Biblioteca·Caminatas·Historia, Folclore y Etnografía·P.N. Los Alcornocales

La Fuentesanta, el balneario perdido de Algeciras


1.Panorama Fuentesanta      “A una hora de distancia de la ciudad están los baños minerales llamados de la Fuentesanta, situados en la garganta del mismo nombre: el agua que con abundancia los surte, es hidro-sulfúrica y hepática, bastante cargada de mineral, y se aplica con excelentes resultados para toda clase de afecciones cutáneas: se encuentran muy descuidados, sin facultativo de dotación.Pascual_madoz
Consisten en una alberca de regular capacidad con las aguas corrientes, y junto a ellos hay hasta unas 18 habitaciones de teja y varias chozas, para 20 familias más o menos, que suelen concurrir a ellos. En otros puntos de la falda de la sierra se hallan 5 o más fuentes mineralizadas, sin que se hayan analizado: algunas parecen ferruginosas, y los naturales beben el agua de todas ellas, porque son tradicionales sus buenos resultados para ciertas enfermedades.”

Pascual Madoz. Geógrafo y político. 1845

         De este modo describía Pascual Madoz el balneario de la Fuentesanta en su obra magna: Diccionario Geográfico de España. Cuando le toca el turno a Algeciras no duda en señalar la existencia de estos baños minerales, por lo que debieron ser de uso frecuente y popular entre los algecireños del s. XIX. Una alberca de mediana capacidad, 18 habitaciones de tejas y varias chozas que albergarían a 20 familias más o menos, sin facultativo de dotación y ya por esos años (1845) un tanto descuidado. Una descripción que nos lleva a pensar que no fue éste un balneario ostentoso destinado sólo a clases pudientes, si no más bien un sencillo balneario al que acudirían sobre todo familias de mediano estatus, y en menor medida y ocasionalmente, algecireños de buena posición.

      El siglo XIX fue el siglo de oro de la balneoterapia. A estos establecimientos terapéuticos no sólo se acudía para “tomar las aguas” y sanar el cuerpo. También eran centros de ocio, en realidad el germen de lo que hoy llamamos turismo. Otras poblaciones de la provincia contaron con estos baños, tal es el caso de Jerez de la Frontera con sus Baños de Gigonza y el balneario de Rosa Celeste, o el de Paterna de Rivera, donde se repetiría el topónimo de balneario de la Fuente Santa. Algeciras no iba a ser menos, y a una escala un tanto menos suntuosa, también trataría de aprovechar las cualidades benéficas de una garganta a la que los paisanos calificaban de “santa”.

     Si nos trasladamos a la Algeciras del siglo XIX comprenderemos por qué este balneario y esta garganta en concreto gozaron de beatífica fama para sus usuarios. Imagínense una población de 11.000 habitantes donde las infraestructuras higiénico-sanitarias son escasas y deficientes (bueno, en esto tampoco hemos mejorado mucho, la verdad), donde periódicamente enfermedades tan terribles como el cólera morbo o las fiebres amarillas causan centenares de muertos, donde las condiciones climatológicas favorecen las enfermedades pulmonares, de la piel, etc… ¿No calificaríamos también de “santas” unas aguas que alivian estas penurias? ¿No correríamos monte arriba para reservar una plaza en este balneario?

2. Hacia la Fuentesanta        Mi hermano Francisco Javier y yo también hemos querido a través de esta caminata reservar un par de plazas en la memoria de este desconocido balneario. Ahí estamos, mirando de frente a la garganta de la Fuentesanta, con la loca y quizá ingenua intención de localizar lo que quede de dicho balneario. Digo loca porque hay que estarlo un poco para salir al monte con estos calores de agosto, y digo ingenua porque sobra decir que sabemos que no vamos a descubrir ninguna Troya, que sospechamos que nos esperan a lo sumo restos de muros, piedras amontonadas, quizá algún sorpresivo hallazgo, y ¿poco más?

    ¿Pero en qué si no consiste la aventura, aunque sea a pequeña escala? Para esta de hoy contamos con la cita de Pascual Madoz, con alguna escueta referencia histórica más, y como ya se ha dicho, muy poco respeto al calor, los pinchos y el rasgueo monocorde de las cigarras. Nosotros tardamos unas 4 horas entre ida y vuelta. A ustedes sólo les costará 10 minutillos de lectura, y sin sudar ¿eh?

3. Pilar de Matapuercos    La primera sesión de fotos la hacemos en el cortijo de Matapuercos, aledaño al antiguo campo de tiro. Un par de pilares para el ganado como el de arriba, y fuentes como la de abajo, nos hablan de un próspero pasado agropecuario, hoy día venido a menos.

Fuente en Matapuercos
Foto de Francisco Javier Pizarro (FB Paisajes del Campo de Gibraltar)

4. Emblema de infantaría

    Hasta la década de los 80, las antiguas dependencias del cortijo fueron ocupadas por los mandos que dirigían las maniobras militares. La de tiros y morterazos que se ha llevado este pobre monte por nuestros también, pobres y obligados quintos. Entre ellos nuestro hermano mayor, que hizo la mili en el 88 y participó en estas maniobras. Tal circunstancia ha contribuido a que la Fuentesanta sea la garganta más desconocida de los alrededores, pues obviamente estaba prohibido el paso al personal civil.

    Aún quedan vestigios de esta etapa militar, como se puede observar en el poyete donde ondearía supongo una bandera. Y lo más curioso, la huella dejada en el cemento por una placa correspondiente al cuerpo de infantería.

5. Panorama Fuentesanta
Panorámica del Huerto de los mellizos

6. Cortijo del Huerto de los Mellizos     Poco después alcanzamos el conocido Huerto de los Mellizos, o del Gallego, como he leído en otra parte, y no Ventorrillo de la Trocha, como se obstina en señalarnos el mapa oficial. Otro cortijo decimonónico que nos habla de mejores tiempos para el agro algecireño.

7. Majoleto y torvisco     Bajando por el senderillo que nos lleva al arroyo reparamos en algunas plantas que aprovechan el verano para fructificar y florecer, tal es el caso del majoleto (izquierda) con sus frutos rojos, y el torvisco (derecha) con sus pequeñas flores blancas.

8. Paso del arroyo de la Fuentesanta    Una vez en el paso del arroyo de la Fuentesanta aprovechamos para refrescarnos un poco. A la vuelta, ya a mediodía, poco nos faltó para meternos de cuerpo entero y así de paso beneficiarnos de sus cualidades. Curso abajo, dicho arroyo se une con el de Botafuegos, para desembocar juntos en el Palmones.
9. Collage flores    Las adelfas (izquierda) salpican de rosa el manto verde que cubre al arroyo. Y la flor de este ojaranzo (derecha), el único que vimos, que increíblemente sobrevive a su floración primaveral.

10. Subiendo un tramo de la Trocha      Dejamos atrás el arroyo y subimos el primer tramo empedrado de la Trocha, histórico camino que tantas satisfacciones y buenas caminatas nos han dado.

11. Garganta de la Fuentesanta     Culminada esta primera pendiente, y sudando ya la gota gorda, tomamos una pista que se abre a la izquierda. Si seguimos adelante llegamos, esta vez sí, al Ventorrillo de la Trocha.

     Esta pista de tierra, que discurre en paralelo a la garganta, conduce a un pequeño claro, el cual siempre he supuesto que sea un patio de corcha. Sin embargo, y como se puede ver en la foto de abajo, aún son visibles restos de chozas y pavimentos de piedra. Dudo que formaran parte del balneario que estamos buscando; seguramente pertenezcan a la última ocupación humana de esta parte de la sierra, allá por los 40.       12. Cabaña y solería

      Ahora váyanse buscando una sombra en este claro que he de hacer un obligado inciso. De agosto de 2013 nos trasladamos a abril de 1935; así, por las buenas, por obra y gracia de la fotografía.

     Cuando emprendemos una de estas dCaminatas históricas, a parte de documentarnos como buenamente podemos, solemos recabar información en el estupendo Facebook de Historia de Algeciras en imágenes, todo un tesoro de fotografías antiguas y paisanos con experiencia. Al preguntar sobre este balneario entablamos una muy interesante conversación con algunos de sus participantes, pero en especial con Enrique Pérez Benítez, quien subió además unas fotografías en B/N que nos vienen ahora de maravilla para tomar un atajo y acercarnos mínimamente al pasado de la Fuentesanta.

13. explanadilla. Excursión de Juan Pérez Arriete
Fotografía de Enrique Pérez Benítez

Esta es una de ellas, precisamente en el claro donde hemos hecho la parada y el inciso. La fotografía está tomada en abril de 1935, y en el dorso, aunque no lo vean, hay escrita una nota: “Fuentesanta. La explanadilla

    Entre los figurantes, a la izquierda, sentado y con gafas,  se encuentra Juan Pérez Arriete; célebre algecireño que fuera entre otros cargos concejal, cronista oficial de la ciudad y fundador y director del periódico El Cronista (1912). En mi opinión es un documento gráfico singular, ya que deben ser pocas las fotografías antiguas que retraten  la garganta de la Fuentesanta como destino popular de excursionistas.

    Enrique Pérez, al que agradecemos desde aquí el detalle de prestarnos para la ocasión un par de fotos, es sobrino-nieto de Juan Pérez Arriete, y edita un blog muy interesante sobre la figura y obra de su tío-abuelo: El Cronista de Juan Pérez Arriete.

13.1 Comparativa Explanadilla         Observando en casa la fotografía en B/N tuvimos la intuición de que ya conocíamos el lugar exacto de la toma. El pequeño acebuche de la izquierda nos encendió la bombilla. Una vez en la explanadilla tratamos de obtener la misma perspectiva. Y si tenemos en cuenta el tiempo transcurrido, y los distintos objetivos empleados, juraríamos que el sitio es el mismo: la misma choza de piedra que se atisba detrás y el mismo acebuche 78 años después. ¿Qué opinan?

14. Saliendo de la explanadilla    Sea o no el mismo árbol, salgan ya de la sombra que seguimos con la caminata, a la búsqueda del balneario perdido. Para mí es la primera vez que bajo a la garganta por este punto, por este senderillo. Siempre que he ruteado por esta zona he pasado de largo en dirección a las Esclarecidas.

15. Bajando a la garganta    Para mi hermano Francisco Javier no es la primera vez, ya bajó dos semanas antes también tras la pista del balneario, pero una desgraciada caída, que ya explicaré con más detalle, le impidió explorar la zona como es debido. ¡No podría uno aficionarse mejor al mus o a las videoconsolas, no…!

16. Vivienda en la garganta    Por esta razón, fuimos directamente a esta vivienda que veis y que ya visitó, en plena angostura de la garganta. Como es lógico, tampoco sabemos si llegó a formar parte de la infraestructura del balneario, pero dista mucho de ser el típico cortijillo serrano, pues al encontrarse encajonado en el canuto apenas hay espacio para huerto, corrales u otras dependencias camperas.

17. Vivienda desde arriba     La vivienda consta de una reducida terraza y tres habitaciones. Aún se aprecia la robustez de sus muros y parte del techado a dos aguas.

18. Vivienda en la garganta

    ¿Quién sería el propietario de esta casa? Fuera quien fuera, su nivel adquisitivo era superior al de los propietarios de las chozas. Saco ahora a colación otro comentario de la conversación que mantuvimos en Historia de Algeciras en imágenes. Según Francisco L. “… Efectivamente, las aguas sulfurosas de sus manantiales eran milagrosas, y según referencias eran muchísimos los algecireños que sobre todo en verano los visitaban. Respecto a las casas me consta que D. Vicente Bálsamo, entre otros, acostumbraba a veranear en una casa que poseía en sus cercanías”.

     Vicente Bálsamo Cappiel ( 1776-1863) era el cabeza de familia de uno de los linajes más influyentes en la Algeciras del s. XIX. ¿Sería ésta la casa en donde los Bálsamo pasaban la temporada veraniega? ¿Por casualidad algún descendiente de esta familia está leyendo ahora mismo el reportaje?

19. Poza debajo de la casa    Justo abajo de la casa encontramos esta hermosa poza, que aún muestra señales de haber estado represada. El  característico olor a huevo podrido es patente. Este es producido por el azufre que contiene el agua.

Lugar de la caída     A la mayoría de vosotros esta fotografía no os dirá mucho, pero a mi hermano sí, y mucho. Ese fue el lugar exacto donde se cayó y ¡se dislocó un hombro! Parece estar preguntándose cómo pudo sucederle. Puede sonar a cachondeo, pero como queriendo demostrarle que a cualquiera le pudo haber pasado, también resbalé yo en la misma piedra… y metí la pata hasta el corvejón.

     Menuda película para salir de allí con el hombro dislocado. En este tipo de sitios hay que tomar las precauciones oportunas: no salir nunca solo, llevar móvil, en fin, lo que ya sabéis.

20. Poza impresionista

    Si el pintor impresionista Claude Monet, autor de Los Nenúfares, hubiera visitado este canuto habría obtenido sin duda sugerentes motivos para pintar un lienzo dedicado a las adelfas.

21. Aterrazamiento      Vayamos por fin al balneario, a lo que queda de lo que nosotros pensamos que fue el balneario. Retrocediendo sobre nuestros pasos nos dedicamos a escudriñar este aterrazamiento de piedra que habíamos observado antes.

   Aunque se encuentra derruido en algunos tramos calculamos que pudo medir entre 20 y 30 metros en su estado original. Justo enfrente hay otro en la misma orilla del arroyo, aterrazándola también. Su función no podía ser otra que que la de evitar corrimientos de tierra y así servir de cimiento a estructuras de alguna edificación.

22. Excursión Juan Pérez Arriete. Piedra de los bichitos. Abril 1935
Fotografía de Enrique Pérez Benítez

    Quizá por los alrededores se tomó esta otra fotografía de Juan Pérez Arriete. En el reverso consta esta cita: “Fuentesanta. Piedra de los bichitos”.

   Como se aprecia en la imagen, la orilla del arroyo está despejada y es accesible. Al contrario de lo que ocurre hoy día, donde un espeso túnel de vegetación impide muchas veces hasta ver la corriente.

23. 2ª Terraza con restos de viviendas   Detrás de los muros de contención encontramos cientos de piedras desperdigadas por una gran superficie. No parecen ser la típica arenisca del aljibe, la roca mayoritaria en estos suelos. Por su color entre gris y azulado pensamos que se trata de pizarra, de la denominada en el Campo de Gibraltar como “losa o piedra de Tarifa” o “piedra jabaluna”. Es probable que fuera transportada allí desde alguna cantera cercana.    24. Alineamientos de piedras   A pesar del caos se distinguen alineaciones de piedra a lo largo y a lo ancho, que se extienden también una treintena de metros. Y pies de muros que nos permiten apenas adivinar formas. Sin embargo, los árboles y arbustos que se han adueñado del lugar nos impiden tomar una perspectiva adecuada que nos aclare el asunto. Nota para la siguiente caminata: meter en la mochila un globo aerostático para sacar fotografías aéreas.

25. Muro de vivienda     Tras los oportunos arañazos y pinchazos conseguimos hallar estructuras cuadrangulares, restos de construcciones invadidas totalmente por las zarzas. Otra nota: Meter también en la mochila una desbrozadora en condiciones.

     ¿Estarían aquí las 18 habitaciones con tejas de las que nos habla la reseña de Pascual Madoz? Digámoslo ya ¿Estamos en las ruinas del balneario de la Fuentesanta? Nosotros nos mojamos y contestamos afirmativamente. Dudamos que existan otros vestigios similares en toda la garganta.

26. Resto de enfoscado en muro     En algunos de estos pies de muro todavía se aprecian huellas de enfoscado.

27. Resto de Ladrillos y tejas     Y por doquier se ven numerosos restos de tejas y ladrillos tirados por el suelo.

    El historiador Angel Sáez, en una nota a pie de página de su artículo sobre el camino de la Trocha comenta lo siguiente, citando también a Madoz al principio: Costaba de una alberca, 18 habitaciones de teja y varias chozas para 20 familias…” Y añade de su cosecha: Sus edificios darían más tarde cobijo a varias familias campesinas, hasta su total abandono en los años cuarenta. Las ruinas del balneario fueron convertidas en bancales de cultivo. Era el último núcleo habitado de este hermoso valle, junto a La Cabreriza, en la ladera norte. En la actualidad, unos pocos restos de viviendas sirven de porquerizas a orillas del arroyo”.

Foto de Francisco Javier Pizarro (FB Paisajes del Campo de Gibraltar)
Foto de Francisco Javier Pizarro (FB Paisajes del Campo de Gibraltar)

    En un sitio donde “se tomaban las aguas” no podían faltar botellas. Esta que hoy contiene agua y algún tipo de alga, sospechamos que en el pasado contuviera alguna bebida espirituosa.

Botella de cerámica   O esta otra de cerámica, sin duda más auténtica y antigua. Es curiosa la forma en espiral de su fondo.

28. Fuente o alberca

   No obstante, el hallazgo que nos causó más emoción fue esta alberca situada en una vaguada cercana, en uno de los extremos del complejo terapéutico. Donde señala mi hermano es donde estaría el caño o surtidor. Alrededor de este aún se mantiene la cal en el enlucido. Nos vemos obligados a preguntarnos de nuevo ¿Es esta  la alberca que cita Madoz?

Situación balneario    Terminamos el reportaje con un croquis de la garganta y las dependencias localizadas. Tal como imaginábamos al principio de la caminata presentiamos que nos esperaban ruinas y vestigios, mucha piedra amontonada y algún que otro, para nosotros, emocionante hallazo. Y así ha sido más o menos.
Menos mal que procedemos de familia obrera; mi mismo hermano es albañil, y al mismo tiempo contamos con nuestras inquietudes históricas y culturales. Dos factores que nos han permitido poner a trabajar la mejor de las herramientas en estos casos: la imaginación. Nos fuimos de allí con una idea bastante aceptable de lo que pudo ser el balneario de la Fuentesanta. Nos ganamos el jornal.

30. Algeciras en 1942
Vista aérea de Algeciras en 1942.

¡CHISTERA, CHISTERA LA DCAMINATA ESTÁ FUERA!

Para saber más:

Caminatas·P.N. Los Alcornocales

Quedada intercomarcal en Sierra Momia


      Así, de sopetón, el título de la entrada puede resultar extraño y rebuscado; sin embargo pienso que no lo es tanto, que es descriptivo. Quedada, y no “encuentro”, por ejemplo, que suena como más serio y oficial, porque fue una reunión que nos salió casi sin querer queriendo. ¿Y de quiénes? Pues de unos picaos del campo, más que aficionados a los caminos y senderos, y al menos la mitad, encima intrépidos blogueros. De izquierda a derecha: Miguel Angel, José Manuel Amarillo (blog NSyG), José Manuel Oneto ( blog dRuta), Luis Trexok, Paco Vera ( blog ch´usay), Juan Moncayo, Juan Luis Parodi, y yo.

     Intercomarcal, pues fuimos una buena representación de la provincia de Cádiz; tanto de las dos bahías como de Jerez. Sólo nos faltó alguien de la sierra. Personalmente sólo conocía a José manuel Oneto, y sólo de habernos encontrado una vez “por esos caminos”, aunque mantenemos contacto habitual en nuestros respectivos blog. Es gracioso, pero a algunos de los demás también los conocía pero como el que dice “de vista”, de verlos por la calle, por esa sinuosa y virtual calle que es Internet. Como se podrán imaginar, y al compartir la misma pasión por la naturaleza, la conversación fue muy natural y amena. Le dimos un buen repaso al panorama senderista gaditano. Muy buena gente todos.

     ¿Y dónde queda eso de Sierra Momia, con ese nombre tan egipcio y sugerente? Aquí al lado, y nunca mejor dicho, pues queda más o menos equidistante de las dos Bahías y Jerez. Sierra Momia se encuentra al este de Benalup – Casas Viejas, entre los embalse de Barbate y Celemín. ¿Y de dónde viene eso de Momia? Quieto parao; unas cuantas fotografías más abajo te lo digo.

A la mañana le costó separarse de la madrugada este sábado 3 de marzo. Sobre todo a causa de la niebla que se espesaba alrededor de los embalses de Barbate y del Celemín, y que nos acompañaría en los primeros pasos de la caminata. Las telarañas en los arcenes de la carretera, prendidas de humedad, parecían contribuir a que la niebla no levantara el vuelo.

Intentando darle esquinazo nos adentramos por la Garganta del Cuerno, siguiendo el itinerario marcado por José Manuel Amarillo, Paco vera y Juan Luis Parody, que ya se habían pateado el entorno en anteriores ocasiones. Y el resto, a verlas venir por primera vez, y a disfrutar. El arroyuelo que baja por la garganta es de aguas herrumbrosas. El color rojizo que observas se debe al oxido de hierro que contiene en sus entrañas la roca arenisca de las lajas circundantes. Ese tono ocre y sanguinolento sería el color estrella del día.

No habiamos recorrido ni un kilómetro garganta arriba cuando empezaron a mostrarse las primeras cuevas-abrigos, alineadas cual chaletes acosados a lo largo de una larquísima y espectacular laja. La verdad es que perdí la cuenta de los abrigos en los que entramos ese día. Y aunque el símil de éstos con nuestras modernas y apretadas viviendas pueda sonar a chiste barato, no resulta muy desafortunata la visión de estos antepasados nuestros conviviendo de una forma similiar a la nuestra. Imagínense a las diferentes familias y clanes repartidas en las distintas cuevas.Los niños correteando de acá para allá, y quizás no se pedirían sal o un poquito de café, como buenos vecinos, pero tal vez sí, no sé, un trozo de venado, algo de tuétano, por qué no un ascua encendida al que se le hubiera apagado el fuego…

A medida que ascendiamos la niebla por fin se acabó diluyendo, como una cortina que se descorre. Yo no sé los demás, pero a mí de repente el pelo se me empezó a encrespar, la vista y el olfato se agudizaron, me dieron unas ganas tremendas de cambiar la vestimenta sintética por pieles de animales y de encuevarme allí una buena temporada. Ahora lo entiendo, definitivamente la niebla nos había transportado al Paleolítico Superior, a miles de años atrás.

¿Y a qué me hubiera dedicado esa temporada, a parte de olvidarme de hipotecas, crisis económicas y de toda la filosofía y ética de Sócrates en adelante? Seguramente a pintar, a pintar cosas parecidas a las fotografías de abajo: un venado o corzo (la ejecución de esta pintura es fantástica), huellas dactilares, un pino o tal vez un helecho,etc. Por eso dije antes lo del color ocre como color estrella del día. Si no recuerdo mal, sólo en dos o tres abrigos visualizamos pinturas rupestres, pero en todos nos dejamos los ojos tratando de diferenciar trazos artificiales de las manchas rojizas propias de la arenisca cuando en algunos sitios se concentra más el óxido de hierro.

Por desgracia, y es algo que suele suceder en otros yacimientos, hay que lamentar salvajismos como el que les muestro abajo. En el año 1965 a un mamaracho se le ocurrió hacer la gracia de retratarse en la cueva. Se comprenderá entonces que en ocasiones, y ésta es una de ellas, se opte al final por no especificar la forma de acceder a estos lugares que no están controlados ni protegidos debidamente.

En fin, sigamos nuestro paseo por el Paleolítico. Como si se tratara de uno de esos cementerios de los pueblos andaluces situados en la parte más alta de la población, tal es el caso por ejemplo de Jimena de la Frontera, nuestros ancestros eligieron la zona más elevada de la laja para erigir su camposanto. Ahora sí toca la explicación del significado de Sierra Momia. Observen la fotografía y juzguen si tienen forma o no de momia. Este se cree que es el origen de este misterioso y sugerente toponímico, las tumbas antropomorfas que en gran número se encuentran en esos montes.

De todos modos, aún no está nada claro si estas tumbas antropomorfas son obra de los mismos que habitaban los abrigos de abajo. Los entendidos en la materia no se ponen de acuerdo en otorgarle una ascendencia “prehistórica” de miles de años o ubicarlas temporalmente incluso en época de ocupación romana. Ciertamente no es sencillo el asunto; por lo visto, la falta de restos oseos y el desconocimiento del ritual funerario que se llevaba a cabo dificulta la datación. ¿Eran tumbas destinadas a la momificación? ¿Como en las culturas celtas, eran lugares en lo que se ofrendaban los cuerpos a los buitres?

Y ahora, para despejarnos un poco la cabeza de tantas cuevas y tumbas y nos dé un poco el aire, algunas panorámicas. En esta primera se intuye el embalse de Barbate, Alcalá de los Gazules, y la Sierra del Aljibe: el Picacho, el Aljibe y el Montero. Las cumbres del P.N. de los Alcornocales, con 1.092 metros.

Benalup, o Casas Viejas, como era conocida esta población hasta no hace mucho.

El embalse del Celemín, y al fondo creo que la Sierra de Retín, por la parte de Véjer y demás.

Una vez que exploramos ese área, nos dirigimos a la otra vertiente de la Garganta del cuerno. Para ello, y cuando podíamos, utilizábamos otras lajas para andar con más comodidad y rapidez. No haciamos otra cosa que imitar el buen sentido de los animales; en una de estas grandes lajas hasta se observaba claramente un senderillo grabado en la roca pezuña a pezuña a lo largo de los siglos.

En esta ladera yo pienso que se levantó en esos tiempos de la “edad de piedra” un tipo de urbanización, cómo lo diría…. más exclusiva y menos poblada. Sospecho que ya por esa lejana época ya se empezó a marcar la distancias entre clases y clanes. La cueva-abrigo de abajo lo dice todo: el amplio porche, la columna con su ventanal, el jardín o el campito de golf justo enfrente…

Esta cuevecilla que estaba al lado debía ser sin duda la del servicio…. fíjense en el detalle de los boquetes a modo de escalerilla.

Y otra vez en el camino, digo en la laja… en busca de nuevos territorios. Mirando ahora las fotografías y repensando la excursión ¿quién me niega a mí que no nos asemejábamos a un clan de homo sapiens senderiensis… eh?

Este abrigo-cueva fue creo que el penúltimo que visitamos y obviamente nos dejó boquiabiertos, por sus dimensiones y sobre todo por el arco, en un precario estado de equilibrio. Quiera el destino, la erosión y las leyes de la física que dure mucho tiempo más.

Antes de finalizar la caminata nos topamos con unas cuantas bellas flores e insectos. Los compañeros Paco Vera y José Manuel Amarillo, que se ve que son unos máquinas en esto, no dejaron escaparse a ninguno con sus cámaras. Desde la más mínima flor hasta el abejorro más imposible de fotografiar. Es un placer caminar con gente con esa pasión ¡Y lo que se aprende!

Yo, aprendiz que es uno en estas lides de la botánica y la entomología, también hice mis pinillos, no crean, pero bueno, con unos resultados no muy… muy… completos. Véase si no:

La flor de abajo es obviamente lila titando a púrpura, tiene pétalos muy curiosos la verdad, y todavía no sé dónde consultar si es una centaurea o un cardo borriquero mal fotografiado 🙂 🙂

Oh, y el bichito este de abajo tan guapetón. Me dijeron el nombre y yo creo que a los dos minutos se me olvidó. Algo así como Longicorne, dado que sus cuernos o antenas en ocasiones son más prominentes y largos que su cuerpo. Para qué marear más la perdiz y al bichillo este, os pongo directamente el estupendo enlace de Paco Vera, que nos lo explica debidamente: AGAPANTHIA VILLOSOVIRIDESCENS

Dejo para el final, un hallazgo que realizamos y que revolucionará sin duda la entomología. Se trata de una cucaracha, a la que hemos bautizado como Cibercucaracha Momiensis (En honor a la sierra donde la encontramos) Sospechamos que es una especie invasora procedente con toda seguridad de China. Tal se tratara de un presagio o anuncio del predominio económico-social chino en el futuro, esta cucaracha del lejano oriente ya se ha apuntado a ese futuro y ha desarrollado una especie de placa solar con la que por ahora sólo consigue vibrar y poco más, pero ya, ya aprenderá y se adaptará al medio, y por desgracia acabará desplazando a nuestras cucarachas autóctonas.

Y aquí acaba esta primera caminata con otros blogueros y senderistas de nuestra bella provincia, a los cuales les emplazo y animo a que sólo sea la primera. Va por ellos:

“Chistera chistera, la caminata está fuera”

Y si por si acaso no se han cansado de cuevas, les animo a hacer la misma caminata pero con la mirada de otros dos homo senderiensis que fuimos ese día de ruta:

Caminatas·P.N. Los Alcornocales

Río Hozgarganta, una caminata “a la carta”


3ª dCaminata por el río Hozgarganta

Ahí tienen a los dCaminantes de la 3ª dCaminata por el río Hozgarganta, en Jimena de la Frontera. Trece, más el que hizo la foto y les escribe, catorce. Si se fijan casi todos tienen las manos en los bolsillos, y es que pese al solecito hacía un frío que se las pelaba. Creo recordar que alguien vio en el termómetro del coche 4 grados; un frío inusual en este sucedáneo de  invierno que estamos atravesando. Lo que sí recuerdo bien son los campos cuajados de escarcha a medida que nos acercábamos a nuestro destino, y una niebla muy espesa en el valle, que no tardaría en desaparecer disipada por el apabullante caudal de la luz  mañanera.

El itinerario que realizamos y que muestro en la ortofotografía de abajo es uno más de los muchos que se pueden hacer y degustar en el Hozgarganta. Yo aconsejo a quien se quiera acercar a andar por este río que previamente se prepare su caminata “a la carta”, pues puede optar por un buen único plato principal y andar la ruta oficial que discurre pegada al río, o pedir segundo plato y atreverse con una visita al Jardín botánico el Risco, y rematar la faena con el postre; alcanzar el Huerto de la Casa de Esquivel y dar media vuelta. Se pida lo que se pida le saldrá una caminata fácil de digerir y que le costará olvidar, y si no es la primera vez que anda por el sitio encontrará seguro nuevos matices y sabores.

Nosotros ese día pedimos primer plato, segundo y postre. Uno, que es más viciosillo, propuso tomar copa y puro y adentrarnos por el arroyo del Cañuelo para pasar la sobremesa en el molino de San Francisco, pero ahí se quedó la propuesta. Y casi que mejor, pues ya habíamos recorrido unos 8 km y la mayoría ya teníamos estómago, piernas y sensibilidad llenos de tan bello y nutritivo paisaje. Además, se trataba de una caminata para compartir, contemplar y disfrutar.

¿Que no se deciden a pedir o no conocen muy bien la “carta” del lugar?… Está bien, dCaminata les ayuda con la cata, y les explica con más detalle en qué consisten esos platos que nos andamos esa jornada. Por de pronto, vayan tomándose estas aceitunillas, entren en este enlace de Wikiloc para ir abriendo boca.

Itinerario de la ruta

La carta de que les hablo se empieza a abrir en el lugar conocido como la Pasada de Alcalá, cerca del puente. Ahí mismo empezamos con el primer plato, un entrante con sabor a historia y con matices en ocasiones explosivos: la Real Fábrica de Artillería, llamada popularmente como Fábrica de las Bombas. Dicha fábrica, considerada como de las primeras siderúrgicas de Andalucía, permaneció en activo poco tiempo, en concreto desde 1777  hasta 1789; y acabó cerrando por diversos motivos. El principal fue la falta de un caudal constante, ya que el Hozgarganta decrece bastante en época estival. Pero sobre todo, para qué vamos a engañarnos, Carlos III acabaría cerrando el negocio por la escasa efectividad de las balas y bombas que salían de sus fogones, y no porque no hicieran pupa a sus destinatarios, sobre todo ingleses, sino porque éstos, ya sea en Gibraltar durante el gran asedio, o en las Colonias de Ultramar, cocinaban un mejor armamento y sospecho que poseían más puntería para devolvérnoslo.

La obra o estructura más relevante de esta fábrica es su cao o canal, de unos 600 metros de longitud, por donde se le robaba el agua al río y se la conducía a los fuelles. Al inicio de este canal veremos su azud, lugar donde se represaba el caudal. Es fácilmente identificable por los restos del dique, que según sea el agua que lleve el río, nos permitirá cruzar a la otra orilla. Comento esto por si acaso a alguien le da la ventolera y en un último momento se arrepiente y decide cambiar de plato; ya digo que estamos haciendo una caminata a la carta y aquí el senderista siempre llevará la razón. En el otro margen también nos encontraremos con otro sendero, que aunque más estrecho, discurre en todo momento paralelo a la ruta que nos estamos zampando.

Un típico bosque de ribera nos irá abriendo el apetito. En temporada primaveral se aconseja prestarle atención a los tonos púrpuras de las adelfas.

Por el Cao de la Real Fábrica de Artillería

Al principio del cao, donde se encuentra el azud

Un algarrobo

En el río

Hagamos un alto mientras nos traen el segundo plato. Para ir haciendo hueco en el estómago, nos viene ni que pintado este desvío monte arriba por la Vereda de la Encubierta. Con este nombre tan sugerente y misterioso, dudo que nadie no quiera saber a dónde lleva y sobre todo por dónde pasa. Ya les digo yo; nos lleva a la Calle LLana de Jimena, yo creo que la única de esta población que no es una cuesta. Por el camino pasaremos por rincones húmedos y frondosos, frente a hermosos huertos y casas de campo, donde nos sorprendió ver lo que parecían ser almendros. Al término de la calle LLana conectamos con la entrada al jardín botánico.

Desvío a la Vereda de la Encubierta

Vereda de la Encubierta

Calle LLana, en Jimena

Llegando al Jardin Botánico El Risco

¡Eh, camarero, camarero! ¿Le falta mucho al segundo? Es extraño, pero de repente comprobamos que el personal ha desaparecido en el hermoso y sobre todo espacioso restaurante que vamos descubriendo. Sí, señores, es una pena pero el Jardín Botánico El Risco está prácticamente abandonado. Inaugurado hace unos 4 años en un monte muy popular entre los jimenatos, se intentó reunir en su ladera las principales especies arbustivas y arbóreas de nuestro entorno, cada una de ellas con un pivote de azulejo en el que se detalla las características. También se habilitaron 8 miradores para que los visitantes disfrutaran de unas vistas espectaculares. En resumen, una iniciativa genial que en su momento daría trabajo y renombre a la localidad.

¿Y qué ocurrió? Más o menos todos nos podemos imaginar la película. He leído por ahí que al poco de inaugurarlo ya hubo penosos actos vandálicos, y que a las cabras del lugar, no es broma, les encantaba colarse para degustar aquel variado y goloso menú. De todos modos, sospecho que el principal causante de este abandono, de esta triste sequia, es la misma crisis especulativa que no está dejando títere con cabeza ni planta con su raíz.

A pesar de todo, aconsejo firmemente su visita. Las vistas que nos regalarán sus ochos miradores son bellísimas, y gratis, señores especuladores. No importó que desaparecieran los camareros, como si de un improvisado self-service se tratase, nosotros mismos nos servimos, nosotros mismos nos lo guisamos y comimos. Se pueden imaginar ya que como segundo plato tardamos nuestro tiempo en acabarlo, pero acabamos hasta sopeando todas las panorámicas: Jimena de la Frontera y su castillo, los montes de la Teja, la Garganta del Gamero, el Puerto de las Asomadillas; hasta el Macizo de Libar se alcanzaba a ver.

En el Mirador Jimena de la Frontera

La cabra no entraba en el menú

Mirador de la Laja del Aguila

Vistas desde el Mirador del Aguila

Mirador de Poniente

Por al lado del Mirador de Poniente, este de arriba en el que estamos embutidos casi todos, pasa la veredilla por la que salimos del Jardín y regresamos de nuevo al río. Momento es de recordar ese dicho tan acertado de “harto de gachas ¿quién se agacha?. A nosotros ya no nos entraba ni un panorama más, por eso pusimos especial cuidado en el descenso. Abajo nos esperaba el Molino del Gaitán, uno de los cuatro molino que trabajaban en el cauce del Hozgarganta.

Bajando de nuevo al río

Cuesta abandonar estas vistas

Molino del Gaitán

Una vez retirado el plato del Cerro del Risco continuamos la marcha a la derecha, en dirección al paraje conocido como Casa de  Esquivel. Pasaremos por la poza de la fotografía de abajo, donde hallaremos otro paso (de piedras) para cruzar el río, siempre claro que éste nos lo permita. También se puede observar una pequeña terraza arenosa; en fin, un lugar ideal para pasar un buen rato si vamos con los niños. El sendero continua en esa dirección, pasa cerca del molino de Esquivel; de repente se transforma en una calzada empedrada que mínimo debe de ser medieval, si no romana; se acerca otra vez a la orilla y termina en lo que en su época debió ser un puente y que hoy día ha sido sustituido por una hilera de pilones de hormigón.

En este punto podemos abrir de nuevo la carta y elegir qué queremos hacer; o iniciar el regreso o cruzar por los pilones para atravesar el Huerto de Esquivel. Si elegimos esta opción, que fue la nuestra, tendremos que pasar por un par de angarillas y si están los dueños de la Casa por supuesto pedir permiso, ya que es una propiedad privada. Merece la pena, pues tendremos la oportunidad de ver como funciona un rancho tradicional de Jimena.

La pista que atraviesa esta propiedad nos deja de nuevo en la misma poza de la fotografía de abajo. Insisto en la perogrullada de antes, si el caudal es abundante nos será dificil cruzarlo, pero bueno, dejo ya de aconsejar y “guiar” a los clientes senderistas… que me olvido de que esta es una caminata “a la carta”.

En dirección a Esquivel

Cruzando el río por los pilones de hormigón

Casa del Huerto de Esquivel

Cruzando de nuevo el río por la poza

Eh, pero no tan rápido, que aún me queda enseñarles qué pedimos de postre. No es otro que el tramo de río que nos dejamos abajo cuando subimos al jardín botánico. Son apenas 500 metros, pero de los más atractivos de la caminata. En realidad estamos andando por esa enorme laja que forma la ladera baja del cerro del Risco  y que muere directamente en el cauce del Hozgarganta. Los jimenatos de antaño que trazaron este tramo no se lo pensaron dos veces; si no hay tierra ni espacio para una calzada la labramos a golpe de cincel en la roca. Y eso hicieron, abrir el camino en la laja, bien pegado al río; hasta una escalera excavaron para facilitar el paso. Unos metros más adelante incluso pasamos por lo que queda de la calzada romana que unía, cerca de dos mil años atrás, Oba (Jimena de la Frontera) con Ocurri (Ubrique), entre otras poblaciones.

La piedra elefante

El tramo de la escalera

Caminito cincelado en la piedra

Un trozo de calzada romana

Finalizando la ruta

Volveremos a encontrarnos con el canal de la Fábrica de bombas, en el punto de partida. Mucho hablar de platos y menús camperos para andar, pero aquí debería de poner ahora la ya tradicional fotografía de los participantes de la caminata tomando la correspondiente cerveza en el bar del pueblo. No la hice, lo cual es imperdonable e incomprensible por la parte que me toca :), seguramente se debió a que estábamos muy a gusto charlando y demás… o a que el camarero se llevó la carta porque en breve el campo ya nos cerraba las puertas y era hora de regresar a la ciudad.

¡Chistera chistera la caminata está fuera!

Caminatas·P.N. Los Alcornocales

Río de la Miel (Para envolverlo y regalarlo)


Poza de la Chorrera

Termino con esta ruta, la primera del 2012, esta trilogía que me ha salido sin querer  queriendo sobre el río de la Miel, pues son  tres las caminatas seguidas que por un motivo u otro he realizado últimamente por este hermoso y popular río. Si en la primera lo subimos para enlazar y descender por el sendero de los Prisioneros, y en la segunda descendimos por la sierra opuesta, por las Esclarecidas; en esta tercera hemos querido ser un pelín menos intrépidos y hemos dado media vuelta a un poco menos de la mitad del camino de los arrieros, también en la ladera baja de las Esclarecidas. En las dos primeras fui con amigos; en esta última con parte de la familia: con Toñi, mi mujer, y dos cuñadas, Alexandra y Susana.

Características de la ruta:

  • Trazado: Circular, o más bien en forma de lazo o moña.
  • Distancia: 5.5 kilómetros de papel de regalo.
  • Dificultad: Fácil – moderada, aunque prefiero cruzar el Parque de los Alcornocales de punta a punta que ir de compras una mañana entera en un centro comercial.
  • Duración: 3 ó 4 horas ( a los que tengan niños les perecerán muchas más, por suerte)
  • Mejor época para hacerla: Cumpleaños, aniversarios  o cualquier otra celebración.
  • Restricciones: Niños, mejor no. Esta es una caminata para hacerla en pareja, aunque ahora que caigo… a nosotros se nos pegaron… ¿cómo se decía antiguamente? ¿Dos escopeteras, sujetavelas, carabinas…? Y no nos dejaron disfrutar del campo en todas sus dimensiones. Que no, jajajaja, que es broma cuñaitas, un placer la compañía.

Como se habrá sospechado, me he querido marcar el pegote y le he regalado a mi mujer (entre otras cosas, claro) por los Reyes Magos, una caminata. En estos tiempos que corren, quizás sea una buena elección aminorar la velocidad y ponerse a ANDAR. Así, a paso de persona se ve la vida con otra perspectiva, y se tiene más tiempo para atrapar las imágenes y los pensamientos. Eso creo que sucede cuando se termina una ruta por el campo; esas imagenes y sensaciones siguen revoloteando a nuestro alrededor por un tiempo y al final nuestra memoria, cual pendrive caprichoso y extraño, retiene unas y desecha otras. Regalar una caminata puede parecer un regalo efímero, pero quizás no lo sea tanto. Me conformo con haber contagiado a mi mujer esa sensación y haberle mostrado este singular e irrepetible rincón de nuestra tierra que todavía no conocía tan a fondo.

Pues eso, amigos senderista, regalen a sus parejas senderismo, y como poco conseguirán sorprender. Se me preparan la ruta, meten en la mochila un par de bocatas de lujo, por qué no una botellita de cava, hacen unas fotografías de recuerdo y quedan tan divinamente. Cualquier sitio bonito vale, aunque yo propongo ésta del Río de la Miel.

Itinerario de la ruta

El inicio oficial de ruta lo tienen en la Barriada del Cobre, en la pista forestal que parte de la Calle Maestra María Luisa, aunque yo prefiero empezarla al final de la Calle Curro Muela, al lado de unas antiguas dependencias de la Guardia Civil que hoy día son utilizadas como rancho y cabreriza. En este enlace de Wikiloc puedes ver más detalles de la ruta. Desde ahí, y siguiendo esa pista, llegamos al puente del río. Si su pareja no conoce la historia tanto humana como natural del entorno, te la preparas previamente a fondo, y la vas largando a lo largo del camino. Así empiezas a sumar puntos.

Inicio de ruta: de izquierda a derecha Susana, Toñi (mi mujer) y Alexandra

Calentando motores

Apareciendo cual Venus Afrodita

Una vez en el puente desenfunda la cámara y te pones a hacerle fotos a tu pareja como si fueras un fotógrafo profesional. El puente da mucho juego, tanto arriba como abajo del arco. Ese momento será perfecto para sacar una chuleta del poema de Ibn Abi Ruh, del s. XII, titulado “El río de la Miel” y recitarlo a mano alzada como lo haría mi admirado Rafael Alberti:

Detente junto al río de la Miel, párate y pregunta
por una noche que pasé allí hasta el alba, a despecho de los censores,
bebiendo el delicioso vino de la boca o cortando la rosa del pudor.
Nos abrazamos como se abrazan las ramas encima del arroyo.
Había copas de vino fresco y nos servía de copero el aquilón.
Las flores, sin fuego ni pebetero, nos brindaban el aroma del áloe.
Los reflejos de las candelas eran como puntas de lanzas sobre loriga del río.
Así pasamos la noche hasta que nos hizo separarnos el frío de las joyas.
Y nada excitó más mi melancolía que el canto del ruiseñor.

Aquí, una de dos, o seguimos sumando puntos o los perdemos todos de golpe, que todo puede ser. Antes de continuar, y como seguro se cruzarán con más gente, no duden en pedirles que os hagan fotos juntos.

Poza de la Chorrera. Final de la ruta oficial

En ese muro de la foto de arriba termina el sendero oficial. Para continuar adelante, que es lo que nos proponemos, se ha de pedir permiso a la oficina del Parque, al tlf. 956418601. Si lo que hemos visto hasta ahora nos ha gustado, lo que nos espera más arriba nos hará flipar en colores. Por cierto, y hablando de colores, si la caminata la hacen en primavera pongan atención a los rosas y púrpuras característicos de la flora de los canutos: adelfas, ojaranzos; y al omnipresente verde de los helechos y demás flora de la laurisilva.

Una vez que saltamos el murete y dejamos atrás la Poza de la Chorrera cruzamos a la otra orilla, al margen derecho del río. Nos adentramos canuto arriba por la vereda que aunque no esté señalizada oficialmente, sí lo está con hitos de piedra. En algunos tramos es aconsejable salirse un poco de la vereda y acercarse al caudal. No teman a perderse… o a lo mejor es eso lo que buscan…

Debemos calcular un kilómetro o algo más hasta que lleguemos a otro espectacular alto en el camino: la Poza de la Cola de Caballo.

Cruzando a la otra orilla

Que yo me la llevé al río pero ¡ay!… no estábamos solos 🙂

Esto sí que es un regalo para los sentidos

Toñi en la Poza de la Cola de Caballo

He aquí la Poza y el salto de agua conocidos como la Cola de Caballo. No dudes en sacarle humo a tu cámara. A partir de aquí andamos y calculamos nuevamente uno 500 metros más o menos; llegaremos a un sitio donde nos será imposible avanzar pues una laja nos cortará el paso. Es momento de cruzar otra vez el río; otros dos hitos de piedra (que seguramente sigan ahí) nos marcará el lugar. Otra pista: unos 20 o 30 metros antes de este cruce del río nos encontraremos con un gran árbol caído.

Está claro que este es el sitio para cruzar ¿no?

Una vez en el otro margen ascendemos por la ladera unos 40 metros, y conectaremos con el camino de arrieros que faldea toda la parte baja de las Esclarecidas paralelo al río de la Miel. Nosotros torcemos y descendemos a la derecha. Esta bella vereda nos dará una buena perspectiva del tramo de río que hemos andado y del que queda más arriba. Una joya geológica formada durante millones de años y que nosotros, ya puestos, nos regalaremos y engarzaremos al cuello.

Este camino nos llevará directamente al Molino del Aguila, tras cruzar un par de arroyos y pequeñas gargantas. Eso sí, pongan cuidado pues hay un par de desprendimientos, pero que se pasan sin peligro alguno.

Conectando con el camino de los arrieros: a la derecha

Garganta del Río de la Miel

Mi Toñi

Y ahora los dos

En el Molino del Aguila

Desde el Molino del Aguila, donde mi mujer se muestra victoriosa, retomamos el sendero oficial y sanseacabó. Acabamos una ruta sencilla, pero a ratos con su pequeña dosis de aventura. Finalizamos una caminata hermosa, y sobre todo auténtica, como la que llevamos andando juntitos los dos desde hace ya 13 años, con la diferencia de que esta última, la caminata vital, no finaliza en ningún sitio diríamos que más o menos cercano.

Las hermanas Quintanas en el puente

Caminatas·P.N. Los Alcornocales

Río de la Miel – Sendero de los Prisioneros


Puente sobre el Río de la Miel

 Por ser esta la primera vez que subo al blog una ruta por el Río de la Miel, permitirán y comprenderán  que me tome la licencia poética de empezar la caminata con un poema, con el poema más antiguo y quizás más famoso referente a nuestro río más emblemático. Lo compuso un paisano, de nombre Ibn Abi Ruh, un eminente y al parecer rico algecireño que vivió hace unos 900 años, en el s.XII. Descartándose que viviera según su estatus social en el Campo de Golf o en la Colonia San Miguel, se especula con que tuviera su almunia, es decir, su chalet con huerto y jardín, en algún punto de la orilla de tan dulce caudal.  Este es el poema:

RÍO DE LA MIEL

Detente junto al río de la Miel, párate y pregunta
por una noche que pasé allí hasta el alba, a despecho de los censores,
bebiendo el delicioso vino de la boca o cortando la rosa del pudor.
Nos abrazamos como se abrazan las ramas encima del arroyo.
Había copas de vino fresco y nos servía de copero el aquilón.
Las flores, sin fuego ni pebetero, nos brindaban el aroma del áloe.
Los reflejos de las candelas eran como puntas de lanzas sobre loriga del río.
Así pasamos la noche hasta que nos hizo separarnos el frío de las joyas.
Y nada excitó más mi melancolía que el canto del ruiseñor.
 

¿A qué altura del hoy maltratado, amputado y cegado tramo urbano del río tendría nuestro poeta su palacete? Cualquiera sabe, lo que sí se sabe, si nos detenemos en sus versos, es que a Ibn Abi Ruh le complacía el vino, la buena vida, que chuleaba a los que “censuraban” su sabia conducta, y que se lo pasaba muy bien “cortando rosas del pudor” en su ribera. ¿No os recuerda esto a otro inmortal poeta, a Federico García Lorca?… que yo me la llevé al río creyendo que era mozuela…

Y ahora, que me perdone nuestro poeta algecireño, paso a explicar las características de la ruta:

CAMINATA POR EL RÍO DE LA MIEL

Detente, senderista,  junto al río de la Miel, párate y pregúntate
si serás capaz de completar esta bella ruta circular de diez kilómetros,
a despecho de los helechos que tapizan y confunden las veredas,
al rebufo de las cabras que con sus pezuñas dibujan los senderos.
Mira que a Natura le gusta montar en la montaña rusa, y que subes y que bajas,
y que el corazón alcanza el grado 3 de los 5 en los que el sistema  MIDE
valora el esfuerzo, pues invertirás entre 3 y 6 inolvidables horas.
Lo bueno es que no te verás tentado de cortar impúdicas alambradas con la imaginación,
pues andarás casi todo el tiempo por terrenos públicos, limpios de alimañas punzantes.
Seguro que puedes, amigo senderista, así que equipa tu mochila de arrojo y bocata,
que te orienta y te empuja monte arriba, tu blog dCaminata.
 

Poca verguenza tengo. Resumiendo, que ese domingo Edy, Ana y yo nos dimos el homenaje de andar y conectar dos rutas emblemáticas de la serranía algecireña: el río de la Miel y el Sendero de los prisioneros. La primera es quizás la más frecuentada por todo el arco de excursionistas que uno se pueda imaginar, desde el senderista “profesional” hasta la pandilla de amiguetes que van a la poza a bañarse, a beberse sus litronas y ya de paso a ensuciar. El tramo del río anterior al molino es el más afectado por este tipo de excursionismo irrespetuoso. Menos mal que al final normalmente se acaba cumpliendo la regla de tres del senderismo; cuanto más lejos y difícil de llegar más respeto y menos basura. Por suerte el tramo alto del río de la Miel sigue siendo dulce de verdad, sin edulcorantes artificiales.

La otra ruta, la de los prisioneros, es tal vez menos conocida, pero no por ello menos interesante. Sin embargo, entre tú y yo, no me importaría que este sendero nunca hubiese existido, pues fue construido con el sudor y la sangre (esto no es una frase hecha) de los soldados republicanos que perdieron nuestra guerra civil. Mi abuelo Diego, que también fue esclavizado en uno de estos batallones de trabajo, pero en Ceuta, estaría de acuerdo conmigo. Este camino hay que andarlo y disfrutarlo en parte por ellos, puesto que al final también nosotros quedaremos prisioneros de sus vistas y de su paisaje.

Itinerario de la ruta

En la ortofotografía de arriba se puede apreciar el pateo que nos pegamos. Son sólo 10 km, pero matones. Si lo prefieres también puedes ver la ruta en este otro enlace, en Wikiloc.

Y vayamos ya con las fotografías y las indicaciones, que Ana y Edy están esperando. ¿Donde? Esta ruta se puede iniciar tanto en la salida oficial, al principio de la pista de zahorra que no sé por qué motivo se llama “Avenida” del Campo de Gibraltar; o al final de la Calle Curro Muelas, lugar alternativo elegido por nosotros. Pasando ese portalón nos encontramos con un rancho de vacas de considerables dimensiones, que según uno de los camareros de la Venta del Cobre fueron dependencias de la Guardia Civil. Por esa pista, y haciendo caso de la “única” baliza indicativa, llegaremos al puente del río de la Miel.

Inicio de ruta

Restos de un incendio reciente

Bifurcación. La baliza nos obliga a seguir a la derecha.

Garganta del río de la Miel

Puente sobre el Río de la Miel

 En varios textos, sobre todo en internet, se puede leer que dicho puente es de origen medieval, e incluso romano, como indica el autor que ha escrito en Wikipedia el artículo que trata sobre este río. Me gustaría saber en qué fuentes ha leído para asegurar eso tan arriesgado. Yo la verdad no me arriesgaría a tirar tan lejos, en todo caso apostaría porque fuera construido más o menos a la par que el Molino del Aguila, en el s.XVIII quizá aprovechando los cimientos de otro anterior, pero ¿romano? También dice esta persona que por este puente y río se pueden ver aún “restos de la calzada llamada la Trocha”. Aquí sí que me deja un tanto noqueado. Es innegable que por esta garganta pasaba también un camino de arrieros, incluso más arriba se puede observar como esta vereda está empedrada en algunos tramos, al igual que la Trocha, pero son caminos diferentes, por el río de la Miel no pasaba nuestra Trocha. Ambos, sin embargo, tenían la misma finalidad; conectar con las Corzas y con el Puerto de los Alacranes, y de ahí con el Valle de Ojén.

Subiremos por el canuto hasta que nos salga al paso el cartel de final de recorrido. Nooooo… no hemos acabado todavía, ni mucho menos. Esto sólo ha sido para calentar, una toma de contacto para las piernas y los ojos ¿verdad Edy?

Subiendo por el canuto

Molino del Aguila

Interior del Molino del Aguila

En estos canutos se desarrolla la Laurisilva. Detrás de un nombre tan bonito es obvio que se esconde algo bello y único. La Laurisilva es un tipo de vegetación con unas características peculiares, que sólo se encuentran a gusto en ambientes donde la humedad es alta a lo largo de todo el año y la temperatura constante, con pocas oscilaciones térmicas. Hablamos de árboles y arbustos como el laurel, el durillo, el avellanillo, el ojaranzo y el acebo, todos ellos con la forma de las hojas similares al laurel.

Estamos andando, en realidad, por un paraje natural en el que hace millones de años algo o alguien toco el botón de “pause”. A finales de la Era Terciaria, la cuenca mediterránea evolucionaría desde unas condiciones claramente subtropicales hasta definir el clima actual que todos llamamos mediterráneo, con veranos cálidos y secos e inviernos templados y lluviosos. Pero, debemos preguntarnos, ¿en todas partes? No, parafraseando a Astérix y Obélix, hemos de celebrar que en estas gargantas pobladas por irreductibles especies vegetales, la laurisilva resiste ahora y siempre al invasor con unas condiciones ambientales que la hace invencible… ¿Será este invasor (los romanos) el cambio climático, que no tiene nada que hacer contra nuestros canutos? Esperemos que esa poción mágica no se acabe nunca, por favor.

Canuto o bosque de ribera

Helechos reales

La ruta oficial termina en un murete frente a la popular Poza de la Chorrera. A partir de aquí se supone que hay que pedir permiso a la Oficina del Parque de los Alcornocales, ya que entramos en un sector catalogado de especial protección. Sólo que se haya hecho esta catalogación está muy bien, pero estaría mucho mejor si luego esta protección se llevara realmente a cabo.

Sigamos con las indicaciones: Saltamos el murete y pasamos la Poza de la Chorrera. Hecho esto nos veremos obligados a cruzar el río a nuestra izquierda, pero que en realidad es el margen derecho del río según baja. Una vez en la otra orilla, donde veremos otra poza, seguiremos la vereda alrededor de 1 km hasta encontrarnos con el siguiente salto de agua y correspondiente poza, también muy popular, llamada Cola de Caballo. Es reconocible por la inclinación de la laja y por su estrecha cascada.

Poza de la Chorrera

Cruzando a la otra orilla

Poza de la Cola de Caballo

A partir del salto de la Cola de Caballo debemos calcular unos 400 ó 500 metros más, hasta que arribamos a un sitio en el que realmente es imposible continuar y donde hallaremos un par de hitos de piedra. Les hacemos caso y volvemos a cruzar el río, a cambiar de orilla, como hacen en la fotografía de abajo nuestros intrépidos e irreductibles Edy y Ana. Desde ahí subimos por la ladera unos 30 metros y encontramos una vereda, la vereda de arrieros que comenté antes. Salimos del canuto, tomamos esa vereda a la izquierda, monte arriba.

Cruzando de nuevo el río

Vereda que asciende hacia las “cabezuelas”

Garganta del río de la Miel

Edy en plan alpinista

Tramo empedrado del camino de arrieros, similar a la Trocha

Esta camino de arrieros que nos sale al paso parte en realidad a espaldas del Molino del Aguila y finaliza en la carretera de las Corzas. Recorremos la ladera de las Eclarecidas Altas y disfrutaremos de unas vistas privilegiadas de la garganta y de un cachito de Bahía de Algeciras. Acabaremos topándonos con una bifurcación, y tomaremos el ramal de la izquierda, el que nos baja de nuevo al río. A la mitad del trayecto atravesaremos un claro en el monte conocido como las “cabezuelas“.

Bifurcación:tomar el sendero de la izquierda

Volvemos a encontrarnos con el río

Accedemos otra vez al canuto. Merece la pena detenerse un rato, y ya de paso tomar aire porque nos espera quizás el mayor desnivel de la caminata. Cuando cruzemos otra vez el río debemos girar levemente a la derecha y buscar los hitos de piedra que nos irán marcando la senda. Esta asciende cosa de kilómetro y medio hasta el cortijo de Manzanete. Durante el camino comprobaremos que a los madroños les encanta este tipo de ambientes, y ya casi arriba del todo atravesaremos de nuevo un par de claros más en el monte, pero que esta vez se trata de alfanjes, pequeños llanos despejados donde en su día funcionó un horno de carbón

Ahora toca subir hasta Manzanete

Y seguir subiendo…

Madroños

Edy a punto de ser atrapado por la telaraña

He aquí abajo la zona de Manzanete, donde se observa claramente un cruce de senderos. Nosotros haremos caso a las indicaciones de Ana Y Edy, que una vez recuperado el aliento nos invitan a descender ¡Por fin! hacia la derecha. Siguiente objetivo: conectar con el Sendero de los Prisioneros. En ese punto estaremos en un palco vip para gozar de las vistas del tramo alto del río de la Miel, Sierra Luna y las Eclarecidas Altas.

Por fin en Manzanete: A la izquierda

Conectando con el Sendero de los prisioneros

Tramo alto del río de la Miel

A partir de la fotografía del puente de abajo iniciamos como el que dice otra ruta, ¡toma ya 2×1! Estamos en realidad donde finaliza la ruta del Sendero de los prisioneros. Se trata de un puente abandonado, que no llegó a terminarse, y que forma parte del viario del sistema de defensa del Campo Gibraltar ideado por las autoridades franquistas a inicio de la década de los 40 para protegernos de un posible ataque de las Fuerzas Aliadas, que en mala hora no se decidieron a invadirnos. Siempre que paso por ahí me pregunto por qué no llegó a concluirse ¿Porque el peligro pasó y ya no era necesario?  ¿Porque el ingeniero de caminos que lo proyectó  minusvaloró lo agrestre y “guerrillero” del lugar y vio muy complicado pasar de ahí?

Puente abandonado en el Sendero de los prisioneros

En el puente del Sendero de los prisioneros

Divisando la Bahía desde el Sendero de los prisioneros

Desde estas alturas observamos perfectamente el itinerario recorrido y el que nos queda. Abajo serpentea el río de la Miel, encajonado por los montes de Majadal Alto de la sierra de las Esclarecidas y por los montes de Comares, de la Sierra del Algarrobo. Ambos montes son de titularidad pública. A lo largo de este sendero veremos un par de carteles informativos que lamentablemente ya no cumplen su función, pues están como quemados, ilegibles.

Monte de Comares, Garganta del río de la Miel y Bahía de Algeciras

El Algarrobo desde el sendero de los Prisioneros

Tramo más ancho del sendero

Cerca de la zona conocida como de los Tres Pinos, es cuando el sendero de los prisioneros se asemeja más a una carretera, con sus obras de evacuación del agua y sus quitamiedos. En uno de estos hallaremos un testimonio histórico que nos pone en la pista de lo que significó esta injusta obra.  Se trata de una inscripción realizada por uno de los 15.000 presos republicanos que entre 1939 y 1945 fue forzado a trabajar en estos batallones de trabajo. Si tenemos dificultades para leerlo contamos con la ayuda de un gran panel informativo, este sí en buenas condiciones, muy bien ilustrado con texto y fotografías de esa época.

La inscripción dice literalmente: “Aquí ansido (han sido) licenciados los soldados del Batallón Disciplinario nº 22 pertenencientes a la quinta Región. 22-2-42

Supongo que el soldado en cuestión, además de eso, hubiera escrito algo más acordándose de las familias de las autoridades que le enviaron allí si no hubiese temido más represalias.

Inscripción hecha por un preso republicano

Acercándonos a los Tres Pinos

Bifurcación en el cerro del Rayo: a la izquierda

Finalizando la ruta

Como ven, la ruta la finalizamos en la Venta del Cobre, con una merecidísima cerveza fría en la manos. Va por ustedes y sobre todo por la memoria de esos hombres que sufrieron en esos montes.

¡Salud !

¡Chistera chistera la caminata está fuera!

Caminatas·P.N. Los Alcornocales

Garganta del Capitán


Portada: Arroyo de Botafuego en la Garganta del Capitán

¿Qué lugar elegirían para llevar de caminata a un grupo de personas, algunas de las cuales es la primera vez que te acompañan, que sea cercano, bonito e interesante? ¿Qué ruta elegirían que sea representativa del sector algecireño de los Alcornocales, de su paisaje y de su historia, y que sea medianamente “andable” para todo el mundo? En fin ¿qué ruta elegirían para que ese grupo de personas no te corra luego a gorrazos, te acompañen una segunda vez y sobre todo vuelva a sus casas satisfechas?

Pues en tal tesitura me he visto yo recientemente, y acabé decantándome por la Garganta del Capitán para la que ha sido la 1ª dCaminata Popular, la primera caminata en la que ejerzo diríamos que de guía. La verdad es que la elección del lugar no me supuso un quebradero de cabeza; pocos sitios como la zona de la Garganta del capitán resumen tan bien nuestro entorno más cercano y la interacción del hombre con éste. Y en cuanto  a eso de ejercer de guía, que pensándolo bien conlleva su responsabilidad, sólo diré que sarna (o zarza también podría ser) con gusto no pica, y que el más agradecido soy yo, pues es todo un privilegio compartir con los demás esta pasión andarina, enseñar lo poco que sé y encima que te escuchen.

Itinerario de la ruta

 Tal como se aprecia en el itinerario, la ruta es circular, de dificultad yo diría que mediana pues recorrimos sus buenos 8,4 km, y sólo señalizada en algunos tramos, lo cual no impide una fácil realización si antes estudiamos bien el terreno. ¿Cuánto tardamos? Algo más de 4 horas, pero ya digo, sin prisas, con sus paradas en cada una de las salas de este museo natural, y las correspondientes charlas en PowerPoint y 3D del supuesto guía.

La ruta la iniciamos en la primera pista de la CA- 9208 por el que se accede a la Garganta del capitán viniendo del Cobre. Paralela a dicha carretera discurre el sendero Puerta verde de Algeciras. Tal como indico en el pie de foto de abajo, es el camino de toda la vida para ir a la garganta; al menos el que yo siempre he hecho desde chico. Me recuerdo con 13 ó 14 años, junto a los amigos de la calle, en plan pequeños Indiana Jones por ese mismo camino y posiblemente sin permiso paterno. De las proximidades de Pajarete cogíamos las vías del tren y llegábamos hasta la Rejanosa, cruzábamos el monte y ya estábamos ahí… menudo peligro, pero qué bonitos recuerdos; ya que estamos en plan peliculero, como los niños de la película “Stand by me”.

Posiblemente emprendíamos, sin saberlo, una de las dos variantes con las que se iniciaba el camino de la Trocha, el que atraviesa la sierra por esta garganta y conecta con la comarca de la Janda.

A nuestra izquierda contemplaremos los montes de las Esclarecidas y las gargantas. Tal vez tengan suerte y pillen una de esas hermosas mañanas en que las nubes circulan tan bajas que parecen prenderse de las copas de los árboles.

Helos aquí a esos buenos senderistas, de izquierda a derecha: Toñi, Conchi, Carlos, Elena, Cristina, Daniel, Aldana, Julia, Guadalupe, Ana y David.

Amiguetes en el inicio de la 1ª dcaminata Popular

A 1.5 km del inicio de ruta y una vez cruzado el arroyo de la Fuente Santa hemos de abandonar la pista, la cual nos llevaría directamente a la garganta y la poza de la Chorrera, y descender la colina en busca del siguiente arroyo, el de Botafuegos, donde encontraremos el Molino de San José.

Hacia los molinos, por el camino de toda la vida

Y ahora que vamos andando … vamos a contar mentiras. Qué acierto y qué gran inversión han realizado las autoridades competentes al señalizar oficialmente esta ruta para el disfrute de los campogibraltareños y de todo aquel que nos visite. Es imposible extraviarse gracias a las estupendas balizas de madera. Y qué decir de esos paneles informativos en los que dan cuenta de la historia del lugar, del funcionamiento de los molinos, del origen de la Tumba del Capitán, de la singular flora del lugar, etc.

Sí, una pena que sea una burda broma. Quizás sea la mejor forma de afrontar algo a lo que no se le encuentra sentido, y que personalmente me mosquea. Estamos andando, aparte de por un lugar bellísimo, por medio de uno de los mejores capítulos de nuestra tradición. Estamos visitando, señores de la Junta o del Consistorio, me da igual, de enclaves históricos que se levantaron poco tiempo después que la Capilla de Europa o la Iglesia de la Palma. La Tumba del Capitán, por ejemplo, es de ¡1834! nada más y nada menos.  No se comprende que esta ruta, este lugar, no haya recibido el mismo trato que por ejemplo el Río de la Miel, que no haya sido señalizada e incorporada al catálogo oficial de rutas. Así nos va amigos, este es el trato que le damos a nuestra historia, la condenamos a que solita se vaya desmoronando y a que la devore las zarzas.

Llegando al Molino de San José
Molino de San José

 Bueno, ya me he tomado una pastillita contra el desencanto, y otra para favorecer la autogestión, pues humildemente quisiera contribuir con mis tijeras de podar para despejar y dar a conocer algo del pasado de este entorno. Y con la tijera de podar propiamente dicha también, pues la semana anterior, cuando hice el mismo recorrido para preparar la caminata, me entretuve en cortar un poco las zarzas que dificultan el peor tramo de la ruta y facilitar la travesía. Lo digo ahora que no me ve nadie, jejeje, que en su momento me dio vergüenza decirlo. Y vuelvo a insistir desde mi blog: señores autoridades competentes, me ofrezco como operario de mantenimiento de rutas y como guía local, vamos, algo así como un “ecovarilla“.

En la fotografía de abajo tienen un fiel ejemplo de lo que vengo hablando. Lo mismo que los hongos amarillean y se apoderan poco a poco de las fotografías antiguas, en este caso la hiedra, las zarzas y sobre todo el abandono se va adueñando del Molino de San José.

Este molino harinero es, pese a todo, el que mejor se conserva de los tres que en su día trabajaron en el curso medio del arroyo Botafuegos. Consta de dos dependencias: el molino propiamente dicho, de dos plantas; y una sala construida enteramente en ladrillo que serviría como almacén y quizás establo. Contemporáneo de los molinos del río de la Miel y del arroyo del Raudal, su construcción se remonta  al siglo XVIII, cuando los gibraltareños, tras ser expulsados del Peñón por los ingleses inician su particular diáspora, fundan las poblaciones de San Roque y los Barrios y refundan Algeciras. Estos molinos darían de comer a los nuevos pobladores, y es que ¡Había que ganarse el pan!

Interior del Molino de San José
Cao del molino
Compuertas en el cao

Si queremos hacernos una idea de cómo funcionaba un molino harinero, aquí tenemos el de San José.  Aún están a tiempo de observar su estructura y la mayor parte de sus componentes. En la parte de atrás del molino, siempre a una altura superior se encuentra el cao, la acequia que le robaba agua al arroyo y la conducía a los cubos. A través de estos cubos, contenedores cilíndricos de unos 7 u 8 m. de altura (¡Cuidado cuando estemos cerca de ellos!), el agua caía al cárcavo, adquiriendo fuerza y presión, y hacia mover el rodezno en la planta baja del molino, una especie de rueda con paletas que a su vez y mediante un eje transmitía el movimiento a las piedras o muelas que molían el grano, ya en la planta superior. Una vez hecha la molienda el agua regresaba al caudal a través del caz, un canal abovedado de evacuación.

Como anécdota histórica, contar que los molineros más afamados provenían de la sierra malagueña. Especialmente conocidos fueron la familia de los Escalona, que aún se “ganan el pan” en el molino del río de la Miel. Y las ruedas del molino, de Francia; en el par de ellas que aún se conservan en los alrededores puede comprobarse incluso la marca.

Cubos del Molino de an José
Uno de los cubos
Mirando por uno de los ojos del molino.

Continuando el sendero, a través de un conglomerado floral de zarzas, lianas, hiedras, acebuches, adelfas y alisos, entre otros, y a unos 400 m. nos aguarda el Molino de Enmedio. Es común esta denominación cuando son varios los molinos; en el arroyo del Raudal, en los Barrios, también ocurre lo mismo. Aunque quizás tuvieran otro nombre oficial, popularmente serían conocidos por su ubicación: sencillo y efectivo. Este se encuentra “en medio”, porque arroyo arriba se encuentra el Molino de las Cuevas, que no visitamos ese día, ya que está prácticamente por los suelos y fagocitado por la vegetación.

Este Molino de Enmedio también lucha por no verse devorado por la espesura. De dimensiones más reducidas, lo más atractivo de esta construcción es el gran arco que sostiene el cao. La frondosidad es tal que hasta cuesta adquirir perspectiva y distancia para realizar una fotografía en condiciones. No se extrañen si cuando se encuentren en ese lugar creen haber visto, entre la maleza, a Mowgli jugando con el oso Baloo y la pantera Bagheera, pues estaremos andando por nuestro particular “Libro de la Selva“.

LLegando al Molino de Enmedio
Eh, que yo también quiero salir…
Accediendo al Molino de Enmedio
Molino de Enmedio, observese el arco a la derecha

Ahí, junto al arroyo de Botafuegos, a escaso metros del molino, hicimos nuestra primera parada. El sitio es ideal para ello, y para contemplar la flora y las condiciones ambientales del canuto.

Un refrigerio en el arroyo de Botafuego

 Justo después de abandonar el emplazamiento del molino, al principio de donde se abre un nuevo claro, debemos estar atentos a un mojón de piedra que nos indicará la dirección a seguir: a la izquierda y monte arriba.

A menos de 100  m. y también a la izquierda, buscaremos una veredilla que se interna a través del matorral. Sí, por ahí, no teman, pues aunque no lo crean, por esa veredilla, por ese pasillo del museo natural que estamos visitando se accede a otra sala histórica: a la Tumba del Capitán.

Tumba del Capitán… Fiiiiirrrrmes.
Cruz con inscripción de la Tumba del Capitán

Cuádrense, saluden al Capitán y pregúntense qué hace una cruz como esta en un lugar como este. En primer lugar leamos el texto del epitafio grabado a cincel en la roca: “Aquí yace Gabriel Moreno que fallesio en 13 de junio de 1834 a los 77 años de edad R.P.E.

Tumba del Capitán

¿Quién fue el tal Gabriel Moreno? ¿Por qué yace en tan recóndito y apartado lugar? Y ya de paso ¿por qué no se hace mención de su rango militar como “Capitán”?

Para tratar de desvelar el misterio tenemos dos opciones, que cada cual se quede con la que le plazca. La primera, creer a la siempre sugerente voz de las leyendas populares, o acatar lo que propone la tal vez fría y demasiado realista Historia.

La voz del pueblo nos cuenta que ese Gabriel Moreno poseía otro apellido; el de Pantisco. Así pues, este Gabriel Moreno Pantisco sería un soldado, en grado de capitán, que luchó en Dinamarca en una de esas guerras a las que eran muy aficionados nuestros anteriores monarcas. Una vez de vuelta en España lo seguiría haciendo esta vez contra el invasor francés, contra Napoleón en la conocida Guerra de la Independencia. Y se ve que en un momento a lo largo de su vida se le cruzaron los cables y los galones, y cansado de luchar a favor de los Borbones, se dispuso a luchar contra ellos, en concreto contra Fernando VII. Razones y motivos le sobraba. Formó pues un grupo de guerrilleros y se echó a nuestros montes cual intrépido bandolero. No tendría mucha suerte porque al poco tiempo murió a manos de las Migueletes, la futura Benemérita, en un estrecho y encajonado valle que todos conocemos, gracias a Gabriel Moreno Pantisco, como la Garganta del Capitán. La cruz, si continuamos pasando las enigmáticas hojas  de la leyenda, se esculpiría para calmar al espíritu de nuestro Capitán, que al parecer gustaba de frecuentar la piedra donde fue esculpida y los alrededores.

¿Y qué nos tiene que contar la Historia? Pues algo mucho menos romántico y novelesco. La tumba que vemos hoy día junto al arroyo de Botafuegos pertenecería a Gabriel Moreno, un ilustre y pudiente algecireño, nacido en 1760, y posiblemente propietario en esos años del Molino de San José. Quiso el infortunio que a nuestro Gabriel Moreno le pillara por esos campos una epidemia de cólera. Moriría a causa de esta terrible enfermedad y sería enterrado allí mismo pare evitar más contagios.

¿Con cuál teoría se quedan? Como buen aficionado a la literatura y al misterio me tira, claro, la primera; pero también como buen aficionado a la Historia me inclino por la segunda, por la que nos aconsejan los historiadores que han investigado en los archivos municipales. Además, la edad de defunción del tal Gabriel, a los 77 años, no me cuadra mucho en un bandolero, con mucho que se cuidase.

De todos modos, tengan razón o no los historiadores, yo no puedo evitar fantasear cada vez que camino por esta garganta que por los montes de alrededor luchaba un “capitán”, un bandolero contra la injusticia y el poder.

Despidiéndonos del Capitán

Regresando a la vereda por la que subimos la ladera, torceremos a la derecha en la siguiente que nos encontramos. Poco después, esta vereda nos obligará a cruzar el tramo, apenas unos 20 m., más propenso a estar embarrado. Yo estaba ahí preparado con mi Nikon a ver si alguien “metía la pata” en el barrizal, pero, me cachis, nadie.

Esa misma vereda nos conducirá a la Garganta, entre helechos y todo tipo de plantas que se afanan en arañarnos, pero se puede pasar con cierta comodidad. A unos 300 m. gira a la izquierda y nos hace encarar el tramo con mayor pendiente. En este punto enlazaremos con el camino que une la poza con el Llano de las Tumbas. Y hacia la poza vamos, a la derecha.

Tramo embarrado
En fila india
Garganta del Capitán
Tramo con mayor pendiente

La poza de la Chorrera es quizás el hito más conocido de la caminata, muy visitado por senderistas y excursionistas ocasionales. No es para menos ya que el lugar lo merece. La humedad, el colorido, el fragor del agua se unen al espectáculo del salto, de la pequeña catarata, y nos sumerge en una época antediluviana, tropical y dinosáurica.

Lástima que ese día no ocurriera nada de eso. Estaba la poza seca, irreconocible, y el salto de agua… sin agua. Por Tutatis y los dioses del bosque ¿dónde estaba ese agua? De las veces que he visitado la poza nunca la había visto así. Con poca agua sí, pero con ¿ninguna? o casi ninguna, no. Me temo que esta lamentable irregularidad no se debe sólo al atípico otoño que estamos viviendo; me temo más bien que se debe a las excesivas captaciones de agua por parte de la empresa del agua, que le está robando el  caudal. Es cierto que el arroyo de Botafuegos, como los demás de nuestra sierra, tiene un caudal estacional, pero es que al final entre unos y otros lo vamos a dejar en uniestacional, de verano, sin agua.

Eso sí, conseguí hacer fotografías con una perspectiva totalmente diferente, desde debajo del ausente salto de agua.

Poza de la Chorrera
Poza de la Chorrera, sin caudal la pobre mía

Para que nadie se quede con las ganas, ahí va una fotografía de la poza en todo su esplendor.

Así sí está bonita

 Retomando el camino, y una vez dado cuenta del bocata, nos dirigimos al LLano de las Tumbas. Este llano en realidad es una terraza aluvial, “fabricada” por el mismo arroyo a base de sedimentos cuando hace miles y miles de años la orilla pasaba a esa altura, muy por arriba del actual curso. Hoy día, aparte de solaz para excursionistas, es un patio de corchas, llano donde se apilan las panas de corcho extraídas de un sector del monte.

Saliendo de la Garganta
Entre alcornoques y hojarasca
Llano de las tumbas

El llano se conoce así por las varias tumbas antropomorfas allí excavadas en la roca. Las de abajo son las más conocidas y accesibles, pero hay más, semienterradas por la hojarasca y la tierra.

Tumbas antropomorfas

 Al final de dicho llano empieza a ensancharse el carril principal que viene desde la misma carretera comarcal, pero como vamos al encuentro del Ventorrillo de la Trocha, cogemos un atajo, un senderillo muy curioso que se abre a la derecha poco antes que se termine la explanada.

Vereda entre el LLano de las Tumbas y el ventorrillo de la Trocha
Ventorrillo de la Trocha
Una en grupo antes de bajar al arroyo de la Fuente Santa

 El Ventorrillo de la Trocha, en la actualidad un rancho de cabras y cerdos, servía vino, café y poco más a los caminantes que frecuentaban el camino de la Trocha hasta finales del s. XIX. Poco después pasamos por uno de los tramos empedrados mejor conservados. Quién esté interesado en saber más de esta ruta, que viste este enlace: La Trocha, nuestro camino.

Camino de la Trocha
Camino de la Trocha

Una vez pasada la garganta y el arroyo de la Fuente Santa, otro sitio espectacular que ya traeré al blog, subimos al Huerto de los Mellizos. Con este nombre se conoce a un enclave también muy conocido por los senderistas. De la misma época supongo que los molinos harineros, sería uno de los ranchos más prósperos de la zona. Hasta hoy nos ha llegado un síntoma de esa prosperidad. En este llano, muy similar al de las tumbas, hay naranjos de los que podemos obtener una buena dosis de vitamina C. Yo al menos lo hago cada vez que paso por allí.

Qué buenos senderistas… al final no se pringó nadie…
Huerto de los Mellizos
Cogiendo naranjas

Desde el mismo Huerto de lo Mellizos, y de la siguiente explanada del Cortijo de Matapuercos se divisa el carril por el que subimos e iniciamos la caminata. Sólo nos restaba llegar a los coches, y cómo no, celebrar la caminata con una buena cerveza en la Venta del Cobre.

Bajando del Cortijo de Matapuercos
Como manda la tradición: Saaaaaaalud y dcaminata

¡A nuestra salud y por supuesto… a la del CAPITÁN!

¡CHISTERA CHISTERA LA CAMINATA ESTÁ FUERA!

Caminatas·P.N. Los Alcornocales

Torre de Botafuegos – Monte de la Torre “La atalaya aquende el rio Palmones”


Torre de Botafuegos

    ¿De quién es esta torre? ¿A qué término municipal pertenece, al de Algeciras o a el de Los Barrios?  No lanzo la pregunta con la intención de suspender o a aprobar a nadie en geografía local, sino para informar de que yo sí suspendí esa asignatura cuando era pequeño.

     Cuando junto a mis padres y hermanos íbamos a coger moras, a pasear por el pantano o simplemente de excursión a la torre siempre iba convencido de que la torre del Monte de la Torre, lo de “Torre de Botafuegos” vendría después, era de Algeciras, igual que lo era la playa del Rinconcillo o Punta Carnero: algecireña por los cuatro costados. ¿Chovinismo infantil? Seguro que sí, pero de los buenos, de ese chovinismo ingenuo propio de los niños, que cree que todo lo que le rodea pertenece a su pueblo, a su clan; ya que nunca se ha parado a pensar que existieran fronteras o límites municipales que le separaran por ejemplo de un niño de Los Barrios, que seguro pensaba lo mismo, y con razón. No quisiera hoy a mis 39 años entrar en conflictos territoriales con mis vecinos barreños, ni disputarles su “propiedad”, pero prefiero seguir geolocalizando este monumento dentro de los límites municipales de mi niñez, o el de la tuya, que para el caso es igual.

   De todos modos suspendí por los pelos, pues aunque pertenezca al término municipal de Los Barrios, monte arriba monte abajo, casi cae en el nuestro. Si observan las ortofotografías de abajo, la torre queda al norte del Arroyo del Botafuegos, el que baja de la Garganta del Capitán, que marca junto al río Palmones los límites entre un municipio y otro. A 3 km del núcleo poblacional de nuestros vecinos y a 5 km del nuestro, la Torre de Botafuegos fue edificada hace siglos en uno de los montes con una mejor situación estratégica para controlar el territorio de buena parte de la Bahía de Algeciras.

Mapa de la zona
Ubicación de la Torre

   Botafuegos, seguro que no soy el único que se ha preguntado por el origen de tan sugerente y bonito topónimo. Lo primero que se le puede a uno cruzar por la cabeza es que estemos en un lugar por desgracia con inclinaciones a quemarse. Por suerte no es así. Detrás del topónimo se escondería un origen más pragmático, pues según una hipótesis la torre medieval sería una donación realizada por Alfonso XI, conquistador de Algeciras, o su hijo Pedro I a un tan Bartolomé Botafuego. Este Bartolomé fue un marino genovés que contribuyó con oro y barcos en el asedio y posterior conquista de la plaza algecireña (1342-1344). El nombre de Arroyo del Prior, también tendría una procedencia similar: pago en tierra por favores prestados en la guerra. Estaríamos hablando de Fray Alonso Ortiz Calderón, Prior de la Orden de San Juan, que durante un tiempo comandaría la flota castellana. Este Prior también le daría el primer nombre a nuestro torreado monte, pues ya en el s. XIV se le denominaba montecillo del Prior“.

   Nombres todos relacionados con la reconquista y la guerra; pero en fin, dejemos a un lado este verde militar y vayamos con el verde ecológico y pacifista que nos interesa, el de las caminatas por el campo.

   Hacia el oeste de la torre disfrutaremos del hermoso perfil de nuestras sierras. De izquierda a derecha se distinguen las gargantas de la Fuente Santa y del Capitán. Si trazáramos una línea en mitad de la fotografía ésta coincidiría más o menos con el camino de la Trocha. Esta centenaria, quizás milenaria vía tradicional comunicaba nuestra bahía con los pueblos del interior y la Bahía de Cádiz, acortando en una jornada el viaje. Soldados, contrabandistas, bandoleros, viajeros varios y trabajadores del monte atravesaban ese paisaje en ambos sentidos, siendo la Torre de Botafuegos testigo de este tránsito secular.

2
Gargantas de la Fuente Santa y del Capitán, izquierda y derecha respectivamente.

     Hacia el noreste nos encontramos con la Villa de los Barrios y la vega del río Palmones o de las Cañas

5
Vega de Los Barrios, con su “Labrador”

   La Torre de Botafuegos está catalogada como Bien de interés cultural y aunque bien es cierto que ha sido tradicionalmente un hito del excursionismo comarcal, no está de más contar con el beneplácito y permiso de los dueños de la finca. Esta pertenece si no me equivoco a los herederos de la familia Larios, dueños también del Palacio sito en la Finca Monte de la Torre, situado a la derecha del camino. Los Larios, de origen riojano, se establecieron en Málaga a principios del s.XIX, desde donde partiría uno de los hijos a establecerse en Gibraltar, para dedicarse a la banca y al comercio. Se entiende que el Peñón se les quedó pequeño y empezaron a invertir en inmuebles y fincas en el Campo de Gibraltar y aledaños, convirtiéndose con diferencia en los primeros grandes propietarios de tierras. Fruto de esta decisión son un palacio de estilo victoriano en Guadacorte, una Casita de Campo en Jimena de la Frontera y este palacete, cuyo alzado por lo visto recuerda al segundo imperio francés.

    Para visitar la torre se puede acceder por ambos flancos del monte donde se encuentra, pero yo aconsejo hacerlo por el paso de hangarilla más cercano a la finca, como puede verse en la imagen de abajo.

Antiguo camino empedrado

   Un interesantísimo y misterioso tramo empedrado nos conduce directamente a los pies de la torre. Desconozco cuál puede ser su origen, por lo que apelo a la ayuda de quien me pueda poner tras la pista. En algún sitio he leído que podría ser lo que queda de un ramal secundario de una calzada romana; aunque dada la cercanía de la torre, y del trazado del camino que parece dirigirse a ella, también podría ser de origen medieval, contemporáneo a la construcción de nuestra atalaya. Incluso porque no, un camino de herradura de época moderna.

Tramo empedrado 1
Tramo empedrado 2

   Entremos por donde entremos, caminar por este lugar en primavera, otoño o invierno es una gran experiencia sensorial. Las humedades y olores que se desprenden de la maraña de  helechos, lianas y zarzamoras nos atraparán como una bendita telaraña de la que no querremos escapar.

Hermoso alcornoque junto a un regajo
Vistas desde el Monte de la Torre

    Todo lo cual no ha de apartarnos de nuestro principal objetivo: asaltar la torre. Pero ¡Cuidado! No carguen aún sus cámaras, manténgase agachados y alertas. Habrán observado que un enemigo inesperado nos aguarda emboscado a los pies de la torre. En efecto, aún quedan restos de sacos y materiales de la afortunada y necesaria restauración que se realizó entre los años 2008 y 2009. El interior de la torre también muestra un triste estado. Desconozco los motivos de por qué siguen ahí esos restos de la batalla restauradora, aunque ya digo, lo importante es que se haya llevado a cabo la restauración; intentemos obviar estos daños colaterales y tratemos de disparar, digo de fotografiar a nuestro objetivo.

12
Aparece la torre tras la espesura

   Ahora, ya… disparen, fotografíen y miroteen a discreción. En este primer ataque trataremos de apuntar y acertar en el QUÉ es esta Torre de Botafuegos.

   En cuanto a su función, la Torre de Botafuegos es un edificio medieval destinado a la defensa y control de un territorio. Ese fue su cometido principal; como función secundaria se podría añadir la  de transmitir señales desde el terrado a otras torres cercanas. Esta función, por el contrario, sí sería la más importante en las torres atalayas que se construirían sobre todo a partir del s.XVI para la vigilancia del litoral, de forma troncocónica y de acceso elevado para impedir los asaltos. Un ejemplo de ella podría ser la torre de Guadalmesí.

   Nuestra torre de Botafuegos fue construida con otros fines. Las últimas investigaciones se inclinan por considerarla residencia, estable o no, de un señor; el cual ejercería dominio y control del territorio circundante, y que incluso cobraría por derechos de paso. Torres con la misma misión y características similares serían por ejemplo la del Lobo, en Getares; la de Almoraima en Castellar o las del Rayo o Torrejosa, en el término municipal de Tarifa, cercanas a Facinas. El asalto a esta última torre lo puedes presenciar en este enlace: Torrejosa, la torre olvidada de Facinas.

   Otra denominación que podríamos usar para referirnos a este tipo de construcciones sería el de torres de alquerías, o lo que es lo mismo, pequeñas comunidades rurales compuestas por varias  familias que explotan las tierras de los alrededores. ¡Y qué alrededores! Nada más y nada menos que la fértil vega del Palmones. No cuesta mucho imaginar un reducido grupo de casas levantadas al pie del monte en su ladera norte, y a los campesinos que la habitan camino de los campos y huertas… o camino de la torre ¡pies para que os quiero! en caso de ataque, para buscar refugio y protección. Frente a la fachada principal se aprecian los restos de un mortero endurecido al que no se le llegó a dar uso. La hipótesis que proponen los que entienden de esto es que formara parte de un cercado defensivo.

    En cuanto a dimensiones ¿De cuánto estamos hablando? Pues de de 6.5 m. de lado y de 10.5 m de altura. Y los muros cuentan con un espesor de 1.80 m. Su planta es cuadrada, y posee dos estancias abovedadas y su correspondiente terrado. Más de una vez he subido a ese terrado cuando era niño, allá por la década, uffff, de los 80, y recuerdo que lo que nos llamaba poderosamente la atención era la cúpula. Tanto a mi padre como a mí nos parecía la cosa más antigua y morisca del mundo. Hasta que leyendo el otro día un artículo que escribió Manuel Alvarez Vázquez, cronista oficial de Los Barrios acerca de la restauración de la torre, me entero de que esta cúpula al parecer no es la original, sino que fue reconstruída-restaurada en la primera mitad del s.XX por el entonces propietario de la finca, Ernesto larios y Sánchez de Piña, y que le sirvió de modelo una cúpula similar existente en la torre de la Iglesia de San Isidro. ¡Toma flecha lanzada a la manzana de mi ingenua imaginación de niño!

13
Fachada norte de la torre
Fachada norte. Lugar donde impactó un rayo y que ocasionó una grieta
Vista frontal (2010)

   Y ya que hablamos de puntería, mucha tendríamos que poseer para acertar en nuestra siguiente diana u objetivo: en el CUÁNDO fue construida la Torre de Botafuegos.

    Nos enfrentamos en este caso con el peor enemigo posible, el de la duda y el desconocimiento real, pues aún no se ha realizado una prospección arqueológica en condiciones que desvele este misterio. Desconozco si en la reciente restauración se ha aprovechado para llevarla a cabo. Tampoco las fuentes y los archivos dicen mucho más al respecto. La única cita histórica, en caso de ser cierta, aparece en la Crónica de Alfonso XI, el “reconquistador” de Algeciras.

   En dicha crónica se relatan las peripecias del ejercito castellano en el duro cerco que impusieron a Algeciras entre 1342 y 1344  para arrebatársela al sultán meriní. En uno de sus últimos capítulos parece ser que se la menciona, en el capítulo que aborda la batalla de Palmones entre estas mesnadas alfonsinas y las del ejército granadino que vino a socorrer la ciudad sitiada. El cronista la designa como “atalaya aquende el rio Palmones” o algo parecido. Ahí donde la ven nuestra torre fue testigo de esta batalla, del lance definitivo en el que se decidió que Algeciras cambiara de manos y de dueños. Así pues, y si damos por cierta esta histórica mención, la torre de Botafuegos es anterior al s. XIV. Algunos autores incluso le quieren dar un origen mucho más antiguo y apuestan por la etapa califal.

Fachada principal de la torre con restos de argamasa
Puerta de acceso, con su arco de herradura
Vano superior y ladronera

    Ya que casi tenemos vencida y rendida a nuestra torre, arrojémosle las últimas flechas de gracia: ¿POR QUÉ fue construida en ese monte precisamente?

   Ya he adelantado algo, pero para rematar la faena diré que porque seguramente no había una ubicación mejor para controlar tanto ese territorio inmediato como las vías y caminos que lo atravesaban. Además de controlar el ramal secundario de la Trocha, se controlaban las comunicaciones de Algeciras con Ronda y la Costa del Sol, así como la frecuentada ruta que desde Medina y Alcalá finalizaban en nuestra bahía. Téngase además en cuenta que estamos hablando de un territorio que fue de carácter fronterizo la mayor parte de su historia.

   Vamos, que no se le escapaba una, y si acaso se le escapaba algo, ahí estaba la Torre de Adalides para socorrerla, pues ambas mantenían contacto visual; a continuación pongo una foto de ella. ¿Y dónde estaba esa desconocida torre? Estaba, sí, desgraciadamente, en el acuartelamiento de Adalides, ese que hay arriba de Eroski, en lo que hoy se conoce si no me equivoco como la casita de las Palomas. Al igual que le ocurrió a la torre almenara de Punta Carnero, que fue dinamitada en la década de los 40, esta Torre de Adalides lo fue en 1898 cuando, entre otras muchas cosas, a España no se le ocurrió otra que entrar en guerra con Estados Unidos. Fue destruida para que por lo visto nos sirviera de referencia en caso de bombardeo naval. ¡Menudas mentes privilegiadas los que adoptaron esta decisión!

Torre de lo Adalides

    Bueno, mejor que peor podemos declararnos vencedores en esta particular batalla que hemos librado contra los misterios que rodean la Torre de Botafuegos, así que guardemos en sus fundas las correspondientes cámaras y volvamos sobre nuestros pasos. Antes, sin embargo, echemos un último vistazo al estado de conservación el que se encontraba antes de las tareas restauradoras. Esa sí que es una batalla ganada, pues entre las grietas y desperfectos ocasionados por el paso del tiempo, y las debidas a rayos o raíces o árboles que crecen entre piedra y piedra, la torre corría serio peligro de entrar en un estado de difícil solución.

   Y acordémosno también de la Torre del fraile en el Estrecho y la del Lobo, en Getares, que ahora mismo claman al cielo de envidia y deseperación, pues ellas sí corren verdadero peligro de desmoronarse y convertirse en tristes montones de piedra. Estamos obligados a llevar esta batalla de vida y esperanza a estas otras torres.

Torre de Botafuegos, antes de la restauración

 ¡CHISTERA CHISTERA LA CAMINATA ESTÁ FUERA!

PARA SABER MÁS:

  • La torre de Botafuegos del Monte de la Torre (Los Barrios). Una aproximación a su historia y conservación. Angel Sáez Rodríguez; Pedro Gurriarán Daza. Revista CAETARIA: Revista bianual de arqueología, nº 6-7, 2009, pags. 277-299. La mayoría de los datos históricos los he sacado de este estupendo artículo, pero no consigo encontrarlo en formato online.
  • Los Larios en el Campo de Gibraltar. José Regueira Ramos. Revista Almoraima, nº 17, 1997.
  • Una necesaria obra de restauraciónen el Monte de la Torre. Manuel Alvarez Vázquez (Cronista oficial de Los Barrios). Noticias de la Villa.