes de nuestra historia y nuestra geografía.

     Y si esta torrecilla vigía logró mandarnos desde su incógnito pasado señales de humo en forma de preguntas y misterio, lo que hallamos a continuación acabó por incendiar del todo nuestra curiosidad.

     Al bajar de la peña y merodear por los alrededores nos topamos de repente, casi ocultos por los brezales, unos enormes sillares de piedra arenisca. ¿Cuántos de ellos? Entre la perplejidad y los nervios no caímos en la cuenta de contarlos, pero calculamos que entre veinte y treinta sillares fácilmente.

10. Primer sillar.

11. Sillar y Bahía.

Como se puede advertir, sus dimensiones no son las usuales, las que luego solemos ver en cualquier edificación.

12. Segundo sillar

13. Dos sillares juntos.

     Pero en todos ellos se aprecia perfectamente su forma rectangular y las marcas de las herramientas que los tallaron.

14. Sillar desde arriba.

14.1. Escombros.

      También encontramos en uno de los numerosos afloramientos de arenisca uno de los posibles lugares de extracción y talla de los sillares.

15. Sillar

16. Sillar con piedra debajo.

     Muchos de ellos conservan aún en la base otra piedra que seguramente facilitarían las labores de cincelado o quizás su alzamiento para ser luego transportadas.

17. Sillar de grandes dimensiones.

     La primera hipótesis que se nos vino a nuestras emocionadas mentes fue la que fueran sillares destinados a la construcción de la torre, pero entonces ¿por qué de tan grandes dimensiones y sobre todo por qué sobraron tantos? El inusual tamaño se puede explicar porque al parecer los canteros o picapedreros que tallaban estas piedras las cortaban primero en grandes bloques y finalmente les daban su forma definitiva ya cerca del lugar o edificación del cual iban a formar parte. Ahora bien ¿por qué motivo no fueron utilizadas en la torre? ¿Por qué no llegaron nunca a su destino?

     Pasados los días, sillar para arriba y sillar para abajo, barajamos también la posibilidad de que estos fueran extraídos y labrados para cualquier otra construcción más cercana tanto en el tiempo como en el espacio, posiblemente para algún cortijo de la zona. Los más próximos son los cortijos de la Hoya y del Pueblecillo, donde incluso se han descubierto restos cerámicos del los siglos XIII y XIV; aunque se hallan algo distantes, y en el caso de que hubieran necesitado bloques de arenisca los habrían obtenido más fácilmente de algún afloramiento limítrofe, de los tantos que hay. Entonces, una vez más ¿qué hacen esos sillares abandonados en esa ladera?

     Por suerte, o por desgracia, según se mire, lo que descubrimos por último vino a aportar otra hipótesis más a esta areniscosa historia. Este sí que fue el hallazgo que acabó ya de volvernos locos del todo. Todas las torres atalayas y almenaras del Estrecho se pusieron de acuerdo para abrumarnos, ahumarnos y cegarnos con señales del pasado.

     Juro que ocurrió así tal y como os cuento, sin peliculeo. Continuamos mi hermano y yo monte abajo inspeccionando cada rincón y cada tajo de piedra que veíamos a la caza y captura de más sillares. Recuerdo que le dije, Chico (yo es que le llamo así) ¿te imaginas que encontramos una pinturilla o una tumba que no haya cazado ya el Simón (jejeje, esto lo añado ahora)? Pues fue decirlo, reírnos por lo bajo de nuestra ingenuidad, encaramarme a un tajo y pasar al otro lado, frotarme los ojos y ponérseme literalmente los vellos de punta.

18. Laja de los Sillares.

    Este es el lugar de los hechos, y al fondo, grabados en la laja, los dos petroglifos que me han dado una de mis mayores alegrías como dcaminante. Podéis imaginar la emoción e incredulidad que sentí y casi oír todavía las voces que le di a mi hermano para que viniera corriendo a verlos.

19. Señalando la llave.

     El signo lapidario que señala mi hermano tiene forma de llave antigua, grabado de una forma muy superficial o erosionado por el tiempo.

20. Señalando la cruz.

    Y el que señalo yo es un signo cruciforme a todas luces, de mayor tamaño que el anterior y cincelado con más profundidad.

21. Símbolo cruz

     La cruz, en detalle.

23. Símbolo llave

     Y la llave, el petroglifo que sin lugar a dudas más nos llamó la atención. Obligados de nuevo a teorizar, valoramos que fueran signos grabados por algún ermitaño o eremita que huyendo del mundanal ruido buscara a Dios por estos montes. El símbolo de la cruz cuadra, pero ¿y el de la llave?

     El ser sólo simples aficionados a la Historia es lo que tiene. No hay que rendir cuentas a la ciencia arqueológica, y lo mejor de todo, se otorga uno a sí mismo todo el derecho del mundo a fantasear y elucubrar. Y puestos a elucubrar ¿por qué no relacionar estos signos con los sillares? Digámoslo ya ¿por qué no pesar que son marcas de cantero realizadas por las mismas personas que elaboraron estos sillares?

     Sobre este asunto de las marcas de cantería existe una bibliografía bastante extensa, pero antes de zambullirme sin salvavidas en ella quise contar con la opinión de algunos colegas blogueros a los que suelo consultar en estos casos: Manuel Limón, José Manuel Amarillo y Simón Blanco. ¿Menudo trío para los que los conozcáis, no? Los tres, obviamente a falta de un estudio hecho por profesionales, opinaron que de las hipótesis planteadas, la más realista podría ser la de las marcas de cantero. Que estuvieran relacionadas o no con los sillares era otro asunto.

     Manuel Limón tuvo incluso el detalle de realizar por su cuenta una búsqueda en Internet para hallar casos análogos de marcas de cantero. Estas dos imágenes de abajo fueron las que me envió:

24.Autor.Jose María de la Osa. Marca recogida en la Iglesia de la Magdalena (s.XII) en Tudela, Navarra.

Marca de cantero de la Iglesia de la Magdalena (s.XII) en Tudela – Navarra. (Fotografía de José María de la Osa)

25. Marcas en forma de llaves. Iglesias de Moreruela y la Oliva. Web romanicoaragones

Marcas de cantero de los monasterios de Moreruela  (Provincia de Zamora) y de la Oliva (Navarra), respectivamente.

    Es innegable que el petroglifo en forma de llave que hallamos esa tarde guarda un gran parecido con estas tres marcas, pero Zamora y Navarra quedan un pelín lejos. Había que localizar un ejemplo más cercano. ¿Quién nos iba a decir que lo íbamos a encontrar en la misma plaza principal de nuestro pueblo, en la Plaza Alta?

    Días después del hallazgo recordé un artículo de Antonio Torremocha publicado en el nº 4-5 de la revista Caetaria: “Signos lapidarios hallados en las murallas meriníes de Algeciras”. En dicho artículo analiza 457 marcas de cantero descubiertas en los sillares del recinto defensivo excavado hace unos años. Y expone una muy interesante teoría en la que los autores de estos sillares y signos lapidarios serían canteros y picapedreros castellanos. Explica la presencia de estos artesanos cristianos en una ciudad musulmana como consecuencia de un tratado de paz que se firmó entre Alfonso X y el emir Abu Yusuf entre los años 1279 y 1286; tregua que aprovecharían estos trabajadores para ganarse sus dinares en las numerosas obras que llevó a cabo el emir meriní para reforzar el complejo defensivo de la ciudad.

      Para Antonio Torremocha, la finalidad de estos signos lapidarios era la de contabilizar y marcar las distintas piezas talladas por las cuadrillas de canteros y de este modo cobrar por el trabajo realizado. Como también afirma, estos canteros se desplazaban a los alrededores de Algeciras para extraer piedra arenisca con destino a tales obras.

      ¿Podríamos elucubrar entonces que los sillares del Bujeo fueron tallados para tal fin pero que por la razón que sea nunca llegaron a su destino? ¿Serían los dos petroglifos hallados en esa peña marcas de una cuadrilla de canteros en particular para indicar que ese era su tajo, su lugar de extracción?

       Finalizando ya y retomando el hilo del signo lapidario en forma de llave mencionar que el que más se le parece al que nosotros encontramos se halla en la Iglesia de la Palma, en pleno centro de Algeciras. De los 457 signos estudiados por Torremocha sólo uno, este, muestra similitudes.

Iglesia de la Palma

     Se halla justamente en el lugar donde posan esas dos niñas tan bonitas, mis verdaderos tesoros.

26. Sillar muralla meriní.

    Este es el signo. No es exactamente igual pero vamos, para ser sólo el único que se ha hallado con esta forma… El sillar que lo contiene acabó aquí cuando en el resurgimiento de Algeciras en el s. XVIII se aprovecharon los sillares de las murallas para la construcción de edificios públicos y viviendas.

foso murallas merinies

     Y ya por último les doy un paseo por dichas murallas meriníes donde pueden disfrutar in situ de todas esas marcas de cantero.

Murallas meriníes

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27. Sillar muralla meriní.

     Como esta otra, parecida a la cruz del Bujeo, o casi.

28. Seguimos buscando.

     Venga chico, no busquemos más y volvamos, que los hados de la fortuna ya nos han tocado con su cincel, digo con su varita.

29. Otra peña en el Bujeo.

     Moraleja: nunca dejes de revisar una peña o laja de arriba a abajo. Y sobre todo, nunca dejes de fantasear, nunca dejes que la realidad te estropee una bonita historia.

¡CHISTERA CHISTERA LA DCAMINATA ESTÁ FUERA!

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La Torre almenara de Punta Carnero.


Estrecho de Gibraltar y Torre del Fraile

          “Vuestra Majestad fue servido de mandarme que viniese a hacer ciertas torres y atalayas en la costa del Andalucía, y a visitar los lugares della cómo estaban de gente, armas y municiones… toda la costa del término de Tarifa desde Gibraltar a Zahara que del Duque de Medina Sidonia hay seis leguas de costa y en todas ellas no hay torre ni atalaya ninguna, sino una torre que está algo metida en la tierra y ésta es muy antigua, con una escalera de piedra que suben peñas de notable obra por la largueza que tienen y ésta debió ser atalaya para la tierra en tiempo de moros porque responde mal con la marina.…”

 Luis Bravo de Laguna, director de fortificaciones de Felipe II.

    Así describía Luis Bravo de Laguna, jefe de ingenieros del monarca español, el estado de desprotección de las costas desde Gibraltar a Zahara de los Atunes en el s. XVI. Sólo una atalaya, la actual Torre de la Peña, alertaba de las incursiones y desembarcos de los piratas berberiscos, ávidos del ganado de la campiña de Tarifa y sobre todo de sus dueños, que serían esclavizados, y liberados luego los más pudientes, tras el pago de un suculento rescate. En descargo de nuestros vecinos saqueadores, advertir que el corso y el pirateo fueron actividades practicadas por “bandoleros del mar” de ambas orillas.

     Para estropearles el negocio, o al menos para intentarlo, se construyeron diversas torres almenaras en la segunda mitad del s. XVI y principios del XVII. Esa era la intención de Luis Bravo: fortificar el Estrecho y crear un efectivo sistema de alertas. Supongo que estamos ante el primer plan de defensa serio que se erigió en nuestras costas, y porque no, ante el antepasado tardomedieval del Sistema Defensivo del Campo de Gibraltar, ideado por el incipiente régimen de Franco a partir de 1939.

Torre de Guadalmesí

   Dentro del término municipal de Tarifa se levantaron las siguientes: Torre de Guadalmesí, Torre de Guzmán el Bueno, Torre de la Isla de las Paloma, Torre de la Peña, Torre de Valdevaqueros, Torre de Punta Paloma, Torre de Bolonia, etc. ¿Y dónde se encuentran la mayoría de ellas? Pues imagínenselo. Es curioso, pero la Torre de la Peña, la primera que encontró el regio ingeniero, es al final la que en mejor estado de conservación ha llegado hasta nuestros días, al menos por esa zona. Si pensamos en el destino de otras torres almenaras, la de la Peña puede sentirse afortunada de ser el emblema de un camping.

     Los avisos y alertas se pasaban de una torre a otra mediante ahumadas en los terrados. De este modo, si se producía un desembarco por ejemplo en las playas de Bolonia, rápidamente eran visibles las señales de humo en Tarifa. Las escenas siguientes que cada uno se las componga como pueda, pero imagínense a un tropel de hombres a caballo y a pie saliendo por la Puerta de Jerez, armados hasta los dientes. Era la milicia de la ciudad, encargada de la defensa, compuesta por militares y simples ciudadanos. Si la escaramuza era abortada, a los piratas no les esperaba nada bueno. También serían esclavizados, cuando no asesinados.

Torre de Guadalmesí, en contacto visual con la Torre del Fraile

     Pero ¿y en Algeciras, qué ocurría con el término municipal de Algeciras? ¿Qué torres almenaras se encargaban de prender la mecha de la alerta? ¿Cuándo aparece en el horizonte la torre almenara de Punta Carnero ?

     En el dibujo de abajo se muestran las tres atalayas que se construyeron ex profeso en las últimas décadas del s.XVI: Torre del Fraile, Torre de Punta Carnero y Torre de San García.

Situación de las almenaras algecireñas en 1627

    La Torre del Fraile, o de los Canutos, comenzó a construirse a partir de 1578. Más deteriorada cada año, resiste milagrosamente a las inclemencias del tiempo, pero dudo que aguante muchos años más si no es intervenida y restaurada con urgencia. Tal estado de abandono ha sido denunciado por algunos colectivos, y existe un proyecto de restauración desde 2007. ¿Entonces? Desde las altas instancias dirán sin duda que el temporal de la crisis económica sopla muy fuerte por estos pagos, pero no nos engañemos, esos vientos de dejadez y abandono vienen de muy lejos.

Restos de la Torre de San García, de planta circular.

     La Torre de San García, levantada entre 1585-1590, está ubicada hoy día en el Parque del Centenario, un poco más arriba del Fuerte de San García (s.XVIII). Sólo quedan restos de la cimentación, los cuales han revelado que era de planta circular, como la de Guadalmesí. Se cree que le llegó su hora en 1898.

    ¿Y la Torre de Punta Carnero? ¿Qué se sabe de ella? Quizás estemos ante la almenara más desconocida, la que menor huella ha dejado en el horizonte y en la historia escrita y gráfica de nuestro litoral. Vayamos primero con su ubicación, con el inmejorable lugar donde fue erigida.

Faro de Punta Carnero

   Esta es la posición más o menos, a 20 ó 30 metros por encima del Faro de Punta carnero (1864), en cuyo solar también hubo un fortín artillado, de la misma época que el de San García. Desde esa humilde elevación dominaba buena parte del Estrecho y prácticamente toda la Bahía de Gibraltar. Queramos o no, el Faro de Punta Carnero le ha restado protagonismo histórico a nuestra torre almenara, por suerte, claro, para el transporte marítimo.

      Y pasemos ya a mostrar lo poco que por desgracia nos ha quedado de ella. Al igual que su vecina de San García, sólo hemos heredado su cimentación, apenas un conglomerado de piedra y argamasa de un metro y medio de altura… además de incontables restos pétreos desperdigados por los alrededores. Algunos de estos son grandes bloques de lienzos murales. ¿Cómo han llegado hasta allí? ¿Por qué se encuentran dispersos por todo el cerro? Vayan barajando posibilidades mientras observan los restos, y piensen mal, muy mal, pues así acertarán.

Ubicación de la Torre almenara de Punta carnero
Cimentación de la torre
Mis amigos Julio y Gaizka oteando el horizonte

    Como pueden observar, y lamentar, poco espacio a la imaginación nos han dejado los avatares de la historia. Por desgracia, una estampa que suele ser demasiado habitual en el patrimonio histórico algecireño.

Era de planta cuadrangular, a la usanza de las viejas torres medievales. Y en opinión de los historiadores que se han acercado a ella, bastante alta, en torno a los 17 metros. También se cree que su estructura estaba preparada para soportar el uso de artillería ligera en su terrado. En cuanto a su cronología hay que datarla con anterioridad a 1567, año en la que la dibuja Anton Van Der Wyngaerde, paisajista también al servicio de Felipe II, cuando recorre el Campo de Gibraltar.

     Hacia el oeste mantenía contacto visual con la Torre del Fraile, que a su vez recibía las señales de humo de la de Guadalmesí; y hacia el norte, como ya se ha dicho, con la Torre de San García. La defensa y vigilancia del Estrecho era ya una realidad.

Hacia el oeste, en contacto visual con la Torre del fraile.

    ¿Han terminado ya de pensar mal? Seguro que aciertan o casi con el triste final que sufrió. En realidad a la Torre de punta Carnero la mató el mismo progreso militar que la encumbró a ella en ese cerro. En 1939, al llevar a la práctica el Plan de Defensa del Estrecho ante una posible invasión aliada, se construyó un conjunto de búnkeres un centenar de metros más arriba, y nuestra atalaya pasó de ser una vieja torre olvidada a ser un estorbo. La mole pétrea de nuestra almenara interfería en el campo de tiro de la artillería, así que fue dinamitada.
¿La dinamitarían con todos los honores? ¿Se celebraría algún acto militar que mitigara en parte la demolición de un representante de la época del Imperio? Lo dudo mucho. No sé por qué, pero creo que más bien se produciría una escena sacada de la película “La Vaquilla”. Un alto mando dándole vueltas al asunto, otro quizá detrás asesorándole y aconsejándole que la dejase vivir, que a Felipe II no le haría mucha gracia la historia… hasta que se revuelve el alto mando, y mirando hacia la Torre del Fraile, acaba decretando: Me la dinamiten, leches, que ya tenemos otra torre igual allí en frente.

Una gran sección de muro
Otro bloque, con restos de enfoscado
Y más piedras desperdigadas

    No andaría muy mal encaminado el alto mando en caso de que se hubiera dado una escena similar, tragicómica y absurda, como suelen ser las escenas militares. La Torre de Punta Carnero debió ser muy parecida a la del Fraile, aunque quizá de mayor tamaño. Las fotos siguientes nos ayudarán a imaginarnos la almenara dinamitada, a recomponer como un tetris su trágico destino. Hemos de darle las gracias a Manuel Limón, colega bloguero al que sin duda muchos conoceréis por su blog “Rutas y Fotos“.

Cara norte de la Torre del Fraile. Foto de Manuel Limón (www.rutasyfotos.com)
Cara sur de la Torre del Fraile. Foto de Manuel Limón (www.rutasyfotos.com)

        He dejado guardadas para este momento las dos cartas que al final creo que le harán ganar a la Torre de Punta Carnero la partida frente al olvido y la estupidez humana. Se trata de dos viejas fotografías de 1899 que he hallado en ese gran tesoro de imágenes que es la web de “Historia de Algeciras en imágenes“.

      En el horizonte de ambas se aprecia levemente el contorno de la torre, y un poco más abajo el faro. Quizá estemos ante los últimos testimonios gráficos que certifican su existencia, 40 años antes de que la mandaran al cielo de las torres y castillos, en el que no debe caber uno más. Seguramente existan más testimonios, pero aquí el dCaminante que les habla no las ha divisado en ese proceloso océano que es Internet.

Voyage au Maroc, Tanger, septembre 1899. Foto subida a Historia de Algeciras en imágenes por J. A. González Gil
Voyage au Maroc, Tanger, septembre 1899. Foto subida a Historia de Algeciras en imágenes por J. A. González Gil

     Por último, añado uno de los muchos mapas y planos de la Bahía de Algeciras tal como era y la veían en el siglo XVIII. En él se perfila la Torre de Punta carnero. La imagen completa, y con buena definición, puede disfrutarse en la web del Instituto cartográfico de Cataluña. Aconsejo su visión a vuelo de pájaro digital: Plano geométrico de la Bahía de Algeciras y Gibraltar (1786).

Plano geométrico de la Bahía de Algeciras y Gibraltar (1786). Instituto cartográfico de Cataluña

    En esta sección aumentada  se aprecian más detalles interesantes. Observése por ejemplo los campos de vides que por esas centurias poblaban los montes de Getares. De sus cepas se obtenía el llamado vino “punteño”, y de la venta de este al parecer se dedicaba una parte para pagar la soldada a los guardas de estas almenaras del Estrecho.

Detalle de la Torre de Punta Carnero en el plano anterior

    Acabemos esta dCaminata histórica con un brindis por la Torre del Fraile, con la esperanza de que las señales de humo que alertan de su ruina inmediata les llegue a las autoridades competentes, para que no sea dinamitada a cámara lenta por la despreocupación. El vino con el que estoy llenando las copas no puede ser otro que el “Punteño”, el vino de Punta Carnero. ¡SALUD!

PARA SABER MÁS:

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Torre del Rayo y Torrejosa: Centinelas de Puertollano


(Artículo publicado en el nº 48 de Al LÍMITE: Revista alternativa de montaña. Publicada por mi colega Garry. Este número y otros se pueden descargar en formato PDF desde este enlace en su web: BETIJUELO)

Torre del Rayo

            Hoy día no hay mucho tráfico en la CA-9210, una humilde carretera comarcal en el sur de la provincia de Cádiz, apenas un centímetro a escala en el mapa de carreteras oficial de España. Pocos son los coches, personas y animales que en la actualidad recorren sus 18 kilómetros de punta a punta. Sin embargo, no ocurrió así en el pasado.

            Quien hoy se adentre en ella desde la N-340 a la altura de la playa de los Lances, es probable que vaya a visitar el Santuario de Nuestra Señora de la Luz, o que viva en una de las aldeas del campo tarifeño: las Caheruelas o Puertollano. O tal vez su destino sea Facinas, una entidad local dependiente de Tarifa pero a la que todos los que la conocemos y queremos consideramos simplemente un pueblo. Vaya a donde vaya, que sepa y se admire el caminante o viajero que circula por una vía histórica, utilizada desde la más remota antigüedad por los diferentes pueblos que han visitado nuestra península. Cartagineses, romanos, bizantinos, visigodos; todos ellos tomaron en algún momento esta dirección para penetrar en el interior de Andalucía. También, y en mayor medida, las dos culturas que más nos han marcado como país y en la que nos centraremos: la musulmana y la cristiana.

            Tan variopinto tránsito circuló por el actual Puertollano, que como su mismo nombre indica, ofrecía con sus 115 metros de altura pocas dificultades de paso a ejércitos y viajeros. Testigos pétreos de este movimiento fueron la Torre del Rayo y la Torrejosa, dos viejos centinelas que pese a los achaques de la edad afortunadamente siguen aún medio en pié, luchando contra el olvido, para contarnos sus vidas y batallas.

Puertollano desde las proximidades de los Tornos

           Si les preguntamos por su edad no sabrán por desgracia qué respondernos. Y es que algunas ruinas han conservado ese pudor para acrecentar su misterio. Los historiadores y arqueólogos que se han aproximado a estas dos torres no han encontrado referencia escrita alguna que las ubique temporalmente con cierta seguridad, y tampoco se han realizado labores arqueológicas con esa intención. La hipótesis mayoritaria apunta a que son de etapa islámica, tanto por su tipología como por su relación con otras que sí parecen tener ese certificado de autenticidad islámico. La minoritaria apuesta por que sean construcciones realizadas ya inmersos en la ocupación castellana, y en esto los entendidos ponen más el punto de mira en la Torrejosa. Nos vemos obligados pues a hacer una marca o mella en esa línea temporal: la conquista de Tarifa en 1292 por Sancho IV. Si son musulmanas o cristianas hay que mirar para un lado u otro. Con independencia de sus dueños estamos hablando de edificios con siete siglos mínimo a sus espaldas.

            ¿Y si les preguntáramos por su función, por el fin para el cual fueron levantadas, qué nos contestarían? Algo más, con suerte. La del Rayo y la Torrejosa son torres almenaras o vigías, eslabones de la cadena de vigilancia y alerta que defendían la ciudad de Tarifa y su territorio atlántico. Mediante ahumadas en sus terrados transmitían las señales de peligro o de ataque, ya sea en un sentido u otro.

          Nuestras almenaras las trasmitían hacia el interior de la provincia; del otro acceso marítimo a la ciudad del viento se ocupaban la conocida Torre de la Peña y otra ubicada en Valdevaqueros. Ambos frentes formaban en realidad la primera línea defensiva de Tarifa; la siguiente serían sus murallas. Son por lo tanto bastiones para la defensa y control de un territorio, y quizás una de ellas, en concreto la Torrejosa, cumpliera además una función residencial, y fuera morada más o menos estable de un hipotético y desconocido señor de esas tierras.

Mapa de la zona

              Todos sabemos que los topónimos de Conil, Vejer y Jimena han conservado la coletilla medieval “de la frontera”, como alusión a que en su día lindaron con el Reino de Granada, pero ¿Y Tarifa, ha conservado ese apéndice? Según Martín Bueno Lozano, que fuera sacerdote e investigador de nuestra Historia local, sí, esa es su denominación oficial, pues así se indica en unos legajos conservados en el ayuntamiento: Tarifa de la frontera. Y vaya si lo fue, hasta que el empuje castellano no arrastrara esa frontera hasta Algeciras con su conquista en 1344. Tierra de peligros y batallas sería la campiña tarifeña, tanto que a los que osaban venir a repoblar se les eximía prácticamente de todos los impuestos de la época. Castellanos y norteños aguerridos; hombres que vivían “al límite” y que manejaban la azada y la espada con la misma efectividad y destreza.

            Aún podemos exprimir y sacar más jugo a la toponimia del lugar. Las dos estribaciones que franquean este modesto paso de montaña que es Puertollano son las sierras de Saladaviciosa y Saladavieja, al sur y al norte respectivamente. La etimología, esa especie de llave que nos abre el cofre del pasado, nos cuenta que el término “salada” proviene de “celada”, es decir, emboscada, ataque por sorpresa al enemigo. De este modo se han fosilizado estos términos medievales, para recordarnos que tanto Saladavieja como Saladaviciosa eran lugares idóneos para acechar a los pobres incautos que pasaran por Puertollano. Unos cuantos kilómetros más al oeste nos encontramos con otro monte con una denominación muy sugerente: La loma de la carrera del turco. Y donde se lee turco léase también moro, berberisco, nazarí; y póngase en el contexto de las incursiones piráticas, de esas “carreras” y cabalgadas en busca de botín, sobre todo ganado y rehenes por los que luego se pedirá rescate.

Puerto Llano desde la Torre del Rayo

        La Torre del Rayo es de planta cuadrangular, el tipo más común en nuestro Medievo, y de acceso a nivel del suelo. Estas dos características serán las principales diferencias con las torres almenaras del litoral edificadas ya a partir del s. XVI, que podían adoptar forma cónica y poseer un acceso elevado para dificultar el asalto. En cuanto a medidas podemos hablar de unos 6 metros de lado y quizá originalmente unos 10 de altura. Y en cuanto a elementos arquitectónicos destacables que se hayan conservado, por desgracia sólo las pechinas, donde descansaba la bóveda, y una estrecha escalera interior. Y es que, como se puede observar en las imágenes, los años no han pasado en balde por el anciano pero rudo vigilante. Lo primero que quizás nos llame la atención es la gran brecha abierta justo arriba de la entrada principal y que parece dividir en dos la estructura. Una fea cicatriz a todos los efectos. ¿Será por este detalle por el que se la llame del Rayo, como dando a entender que su estado se debe al impacto de uno de ellos? Quién sabe, lo cierto es que en las cercanías también hay una garganta con el mismo nombre, lo que complica más la cosa y hace preguntarnos ¿qué nombre fue antes, el de la garganta o el de la torre?

Torre del Rayo

         Para visitar la Torre del Rayo tenemos dos opciones. La primera, llegar en coche desde la N-340, y aparcarlo más o menos en el kilómetro 11 de la CA-9210, donde nos encontraremos con un cruce desde el que parte, a mano izquierda, una pista de tierra que conduce a las Casas de Puertollano. El lugar es fácilmente reconocible pues en el mismo cruce los paisanos de esta aldea tienen habilitados sus buzones de correo. La torre nos está esperando en la cima de un monte, a unos escasos 800 metros. La segunda opción es más interesante pues consiste en conquistarla partiendo desde Facinas. El coche lo podemos dejar en la Plaza de España, donde se encuentra la Iglesia Parroquia de la Divina Pastora, de mediados del siglo XVIII. Tomaremos la pista que nos lleva al lugar conocido como las Cabrerizas, conjunto de casas a las afueras de dicha aldea. Desde este punto continua una vereda que se interna a media altura en la sierra de Saladaviciosa en dirección sureste, y que tras unos 5 kilómetros y medio nos deja directamente en la Torre del Rayo. Antes de llegar a ella habremos atravesado cuatro hermosas gargantas: la de Mariano, la de Roque, la del Huerto y la del Helechoso. Si es cierto el dicho de que una imagen vale más que mil palabras, la panorámica que gozaremos desde este sendero resume todas las de este artículo.

La Torrejosa

            La Torrejosa es harina de otro costal. Llamada también del Pedregoso, como la finca donde se halla; o Torregrosa, siendo este en mi opinión el nombre que mejor la define, pues nuestro centinela es de proporciones “gruesas” y casi dobla en tamaño a su compañera y al resto de torres vigías de la zona. De uno 12 metros de lado, su altura original, ya que también se encuentra desmochada, hemos de suponerla superior a los 15. Las medidas del grosor de los muros también son considerables: más de 2 metros, y el interior ocupa unos 20 metros cuadrados. Esta singularidad en cuanto a su dimensión, más los finos elementos decorativos que hallaremos en su interior, es quizá el motivo que lleve a apostar a Ángel Sáez Rodríguez, uno de los historiadores más versados en estas construcciones, a que la Torrejosa sea un donjón castellano. El donjón, término francés por el que se conoce a las torres de homenajes, habría que entenderlo en este caso como una especie de castillo reducido a la mínima expresión, y cumpliría las funciones de defensa y control del territorio y además, como ya se dijo antes, haría de residencia del amo de esas tierras. Esa es la sensación que se tiene cuando se visita esta torre, la de pensar que no sólo fue habitada por soldados. El dintel trapezoidal de la entrada, el pasillo abovedado de acceso, las estilizadas pechinas, las puertas interiores donde se alternan ladrillos y piedras y los dibujos decorativos grabados entre sillar y sillar, invitan a suponer una ocupación familiar. La Torre de Botafuego, en los Barrios, es con la que guarda mayor semejanza, salvo en el tamaño. A ella podemos acudir si queremos hacernos una idea aproximada de cómo sería la Torrejosa, y también la del Rayo, cuando aún la decadencia no se había cebado en ellas.

Torrejosa

         Dejo para el final un elemento ornamental que creo resume esta argumentación, y que además añade un toque más de misterio a la Torrejosa. Se trata de una estrella de David (de 6 puntas) que corona la bóveda de un reducido habitáculo que antecede a la escalera interior. No, no se trata de la estrella de 5 puntas del islam, el también llamado pentagrama que para los musulmanes representa los cinco pilares de su religión. Es la estrella de ese otro pueblo que habitaba en esos tiempos la península: los judíos. Pero ¿qué pinta este símbolo en esta torre? ¿Es una especie de firma del constructor? ¿Es un emblema del origen de los propietarios? ¿Es sólo un capricho estético?

Estrella de David en el interior de la Torrejosa

Interior de la Torrejosa

            La Torrejosa, además de controlar el acceso a Puertollano, controlaba también el acceso y la salida del Valle de Ojén, otro pasillo natural que comunicaba con la Bahía de Algeciras desde tiempos inmemoriales y por donde transcurría la calzada romana llamada Vía Heraclea, proveniente de Carteia, en el término municipal de San Roque. Nuestro voluminoso centinela tenía trabajo extra. Y más lo tendría en la actualidad si quisiera preguntar por su estado de abandono y desconocimiento. Y es que señores y señoras del 2011, la Torrejosa, que mínimamente hunde sus raíces en el siglo XIII se siente discriminada y con razón; al contrario que el resto de torres almenaras de nuestra tierra, no está ni reconocida oficialmente ni catalogada como Bien de interés cultural en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz de la Junta de Andalucía. ¿Por qué? Habría que ser algo más que arqueólogo e historiador para contestar esta pregunta, pero lo cierto, lo incomprensible, es que la Torrejosa tiene a día de hoy perdida esa batallita.

            Quien quiera conocer esta torre deberá tomar la CA-7200, que parte de la N-340, en el kilómetro 65.5. Pasaremos por Vico, la parte baja de Facinas, por delante de los restos de un antiguo acuartelamiento, por el área recreativa de los Tornos, y llegaremos al fin al Caserío del Pedregoso, a unos 7 kilómetros desde que tomáramos esta carretera comarcal. El caserío del Pedregoso es un hermoso cortijo; junto con el de Ojén, de los más antiguos del lugar. Frente a él hay una cancela, y una vereda que nos lleva directamente a la cima de este monte con una silueta piramidal casi perfecta. En ella, a 232 metros de altura, se levanta la Torrejosa. Aunque la cancela no está cerrada con candado, se aconseja antes pedir permiso en el cortijo, pues se trata de una propiedad privada.

Puertollano desde la Torrejosa

        En sus años mozos, ambas torres verían pasar por Puertollano a las mesnadas del rey que quizá más contribuyó a la expansión del reino castellano por nuestra provincia: Alfonso XI. Contando como base de operaciones con las ciudades de Sevilla y Jerez de la Frontera, y enlazando con Medina Sidonia, Alfonso el Onceno nos honraría con su visita en varias ocasiones antes de la conquista de Algeciras en 1344. Al cabo del tiempo este trayecto sería conocido como el Camino Real. Si tenemos en cuenta que el ejército que movilizó para tal fin ascendía al principio a unas cinco mil personas y unos dos mil quinientos caballos, y que este tipo de campañas solían hacerse en verano, habremos de concluir en que el agua y los pastos eran las primeras necesidades a solventar. Desde Puertollano hasta Tarifa no solía haber problemas, pues numerosos son los arroyos que bajan de las sierras cercanas, y dos los ríos principales en ambas vertientes: el río Almodóvar y el río de la Jara. No habría de extrañarnos pues que uno de los campamentos de marcha de estas incursiones lo realizaran en un lugar próximo, en la actual área recreativa de los Tornos, a escasos kilómetros de Facinas.

       Para concluir, sólo insistir en lo que ya habrá comprobado el lector. Los que somos aficionados al senderismo, a la bici de montaña, y amamos la naturaleza estamos de suerte con Puertollano, con este paso de montaña, con este valle que se acaba difuminando en la comarca de la Janda. A nuestra disposición, aparte de las visitas a ambas torres, tenemos tantos senderos o caminatas como seamos capaces de trabajarnos, ya que es un paraje generoso en veredas y pistas forestales. Y reinando por encima de éstas, al menos en longitud, disponemos del sendero de gran recorrido conocido como GR-7, que cruza España entera desde Tarifa hasta Andorra. Sí, por aquí pasa, como no podría ser de otra forma ¿Quién se atreve a andarlo y hacer historia? Que seáis muchos los valientes, pero sabed que ya sea que estéis partiendo o acabando el camino, las torres del Rayo y la Torrejosa os estarán vigilando.

  

 

Agenda del Cencerro

Ultimo nº de la revista de montaña AL LÍMITE, en la que colaboro con un artículo


Portada de AL LÍMITE

Los amantes de la montaña y de todos los deportes o actividades que se pueden realizar en ella disponemos desde hoy del último número (el 48) de la revista alternativa de montaña AL LÍMITE. Su autor es Antonio Garrido, Garry para los colegas, gran divulgador del senderismo comarcal, al que todos seguro conocéis por sus Cuadernos de Andar por el Campo de Gibraltar. Con una maquetación impecable y contenidos muy interesantes, Garry nos muestra en esta entrega el ascenso de unos paisanos a  los volcanes Etna y Estrómboli, las peripecias de Jean Beliveau que ha finalizado su vuelta al mundo andando, la problemática de la tala en la zona de escalada de San Bartolo, y muchas más noticias relacionadas con la aventura en la montaña y al aire libre.

En este número colaboro con un artículo en el que trato de aunar Senderismo e Historia, actividades que por suerte suelen ir de la mano una y otra en numerosos rincones de nuestra tierra. El título es el siguiente:

En dicho artículo hablo de dos torres almenaras bastante desconocidas de la campiña tarifeña y que hunden sus raíces y sus cimientos en nuestra Edad Media. Estas torres son las del Rayo y la Torrejosa, próximas a Facinas. Quien quiera saber qué vieron estos centinelas de piedra a lo largo de los siglos y cómo se pueden visitar, pues eso, que lea el artículo.

La revista es gratuita, descargable en PDF a todo color y en breve saldrá en formato papel. No dudéis en visitar la página de Garry y descargarla. El ENLACE es el siguiente:

http://www.betijuelo.net/48.htm

Caminatas·P.N. Los Alcornocales

Torre de Botafuegos – Monte de la Torre “La atalaya aquende el rio Palmones”


Torre de Botafuegos

    ¿De quién es esta torre? ¿A qué término municipal pertenece, al de Algeciras o a el de Los Barrios?  No lanzo la pregunta con la intención de suspender o a aprobar a nadie en geografía local, sino para informar de que yo sí suspendí esa asignatura cuando era pequeño.

     Cuando junto a mis padres y hermanos íbamos a coger moras, a pasear por el pantano o simplemente de excursión a la torre siempre iba convencido de que la torre del Monte de la Torre, lo de “Torre de Botafuegos” vendría después, era de Algeciras, igual que lo era la playa del Rinconcillo o Punta Carnero: algecireña por los cuatro costados. ¿Chovinismo infantil? Seguro que sí, pero de los buenos, de ese chovinismo ingenuo propio de los niños, que cree que todo lo que le rodea pertenece a su pueblo, a su clan; ya que nunca se ha parado a pensar que existieran fronteras o límites municipales que le separaran por ejemplo de un niño de Los Barrios, que seguro pensaba lo mismo, y con razón. No quisiera hoy a mis 39 años entrar en conflictos territoriales con mis vecinos barreños, ni disputarles su “propiedad”, pero prefiero seguir geolocalizando este monumento dentro de los límites municipales de mi niñez, o el de la tuya, que para el caso es igual.

   De todos modos suspendí por los pelos, pues aunque pertenezca al término municipal de Los Barrios, monte arriba monte abajo, casi cae en el nuestro. Si observan las ortofotografías de abajo, la torre queda al norte del Arroyo del Botafuegos, el que baja de la Garganta del Capitán, que marca junto al río Palmones los límites entre un municipio y otro. A 3 km del núcleo poblacional de nuestros vecinos y a 5 km del nuestro, la Torre de Botafuegos fue edificada hace siglos en uno de los montes con una mejor situación estratégica para controlar el territorio de buena parte de la Bahía de Algeciras.

Mapa de la zona
Ubicación de la Torre

   Botafuegos, seguro que no soy el único que se ha preguntado por el origen de tan sugerente y bonito topónimo. Lo primero que se le puede a uno cruzar por la cabeza es que estemos en un lugar por desgracia con inclinaciones a quemarse. Por suerte no es así. Detrás del topónimo se escondería un origen más pragmático, pues según una hipótesis la torre medieval sería una donación realizada por Alfonso XI, conquistador de Algeciras, o su hijo Pedro I a un tan Bartolomé Botafuego. Este Bartolomé fue un marino genovés que contribuyó con oro y barcos en el asedio y posterior conquista de la plaza algecireña (1342-1344). El nombre de Arroyo del Prior, también tendría una procedencia similar: pago en tierra por favores prestados en la guerra. Estaríamos hablando de Fray Alonso Ortiz Calderón, Prior de la Orden de San Juan, que durante un tiempo comandaría la flota castellana. Este Prior también le daría el primer nombre a nuestro torreado monte, pues ya en el s. XIV se le denominaba montecillo del Prior“.

   Nombres todos relacionados con la reconquista y la guerra; pero en fin, dejemos a un lado este verde militar y vayamos con el verde ecológico y pacifista que nos interesa, el de las caminatas por el campo.

   Hacia el oeste de la torre disfrutaremos del hermoso perfil de nuestras sierras. De izquierda a derecha se distinguen las gargantas de la Fuente Santa y del Capitán. Si trazáramos una línea en mitad de la fotografía ésta coincidiría más o menos con el camino de la Trocha. Esta centenaria, quizás milenaria vía tradicional comunicaba nuestra bahía con los pueblos del interior y la Bahía de Cádiz, acortando en una jornada el viaje. Soldados, contrabandistas, bandoleros, viajeros varios y trabajadores del monte atravesaban ese paisaje en ambos sentidos, siendo la Torre de Botafuegos testigo de este tránsito secular.

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Gargantas de la Fuente Santa y del Capitán, izquierda y derecha respectivamente.

     Hacia el noreste nos encontramos con la Villa de los Barrios y la vega del río Palmones o de las Cañas

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Vega de Los Barrios, con su “Labrador”

   La Torre de Botafuegos está catalogada como Bien de interés cultural y aunque bien es cierto que ha sido tradicionalmente un hito del excursionismo comarcal, no está de más contar con el beneplácito y permiso de los dueños de la finca. Esta pertenece si no me equivoco a los herederos de la familia Larios, dueños también del Palacio sito en la Finca Monte de la Torre, situado a la derecha del camino. Los Larios, de origen riojano, se establecieron en Málaga a principios del s.XIX, desde donde partiría uno de los hijos a establecerse en Gibraltar, para dedicarse a la banca y al comercio. Se entiende que el Peñón se les quedó pequeño y empezaron a invertir en inmuebles y fincas en el Campo de Gibraltar y aledaños, convirtiéndose con diferencia en los primeros grandes propietarios de tierras. Fruto de esta decisión son un palacio de estilo victoriano en Guadacorte, una Casita de Campo en Jimena de la Frontera y este palacete, cuyo alzado por lo visto recuerda al segundo imperio francés.

    Para visitar la torre se puede acceder por ambos flancos del monte donde se encuentra, pero yo aconsejo hacerlo por el paso de hangarilla más cercano a la finca, como puede verse en la imagen de abajo.

Antiguo camino empedrado

   Un interesantísimo y misterioso tramo empedrado nos conduce directamente a los pies de la torre. Desconozco cuál puede ser su origen, por lo que apelo a la ayuda de quien me pueda poner tras la pista. En algún sitio he leído que podría ser lo que queda de un ramal secundario de una calzada romana; aunque dada la cercanía de la torre, y del trazado del camino que parece dirigirse a ella, también podría ser de origen medieval, contemporáneo a la construcción de nuestra atalaya. Incluso porque no, un camino de herradura de época moderna.

Tramo empedrado 1
Tramo empedrado 2

   Entremos por donde entremos, caminar por este lugar en primavera, otoño o invierno es una gran experiencia sensorial. Las humedades y olores que se desprenden de la maraña de  helechos, lianas y zarzamoras nos atraparán como una bendita telaraña de la que no querremos escapar.

Hermoso alcornoque junto a un regajo
Vistas desde el Monte de la Torre

    Todo lo cual no ha de apartarnos de nuestro principal objetivo: asaltar la torre. Pero ¡Cuidado! No carguen aún sus cámaras, manténgase agachados y alertas. Habrán observado que un enemigo inesperado nos aguarda emboscado a los pies de la torre. En efecto, aún quedan restos de sacos y materiales de la afortunada y necesaria restauración que se realizó entre los años 2008 y 2009. El interior de la torre también muestra un triste estado. Desconozco los motivos de por qué siguen ahí esos restos de la batalla restauradora, aunque ya digo, lo importante es que se haya llevado a cabo la restauración; intentemos obviar estos daños colaterales y tratemos de disparar, digo de fotografiar a nuestro objetivo.

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Aparece la torre tras la espesura

   Ahora, ya… disparen, fotografíen y miroteen a discreción. En este primer ataque trataremos de apuntar y acertar en el QUÉ es esta Torre de Botafuegos.

   En cuanto a su función, la Torre de Botafuegos es un edificio medieval destinado a la defensa y control de un territorio. Ese fue su cometido principal; como función secundaria se podría añadir la  de transmitir señales desde el terrado a otras torres cercanas. Esta función, por el contrario, sí sería la más importante en las torres atalayas que se construirían sobre todo a partir del s.XVI para la vigilancia del litoral, de forma troncocónica y de acceso elevado para impedir los asaltos. Un ejemplo de ella podría ser la torre de Guadalmesí.

   Nuestra torre de Botafuegos fue construida con otros fines. Las últimas investigaciones se inclinan por considerarla residencia, estable o no, de un señor; el cual ejercería dominio y control del territorio circundante, y que incluso cobraría por derechos de paso. Torres con la misma misión y características similares serían por ejemplo la del Lobo, en Getares; la de Almoraima en Castellar o las del Rayo o Torrejosa, en el término municipal de Tarifa, cercanas a Facinas. El asalto a esta última torre lo puedes presenciar en este enlace: Torrejosa, la torre olvidada de Facinas.

   Otra denominación que podríamos usar para referirnos a este tipo de construcciones sería el de torres de alquerías, o lo que es lo mismo, pequeñas comunidades rurales compuestas por varias  familias que explotan las tierras de los alrededores. ¡Y qué alrededores! Nada más y nada menos que la fértil vega del Palmones. No cuesta mucho imaginar un reducido grupo de casas levantadas al pie del monte en su ladera norte, y a los campesinos que la habitan camino de los campos y huertas… o camino de la torre ¡pies para que os quiero! en caso de ataque, para buscar refugio y protección. Frente a la fachada principal se aprecian los restos de un mortero endurecido al que no se le llegó a dar uso. La hipótesis que proponen los que entienden de esto es que formara parte de un cercado defensivo.

    En cuanto a dimensiones ¿De cuánto estamos hablando? Pues de de 6.5 m. de lado y de 10.5 m de altura. Y los muros cuentan con un espesor de 1.80 m. Su planta es cuadrada, y posee dos estancias abovedadas y su correspondiente terrado. Más de una vez he subido a ese terrado cuando era niño, allá por la década, uffff, de los 80, y recuerdo que lo que nos llamaba poderosamente la atención era la cúpula. Tanto a mi padre como a mí nos parecía la cosa más antigua y morisca del mundo. Hasta que leyendo el otro día un artículo que escribió Manuel Alvarez Vázquez, cronista oficial de Los Barrios acerca de la restauración de la torre, me entero de que esta cúpula al parecer no es la original, sino que fue reconstruída-restaurada en la primera mitad del s.XX por el entonces propietario de la finca, Ernesto larios y Sánchez de Piña, y que le sirvió de modelo una cúpula similar existente en la torre de la Iglesia de San Isidro. ¡Toma flecha lanzada a la manzana de mi ingenua imaginación de niño!

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Fachada norte de la torre
Fachada norte. Lugar donde impactó un rayo y que ocasionó una grieta
Vista frontal (2010)

   Y ya que hablamos de puntería, mucha tendríamos que poseer para acertar en nuestra siguiente diana u objetivo: en el CUÁNDO fue construida la Torre de Botafuegos.

    Nos enfrentamos en este caso con el peor enemigo posible, el de la duda y el desconocimiento real, pues aún no se ha realizado una prospección arqueológica en condiciones que desvele este misterio. Desconozco si en la reciente restauración se ha aprovechado para llevarla a cabo. Tampoco las fuentes y los archivos dicen mucho más al respecto. La única cita histórica, en caso de ser cierta, aparece en la Crónica de Alfonso XI, el “reconquistador” de Algeciras.

   En dicha crónica se relatan las peripecias del ejercito castellano en el duro cerco que impusieron a Algeciras entre 1342 y 1344  para arrebatársela al sultán meriní. En uno de sus últimos capítulos parece ser que se la menciona, en el capítulo que aborda la batalla de Palmones entre estas mesnadas alfonsinas y las del ejército granadino que vino a socorrer la ciudad sitiada. El cronista la designa como “atalaya aquende el rio Palmones” o algo parecido. Ahí donde la ven nuestra torre fue testigo de esta batalla, del lance definitivo en el que se decidió que Algeciras cambiara de manos y de dueños. Así pues, y si damos por cierta esta histórica mención, la torre de Botafuegos es anterior al s. XIV. Algunos autores incluso le quieren dar un origen mucho más antiguo y apuestan por la etapa califal.

Fachada principal de la torre con restos de argamasa
Puerta de acceso, con su arco de herradura
Vano superior y ladronera

    Ya que casi tenemos vencida y rendida a nuestra torre, arrojémosle las últimas flechas de gracia: ¿POR QUÉ fue construida en ese monte precisamente?

   Ya he adelantado algo, pero para rematar la faena diré que porque seguramente no había una ubicación mejor para controlar tanto ese territorio inmediato como las vías y caminos que lo atravesaban. Además de controlar el ramal secundario de la Trocha, se controlaban las comunicaciones de Algeciras con Ronda y la Costa del Sol, así como la frecuentada ruta que desde Medina y Alcalá finalizaban en nuestra bahía. Téngase además en cuenta que estamos hablando de un territorio que fue de carácter fronterizo la mayor parte de su historia.

   Vamos, que no se le escapaba una, y si acaso se le escapaba algo, ahí estaba la Torre de Adalides para socorrerla, pues ambas mantenían contacto visual; a continuación pongo una foto de ella. ¿Y dónde estaba esa desconocida torre? Estaba, sí, desgraciadamente, en el acuartelamiento de Adalides, ese que hay arriba de Eroski, en lo que hoy se conoce si no me equivoco como la casita de las Palomas. Al igual que le ocurrió a la torre almenara de Punta Carnero, que fue dinamitada en la década de los 40, esta Torre de Adalides lo fue en 1898 cuando, entre otras muchas cosas, a España no se le ocurrió otra que entrar en guerra con Estados Unidos. Fue destruida para que por lo visto nos sirviera de referencia en caso de bombardeo naval. ¡Menudas mentes privilegiadas los que adoptaron esta decisión!

Torre de lo Adalides

    Bueno, mejor que peor podemos declararnos vencedores en esta particular batalla que hemos librado contra los misterios que rodean la Torre de Botafuegos, así que guardemos en sus fundas las correspondientes cámaras y volvamos sobre nuestros pasos. Antes, sin embargo, echemos un último vistazo al estado de conservación el que se encontraba antes de las tareas restauradoras. Esa sí que es una batalla ganada, pues entre las grietas y desperfectos ocasionados por el paso del tiempo, y las debidas a rayos o raíces o árboles que crecen entre piedra y piedra, la torre corría serio peligro de entrar en un estado de difícil solución.

   Y acordémosno también de la Torre del fraile en el Estrecho y la del Lobo, en Getares, que ahora mismo claman al cielo de envidia y deseperación, pues ellas sí corren verdadero peligro de desmoronarse y convertirse en tristes montones de piedra. Estamos obligados a llevar esta batalla de vida y esperanza a estas otras torres.

Torre de Botafuegos, antes de la restauración

 ¡CHISTERA CHISTERA LA CAMINATA ESTÁ FUERA!

PARA SABER MÁS:

  • La torre de Botafuegos del Monte de la Torre (Los Barrios). Una aproximación a su historia y conservación. Angel Sáez Rodríguez; Pedro Gurriarán Daza. Revista CAETARIA: Revista bianual de arqueología, nº 6-7, 2009, pags. 277-299. La mayoría de los datos históricos los he sacado de este estupendo artículo, pero no consigo encontrarlo en formato online.
  • Los Larios en el Campo de Gibraltar. José Regueira Ramos. Revista Almoraima, nº 17, 1997.
  • Una necesaria obra de restauraciónen el Monte de la Torre. Manuel Alvarez Vázquez (Cronista oficial de Los Barrios). Noticias de la Villa.
Agenda del Cencerro

Agenda del Cencerro: De Facinas a la Torre del Rayo.


Garganta del Helechoso

   Con esta entrada abro una nueva sección del blog, para informar sobre  las caminatas que haya hecho  recientemente o vaya a hacer en breve, y que luego, si encarta, documentaré de una forma más detenida, con fotos, indicaciones y texto. Al principio, y en aras de la claridad, pensé llamarla simplemente Agenda. Luego quise descartarla pues este término quizás produzca una sensación de seriedad y casi de profesionalismo, cosa que no crítico pero que tampoco quiero para el blog. Entonces me vino a la cabeza como una humilde iluminación, la etiqueta de “el Cencerro” , por eso mismo, para ir avisando de por dónde voy y camino, pero sólo no iba a quedar muy explicativo; así que al final, ni patí ni pamí: La Agenda del cencerro.

   Este sábado pasado, estando en Facinas y ante tanta variedad y posibilidades de rutas a realizar, me decidí por visitar las gargantas de las Cabrerizas y Saladaviciosa, por donde hace tiempo que no pasaba. Estas gargantas, con sus correspondientes arroyos son similares a las que te puedes encontrar en las proximidades de Algeciras, por poner un ejemplo, aunque de menor longitud. Nacen de alturas entre los 400 y los 600 m y tienen una gran pendiente, con arroyos de caudal estacional. Estas gargantas son, partiendo de Facinas: La de Mariano, de Roque, del Huerto, del Helechoso y del Rayo.

    Sólo con llegar a la Torre del rayo, ya queda una caminata lineal muy curiosa, de unos 12 km ida y vuelta. La ruta en realidad no está señalizada, sólo un par de mojones de piedra, pero ya se encargan los animalillos del campo de dibujarnos bien la vereda, que no tiene pérdida hasta llegar a la torre. Por el camino disfrutaremos de las vistas de Puertollano y Saladavieja, y no cruzaremos con un par de ranchos, uno de ellos semiabandonado, muy de la tierra.

   Ya digo que Facinas tiene muchas posibilidades ruteras. La caminata que en realidad me propongo documentar en unos meses es esta: Salir de Facinas y llegar a la Torre de la Peña, al pie de la N-340, 15 km más o menos. Puden llevarse si quieren el cencerro geoespacial, por si se pierden.

De Facinas a la Torre del Rayo

Biblioteca·Historia, Folclore y Etnografía

Torrejosa, la torre olvidada de Facinas


Torrejosa, la torre olvidada de Facinas

 Quien como yo se sienta atraído por la Historia, y más en concreto por la historia local de su entorno, me comprenderá si lee esta entrada. Descubrir un testigo del paso del tiempo, un vigía del pasado como lo fue y es la Torrejosa, y además hacerlo en un paraje que ya creía conocido, no tiene precio. Así es, hará un par de años que tuve la suerte de hacer este “descubrimiento personal”. El primer acercamiento tuvo lugar leyendo  un artículo de un número de la revista tarifeña Aljaranda, en el que se enumeraban las distintas torres vigías del litoral del Estrecho. Cuando le tocó el turno a la Torre del Rayo, que ya conocía vagamente, el autor del artículo la relacionaba con la Torrejosa, cercana a Facinas. ¿Cómo? ¿En Facinas? ¿En el pueblo que considero mi segunda patria y al que me retiraba ya si las circuntancias lo permitieran? Ese desconocimiento imperdonable había que solventarlo con premura.

Y a ello me puse. En Internet poca cosa; alguna que otra mínima mención en artículos de historia local, y una sola fotografía, que yo encontrase al menos. Fue tirando de mapa y preguntando a vecinos de Facinas como dí con su ubicación. Otra vez ¿Cómo? ¿En el Cerro del Pedregoso, un monte precioso por el que he pasado decenas de veces pero sin subirlo? Pues sí, ahí estaba la torre, en su cima, resistiéndose al olvido como sólo lo hace la piedra arenisca.

En esta entrada, con la humildad propia del aficionado a la Historia, quisiera poner uno encima de otro, los escasos datos que he podido recopilar, con la intención de arrimar el hombro y contribuir a restaurar un poco el pasado de esta edificación. También incluyo cómo no fotografías que he tomado de ella las tres veces que la he asaltado, digo visitado. Por cierto, la última vez que subí el cerro fue a instancias de Vicente, un vecino de Facinas, el cual, hablando sobre el tema, me dijo que si no había visto la estrella de David que hay entrando a mano derecha. Por última vez, lo prometo ¿Cómo? ¿Una estrella de David en la torre y yo no la había visto las dos veces anteriores que la visité? El remate de los tomates.

Antes de nada, indicar que son varios los nombre que se le atribuyen a este monumento. Tanto en las publicaciones consultadas como en mapas he comprobado que además de como Torrejosa, se le designa como Torregrosa, Torre del Pedregoso o del Pantano. Quizás el término de “Torregrosa” es el que mejor la define, debido a sus medidas, pero utilizaré el de Torrejosa, por ser el más usado en las fuentes.

Y ahora vayamos con su ubicación. Se encuentra en el término municipal de Tarifa, a unos 5 km de Facinas, en la CA-221 en dirección a Los Barrios. Como se puede observar en la fotografía de abajo, se halla en el Cerro del Pedregoso, también conocido como de la Torrejosa. Pocos montes muestran una silueta tan perfecta como éste. Como si se tratase de una pirámide natural, la torre se encontraría en su cúspide, dominando y vigilando los dos valles cercanos, el de Ojén y Puertollano, y lo que fue la antigua Laguna de La Janda. A sus pies se levanta el Cortijo del Pedregoso, una edificación muy vistosa también con siglos a sus espaldas y cimientos. Frente a él encontramos una cancela, y un camino de descorche que nos conduce hasta la cima y la torre. En la laja que se puede apreciar a su izquierda encontraremos un gran número de tumbas antropomorfas excavadas en la roca.

Cerro del Pedregoso
Ubicación de la Torrejosa

Quienes levantaron esta torre eligieron sin duda el lugar idóneo. Situada a los pies de las sierras de Saladavieja y Ojén, es franqueada por ambos lados por las sierras de Fates y del Niño. Este trío de estribaciones crea por tanto los dos valles mencionados anteriormente, el de Puertollano y el de Ojén, por los que desde tiempos remotos discurrieron vías de comunicación hacia el interior de Andalucía. Por el valle de Ojén, la actual CA-221, pasaba la Vía VI Heraclea, proveniente de Carteia, camino que se seguiría utilizando en siglos posteriores. Y el de Puertollano era atravesado en tiempo medievales por un ramal del Camino Real que conducía a Medina Sidonia y Jerez. El control que se hacía de estas rutas desde el Cerro de la Torrejosa era por tanto muy férreo. Sólo hay que poner en marcha el piloto automático de la imaginación y contemplar cómo se aproximan por el valle de Ojén, levantando una nube de polvo, una legión romana; o cómo se dirigen hacia Tarifa, remontando Puertollano, las mesnadas reales de Alfonso XI, de camino a conquistar Algeciras en 1342. Facinas, que en la edad media se cree que era una alquería llamada Faysana, era un punto clave en las comunicaciones. En esta otra entrada trato de explicarlo: Facinas, encrucijada de caminos.

Como muestro en el mapa de abajo, cuando a causa de un ataque o desembarco se quería alertar a las poblaciones cercanas se realizaban ahumadas en los terrados de estas torres. Si el ataque se producía, por ejemplo, en Tarifa e interesaba avisar a los pueblos próximos del interior (Alcalá, Medina), la primera señal la recibía la Torre del rayo; ésta se la pasaba a nuestra Torrejosa, que a su vez la transmitía a otra torre ubicada cerca de Benalup. Para alertar a las poblaciones costeras se utilizaban la Torre de la Peña, la de Valdevaqueros, la de Guadalmesí, etc.

Comunicación entre Tarifa y la Torrejosa

Antes de mostrar más imágenes de la Torrejosa quiero explicar el porqué del título de la entrada, lo de torre olvidada. Pese a la importancia que creo que tiene, y al buen estado de conservación de lo que nos ha llegado, no está recogida como Bien de interés cultural e histórico por la Junta de Andalucía. ¿Los motivos? Pues no tengo ni idea. En dicho catálogo están recogidas el resto de torres vigías que en su día funcionaron en la provincia de Cádiz, incluso la de Valdevaqueros, de la que por lo visto sólo quedan prácticamente sus cimientos, embutidos en una propiedad privada por la zona de Casa Porros. O la Torre de Punta Carnero, de la cual sólo se ha conservado tristemente un muñón, pues fue volada en la década de los 40. Puedes comprobar tú mismo esta inexplicable omisión en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz,  y si sabes por qué ocurre esto, por favor, házmelo saber.

Vista frontal
Vista frontal
Vista lateral
Esquina frontal izquierda
Puerta de entrada

 Lo primero que me llamó la atención de esta torre fueron sus medidas. (Nota: Acordarme de meter en la mochila un metro). Sí, no puedo decir exactamente cuánto mide, pero debe de andar en torno a los 12 metros de anchura; esos fueron los pasos-largos que dí al intentar medirla. Lo siguiente que me atrajo, o más bien me desilusionó, fue comprobar que no estaba completa, que estaba desmochada. ¿Cuántas plantas tendría? ¿Sólo una y el terrado (azotea)? ¿Dos plantas abovedadas quizá? Nuevamente, ni idea. Si la Torre de Botafuegos, la más similar a ésta, tiene unas medidas de 6,50 de lado por 10,50 de altura, yo me imagino a la Torrejosa con una altura de entre 12 y 15 metros. Ya tardan arqueólogos cualificados, que seguro son los primeros interesados, en despejar las dudas.

Y continuando con las dudas ¿Cuál es su origen? ¿Cuándo y por quiénes fue construida la Torrejosa? Los que han abordado este asunto, a causa de la mudez de las fuentes y la carencia de prospecciones arqueológicas, no pueden asegurarnos  su cronología y por tanto el origen de sus constructores. Tal vez los archivos históricos de la Casa ducal de Medina Sidonia guarde entre sus legajos la solución.

No se cree que sea de fundación islámica, por lo que habría que empezar a contar a partir del año de la conquista de Tarifa por Sancho IV de Castilla: 1292. A partir de esa fecha es cuando se afianza el control cristiano del territorio y comienza la repoblación. Es en este contexto cuando la Torrejosa adquiere su significado. A los repobladores se les concedían muchos privilegios y concesiones; de alguna forma había que atraerles para que vinieran a vivir a la frontera. Sancho IV, por ejemplo, no les cobraba diezmo, portazgo, veintena, cuarentena, alcábala, ni quinto de botín de las cabalgadas. También se les concedió a los vecinos de Tarifa el derecho de construir en sus casas hornos para cocer pan, cal, tejas y ladrillos sin pagar nada a cambio. Alfonso XI, que visitó estas tierras en varias ocasiones en la primera mitad del s. XIV, no quiso ser menos y otorgó el perdón a todos los reos que vivieran en Tarifa un año y un día. Imagínense el canguelo que produciría vivir aquí, y ya de paso imagínense a Zapatero o a Rajoy invitándoles a vivir en un sitio donde te dan la casa, el trabajo y no tienes que pagar IVA ni ningún tipo de impuestos. Ya tienes la mosca detrás de la oreja.

Angel Sáez Rodríguez, que yo sepa de los que más entienden de torres almenaras de la región, cree que la Torrejosa es un donjón cristiano, es decir, una torre que cumplía las funciones de defensa, control del territorio y a la vez, esto es muy importante, de residencia. Esto es lo que a mí más me cuadra, que fuera la torre-casa-palacio del Señor de esas propiedades, donde vivía quizá gran parte del año, en donde se guarecía en caso de peligro, y en donde tal vez hasta cobraba derechos de paso. Las dimensiones de la torre, y sobre todo los elementos decorativos del interior que muestro a continuación debieron de plantearse para una ocupación duradera y diaria. Las diferencias entre esta torre, y sus similares torre del Rayo o de Botafuego, y las posteriores torres almenaras del litoral construidas a partir del s. XVI son notables. En estas últimas se percibe más su finalidad militar y defensiva.

Pantano de Almodovar y Valle de Ojén
Dique de contención del pantano y Saladavieja
Puertollano
Torre del Rayo

Y ahora, damas y caballeros, acompáñenme al interior de los aposentos, excusen la suciedad y las innumerables cacas de cabra, y tengan cuidado con las ramas del lentisco que crece dentro a sus anchas. Esto es quizá lo que más me fascinó de la torre, el estado de conservación de algunos de los detalles y elementos decorativos de la construcción.

Lo primero que nos llama la atención es el dintel de la entrada, de gran porte y elegancia; luego la bóveda de cañón que hace las veces de pasillo, en la que se observan dibujos sobre el estuco que tratan de imitar a los sillares de piedra. Ya en el interior yo me quedé flipado con la altura que alcanzaría en su día la sala principal, donde aún se conservan por suerte las pechinas que sustentaban la bóveda. También se aprecian los mechinales, boquetes en la pared donde encajaban las vigas de madera. Y cómo no, lo arcos sobre las distintas puertas, en los que se alternan ladrillos y sillares de piedra, que irremediablemente nos recuerda la estética islámica. En cuanto a las decoraciones de las paredes, yo pienso que éstas estaban totalmente enlucidas, y que nuevamente se dibujaban sobre este enlucido las decoraciones, aunque en realidad, más que dibujadas están incisas, grabadas con punzón. Es fácil a la mujer del Señor de las tierras hablando con el constructor de la torre y eligiendo los motivos; allí póngame unas espigas, en ese otro rincón unas flechas, etc. Bromas machistas aparte, cuando se entra en esta torre, se nota que los que la mandaron levantar no pasaron por alto el darle un toque hogareño.

Puerta de entrada con dintel trapezoidal
Quicialera para echar el cerrojo.
Pasillo abovedado para acceder al interior
Pechina de la bóveda y mechinales.
Puerta de acceso y puerta de la escalera, con sus correspondientes arcos de herradura.
Puerta principal, desde dentro.
Mechinal para encajar las vigas. Obsérvese las incisiones en el enlucido.
Elemento decorativo
Detalle del llagueado exterior

 Para terminar quisiera mostrar, para mí, y nunca mejor dicho, la estrella de esta torre: la estrella de David. Como dije antes, fue a la tercera cuando la vi, y gracias a Vicente. De no haber sido por él, la verdad no sé si la habría descubierto, pues se encuentra situada en la bóveda de una pequeña sala que antecede a la escalera, donde apenas llega la luz. Es necesario llevar una linterna para verla. Como el resto de elementos decorativos está grabada sobre el enlucido y se alternan dos colores, negro y ocre, para resaltarla.

Este “descubrimiento personal” me dejó la verdad traspuesto; primero por su belleza simple pero efectiva, y segundo porque uno es muy dado a ensoñaciones históricas. ¿A qué viene una estrella de David en una torre de dueños posiblemente cristianos? ¿Posee esta estrella un significado religioso y cultural, o es sólo un capricho ornamental de moda en esa época?

Cuando Vicente me habló de ella, de que era una estrella de David, de seis puntas, no pude menos de sorprenderme. ¿No se referiría a la estrella islámica de cinco puntas, llamada también pentagrama, y que para los islamitas representa los cinco pilares de su religión? Está claro que no, es la estrella de los otros “españoles” que habitaron en esos tiempos la península: los judíos.

Consulté a colegas historiadores sobre el posible origen y significado de esta estrella. Una vez más está claro que no se puede concluir nada sin el apoyo de las fuentes y la arqueología, pero la hipótesis que más me convenció o gustó es la de que esta estrella posiblemente sea una especie de firma o marca de su arquitecto, de procedencia judía.

Sea o no cierta esta hipótesis, pidámosle a la estrella un último favor; que alumbre y guíe el camino que han de seguir las autoridades políticas y culturales para que le proporcionen a la Torrejosa el cuidado y respeto que se merece.

Estrella de David en la bóveda junto a la escalera
Estrella de David en la bóveda junto a la escalera

Para saber más: